Martes, 16 de febrero de 2010
VISIONES Y REVELACIONES DE SOR FAUSTINA

Segunda parte de este interesantísimo diario de Sor faustina, el apostol de la Divina Misericordia. EL AUTOR DEL BLOG.










29    (39) + Resumen del Catecismo de los votos religiosos [69].

 

  1. ¿Qué es un voto?

R.  El voto es una promesa hecha a Dios voluntariamente de realizar actos cada vez más perfectos.

P.   ¿Obliga el voto en la materia prescrita por los mandamientos?

R.   Si.  Realizar un acto en la materia prescrita por los mandamientos tiene doble valor y dobles meritos, mientras que descuidarlo es un delito doble y una maldad, porque si se quebranta un voto, entonces al pecado contra el mandamiento se agrega el pecado de sacrilegio.

P.    ¿Por que los votos religiosos tienen tan alto valor?

R.    Porque constituyen el fundamento de la vida religiosa, aprobada por la Iglesia, en la que los miembros unidos en una Comunidad religiosa, se comprometen a tender incesantemente a la perfección por medio de los tres votos religiosos de pobreza, castidad y obediencia, según la regla de la Congregación.

P.     ¿Qué significa tender hacia la perfección?

R.     Tender hacia la perfección significa que el estado religioso, por si solo, no exige la perfección ya adquirida, sino que obliga, bajo la pena de pecado, a un trabajo diario para alcanzarla.  Por lo tanto, un religioso que no quiere perfeccionarse, descuida la principal obligación de su estado.

P.  ¿Qué son los votos religiosos (solemnes)?

R.  Los votos religiosos (solemnes) son tan absolutos que sólo el Santo Padre puede dispensar de ellos y solamente en casos excepcionales.

P.  ¿Qué son los votos simples?

R.  Son los votos menos absolutos, de los votos perpetuos y anuales que dispensa la Santa Sede.

(40) P. ¿Qué diferencia hay entre el voto y la virtud?

R.  El voto abarca solamente lo que es mandado por la regla, bajo la pena de pecado, mientras que la virtud se eleva más alto y facilita cumplir el voto, y en caso contrario, al quebrantar el voto se falta a la virtud y la daña.

P.  ¿A qué comprometen los votos religiosos?

R.  Los votos religiosos obligan a pretender alcanzar las virtudes y a la sumisión total a los Superiores y a la regla, con lo cual el religioso entrega su persona a favor de la Congregación, renunciando a todos los derechos sobre ella y sobre sus actividades que dedica al servicio de Dios.

 

El voto de pobreza

 

El voto de pobreza es una renuncia voluntaria al derecho de propiedad o de su uso, para agradar a Dios.

P.  ¿A qué objetos se refiere el voto de pobreza?

R.  A todos los bienes y objetos pertenecientes a la Congregación.  A lo que uno ha entregado, objetos o dinero, como han sido aceptados, ya no tiene derecho.  Todas las limosnas o donaciones, que uno recibiría a titulo de agradecimiento u otro, pertenecen a la Congregación.  Todo ingreso por trabajo o incluso rentas, no pueden ser usadas sin violar el voto.

P.  ¿Cuándo se infringe o viola el voto según el séptimo mandamiento?

R.  Se infringe cuando sin permiso se toma para si o para alguien una cosa perteneciente a la casa; cuando sin permiso se guarda alguna cosa con la finalidad de apropiarse de ella; cuando sin autorización se vende o cambia alguna cosa perteneciente a la Congregación; cuando se usa una cosa con otra finalidad a la encomendada por el Superior; cuando se da o se recibe de alguien cualquier cosa sin permiso; cuando se destruye o estropea algo por negligencia; cuando al trasladarse de una casa a otra se lleva algo sin permiso.  En caso de infringir el voto de pobreza el religioso (41) debe igualmente la restitución a la Congregación.

 

La virtud de la pobreza

 

Es una virtud evangélica que compromete al corazón a separarse de los bienes temporales a lo cual el religioso esta obligado estrictamente en virtud de su profesión.

 

P.?Cuando se peca contra la virtud de la pobreza?

R.  Cuando se desean cosas contrarias a esta virtud: cuando se toma apego a alguna cosa, cuando usa cosas superfluas.

P.  ¿Cuántos y cuáles son los grados de pobreza?

R.  En la practica de la profesión hay cuatro grados de pobreza: no disponer de nada sin depender de los Superiores (estricta materia del voto); evitar la opulencia, conformarse con lo indispensable (constituye la virtud); tender de buena gana a las cosas mas míseras y esto con la satisfacción interior; como la celda, la ropa, la comida, etcétera; estar contento de la escasez.

 

El voto de castidad

 

P.  ¿A qué obliga este voto?

 

R.  A renunciar al matrimonio y a evitar todo lo que está prohibido por el sexto y el noveno mandamientos.

P.  ¿La falta contra la virtud es una violación del voto?

R.  Cualquier falta contra la virtud es a la vez una violación del voto, porque en esto no hay tal diferencia entre el voto y la virtud como en la pobreza y en la obediencia.

(42) P.  ¿Todo pensamiento malo es pecado?

R.  No todo pensamiento malo es pecado, pero llega a serlo solamente cuando a la reflexión de la mente se una la conformidad de la voluntad y el consentimiento.

P.  ¿Además de los pecados contra la castidad hay algo mas que perjudica la virtud?

R.  La virtud se ve perjudicada por la falta de control de los sentidos de la imaginación, y de los sentimientos, la familiaridad y las amistades sentimentales.

P.  ¿Cuáles son los métodos para conservar la virtud?

R.  Combatir las tentaciones interiores con la presencia de Dios y además luchar sin temor.  En cuanto a las tentaciones exteriores, evitando las ocasiones.  En total hay siete métodos principales.  El primero, la guarda de los sentidos, y [luego] evitar las ocasiones, evitar el ocio, alejar prontamente las tentaciones, evitar cualquier amistad y especialmente las particulares, [cultivar] el espíritu de mortificación, revelar las tentaciones al confesor.

 

Además hay cinco medios para conservar la virtud:  la humildad, el espíritu de oración, la observancia de la modestia, la fidelidad a la regla, una devoción sincera a la Santísima Virgen Maria.

 

El voto de la obediencia

 

El voto de la obediencia es superior a los dos primeros, ya que en realidad es el que constituye el holocausto, y es el más necesario porque forma y mantiene en vida toda la estructura religiosa.

P.  ¿A qué obliga el voto de obediencia?

R.  Con el voto de obediencia el religioso promete a Dios obedecer a sus legítimos superiores en todo lo que le manden en virtud de la regla.  El voto de obediencia hace al religioso dependiente de su Superior en virtud de la regla durante toda su vida y en todos los asuntos.  El religioso comete un pecado grave contra el voto cada vez que no obedece una orden recibida (43) en virtud de la obediencia o de la regla.

 

La virtud de la obediencia

 

La virtud de la obediencia va mas allá del voto, abarca la regla, los decretos, e incluso los consejos de los Superiores.

P.  ¿es necesaria al religioso la virtud de la obediencia?

R.  La virtud de la obediencia es tan necesaria al religioso que aunque obrase bien [pero] en contra de la obediencia, (sus actos) se convertirían en malos o sin merito.

P.  ¿Se puede pecar gravemente contra la virtud de la obediencia?

R.  Se peca gravemente si se desprecia la autoridad o la orden del Superior; si de la desobediencia resulta un daño espiritual o temporal para la Congregación.

P.  ¿Qué faltas ponen en peligro el voto?

R.  Los prejuicios y antipatías hacia el Superior, murmuraciones y críticas, la holgazanería y la negligencia.

 

Los grados de obediencia

 

Ejecución solicita y total.  La obediencia de la voluntad, cuando la voluntad impulsa al intelecto a someterse a la opinión del Superior.  San Ignacio da, además, tres métodos que facilitan [la obediencia]:  siempre ver a Dios en el Superior, cualquiera que sea; justificar interiormente la orden o la opinión del Superior; aceptar cada orden como si fuera de Dios, sin discutir y sin reflexionar.  El medio general – la humildad.  No hay nada difícil para una persona humilde.

30  (44) Oh Señor mió, incendia mi amor hacia Ti, para que entre tormentas, sufrimientos y pruebas, no desfallezca mi espíritu.  Tú ves que débil soy yo.  El amor lo puede todo.

31     + Un conocimiento más profundo de Dios y el terror del alma.  Al principio Dios se hace conocer como santidad, justicia, bondad, es decir misericordia.  El alma no conoce todo esto a la vez, sino singularmente en relámpagos, es decir en los acercamientos de Dios.  Eso no dura mucho tiempo, porque no podría soportar esta luz.  Durante la oración el alma recibe un relámpago de esta luz, que le imposibilita orar al alma como hasta entonces.  Puede esforzarse cuanto quiera, y esforzarse a orar como antes, todo en vano, se hace absolutamente imposible continuar rezando como se rezaba antes de recibir esta luz.  La luz que toco al alma, es viva en ella y nada la puede extinguir ni obscurecer.  Este relámpago de conocimiento de Dios arrastra su alma e incendia el amor hacia Él.  Pero a la vez este mismo relámpago permite al alma conocer lo que es y ella ve todo su interior en una luz superior y se levanta horrorizada y asustada.  Sin embargo no permanece en aquel espanto, sino que empieza a purificarse y humillarse, postrarse ante el Señor, y estas luces se hacen más fuertes y más frecuentes; cuanto más cristalina se hace el alma,  tanto mas penetrantes son estas luces.  Sin embargo si el alma ha respondido fiel y resueltamente a estas primeras gracias, Dios la llena con sus consuelos y se entrega a ella de modo sensible.  Entonces el alma entra casi en relación de intimidad con Dios y se alegra enormemente; piensa que ya ha alcanzado el grado designado de perfección, ya que los errores y los defectos están dormidos en ella y piensa que ya no los tiene.  Nada le parece difícil, esta preparada para todo.  Empieza a sumergirse en Dios y a disfrutar de las delicias de Dios.  Es llevada por la gracia y no se da cuenta en absoluto de que puede llegar el momento de la prueba y de la lucha.  Y en realidad este estado no dura mucho tiempo.  Llegaran otros momentos, pero debo mencionar que el alma responde con mas fidelidad a la gracia de Dios si tiene un confesor experimentado a quien confía todo.

32    (45) + Pruebas enviadas por Dios a un alma particularmente amada.  Tentaciones y oscuridades: Satanás.

El amor del alma no es todavía como Dios lo desea.  De repente el alma pierde la presencia de Dios.  Se manifiestan en ella distintas faltas y errores con los cuales tiene que llevar a cabo una lucha encarnizada.  Todos los errores levantan la cabeza, pero su vigilancia es grande.  En el lugar de la anterior presencia de Dios ha entrado la aspereza y la sequía espiritual, no encuentra satisfacción en los ejercicios espirituales, no puede rezar, ni como antes, ni como oraba ahora.  Lucha por todas partes y no encuentra satisfacción.  Dios se le ha escondido y ella no encuentra satisfacción en las criaturas, y ninguna criatura sabe consolarla.   El alma desea a Dios apasionadamente, pero ve su propia miseria, empieza a sentir la justicia de Dios.  Ve como si hubiera perdido todos los dones de Dios, su mente esta como nublada, la oscuridad envuelve toda su alma, empieza un tormento inconcebible.  El alma ha intentado presentar su estado al confesor, pero no ha sido comprendida.  Se hunde en una inquietud aun mayor.  Satanás comienza su obra.

33    La fe queda expuesta al fuego, la lucha es dura, el alma hace esfuerzos, persevera junto a Dios con un acto de voluntad.  Con el permiso de Dios, Satanás sigue mas adelante, la esperanza y el amor están puestos a prueba.  Estas tentaciones son terribles, Dios sostiene al alma ocultamente.  Ella no lo sabe, ya que de otra forma no podría resistir.  Y Dios sabe lo que puede mandar al alma.  El alma [es] tentada de incredulidad respecto a las verdades reveladas, a la falta de sinceridad frente al confesor.  Satanás le dice:  Mira, nadie te comprenderá ¿para que hablar de todo esto?  En sus oídos suenan las palabras de las cueles ella queda aterrorizada y le parece que las pronuncia contra Dios.  Ve lo que no le gustaría ver.  Oye lo que no quiere oír, y es terrible no tener en tales momentos al confesor experto.  Ella soporta solo todo el peso; pero dentro de lo que está en su poder, debe buscar a un confesor bien informado, porque puede quebrarse bajo este peso, y ocurre con frecuencia que esta al borde del abismo.  (46)  Todas estas pruebas son duras y difíciles.  Dios no las da a un alma que anteriormente no haya sido admitida a una comunión mas profunda con Él, y no haya disfrutado de las dulzuras del Señor, y también Dios tiene en eso sus fines insondables para nosotros.  Muchas veces Dios prepara de modo semejante al alma a los designios futuros y a grandes obras.  Y quiere probarla como oro puro, pero éste no es todavía el fin de la prueba.  Existe todavía la prueba de las pruebas, esto es [sentir] el rechazo total por parte de Dios.

 

+ La aprueba de las pruebas,

 

El abandono absoluto – la desesperación.

 

34      Cuando el alma sale victoriosa de las pruebas anteriores, aunque quizás tropezando, pero sigue luchando y con profunda humildad clama al Señor: Sálvame porque perezco.  Y esta todavía en condiciones de luchar.

Ahora una terrible oscuridad envuelve al alma.  El alma ve dentro de si solamente pecados.  Lo que siente es terrible.  Se ve completamente abandonada de Dios, siente como si fuera objeto de su odio y se encuentra al borde de la desesperación.  Se defiende como puede, intenta despertar la confianza, pero la oración es para ella un tormento todavía mayor, le parece que empuja a Dios a una mayor ira.  Esta colocada en un altísimo pico que se encuentra sobre un precipicio.

El alma anhela fervientemente a Dios, pero se siente rechazada.  Todos los tormentos y suplicios del mundo son nada en comparación con la sensación en la que se encuentra sumergida, es decir, el rechazo por parte de Dios.  Nadie la puede aliviar.  Ve que se encuentra sola, no tiene a nadie en su defensa.  Levanta los ojos al cielo, pero sabe que no es para ella, todo esta perdido para ella.  De una oscuridad cae en una oscuridad aun mayor, le parece que ha perdido a Dios para siempre, a ese Dios que tanto amaba.  Este pensamiento le produce un tormento indescriptible.  Sin embargo no se conforma con eso, intenta mirar al cielo, pero en vano; eso le causa un tormento todavía mayor.

 

35    (47) Nadie puede iluminar tal alma si Dios quiere mantenerla en las tinieblas.  Este rechazo por parte de Dios ella lo siente muy vivamente, de modo terrorífico.  De su corazón brotan gemidos dolorosos, tan dolorosos que ningún sacerdote los puede comprender si no lo ha pasado el mismo.  En esto el alma padece todavía sufrimientos por parte del espíritu maligno.  Satanás se burla de ella:  Ves, ¿seguirás siendo fiel?  He aquí la recompensa, estas en nuestro poder.  Pero Satanás tiene tanto poder sobre aquella alma cuanto Dios permite:  Dios sabe cuánto podemos resistir.  ¿Y qué has ganado por haberte mortificado?  ¿Y qué has conseguido siendo fiel a la regla?  ¿A qué todos estos esfuerzos?  Estás rechazada por Dios.  La palabra “rechazada” se convierte en fuego que penetra cada nervio hasta la medula de los huesos.  Traspasa todo su ser por completo.  Viene el momento supremo de la prueba.  El alma ya no busca ayuda en ninguna parte, se encierra en si misma y pierde de vista todo y es como si aceptara este tormento de rechazo.  Es un momento que no sé definir.  Es la agonía del alma.  Cuando ese momento empezó a acercarse a mí por primera vez, fui liberada de él en virtud de la santa obediencia.  La Maestra de novicias al verme se asustó y me mandó a confesarme; pero el confesor no me entendió, no experimenté siquiera una sombra de alivia.  Oh Jesús, danos sacerdotes con experiencia.

Cuando dije que experimentaba en mi alma tormentos del infierno, me contestó que él estaba tranquilo por mi alma, porque veía en mi alma una gran gracia de Dios.  Sin embargo yo no comprendí nada de eso y ni un pequeño rayo de luz penetro en [mi] alma.

 

100  Ahora ya empiezo a sentir la falta de las fuerzas fisicas y ya no llego a cumplir las

Tareas.  Ya no puedo ocultar los sufrimientos: aunque no digo ni una palabra de lo que sufro, no obstante el dolor que se refleja en mi rostro, me delata y la Superiora ha dicho que las hermanas vienen a ella y le dicen que cuando me ven en la capilla, sienten compasión por mi, tan espantoso es el aspecto que tengo.  Sin embargo, a pesar de los esfuerzos, el alma no es capaz de ocultar este sufrimiento.

 

36    Jesus, solo Tu sabes como el alma gime en estos tormentos, sumergida en la oscuridad, y con todo eso tiene hambre y sed de Dios, como los labios quemados [tienen sed] del agua.  Muere y aridece; muere de una muerte sin morir, es decir no puede morir.  Sus esfuerzos son nada; esta bajo una mano poderosa.  (48)  Ahora su alma pasa bajo el poder del Justo.  Cesan todas las tentaciones externas, calla todo lo que la rodea, como un moribundo, pierde la percepción de lo que tiene alrededor, toda su alma esta recogida bajo el poder del justo y tres veces santo Dios.  Rechazada por la eternidad.  Este es el momento supremo y solamente Dios puede someter un alma a tal prueba, porque sólo Él sabe que el alma es capaz de soportarla.  Cuando el alma ha sido compenetrada totalmente por este fuego infernal, cae en la desesperación.  Mi alma experimentó este momento cuando estaba sola en la celda.  Cuando el alma comenzo a hundirse en la desesperación, senti que esstaba llegando mi agonia, entonces cogi un pequeño crucifijo y lo estreché fuertemente en la mano; senti que mi cuerpo iba a separarse del alma y aunque deseaba ir a las Superioras, no tenia ya las fuerzas fisicas, pronuncie las ultimas palabras, confio en Tu misericordia, y me parecio que había impulsado a Dios a una ira aun mayor, y me hundi en la desesperacin, y solamente de vez en cuando de mi alma irrumpia un gemido doloroso, un gemido sin consuelo.  El alma en la agonia.  Y me parecia que ya me quedaria en ese estado, porque no habria salido de él con mis propias fuerzas.   Cada recuerdo de Dios es un mar indescriptible de tormentos, y sin embargo hay algo en el alma que anhela fervientemente a Dios, pero a ella le parece que es solamente para que sufra mas.  El recuerdo del amor con el que Dios la rodeaba antes, es para ella un tormento nuevo.  Su mirada la traspasa por completo y todo ha sido quemado por ella en su alma.

 

102      Despues de un largo momento, al entrar en la celda una de las hermanas me encontró casi muerta.  Se asustó y fue a la Maestra que en virtud de la santa obediencia me ordenó levantarme del suelo y en seguida senti las fuerzas fisicas, y me levanté del suelo temblando toda.  La Maestra se dio cuenta inmediatamente del estado de mi alma, me habló de la inconcebible misericordia de Dios y dijo:  No se preocupe por nada, hermana, se lo ordeno en virtud de la santa obediencia.  Y continuó:  Ahora veo que Dios la llama a una gran santidad, el Señor la desea tener cerca de sí, permitiendo estas cosas, tan pronto.  Sea fiel a Dios, hermana, porque esto es una señal de que la quiere tener en lo alto del cielo.  Pero yo no entendí nada de estas palabras.

103       (49) Al entrar en la capilla, senti como si todo se hubiera alejado de mi alma; como si yo hubiera salido recientemente de la mano de Dios, senti que mi alma era intangible, que yo eera una niña pequeña.  De repente vi interiormente al Señor quien me dijo:  No tengas miedo, hija Mia, Yo estoy contigo.   En aquel mismo momento desaparecieron todas las tinieblas y los tormentos, los sentidos [fueron] inundados de una alegría inconcebible, las facultades del alma coladas de luz.

104      Quiero decir también que, aunque mi alma ya estaba bajo los rayos de su amor, no obstante, las huellas del suplicio soportado quedaron en mi cuerpo dos días más.  El rostro pálido como de una muerta y los ojos inyectados de sangre.  Solo Jesús sabe lo que sufrí.  Comparado con la realidad, es pálido lo que he escrito.  No sé expresarlo, me parece que he vuelto del mas allá.  Siento aversión a todo lo que esta creado.  Me abrazo al Corazón de Dios, como el niño recién nacido al pecho de su madre.  Miro todo con ojos distintos.  Estoy consciente de lo que el Señor ha hecho en mi alma con una palabra; de esto vivo.  El recuerdo del martirio sufrido me da escalofríos.  No hubiera creído que es posible sufrir tanto si yo mismo no lo hubiera pasado.  Es un sufrimiento totalmente espiritual.

105      Sin embargo, en todos estos sufrimientos y combates no abandoné la Santa Comunión.  Cuando me pareció que no debía recibirla, entonces iba a ver a la Maestra y le decía que no podía ir a la Santa Comunión, que me parecía que no debía recibirla.  Sin embargo ella no me permitía abandonar la Santa Comunión; y yo iba a recibirla, y me daba cuenta de que solo la obediencia me había salvado.  La Maestra misma me dijo después que “estas experiencias habían pasado pronto solamente porque usted, hermana, fue obediente.  [Fue por] el poder de la obediencia que usted pasó tan valientemente [la prueba].”  Es verdad que el Señor mismo me liberó de este suplicio, pero la fidelidad a la obediencia le agradó.

 

Aunque estas cosas son espantosas, no obstante ningún alma debería asustarse demasiado, porque Dios nunca da por encima de lo que podemos soportar.  Y por otra parte, quizás nunca nos dé a nosotros suplicios semejantes, y lo escribo porque si el

106      Señor quiere llevar un alma a través de (50) tales sufrimientos, que no tenga miedo, sino que sea fiel a Dios en todo lo que depende de ella.  Dios no hará daño al alma, porque es el Amor Mismo y por este amor inconcebible la llamó a la existencia.  Pero cuando yo me encontraba angustiada, no lo comprendía.

 

107      Oh Dios mío, he conocido que no soy de esta tierra, el Señor me lo ha inculcado en mi alma, [en] alto grado.  Estoy presente más en el cielo que en la tierra, aunque no descuido en nada mis deberes.

 

108      En esos momentos no tenía al director espiritual y no conocía ninguna dirección.  Rogaba al Señor, pero no me daba ningún director.  Jesús Mismo es mi Maestro desde la niñez hasta ahora.  Me ha conducido a través de todas las selvas y todos los peligros; veo claramente que solamente Dios pudo llevarme por un peligro tan grande sin ningún daño ni perjuicio y mi alma quedó intacta y vencía siempre todas las dificultades que eran inimaginables.  Salía […] [70].  Sin embargo el Señor me dio el director, pero más tarde.

 

109      Después de esos sufrimientos el alma se encuentra en gran pureza de espíritu y en una gran cercanía con Dios, aunque tengo que decir que durante los tormentos espirituales, ella está cerca de Dios, pero está ciega.  La mirada de su alma está envuelta en tinieblas y Dios está mas cerca de esta alma sufriente, pero todo el secreto está precisamente en que ella no lo sabe.  No sólo afirma que dios la ha abandonado, sino que dice ser el objeto de su odio.  ¡Qué enfermedad tan grave de la vista del alma que deslumbrada por la luz de Dios, afirma que Él está ausente, mientras es tan fuerte que la ciega!.  Sin embargo, conocí después que Dios está más cerca de ella en aquellos momentos que en cualquier otra circunstancia, ya que con la ayuda normal de la gracia no podría superar las pruebas.  La omnipotencia de Dios y una gracia extraordinaria operan aquí, porque al no ser así, sucumbiría bajo el primer golpe.

 

110      Oh Divino Maestro, esto [es] solamente Tú obra en mi alma.  Tú, oh Señor, no temes poner al alma al borde de un abismo terrible, donde ella se asusta y tiene miedo y Tú vuelves a llamarla.  Estos son Tus misterios inconcebibles.

 

111      (51)  Cuando en estos tormentos del alma trataba de acusarme en la confesión de los detalles mas pequeños, aquel sacerdote se extrañó de que no cometía faltas mas graves y me dijo las siguientes palabras:  Si en estos tormentos, hermana, usted es tan fiel a Dios, esto ya me da prueba de que Dios la sostiene con su gracia particular y si usted no lo entiende, no se preocupe.  Es extraño, sin embargo, que en estas cosas los confesores no pudieran ni comprenderme, ni tranquilizarme, hasta el encuentro con el Padre Andrasz y luego con el Padre Sopocko.

 

112      + Algunas palabras sobre la confesión y los confesores.  Recordaré solamente lo que experimenté y viví en mi propia alma.  Hay tres cosas por las cuales el alma no saca provecho de la confesión en aquellos momentos excepcionales.

 

La primera es que el confesor conoce poco los caminos extraordinarios y muestra asombro si un alma le revela los grandes misterios que Dios realiza en el alma.  Este asombro suyo pone en alarma a un alma sutil, y advierte que el confesor está indeciso en expresar su opinión; y si el alma nota esto, no se tranquiliza, sino que tiene aun mas dudas después de la confesión de cuantas tenia antes de ella, porque siente que el confesor la tranquiliza, [pero] él mismo no está seguro.  O bien, lo que me ha ocurrido a mí, que el confesor, sin poder penetrar algunos misterios del alma, le rehúsa la confesión, muestra un cierto temor al acercarse esa alma a la rejilla.  ¡Cómo puede un alma en tal estado, adquirir tranquilidad en el confesionario, visto que es tan sensible a cada palabra del confesor!.  Según mi parecer, en estos momentos de visitas especiales de Dios en el alma, si [el sacerdote] no la entiende, debería referirla a un confesor con experiencia y conocimiento, o él mismo adquirir luces para dar al alma lo que ella necesita, y no rehusarle simplemente la confesión, porque de este modo la expone a un gran peligro y mas de un alma puede abandonar el camino, en el cual Dios quería tenerla de modo particular.  Es una cosa de gran importancia, porque yo misma lo experimenté, [esto es] que ya empezaba a vacilar a pesar de estos singulares dones de Dios; aunque Dios Mismo me tranquilizaba, no obstante deseaba siempre tener el sello de la Iglesia.

(52) La segunda cosa es que el confesor no permite expresarse sinceramente, manifiesta la impaciencia.  El alma entonces se calla y no dice todo y por lo tanto no saca provecho, cuando sucede que el confesor empieza a someter al alma a pruebas, y sin conocerla, en vez de ayudarle, le hace daño.  Y eso porque ella sabe que el confesor no la conoce, dado que no le ha permitido revelarse completamente en cuanto a las gracias, ni tampoco en cuanto a la miseria.  Pues la prueba no es apropiada.  Tuve algunas pruebas de las cuales me reí.  Expresaré mejor esto con las palabras de que el confesor es el médico del alma, y, ¿cómo el médico, sin conocer la enfermedad, puede dar una medicina apropiada?  Nunca.  Porque no tendrá ningún efecto deseado, o le recetará demasiado fuerte y agravará la enfermedad y a veces, Dios no lo quiera, puede provocar la muerte, porque [es] demasiado fuerte.  Lo digo por experiencia, que en algunos casos fue Dios Mismo que me sostenía.

 

La tercera cosa es que, a veces el confesor da poca importancia a las cosas pequeñas.  En la vida espiritual no hay nada pequeño.  A veces, una cosa aparentemente pequeña descubre algo de gran importancia, y para el confesor es un haz de luz para conocer al alma.  Muchos matices espirituales se esconden en cosas pequeñas.

 

No se levantará jamás un magnifico edificio si tiramos los ladrillos pequeños.  De ciertas almas Dios exige una gran pureza, pues les envía un conocimiento mas profundo de la miseria.  Iluminadas con la luz [que viene] de lo alto, conocen mejor lo que agrada a Dios y lo que no le agrada.  El pecado es según el conocimiento y la luz del alma, lo mismo también las imperfecciones, aunque ella sabe que lo que se refiere estrictamente al sacramento es el pecado.  Pero estas pequeñas cosas tienen una gran importancia en la aspiración hacia la santidad y el confesor no las puede menospreciar.  La paciencia y la benevolencia del confesor abren el camino a los más profundos secretos del alma.  El alma casi inconscientemente revela la profundidad abismal y se siente más fuerte y más resistente, ahora lucha con más valor, hace más esfuerzos, porque sabe que debe rendir cuenta de ello.

 

(53)    Recordaré una cosa más respecto al confesor.  En ocasiones tiene que experimentar, tiene que poner a prueba, tiene que ejercitar, tiene que poner a prueba, tiene que ejercitar, tiene que conocer si está tratando con la paja o con el hierro, o con el oro puro.  Cada una de estas tres almas necesita ejercitarse de un modo diferente.  El confesor debe necesariamente formarse una opinión clara de cada una, para saber lo que puede soportar en determinados momentos, circunstancias y casos.  En cuanto a mí, después de muchas experiencias, cuando me di cuenta de no ser comprendida, no revelaba  mi alma y no turbaba mi tranquilidad.  Pero esto sucedió solo, desde el momento en que todas estas gracias estaban bajo el juicio del confesor con discernimiento, instruido y con experiencia.  Ahora se como comportarme en ciertos casos.

 

                   113  Y deseo nuevamente decir tres palabras al alma que desea decididamente tender hacia la santidad y obtener frutos, es decir, provechos de la confesión.

                           La primera, total sinceridad y apertura.  El más santo y más sabio confesor no puede infundir por la fuerza en el alma lo que él desea si el alma no es sincera y abierta.  El alma insincera, cerrada se expone a un gran peligro en la vida espiritual y el Señor Jesús Mismo no se ofrece a tal alma de modo superior, porque sabe que ella no sacaría ningún provecho de estas gracias particulares.

 

                           La segunda palabra, la humildad.  El alma no saca el debido provecho del sacramento de la confesión si no es humilde.  La soberbia mantiene al alma en la oscuridad.  Ella no sabe y no quiere penetrar exactamente en lo profundo de su miseria, se enmascara y evita todo lo que la debería sanar.

 

                            La tercera palabra es la obediencia.  El alma desobediente no conseguirá ninguna victoria, aunque el Señor Jesús Mismo la confiese directamente.  El más experto confesor no ayudará nada a tal alma.  El alma desobediente se expone a gran peligro y no progresará nada en la perfección y no se defenderá en la vida espiritual.  Dios colma generosamente con gracias al alma, pero al alma obediente.

 

                    114  (54) + Oh, ¡qué gratos son los himnos que fluyen de un alma víctima!  Todo el cielo queda admirado por tal alma, especialmente si es probada por Dios.  [Ella] dirige hacia Él sus nostálgicos lamentos.  Su belleza es grande, porque fluye de Dios.  Camina por la selva de la vida herida por el amor divino.  Toca la tierra con un solo pie.

 

                    115  + El alma, al salir de aquellos tormentos, es profundamente humilde.  La pureza de su alma es grande.  Sin reflexionar, en cierto modo, ella sabe mejor lo que conviene hacer en un momento determinado y lo que [conviene] abandonar.  Siente el más delicado toque de la gracia y es muy fiel a Dios.

 

                            Ella reconoce a Dios desde lejos y goza de Dios incesantemente.  En muy poco tiempo descubre a Dios en las almas de otras personas y en general en su alrededor.  Al alma es purificada por Dios Mismo.  Dios, como puro Espíritu, introduce al alma en la vida puramente espiritual.  Dios Mismo primero preparó y purificó a esta alma, es decir la hizo capaz para una estrecha convivencia con Él.  De modo espiritual ella esta en la comunión con el Señor en un descanso de amor.  Habla con el Señor sin uso de los sentidos.  Dios llena al alma con su luz.  Su mente, iluminada, ve claramente y distingue los grados en esta vida espiritual.  Ve como se unía a Dios de un modo imperfecto, cuando participaban los sentidos y la espiritualidad estaba unida a los sentidos, aunque de una manera ya superior y especial, no obstante imperfecta.  Existe la unión con el Señor superior y más perfecta, es decir la intelectual.  Aquí el alma se ve más protegida de las ilusiones, su espiritualidad es más profunda y más pura.  En una vida donde intervienen los sentidos, uno está más expuesto a las ilusiones.  Debería ser mayor la prudencia de ella misma [del alma] y de los confesores.  Hay momentos, en los cuales Dios introduce al alma en el estado puramente espiritual.  Los sentidos se apagan y están como muertos.   El alma está unida a Dios de manera mas intima posible, está sumergida en la divinidad, su conocimiento es total y perfecto, no parcial, como antes, sino general y completo.  Se deleita en ello.  Pero quiero hablar todavía de los momentos de la prueba.  En tales momentos es necesario que los confesores tengan paciencia con esa alma.  Pero la mayor paciencia la debe tener el alma consigo misma.

 

                 116    (55) Oh Jesús mió, Tú sabes lo que experimenta mi alma al recordar aquellos tormentos.  Más de una vez me he extrañado de que los Ángeles y los santos queden silenciosos cuando un alma soporta semejantes sufrimientos.  Sin embargo ellos nos aman muy especialmente en tales momentos.  Más de una vez mi alma gritó hacia Dios, como un niño pequeño grita con todas sus fuerzas cuando la madre tapa su rostro y él no la puede reconocer.  Oh Jesús mío, por esas pruebas de amor, sea gloria y honor a Ti.  Tu misericordia es grande e inconcebible.  Oh Señor, todos Tus proyectos respecto a mi alma están llenos de Tu misericordia.

 

                  117   Recordaré aquí que los que conviven con tal persona no deben agregar sufrimientos exteriores, ya que de verdad cuando el alma tiene el cáliz lleno hasta el borde, a veces justamente esta gota que nosotros agregamos a su cáliz, será aquella que sobra y rebosara el cáliz de la amargura.  ¿Y quien responde por aquella alma?  Guardémonos de agregar sufrimientos a los demás, porque eso no agrada al Señor.  Si las hermanas o las Superioras supieran o sospecharan que el alma dada está soportando esas pruebas y a pesar de eso, por su parte le agregaran sufrimientos, pecarían mortalmente y Dios Mismo pediría por esta alma.  No hablo aquí de los casos que por [su] naturaleza son pecados, sino que hablo de algo que en otro momento sería pecado.  Tengamos cuidado de tener a aquellas almas sobre nuestra conciencia.  Es un gran defecto de la vida religiosa y de la vida en general que, al ver a un alma en sufrimiento, siempre se tiene ganas de agregarle aun más.  No hablo de todos, pero sí existen.  Nos permitimos hacer juicios de todo tipo y hablamos allí donde muchas veces no deberíamos repetirlo.

                 118    La lengua es un órgano pequeño, pero hace cosas grandes.  Una religiosa que no es callada, nunca llegará a la santidad, es decir no será santa.  No se haga ilusiones; a no ser que el Espíritu de Dios hable por ella, en tal caso no debe callar.  Pero para poder oír la voz de Dios, hay que tener la serenidad en el alma y observar el silencio, no un silencio triste, sino un silencio en el alma, es decir al recogimiento en Dios.  Se pueden decir muchas cosas sin interrumpir el silencio  y, al contrario, se puede hablar poco y romper continuamente el silencio.  Oh, que daños irreparables causa no guardar (56) el silencio.  Se hace muchos daños al prójimo, pero sobre todo a su propia alma.

 

                  119   Según mi opinión y mi experiencia, la regla del silencio debería estar en el primer lugar.  Dios no se da a una alma parlanchina, que como un zángano en la colmena zumba mucho, pero no produce miel.  El alma hablantina está vacía en su interior.  No hay en ella ni virtudes fundamentales, ni intimidad con Dios.  Ni hablar de una vida mas profunda, ni de una paz dulce, ni del silencio en el que mora Dios.  El alma sin gustar la dulzura del silencio interior, es un espíritu inquieto y perturba este silencio en los demás.  Vi a muchas almas en los abismos infernales por no haber observado el silencio.  Ellas mismas me lo dijeron cuando las pregunté cuál había sido la causa de su ruina.  Eran almas consagradas.  Oh Dios mío, qué dolor al pensar que podrían estar no solamente en el paraíso, sino hasta ser santas.  Oh Jesús, Misericordia, tiemblo al pensar que debo rendir cuenta de la lengua, en la lengua está la vida, pero también la muerte, a veces con la lengua matamos, cometemos un verdadero asesinato ¿Y podemos considerar esto como una cosa pequeña?  De verdad, no entiendo estas conciencias.  Conocí a una persona que, al enterarse por otra de cierta cosa que se decía de ella… se enfermó gravemente, perdió allí mucha sangre y muchas lágrimas y luego vino una triste consecuencia, no causada por la espada sino por la lengua.  Oh mi Jesús

 

                 120    He pasado al tema del silencio, pero no quiero hablar de esto, sino de la vida del alma con Dios y de su respuesta a la gracia.  Cuando el alma ha sido purificada y el Señor está en relación de intimidad con ella, ahora se concentra toda la fuerza del alma en tender hacia Dios.  Pero ella de por sí no puede nada.  Aquí solamente Dios arregla todo, el alma lo sabe y está consciente de ello.  Ella vive todavía en el destierro y comprende bien que [puede] haber todavía días nublados y lluviosos, pero ella debe mirar todo esto con la actitud distinta a la mantenida hasta ahora.  No se refugia en una paz engañosa, sino que se dispone a la lucha.  Ella sabe que es de la estirpe guerrera.  Ahora se da cuenta mejor de todo.

 

                 121   (57) + Una serie de gracias que Dios derrama sobre el alma después de aquellas pruebas de fuego.  Goza de una estrecha unión con Dios.  Tiene muchas visiones sensibles y espirituales, oye muchas palabras sobrenaturales y a veces órdenes precisas; pero a pesar de estas gracias, no se basta a sí misma.  Tanto menos precisamente, porque Dios la visita con estas gracias, debido a que está expuesta a varios peligros y puede fácilmente caer en la ilusión.  Debería pedir a Dios un guía espiritual, pero no solamente pedir un guía, sino que solicitar y buscar a un director que entienda las cosas como el caudillo que tiene que conocer los caminos por los cuales conduce a la batalla.  A un alma que está unida a Dios, es necesario prepararla para grandes y encarnizados combates.

 

                           + Después de estas purificaciones y pruebas, Dios trata con el alma de modo especial, pero el alma no siempre colabora con estas gracias.  No porque ella misma de por si no quiera colaborar, sino que enfrenta tan grandes dificultades interiores y exteriores que, de verdad, hace falta un milagro para que esa alma se mantenga a estas alturas.  Aquí necesita obligatoriamente al director.  A menudo llenaban mi alma de dudas y algunas veces [mi alma] se asustaba de por sí, al pensar que después de todo yo era una ignorante, no entendía muchas cosas y menos todavía las cosas espirituales.  No obstante, cuando las dudas aumentaban, buscaba luz en un confesor o en las Superioras.  Pero no obtenía lo que deseaba.

 

                  122    Cuando me descubrí ante las Superioras, una de ellas [71] conoció mi alma y el camino por el cual Dios quería conducirme.  Siguiendo sus indicaciones, empecé a avanzar rápidamente en el camino de la perfección.  Sin embargo eso no duró mucho tiempo.  Al descubrir mi alma mas a fondo, no recibí lo que deseaba y a la Superiora estas gracias le parecieron inverosímiles, así que ya no pude obtener nada de ella.  Me decía que no era posible que Dios conviviera tan íntimamente con una criatura.  Yo temo por usted, hermana, si acaso no sea alguna ilusión.  (58) Tomé consejo de un sacerdote.  Pero el confesor no me entendió y dijo:  Es mejor que usted, hermana, hable de estas cosas con las Superioras.  Y así andaba de las Superioras al confesor, del confesor a la Superioras, pero sin encontrar la paz.  Estas gracias de Dios empezaron a ser para mí un gran sufrimiento.  Más de una vez dije directamente al Señor: Jesús, tengo miedo de Ti, ¿no eres acaso algún fantasma?  Jesús siempre me tranquilizaba, pero yo siempre desconfiaba.  Una cosa extraña, cuanto mas yo desconfiaba, tanto Jesús me daba mas pruebas de que Él era el autor de estas cosas.

 

                  123    + Al darme cuenta de que no obtenía ninguna tranquilidad de las Superioras, decidí no hablar mas de esas cosas puramente interiores.  Por fuera procuraba, como una buena religiosa, hablar de todo con las Superioras, pero de la necesidad del alma hablaría solamente en el confesionario.  Por muchas y muy justas razones entendí que la mujer no es llamada para discernir tales misterios.  Me expuse a muchos sufrimientos inútiles.  Durante mucho tiempo fue considerada como poseída por el espíritu maligno y me miraban con lastima y la Superiora tomo precauciones respecto a mi.  Llegaba a mis oídos que las hermanas me miraban como si yo fuera así.  Y oscurecía el horizonte en alrededor.  Empecé a evitar estas gracias de Dios, pero si ello no estaba en mi poder.  De repente me invadió un recogimiento tan grande, que en contra de la voluntad me sumergí en dios y el Señor me tenía a su lado.

 

                 124    En los primeros momentos mi alma siempre esta un poco asustada, pero después una paz y una fuerza extrañas llenan mi alma.

 

                  125    + Hasta aquí se pudo soportar todo.  Pero cuando el Señor me pidió que pintara esta imagen, entonces de verdad, empezaron a hablar y a mirarme como a una histérica y una exaltada, y eso empezó a propagarse aun más.  Una de las hermanas vino para hablar conmigo en privado.  Y se puso a compadecerme.  Me dice:  Oigo hablar que usted, hermana, es una exaltada, que tiene algunas visiones.  Pobre hermana, defiéndase de ello.  (59)  Fue sincera aquella alma y lo que había oído me lo dijo con sinceridad.  Pero tuve que oír cosas semejantes todos los días.  Solamente Dios sabe cuánto eso me atormentaba.  

 

                   126   Sin embargo decidí soportar todo en silencio y no dar explicaciones a las preguntas que me hacían.  A algunas les irritaba mi silencio, especialmente a las más curiosas.  Otras, las de pensamiento más profundo, decían que seguramente Sor Faustina estaría muy cerca de Dios, visto que tenia la fuerza de soportar tantos sufrimientos.  Y veía delante de mi como dos grupos de jueces.  Trate de conseguir el silencio interior y exterior.  No decía nada referente a mi persona, aunque era interrogada por algunas hermanas directamente.  Mi boca calló.  Sufría como una paloma, sin quejarme.  Sin embargo algunas hermanas encontraban casi un placer en inquietarme de cualquier modo.  Les irritaba mi paciencia, sin embargo Dios me daba tanta fuerza interior, que lo soportaba con calma.

 

                  127   + Me di cuenta de que en aquellos momentos no tendría la ayuda de nadie y empecé a rezar, y a pedir al Señor un confesor.  Anhelaba que algún confesor me dijera esta única palabra:  Quédate tranquila, estas en un buen camino, o bien rechaza todo eso, porque no viene de Dios.  Sin embargo no encontraba a un sacerdote tan decidido que me dijera estas palabras claras en nombre del Señor.  Pues, continuaba en la incertidumbre.  Oh Jesús, si es Tu voluntad que viva en tal incertidumbre, sea bendito Tu Nombre.  Te ruego, Señor, Tú Mismo guía mi alma y quédate conmigo, porque sola soy nada.

 

                  128   Pues ya soy juzgada por todos lados, ya no queda nade de lo que hay en mi que se haya escapado al juicio de las hermanas; pero, en cierto sentido, ya se agoto todo y empezaron a dejarme en paz.  Mi alma atormentada descansó un poco, pero conocí que en aquellas persecuciones el Señor estuvo muy cerca de mí.  Eso duro un brevísimo instante.  Estalló nuevamente una violente tempestad.  Ahora las sospechas anteriores se hicieron seguras para ellas, y hay que escuchar nuevamente las mismas canciones.  Así lo dispone el Señor.  Pero lo extraño es que, incluso por fuera, empezaran para mi (60) distintas adversidades [72].  Esto provocó distintos sufrimientos, conocidos solamente por Dios.  Sin embargo trataba como podía, hacer todo con la intención más pura posible.  Veo que soy vigilada en todas partes como un ladrón:  en la capilla, cuando hago mis deberes, en la celda [73].  Ahora sé que además de la presencia de Dios tengo siempre la presencia humana; de verdad, mas de una vez esta presencia humana me molestó mucho.  Hubo momentos en que reflexionaba si desvestirme o no para lavarme.  De verdad, mi pobre cama también fue controlada muchas veces.  A veces me daba risa saber que no dejaban en paz ni siquiera la cama.  Una hermana me dijo, ella misma, que cada noche me miraba en la celda, para ver como me comportaba en ella.  Sin embargo los Superiores son siempre los Superiores.  Y si bien me humillaban personalmente y mas de una vez me llenaron de dudas, no obstante siempre me permitieron lo que exigía el Señor, aunque no tal y como yo pedía, pero si de otro modo satisficieron las demandas del Señor y me permitieron esas penitencias y mortificaciones.

 

  129    Un día, una de las Madres se enojó tanto conmigo y me humilló tanto, que pensé que no lo soportaría.  Me dijo:  Extravagante, histérica, visionaria, vete de mi habitación, no quiero conocerte.  Todo lo que pudo cayó sobre mi cabeza.  Al volver a la celda, me caí de cara al suelo delante de la cruz y miré a Jesús sin poder pronunciar ni una sola palabra.  Y sin embargo ocultaba a los demás y disimulaba como si no hubiera pasado nada entre nosotras.  Satanás siempre aprovecha tales momentos, comenzaron a venirme los pensamientos de desánimo:  He aquí tu premio por la fidelidad y la sinceridad.  ¿Cómo ser sincera, si se es tan incomprendida?  Oh Jesús, Jesús, ya no aguanto mas.  Otra vez caí al suelo bajo aquel peso y comencé a sudar y el miedo empezó a dominarme.  No tengo en quien apoyarme interiormente.  De repente oí en mi alma la voz:  No tengas miedo, Yo estoy contigo,  y una luz extraña iluminó mi mente y comprendí que no debía someterme a tales tristezas y una fuerza me llenó, y salí de la celda con un nuevo ánimo para enfrentar los sufrimientos.

 

130       (61)  Sin embargo empecé a descuidarme un poco [74].  No hacia caso a estas inspiraciones interiores, trataba de distraerme.  Pero a pesar del ruido y de las distracciones, veía lo que pasaba en mi alma.  La Palabra divina es muy elocuente y nada puede sofocarla.  Empecé a evitar el encuentro del Señor en mi propia alma, porque no quería ser victima de la ilusión.  Sin embargo el Señor en cierto modo me persiguió con sus done y, de verdad, experimentaba, por turno, sufrimientos y alegrías.  No menciono aquí diferentes visiones y gracias que en aquel tiempo Dios me concedió, porque las tengo apuntadas en otro lugar [75], pero diré que aquellos distintos sufrimientos ya llegaron al colmo y me decidí acabar con estas dudas antes de los votos perpetuos.  Durante todo el tiempo de la probación rogué por la luz de un sacerdote, a quien debía revelar mi alma hasta lo más profundo.  Y rogué a Dios que Él mismo me ayudara en esto y me diera la gracia de contar las cosas mas secretas que había entre mi y el Señor, y que me predispusiera a que yo considerara cualquier cosa que aquel sacerdote decidiera como decidida por Jesús Mismo.  No importa cual será el juicio sobre mi, yo deseo solamente la verdad y una respuesta decidida a ciertas preguntas.  Me he encomendado a Dios completamente y mi alma desea la verdad.  No puedo seguir viviendo en dudas; aunque en el alma tenia una certeza tan grande de que esas cosas procedían de Dios que ofrecería mi vida por ellas, sin embargo por encima de todo eso puse la opinión del confesor y decidí comportarme de acuerdo con lo que él consideraría justo y según sus indicaciones.  Veo aquel momento [como] el que decidirá de cómo debo comportarme durante toda la vida.  Sé que de él [aquel momento] dependerá todo.  No tiene importancia si lo que me dirá será de acuerdo con mis inspiraciones o todo lo contrario, eso ya no me importa.  Yo deseo conocer la verdad y seguirla.

 

131      Oh Jesús, Tú puedes ayudarme.   Y a partir de aquel [momento] empecé.  Escondo todas las gracias en el alma y espero a quien el Señor me mandará.  Sin dudar en nada en mi corazon, rogue al Señor que Él Mismo se dignara ayudarme en estos momentos y el ánimo entró en mi alma.

 

132      (62)  Debo mencionar todavía que hay algunos confesores que ayudan al alma y son, según puede parecer, Padres espirituales, pero hasta cuando todo va bien; y cuando el alma tiene mayores necesidades, entonces son indecisos y no pueden, o más bien no quieren entender al alma.  Procuran liberarse de ella lo antes posible, pero si el alma es humilde siempre saca alguna pequeña ventaja.  A veces, Dios Mismo envía un rayo de luz a lo profundo del alma, por su humildad y su fe.  A veces, el confesor dice lo que no pensaba decir en absoluto y él mismo no se da cuenta de ello.  Oh, que el alma crea que son las palabras del Señor Mismo; aunque tenemos que creer que cada palabra en el confesionario es de Dios, pero lo de he mencionado mas arriba, es algo que viene directamente de Dios.  Y el alma siente que el sacerdote no depende de sí mismo sino que dice lo que no quisiera pronunciar.  Pues, de este modo Dios recompensa la fe.  Lo experimenté muchas veces en mi misma.  Me sucedió una vez al confesarme con un cierto sacerdote, muy docto y muy estimado.  Siempre me era severo y contrario en esas cosas, pero una vez me dijo:  Debes saber, hermana, que si Dios quiere que hagas eso, pues no debes oponerte.  A veces, Dios quiere ser alabado de este modo.  Quédate tranquila, si Dios ha empezado, terminará, pero te digo:  La fidelidad a Dios y la humildad, y una vez mas la humildad.  Recuerda lo que te he dicho hoy.  Me alegré y pensé que tal vez aquel sacerdote me hubiera entendido.  Pero las circunstancias fueron tales que no me confesé nunca más con él.

 

                 133    + Una vez, me llamó una de las Madres de mayor edad y de un cielo sereno empezaron [a caer] truenos de fuego, de tal modo que ni siquiera sabia de que se trataba.  Pero poco después entendí que se trataba de lo que no dependía de mí.  Me dijo: Quítese de la cabeza, hermana, que el Señor Jesús trate con usted tan familiarmente, con una persona tan mísera, tan imperfecta.  El Señor Jesús trata solamente con las almas santas, recuérdelo bien.  Reconocí que tenia plenamente razón, porque yo soy miserable, sin embargo confió en la misericordia de Dios.  Cuando me encontré con el Señor, me humillé y dije: Jesús, según dicen, ¿Tú no tratas con las personas miserables?  Quédate tranquila, hija Mía, precisamente a través de tal miseria quiero mostrar el poder de Mi misericordia.   Entendí que la Madre quiso solamente humillarme.

 

134   (63) + Oh Jesús mío, me has sometido a muchas pruebas en mi corta vida, entendí muchas cosas, incluidas tales que estoy sorprendida.  Oh, que bueno es someterse en todo a Dios y permitir a Dios obrar en el alma con toda la plenitud.

 

135En la tercera probación el Señor me dio a entender que me ofreciera a Él para que pudiera hacer conmigo lo que le agradaba.  Debo estar siempre delante de Él como victima.  En un primer momento me asuste, sintiéndome infinitamente miserable y conociéndome bien, contesté al Señor una vez más:  Soy la miseria misma, ¿Cómo puedo ser rehén?  Hoy no lo entiendes.  Mañana te lo daré a conocer durante la adoración.   El corazón y el alma me temblaban.  Estas palabras se imprimieron tan profundamente en mi alma.  La Palabra de Dios es viva.  Cuando vine a la adoración, sentí en el alma que entre en el tempo de Dios viviente, cuya Majestad es grande e inconcebible.  Y el Señor me dio a c

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By cristobalaguilar at 2011-02-03
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