Martes, 16 de febrero de 2010
¿HAY ALGUNA GUERRA SANTA?¿ESTA JUSTIFICADA LA MATANZA DE OTROS SERES EN NOMBRE DE UNA RELIGIÓN?

La Guerra Santa es una guerra justificada por razones religiosas, cuyos promotores califican como guerra querida por Dios y que conduce a la salvación eterna de quien muere en ella. Las guerras de religión europeas, las Cruzadas o la Jihad son ejemplos conocidos de Guerra Santa. En los tiempos modernos se ha usado también como un modo de definir diferencias culturales e históricas entre combatientes, sin que sea la religión necesariamente la causa principal (un ejemplo es el conflicto del Ulster).

El concepto de Guerra Santa puede rastrearse en el cristianismo a través de la formulación del concepto o doctrina de la guerra justa por Agustín de Hipona en su célebre obra Civitate Dei, que es continuada por otros autores a lo largo de la Edad Media, como Tomás de AquinoSuma Teológica, II-II Qu. 40.) A propósito de la frase del Evangelio de Lucas «y dijo el amo al siervo: Sal a los caminos y a los cercados, y obliga a entrar, para que se llene mi casa» (Lucas, 14, 23), Agustín comenta (en la Réplica a Gaudencio) que si los herejes, los cismáticos (y por el contexto también miembros de otras religiones, judíos o paganos) no quieren comprender las bellezas y verdades del cristianismo, habrá que decidirse a hacerles la guerra. (

En el Islam también existe la idea desde los primeros tiempos: en Medina, de los años 624-630 hay una glorificación de las razzias y, en paralelo, en la revelación coránica, su justificación y reglamentación. El Corán, aunque no lo formula de un modo específico ya que el concepto de jihad, que suele traducirse (impropiamente, a juicio de algunos) como guerra santa, es en realidad mucho más amplio, incluye también la acción violenta. De acuerdo con el Corán, la guerra santa debe ser en principio defensiva:

Combatid en el camino de Dios a quienes os combaten, pero no seáis los agresores. Dios no ama a los agresores. Matadlos donde los encontréis, expusadlos de donde os expulsaron.
Corán, 2, 186-187

Sin embargo, otra Sura dice:

Que combatan en el camino de Alá los que truecan la vida inmediata por la vida última. A aquellos que, al combatir en los caminos de Alá son muertos o son vencedores, nosotros les daremos una retribución inmensa.
Corán, 4, 76/74

Defensiva o no, la obligación de la guerra santa es en cualquier caso un tema recurrente en el Corán y ocupa aproximadamente unos 250 de los 6235 versículos. Un aspecto relevante del Islam, aunque sujeto también a interpretaciones, es que divide el mundo en dar-el-Islam («la casa del Islam»Gui?o, donde habitan los creyentes, y dar-el-jarb («la casa de la guerra»Gui?o, que sería la residencia de los infieles. Estas dos «casas» estarían en guerra santa permanente, suspendida solo por treguas tácticas. Sin embargo, siempre estarán enfrentadas hasta que todo el orbe se convierta en dar-el-Islam y los fieles de otras religiones sean, en el mejor de los casos, tolerados y sometidos en calidad de dhimmis.


Se ha utilizado la idea de Guerra Santa en épocas diversas y en numerosos conflictos, religiosos o no, normalmente para legitimar intereses geopolíticos o económicos. Son ejemplos clásicos de guerra santa las cruzadas o las guerras católicas contra las consideradas herejías (cátaros, protestantes, etc.). La guerra civil española fue declarada cruzada por Pío XII[cita requerida] y así se la denominó oficialmente durante la época de Franco. En el ámbito islámico, muchos conflictos actuales son calificados de yihad en su sentido de combate, de guerra. Las acciones terroristas de carácter islamista son calificadas por sus autores del mismo modo.

Otras religiones como el judaísmo, el hinduismo y el sikhismo también incluyen entre su doctrina el concepto de Guerra Santa.

A fines del siglo segundo de la era cristiana se produjo el cambio. Unos pocos cristianos participaban del ejército romano. En estas circunstancias se produjo una batalla espiritual entre los líderes de la Iglesia. Tertuliano (150-230), Orígenes (185-250) y otros patriarcas de la iglesia alzaron sus voces e insistieron en que los cristianos deberían abandonar las filas del ejército. Orígenes en su obra "Homiliae in Jesu Nave", dijo: "Nosotros los Cristianos no podemos empuñar la espada y luchar en contra de nuestros semejantes, no debemos aprender el arte de la guerra, somos hechos hijos de paz mediante nuestro Maestro Jesús".

"Podemos, mediante nuestras oraciones, destruir todos los demonios que son los causantes de odios y guerras, representamos una mayor ayuda para los que gobiernan que aquellos que van a la guerra: nuestra lucha es con armas espirituales; que son nuestras oraciones dirigidas al trono de Dios".

Constantino el Grande, el gran oportunista

Estas condiciones prevalecieron hasta el siglo IV DC. En aquel tiempo Constantino el Grande era emperador de Roma. Con gran visión, él, un pagano, vislumbró la inmensa posibilidad que ofrecía en lo militar y político, el culto religioso. Entonces favoreció a los cristianos y ordenó la suspensión de las persecuciones. Al regresar victorioso de una de sus campañas, Constantino proclamó haber visto una cruz flamígera en el firmamento con las palabras: "In hoc signo vinces" (Con este signo vencerás).

Constantino proclamó haber tenido una visión celestial para así poder vencer a sus enemigos. Entonces adoptó la cruz cristiana como emblema de la nueva religión, la cual desde entonces sería la religión oficial. ¿Habrá quedado así cristianizado el Imperio Romano?

Constantino ordenó por la fuerza que las gentes fueran bautizadas. Fueron llamadas por decreto, millares de personas, paganas, judíos y bárbaros. Lo curioso fue sin embargo, que él.Constantino, no quiso ser bautizado. Todo resultó ser una gran farsa, sólo quiso aprovecharse de la situación. Era un verdadero oportunista, A uno de sus hijos lo llamó Constantino Ir a otro lo llamó Constans, a un tercero lo llamó Constantinius, a una hija le dió el nombre de Constantina. Fundó una ciudad y la llamó Constantina y bautizó con el nombre de Constantinópolis la capital imperial que él "reconstruyó".

El Cristianismo de Constantino

Tan "cristiano" era Constantino, que deshizo a todos sus rivales, entre ellos Máximo, a quien forzó a que se suicidase. Mandó asesinar a su suegro porque no le gustaba. Lo mismo hizo con su cuñado y su primo. Mató hasta su propia esposa Fausta y a su hijo Crispus. Tanto le placía aparecer en público como benefactor, que astutamente dió orden de libertar a los cristianos de las cárceles y los sacó las catacumbas y mandó construir suntuosos templos cristianos, los que aún en el día de hoy pueden ser admirados. Con gran habilidad convenció a los líderes influyentes de la iglesia de que la fe cristiana y la guerra eran buenos aliados. En poco tiempo inculcó en la juventud cristiana el espíritu de la guerra. Luego los hijos de los antiguos mártires tomaron parte en las campanas imperiales, queriendo dominar por la fuerza de la espada a los pueblos paganos. Antes de morir, Constantino se dejó bautizar para dejar al mundo la ilusión de haber sido el primer emperador cristiano.

¿Cristiano? ¡Eso nunca! Pues cuando la Iglesia aceptó la regencia de Constantino, abrogó el verdadero cristianismo para tomar el constantinismo. Se invirtieron los papeles, en lugar de Iglesia perseguida, se convirtió en perseguidora de aquellos que no querían seguir la doctrina cristiana, o por mejor decir constantiniana. Desde entonces y por unos 1600 años la Iglesia Universal (Catholicus) se convirtió en un instrumento de guerra, Ya los hijos de Constantino, Constantino II, Constans y Constantinius siguieron el ejemplo de su padre y mataron y exterminaron a todos sus parientes con excepción de. Galiyus Juliano.

Bendición de las armas

Para probar cómo la iglesia y la máquina de guerra anduvieron combinadas, basta recordar las dos últimas guerras, cuando oficialmente ministros de la iglesia impartieron su bendición sobre las armas y máquinas infernales destinadas a la matanza de millones. Oraciones especiales fueron hechas en las diócesis a favor de la victoria sobre el enemigo del país y lo mismo se hizo en campo enemigo. Antes de cada batalla una oración fue elevada y una bendición impartida sobre cada cuerpo del ejército. Felizmente no todos los cristianos ni tampoco todas las denominaciones religiosas sucumbieron a la ideología Constantiniana; siempre han quedado minorías que se conservaron fieles a los principios del espíritu de Cristo. En general sin embargo, la Iglesia dejóse envenenar por el espíritu de la guerra y estimuló a sus hijos a que tomasen la espada para matar.

Guerras santas

Ya en aquellos años, so pretexto de establecer oficialmente el cristianismo como religión de Roma, el verdadero ideal y propósito de Cristo para la humanidad se perdió. Guerras horrendas llamadas "Guerras Santas", incendiaron y arrasaron pueblos enteros durante siglos. Las "Cruzadas" quedan en la historia como una vergüenza imborrable para los cristianos y la "Cruzada de los niños'”, en la que perdieron la vida no menos de 30.000 menores, fue una de las páginas más estúpidas y grotescas que se pueden imaginar. Ni siquiera hemos hecho mención de las opresiones, persecuciones y de las horripilantes inquisiciones, todo ello obra vergonzosa de la iglesia organizada y oficial. La verdad es ésta: que con excepción de pequeños grupos de creyentes acá y allá, que se conservaron fieles hasta el día de hoy, el verdadero espíritu cristiano murió en el mundo y el constantinismo tomó su lugar.

Pensamos con admiración en los pequeños grupos que hicieron para sí una historia brillante de felicidad, abnegación y tremendos sacrificios, para poder seguir las enseñanzas de Cristo, a fin de no sentirse heridos en sus conciencias ante¡ las monstruosidades humanas; por quererse obligar a los jóvenes cristianos a ir a la guerra y matar a sus propios hermanos. Los Quáqueros, los Hermanos, los Menonitas, los Discípulos y muchos otros dieron un ejemplo admirable de constancia y firmeza de fe.

Pobre argumentación

  Alguna parte del  clero afirma que el propio Jesús hizo uso de la fuerza cuando expulsó a los mercaderes del templo, argumentando de ese modo que la guerra es lícita. La verdad es que el Señor Jesús jamás usó de la violencia pues el mero hecho de haberse convertido en un celoso de la casa de oración, no da derecho a afirmar que haya agredido a alguien corporalmente. Su espíritu en realidad era manso y humilde.

Fdo. Cristobal Aguilar.



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By cristobalaguilar at 2011-02-03
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