Lunes, 15 de febrero de 2010
REVELACIONES Y VISIONES DE SANTA BRÍGIDA SOBRE EL CLERO Y SU FORMA DE ACTUAR

Aquí comenzamos el tercer libro de estas superinteresantes y aconsejables revelaciones de santa brígida de suecia sobre muchos puntos. EL AUTOR DEL BLOG.

Advertencias e instrucciones al Obispo sobre cómo comer, vestir y orar, y sobre cómo él debe comportarse ante alimentos, en las comidas, y tras las comidas, e igualmente sobre su descanso y cómo debe cumplir el oficio de obispo siempre y en todo lugar.

 

                   Capítulo 1

 

Jesucristo, Dios y hombre, quien vino a la tierra para asumir una naturaleza humana y salvar almas a través de su sangre, quien reveló la verdadera vía al cielo y abrió sus puertas, Él mismo me ha mandado a todos vosotros. Escucha, hija, tú a quien le ha sido dado el oír verdades espirituales. Si este obispo propone caminar el estrecho sendero tomado por pocos y ser uno de aquellos pocos, déjale antes que deje a un lado la carga que le acosa y le lastra – quiero decir sus deseos terrenales - usando el mundo sólo para necesidades consistentes con el modesto sustento de un obispo. Esto es lo que aquel buen hombre Mateo hizo cuando fue llamado por Dios.

 

Al abandonar las pesadas cargas del mundo, encontró un leve fardo. En segundo lugar, el obispo debería ser ceñido para el viaje, para usar las palabras de la escritura. Tobías estaba listo para su viaje cuando se encontró al ángel en pie allí ceñido. ¿Qué significa decir que el ángel estaba ceñido? Significa que cada obispo debe estar ceñido con el cinturón de la justicia y divina caridad, listo para trillar el mismo camino que Aquel que dijo: 'Yo soy el buen pastor y doy la vida por mis ovejas'. Él debe estar listo para decir la verdad en sus palabras, listo para ejecutar justicia en sus acciones, tanto las referidas a sí mismo como las referidas a los otros, no descuidando la justicia a causa de amenazas y provocaciones o falsas amistades o temores vacíos. A cada obispo así ceñido, Tobías, que es el recto, vendrá, y ellos seguirán su sendero.

En tercer lugar, debe comer pan y agua antes de que emprenda su viaje, como leemos acerca de Elías, quien levantándose del sueño, encontró pan y agua en su cabeza. ¿Qué es este pan dado al profeta sino los bienes materiales y espirituales a él concedidos? Porque el pan material le fue dado en el desierto como una lección. Aunque Dios podía haber sostenido al profeta sin alimento material, quiso que el pan material fuese preparado para él para que el pueblo pudiese entender que era el deseo de Dios que ellos hicieran uso de los buenos dones de Dios con moderación para el consuelo del cuerpo. Además, una infusión del Espíritu inspiró al profeta cuando se mantuvo cuarenta días en la fuerza de aquel alimento. Pues, si no hubiera inspirado una unción interior de Gracia en su mente, Él hubiera ciertamente desistido durante el trabajo duro de aquellos cuarenta días, porque en sí mismo él era débil pero en Dios él tuvo la fuerza para completar tal viaje.

Por tanto, así como el hombre vive por cada palabra de Dios, instamos al obispo a tomar el bocado de pan, que es, amar a Dios sobre todas las cosas. Él encontrará su bocado en su cabeza, en el sentido de que su propia razón le dice que Dios ha de ser amado sobre todas las cosas y antes de todas las cosas, a causa de creación y redención y también a causa de su paciencia y bondad duraderas. Le ofrecemos asimismo que beba un poco de agua, que es, para pensar en su fuero interno en la amargura de la pasión de Cristo. ¿Quién es suficientemente valeroso para ser capaz de meditar la agonía de la naturaleza humana de Cristo, la cual Él estaba sufriendo en el momento en que pidió que el cáliz de la Pasión fuera apartado de él y cuando gotas de su sangre fueron derramándose hacia el suelo? El obispo debe beber esta agua junto con el pan de caridad y ser fortalecido para el viaje a lo largo del camino de Jesucristo.

Una vez el obispo ha emprendido el camino de la salvación, si quiere hacer mayor progreso, le es útil dar gracias a Dios con todo su corazón desde la primera hora del día, considerando sus propias acciones cuidadosamente y pidiendo a Dios ayuda para llevar a cabo Su voluntad.

 

Entonces, cuando se está vistiendo, debe rezar de esta manera: 'Las cenizas a las cenizas, el polvo al polvo. Pues aunque soy obispo por la providencia de Dios, estoy poniendo estas ropas hechas del polvo de la tierra sobre ti, mi cuerpo, no por honor de la belleza u ostentación sino como cubierta, de modo que tu desnudez no sea vista. Ni me preocupa si tus ropas son mejores o peores, sino sólo que el hábito del obispo debe ser admitido por reverencia a Dios, y que a través de su hábito la autoridad del obispo pueda ser reconocida para la corrección e instrucción de otros. Y por eso, amable Dios, te suplico que me des firmeza de mente para que no me enorgullezca de mis cenizas y polvo preciosos ni neciamente me glorifique en los colores del mero polvo. Concédeme fortaleza para que, así como la vestimenta del obispo es más distinguida y respetada que otras a causa de su divina autoridad, la vestimenta de mi alma pueda ser aceptable ante Dios, no sea que yo sea empujado al más profundo abismo por haber sostenido autoridad de una mediocre e indigna manera o no sea que yo sea ignominiosamente despojado por haber vestido neciamente mi venerable vestimenta para mi propia condenación.'

 

Después de eso él debe leer o cantar las horas. Cuanto más alto es el rango que una persona alcanza, más gloria debe él o ella rendir a Dios. Sin embargo, un corazón puro agrada a Dios tanto estando en silencio como cantando, siempre que una persona esté ocupada con otras rectas y útiles tareas. Después de decir Misa, el obispo debe cumplir sus obligaciones episcopales, teniendo diligente cuidado de no dar más atención a las cosas materiales que a las espirituales. Cuando se acerque a la mesa eucarística, éste debe ser su pensamiento: 'Oh, Señor Jesucristo, tú me mandas que el cuerpo corruptible sea sostenido con alimento material, ayúdame a darle a mi cuerpo lo que necesita de manera que la carne no se vuelva vergonzosamente insolente contra el alma a causa de comida superflua ni de indolencia en tu servicio por imprudente abstinencia.

 

Inspira en mí una adecuada moderación de manera que cuando este hombre de la tierra se alimente a sí mismo con cosas de la tierra, el Señor de la tierra no sea llevado a la ira por su criatura de tierra.' Mientras esté a la mesa, al obispo se le permite tomar la clase de refrigerio moderado y conversación en que la necia vanidad es evitada y ninguna palabra se pronuncia ni oye que pueda ofrecer a los oyentes ocasión de pecado. Antes bien, que sean todas apropiadas y saludables.

 

Si el pan y el vino faltan en la mesa material, todo pierde su sabor; de la misma forma, si buena doctrina y exhortación faltan de la mesa episcopal y espiritual, todo lo colocado sobre ella parece insípido para el alma. Y por eso, para evitar cualquier ocasión de frivolidad, algo debe ser leído o recitado a la mesa que pueda ser de provecho a aquellos sentados allí. Cuando la comida es finalizada y la bendición de acción de gracias ha sido rezada a Dios, el obispo debe planear lo que tiene que hacer o leer libros que puedan conducirle hacia la perfección espiritual. Después de la cena, sin embargo, puede entretenerse con los compañeros de su casa. No obstante, como una madre dando leche a su bebé unta sus pezones con cenizas u otra amarga sustancia hasta que desteta al bebé de la leche y lo acostumbra a comidas sólidas, así también el obispo debe atraer a sus compañeros más cerca de Dios mediante la amabilidad de su conversación por la cual ellos deben llegar a temer y amar a Dios, convirtiéndose de este modo no sólo en su padre mediante la divina autoridad en él sino también en su madre mediante la formación espiritual que les da.

Si es consciente de que cualquiera en su casa está en estado de pecado mortal y no se ha arrepentido a pesar de admoniciones, entonces debe separarse de él. Si le retiene por conveniencia o consolación temporal, no tendrá inmunidad del pecado del otro. Cuando vaya a la cama, debe cuidadosamente examinar sus actos e impresiones del día que ha transcurrido, haciendo los siguientes pensamientos: 'Oh, Dios, Creador de mi cuerpo y de mi alma, contémplame en tu misericordia.

 

Concédeme tu gracia, para que no cultive tibieza en tu servicio por dormir de más ni me debilite en tu servicio a causa de sueño disturbado, sino concédeme para tu gloria esa medida de sueño que nos has prescrito para dar descanso al cuerpo. Dame fortaleza para que mi enemigo, el demonio, no pueda disturbarme ni arrastrarme lejos de tu bondad.' Cuando se levanta de la cama, debe lavar en confesión cualesquiera lapsos que la carne pueda haber sufrido, para que el sueño de la noche siguiente no comience con los pecados de la anterior.”

 

 

Las palabras de la Virgen a su hija sobre la oportuna solución a las dificultades que encontrará el obispo en el camino estrecho, y sobre cómo la paciencia es simbolizada por ropa y los Diez Mandamientos por diez dedos, y el anhelo de eternidad y el disgusto hacia lo mundano por dos pies, y sobre tres enemigos del obispo a lo largo de su camino.

 

                   Capítulo 2

 

De nuevo la Madre de Dios habla: “Dile al obispo que, si él emprende este camino, se encontrará con tres dificultades. La primera dificultad es que es un camino estrecho; la segunda, que hay agudos espinos en él; la tercera, que es un camino rocoso e irregular. Te daré tres consejos a este respecto. El primero es que el obispo debe vestir ropas ásperas y tejidas bien ajustadas en preparación para el estrecho camino. El segundo es que debe mantener sus diez dedos frente a sus ojos y mirar a través de ellos como a través de barras para no ser arañado por los espinos.

 

El tercero es que debe caminar cautamente y poner a prueba cada paso que da para ver si su pie encuentra un sustento firme cuando lo apoya, y no debe apoyar apresuradamente ambos pies al mismo tiempo sin antes comprobar la misma condición en el camino. Este estrecho camino no simboliza otra cosa sino la malicia de la gente malvada hacia el recto, la clase de gente que se burla de los actos honestos y pervierte los caminos y las honradas advertencias del recto, y que da poco peso a cualquier cosa que tenga que ver con la humildad y la piedad. Para confrontar a tal gente el obispo debe vestirse asimismo con la prenda de la paciencia duradera, pues la paciencia hace las cargas placenteras y alegremente acepta el insulto que recibe.

 

Los espinos no simbolizan otra cosa sino las privaciones del mundo. Para confrontarlas, los diez dedos de los diez mandamientos de Dios y sus consejos deben ser obedecidos para que, cuando el espino de la privación y la pobreza le arañen, pueda recordar los sufrimientos y pobreza de Cristo. Cuando el espino de la ira y la envidia le arañen, debe recordar el amor de Dios que se nos ha mandado mantener. El amor verdadero no insiste en obtener lo que le es propio, sino que se abre enteramente a la Gloria de Dios y al beneficio del prójimo.

 

Que el obispo ha de caminar cautamente significa que debe en todo lugar tener una actitud de inteligente precaución. Porque una buena persona debe tener dos pies, por así decirlo. Un pie es el anhelo de eternidad. El otro es un disgusto hacia el mundo. Su anhelo de eternidad debe ser circunspecto, en el sentido de que no ha de desear cosas eternas para sí mismo como si fuera digno de ellas; más bien, debe colocar todo su anhelo y deseo así como su recompensa en las manos de Dios. Su disgusto del mundo debe ser cauto y lleno de temor, en el sentido de que este disgusto no debe ser el resultado de sus privaciones en el mundo o de impaciencia hacia la vida ni debe ser en honor de vivir una vida más tranquila o de ser liberado de llevar a cabo trabajo beneficioso para otros. Más bien, debe sólo ser el resultado de su aborrecimiento del pecado y su anhelo de eternidad.

 

Una vez estas tres dificultades han sido superadas, advertiría al obispo sobre tres enemigos en su camino. Verás, el primer enemigo intenta silbar al oído del obispo para bloquear su escucha. El segundo está frente a él para arañarle los ojos. El tercer enemigo está a sus pies, gritando alto y sosteniendo una soga para atrapar sus pies cuando los levanta del suelo. Los primeros son aquellas personas o aquellos impulsos que tratan de apartar al obispo del camino correcto, diciendo: '¿Por qué te tomas tanto trabajo en ti mismo y por qué estás caminando en un camino tan estrecho? En vez de eso sal al verde camino por el que tantas personas están andando. ¿Qué te importa cómo se comportan esta o aquellas personas? ¿Por qué te molestas en ofender o censurar a aquellas gentes que podrían honorarte y apreciarte? Si ellos no te ofenden ni ofenden a aquellos cercanos a ti, ¿qué te importa cómo viven o si están ofendiendo a Dios? Si tu mismo eres un buen hombre, ¿por qué te preocupas juzgando a otros? ¡Mejor intercambia regalos y servicios! Haz uso de tus amistades humanas para ganar elogios y una buena reputación durante tu vida.'

 

El segundo enemigo quiere cegarte como los filisteos hicieron con Sansón. Este enemigo es la belleza y las posesiones mundanas, ropas suntuosas, las variadas trampas de la pompa, privilegios y favores humanos. Cuando tales cosas te son presentadas y agradan a tus ojos, la razón es cegada, el amor a los mandamientos de Dios se vuelve tibio, el pecado es cometido libremente y, una vez cometido, es tomado a la ligera. Por eso, cuando el obispo tiene una moderada provisión de los bienes necesarios, debe estar contento. Porque demasiada gente hoy en día encuentra más agradable estar parado con Sansón a la rueda de molino del deseo que amar a la iglesia con una disposición de elogio hacia el ministerio pastoral.

 

El tercer enemigo grita alto y lleva una soga y dice: '¿Por qué estás andando con tanta precaución y con la cabeza agachada? ¿Por qué te humillas tanto, tú que podrías y deberías ser honorado por mucha gente? ¡Sé sacerdote de modo que te sientes entre los de primer rango! ¡Sé obispo para ser honorado por muchos! ¡Avanza a puestos más altos para obtener mejor servicio y disfrutar mayor relajación! ¡Almacena un tesoro con el cual tú puedas ayudarte así como a los otros y ser confortado por otros en retribución y ser feliz dondequiera que estés!'

 

Cuando el corazón se inclina a tales sentimientos y sugerencias, la mente pronto camina hacia los apetitos mundanos, levantando como si fuera el pie de la base del deseo, con lo que queda tan enredado en la trampa de las preocupaciones mundanas que apenas puede levantarse a la consideración de su propia miseria o a aquella de las recompensas y castigos de la eternidad. Tampoco eso es sorprendente, pues la escritura dice que aquel que aspira al oficio de obispo desea una noble tarea para el honor de Dios. Ahora, sin embargo, hay muchos que quieren los honores pero holgazanean en la tarea en la cual se encuentra la eterna salvación del alma. Es por esto que este obispo debe estar en la posición que ostenta y no perseguir una más alta, hasta que a Dios le plazca darle otra.”

 

 

Una completa explicación al obispo de parte de la Virgen sobre cómo debe ejercer su oficio episcopal para dar Gloria a Dios, y sobre la doble recompensa por haber mantenido el rango de obispo de una manera verdadera y sobre la doble desgracia de haberlo mantenido de una manera falsa, y sobre cómo Jesucristo y todos los santos dan la bienvenida a un obispo honesto y verdadero.

 

                   Capítulo 3

 

La Madre de Dios estaba hablando: “Deseo explicar al obispo lo que debemos hacer para Dios y lo que le dará gloria a Dios. Cada obispo debe mantener su mitra cuidadosamente en sus brazos. No debe venderla por dinero ni darla a otros en honor de la amistad mundana ni perderla por negligencia ni tibieza. La mitra del obispo no significa otra cosa que el rango del obispo y el poder para ordenar sacerdotes, para preparar el Crisma, para corregir a aquellos que van por el mal camino y animar al negligente mediante su ejemplo. Porque sostener esta mitra cuidadosamente en sus brazos significa que debe reflexionar cuidadosamente sobre cómo y por qué recibió su poder episcopal, cómo lo ejerce, y cuáles son sus efectos y propósito.

 

Si el obispo examina cómo recibió su poder, primero debe examinar si deseaba el episcopado para su propia honra o para la de Dios. Si era para su propia honra, entonces su deseo era sin duda carnal; si era para honra de Dios, esto es, para dar gloria a Dios, entonces su deseo era merecedor y espiritual.

Si el obispo considera para qué propósito ha recibido el episcopado, era seguramente para que entonces pudiera convertirse en un padre para los pobres y en consuelo e intercesor por las almas, porque los bienes del obispo se supone son para el bien de las almas. Si sus medios son consumidos ineficazmente y malgastados de una manera pródiga, entonces aquellas almas gritarán para vengarse de la administración injusta. Te diré la recompensa que vendrá de mantener el rango de obispo. Será una doble recompensa, como Pablo dice, corporal y espiritual.

Será corporal, porque él es el vicario de Dios en la tierra y por ello los hombres acuerdan honor divino como una vía de honrar a Dios. En el cielo será corporal y espiritual a causa de la glorificación del cuerpo y del alma, porque el sirviente estará allí con su Señor, debido tanto a la forma en que vivió como obispo en la tierra como por su humilde ejemplo por el cual incitó a otros a la gloria del cielo junto consigo mismo. Todo el que tiene el rango y atuendo de obispo pero evade la manera episcopal de vida, merecerá una doble desgracia.

 

Que el poder del obispo no ha de ser vendido significa que el obispo no debe cometer conscientemente simonía o ejercer su oficio por honor de dinero o de favor humano o promover a hombres que sabe que son de mal carácter porque la gente le pida que lo haga. Que la mitra no debe ser dada a otros por amistad humana, significa que el obispo no debe disfrazar los pecados del negligente ni dejar que aquellos a los que puede y debe corregir se vayan impunes, ni pasar por alto los pecados de sus amigos en silencio debido a amistad mundana ni tomar los pecados de sus subordinados en sus propias espaldas, porque el obispo es el centinela de Dios.

 

Que el obispo no debe perder su mitra por negligencia significa que el obispo no debe delegar en otros lo que él mismo debe y puede hacer con más provecho, que no debe por honor de su propio bienestar físico, transferir a otros lo que él mismo es capaz de llevar a cabo con más perfección, pues la obligación del obispo no es descansar sino trabajar. El obispo no debe ignorar la vida y conducta de aquellos en quienes delega sus tareas. En su lugar, debe conocer y revisar cómo observan la justicia y si se conducen a sí mismos prudentemente y sin avaricia en las tareas que se les asignan. Quiero que sepas, también, que el obispo en su rol de pastor, debe llevar un ramo de flores bajo sus brazos para atraer a ovejas tanto lejanas como cercanas a que corran alegremente tras su perfume.

 

Este ramo de flores significa la pía predicación del obispo. Los dos brazos de los cuales el ramo divino cuelga son dos clases de trabajos necesarios para un obispo, visiblemente, buenas obras públicas y buenas obras no aparentes. Así, el rebaño cercano de su diócesis, viendo la caridad del obispo en sus obras y oyéndola en sus palabras, dará gloria a Dios a través del obispo. Asimismo, el rebaño lejano, oyendo la reputación del obispo, querrá seguirle. Éste es el ramo más dulce: no estar avergonzado de la verdad y humildad de Dios y predicar buena doctrina y practicar al tiempo que uno predica, ser humilde cuando se es elogiado y devoto en la humillación. Cuando el obispo haya llegado al final de este camino y alcance la puerta, debe tener un regalo en sus manos para presentárselo al alto rey. Por consiguiente, puede tener en sus manos una preciosa vasija para él, una vacía, para ofrecérsela al alto rey.

 

La vasija vacía a ser ofrecida es su propio corazón. Él debe luchar noche y día para que esté vacío de todas lujurias y del deseo de fugaz elogio. Cuando un obispo tal es conducido al reino de gloria, Jesucristo, verdadero Dios y hombre, vendrá a su encuentro junto con la corte entera de santos. Entonces él oirá a los ángeles diciendo: '¡Dios nuestro, alegría nuestra y todo bien! Este obispo era puro en el cuerpo, humano en su conducta. Es adecuado que debemos presentarle a Ti, pues tanto anheló nuestra compañía todo día. ¡Satisface su anhelo y magnifica nuestra alegría a su llegada!' Entonces, también, otros santos dirán 'Oh, Dios, nuestra alegría es tanta por Ti y en Ti que no necesitamos nada más.

 

Sin embargo, nuestra alegría es aumentada por la alegría del alma de este obispo que Te anheló mientras era aún capaz de anhelar. Las dulces flores de sus labios aumentaron nuestros números. Las flores de sus obras consolaron a aquellos que moraban lejos y cerca. Por tanto, déjale regocijarse con nosotros y así, regocíjate Tú mismo de él, pues tanto lo anhelaste cuando moriste por él.' Finalmente el Rey de gloria le dirá: 'Amigo, has venido a presentarme la vasija de tu corazón vaciado de tu egoísta voluntad. Por ello, te llenaré de mi deleite y gloria. Mi alegría será tuya y tu gloria en mí nunca cesará.' ”

 

 

Las palabras de la Madre a su hija sobre la codicia de los malos obispos; explica en una larga parábola que muchas personas mediante sus buenas intenciones alcanzan el rango espiritual que obispos desmedidos rechazan a pesar de haber sido llamados a ello en un sentido físico.

 

                   Capítulo 4

 

La Madre de Dios habla a la novia del Hijo diciendo: “Estás llorando porque Dios ama a las personas tanto pero la gente ama a Dios tan poco. Es así. ¿Dónde está, en verdad, el gobernante u obispo que no codicia su oficio para obtener honores mundanos y riqueza sino que, más bien, la desea para ayudar a los pobres con sus propias manos? Puesto que los gobernantes y obispos no quieren venir a una fiesta de matrimonio preparada para todos en el cielo, los pobres y débiles vendrán en su lugar, como te mostraré por medio de un ejemplo.

 

En una cierta ciudad vivía un sabio, atractivo y rico obispo quien era elogiado por su sabiduría y atractiva apariencia, pero no correspondió, como debía, gracias a Dios que le había dado esa misma sabiduría. Era elogiado y honorado por su riqueza, también, y daba numerosos regalos con vistas a obtener favores mundanos. Anhelaba incluso mayores posesiones para poder dar más regalos y ganar mayor honor. Este obispo tenía un docto sacerdote en su diócesis quien pensaba para sí mismo como sigue: 'Este obispo,' decía, 'ama a Dios menos de lo que debería. Su vida entera tiende a lo mundano.

 

Por ello, si agrada a Dios, me gustaría tener su episcopado para dar gloria a Dios. No lo deseo por razones mundanas, viendo que el honor mundano no es sino aire vacío, ni en honor de riqueza, que es pesada como la más pesada de las cargas, ni por honor del descanso físico y el conforto, pues sólo necesito una razonable cantidad de descanso para mantener mi cuerpo en forma para el servicio de Dios. No, lo deseo solamente por el honor de Dios. Y, aunque soy indigno de cualquier honor, sin embargo, con objeto de ganar más almas para Dios y beneficiar a más gente con mi palabra y ejemplo y ayudar a más personas mediante rentas de la iglesia, alegremente asumiría la gravosa tarea de ser obispo.

 

Dios sabe que preferiría morir de una muerte dolorosa o soportar amargas penurias que tener el rango de obispo. Soy susceptible de sufrir como el prójimo, pero, aún así aquel que aspira al oficio de obispo desea una noble tarea. Por esta razón, deseo de buena gana el honorable título de obispo junto con la carga del obispo, aunque lo hago del mismo modo como deseo la muerte. Deseo el honor como medio de salvar más almas. Deseo la carga para mi propia salvación y para mostrar mi amor a Dios y a las almas. Deseo el oficio por el solo propósito de ser capaz de distribuir los bienes de la iglesia a los pobres más generosamente, para instruir almas más francamente, para instruir a aquellos que están en error más audazmente, para mortificar mi carne más completamente, para ejercitar auto-control más asiduamente como un ejemplo para los otros.'

 

Este canónigo prudentemente reprendió a su obispo en privado. No obstante, el obispo lo tomó mal y avergonzó al sacerdote en público, presumiendo imprudentemente de su propia competencia y moderación en todo. El canónigo, sin embargo, se entristeció con las faltas de decoro del obispo, soportó los insultos con paciencia. Pero el obispo ridiculizó la caridad y paciencia del canónigo y habló contra él tanto que el canónigo fue culpado y pensó ser un necio mentiroso, mientras el obispo era visto como si fuera justo y circunspecto.

 

A la larga, cuando el tiempo pasó, ambos obispo y canónigo fallecieron y fueron llamados al juicio de Dios. Ante su vista y en la presencia de los ángeles, apareció un trono dorado con la mitra y la insignia de un obispo junto a él. Un amplio número de demonios estaban siguiendo al canónigo, deseosos de encontrar alguna falta fatal en él. En cuanto al obispo, se sentían tan seguros de tenerle como una ballena de las crías que guarda vivas en su barriga entre las olas. Había muchas acusaciones lanzadas contra el obispo; por qué y con qué intención había tomado el oficio de obispo, por qué se creció en orgullo sobre los bienes que se suponía que eran para las almas, la manera en la que dirigió las almas que le fueron encomendadas, de qué manera había respondido a la Gracia que Dios le había dado.

 

Cuando el obispo no pudo dar una respuesta justa a los cargos, el juez replicó: 'Pon excremento sobre la cabeza del obispo en vez de una mitra y brea en sus manos en vez de guantes, barro en sus pies en vez de sandalias. En vez de una camisa de obispo y prenda de lino ponle los harapos de una prostituta. Haz que tenga desgracia en vez de honor. En vez de un fila de sirvientes, haz que tenga una turba de demonios furiosa.' Entonces el juez añadió: 'Pon una corona tan radiante como el sol en la cabeza del canónigo, guantes dorados en sus manos, coloca zapatos en sus pies. Déjale ponerse las ropas de obispo con todo honor.'

Vestido con su atuendo episcopal, rodeado por la corte celestial, fue presentado al juez como un honorado obispo. El obispo, sin embargo, se marchó como un ladrón con una cuerda alrededor de su cuello. A la vista de él el juez apartó sus misericordiosos ojos como hicieron todos sus santos con él.

 

Ésta es la manera en la cual muchas personas mediante sus buenas intenciones y en un sentido espiritual alcanzan el rango de honor desdeñado por aquellos que fueron llamados a ello en el sentido físico. Todas estas cosas tuvieron lugar instantáneamente ante Dios, aunque, por tu honor, fueron manifestadas en palabras, pues mil años son como una simple hora ante Dios. Sucede cada día que, así como muchos obispos y gobernantes no quieren tener el oficio para el cual fueron llamados, Dios elige para sí pobres sacerdotes y empleados de asistentes parroquiales quienes, viviendo de acuerdo con su mejor conciencia, estarían contentos de ser de beneficio a las almas por la gloria de Dios si pudieran, y hacen lo que pueden. Por esta razón, ellos tomarán los lugares preparados para los obispos.

Dios es como un hombre que cuelga una corona dorada a la puerta de su casa y grita a los transeúntes: '¡Cualquiera de cualquier nivel social puede ganar esta corona! Aquel que está más noblemente vestido en virtud la obtendrá.' Has de saber que si obispos y gobernantes son sabios en sabiduría mundana, Dios es más sabio que ellos en un sentido espiritual, pues eleva al humilde y no da su aprobación al orgulloso. Has de saber, también, que este canónigo que fue elogiado no tuvo que preparar su caballo cuando se marchó a predicar o llevar a cabo sus obligaciones, ni tuvo que encender el fuego cuando estaba a punto de comer.

 

No, él tuvo sirvientes y los medios que necesitaba para vivir de una razonable manera. Tenía dinero, también, aunque no para su propio avariento uso, pues ni siquiera si hubiera tenido toda la riqueza del mundo, habría dado un solo céntimo para convertirse en obispo. Pero ni por todo el mundo se habría negado a ser obispo, si era la voluntad de Dios. Entregó su voluntad a Dios, listo para ser honrado por el honor de Dios y listo para humillarse por amor y temor de Dios.”

 

 

Palabras de Ambrosio a la novia sobre la oración de buenas personas por la gente; gobernantes del mundo y la iglesia son comparados a timoneros, mientras que el orgullo y el resto de los vicios son comparados a tormentas, y el pasaje hacia la verdad es comparado al cielo; también, sobre la vocación espiritual de la novia.

 

                   Capítulo 5

 

Está escrito que los amigos de Dios una vez clamaron pidiendo a Dios que desgarrase los cielos y descendiese a liberar a su pueblo de Israel. En aquellos días, también, los amigos de Dios clamaban diciendo: 'Amabilísimo Dios, vemos innumerables personas pereciendo en tormentas peligrosas, pues sus timoneros son avaros y están siempre deseosos de atracar en aquellos países donde creen que conseguirán un mayor beneficio. Ellos conducen al pueblo a lugares donde hay una tremenda marejada de olas, mientras la misma gente no conoce ningún puerto seguro. Así que esta gente incontable está por tanto en horroroso peligro y muy pocos de ellos alcanzarán jamás su propio puerto. Os suplicamos, Rey de toda gloria, ilumina misericordiosamente el puerto para que tu gente pueda escapar a su peligro, no teniendo que obedecer a los malvados timoneros sino siendo conducida al puerto por tu luz bendita.'

 

Por estos timoneros me refiero a todos aquellos que ejercen sea poder material sea poder espiritual en el mundo. Muchos de ellos aman su propia voluntad tanto que no les importan las necesidades de las almas a ellos sometidas o las feroces tormentas del mundo, ya que ellos están por su propia libre voluntad atrapados en las tormentas del orgullo, la avaricia y la impureza. La desdichada población imita sus hechos, pensando que están en un buen camino. De este modo los gobernantes se llevan a sí mismos y a los que a ellos están sujetos a perdición por seguir cada uno de sus egoístas deseos. Por el puerto me refiero al pasadizo hacia la verdad.

 

Para muchas personas este pasadizo ha crecido y se ha hecho tan oscuro que cuando alguien les describe cómo llegar al puerto de su patria celestial por medio del sagrado evangelio de Cristo, entonces le llaman mentiroso y en su lugar siguen las vías de aquellos que se deleitan en todos y cada uno de los pecados, antes que confiar en las palabras de aquellos que predican el evangelio de la verdad.

 

Por la luz solicitada por los amigos de Dios quiero decir una divina revelación hecha en el mundo con objeto de que el amor de Dios pueda ser renovado en los corazones humanos y su justicia no sea olvidada ni desatendida. Por tanto, a causa de su misericordia y de las oraciones de sus amigos, le ha complacido a Dios llamarte en Espíritu Santo con objeto de que puedas ver espiritualmente, oír, y entender para que puedas revelar a otros lo que oigas en Espíritu de acuerdo con la voluntad de Dios.”

 

 

Palabras de Ambrosio a la novia ofreciendo una alegoría sobre el hombre, su esposa y su ama de casa, y sobre cómo este adúltero simboliza un malvado obispo mientras que su esposa simboliza la iglesia y su ama de casa el amor hacia este mundo, y sobre la severa sentencia de aquellos más apegados al mundo que a la iglesia.

 

                   Capítulo 6

 

Soy el Obispo Ambrosio. Estoy apareciéndome a ti y hablándote en alegoría porque tu corazón es incapaz de recibir un mensaje espiritual sin comparación física alguna. Había una vez un hombre cuya esposa legítimamente casada era encantadora y prudente. Sin embargo, a él le gustaba más el ama de casa que su esposa. Esto tuvo tres consecuencias. La primera es que las palabras y gestos del ama de casa le deleitaban más que los de su esposa. La segunda es que vestía al ama de casa con finas ropas sin cuidar que su esposa estaba vestida con harapos vulgares. La tercera es que estaba acostumbrado a pasar nueve horas con el ama de casa y sólo la décima hora con su esposa. El pasó la primera hora al lado del ama de casa, disfrutándola y contemplando su belleza. Pasó la segunda hora durmiendo en sus brazos. Pasó la tercera hora alegremente haciendo labores manuales para el confort del ama de casa.

 

Pasó la cuarta hora tomando descanso físico con ella tras su trabajo duro. Pasó la quinta hora sin descanso inquieto en su mente y preocupándose sobre cómo proveerla. Pasó la sexta hora de descanso con ella, viendo ahora que ella aprobaba totalmente lo que él había hecho por ella. A la hora séptima el fuego de la lujuria carnal entró en él. Pasó la octava hora satisfaciendo su vehemente lujuria con ella. A la novena hora descuidó ciertas tareas que sin embargo le habría gustado llevar a cabo. Pasó la décima hora ejecutando algunas tareas que no le apetecía hacer. Y sólo durante esta hora permaneció con su esposa. Uno de los parientes de su esposa vino al adúltero y le reprochó fuertemente, diciendo: 'Vuelve el afecto de tu mente hacia tu esposa legítimamente casada. Ámala y vístela como le corresponde, y pasa nueve horas con ella y sólo la décima hora con el ama de casa. Si no, estate atento, porque morirás de una horrible y repentina muerte.'

 

Por el adúltero me refiero a alguien que ostenta el oficio de obispo por honor de proveer a la iglesia, pero, a pesar de ello, lleva una vida adúltera. Él se ha unido a la santa iglesia en unión espiritual para que sea su novia más querida, pero retira su afecto de ella y ama el servil mundo mucho más que a su noble dama y novia. De este modo, hace tres cosas. Primero, se regocija más de fraudulenta adulación del mundo que de una obediente disposición hacia la santa iglesia. Segundo, ama los adornos mundanos, pero le preocupa poco la falta de adorno material o espiritual de la iglesia. Tercero, pasa nueve horas en el mundo y sólo una de las diez en la santa iglesia. De acuerdo con esto, pasa la primera hora en buen ánimo, contemplando la belleza del mundo con deleite.

 

Pasa la segunda hora durmiendo dulcemente en los brazos del mundo, esto es, entre sus altas fortificaciones y la vigilancia de sus armadas, felizmente confiado de poseer seguridad física a causa de estas cosas. Pasa la tercera hora haciendo animadamente labores manuales por honor de mundana ventaja para que pueda obtener disfrute físico del mundo. Pasa la cuarta hora tomando descanso físico alegremente después de su duro trabajo, ahora que tiene suficientes medios. Pasa la quinta hora inquieto en su mente de diferentes maneras, preocupándose sobre cómo puede parecer ser sabio en asuntos mundanos.

 

Durante la sexta hora experimenta una agradable tranquilidad de mente, viendo que las gentes mundanas en todo lugar aprueban lo que ha hecho. En la hora séptima oye y ve los placeres mundanos y con disposición abre su lujuria a ellos. Esto causa que un fuego arda impaciente e intolerablemente en su corazón. En la octava hora lleva a cabo en acto lo que antes había estado meramente en su ardiente deseo. Durante la novena hora omite descuidadamente ciertas tareas que había querido hacer sólo por motivos mundanos, para no ofender a aquellos por los cuales siente un mero afecto natural. En la hora décima él a desgana ejecuta unas pocas buenas obras, temeroso de que pueda ser encontrado en desdén y gane mala reputación o reciba una dura severa sentencia si por alguna razón enteramente descuida hacerlas.

 

Está acostumbrado a pasar sólo su décima hora con la santa iglesia, haciendo lo que hace no por amor sino por temor. Está, desde luego, temeroso de castigo de los fuegos del infierno. Si él pudiera vivir para siempre en confort físico y con muchas posesiones mundanas, no se preocuparía de perder la felicidad del cielo.

Por ello, juro por ese Dios que no tiene principio y que vive sin fin, y afirmo con certeza que, a menos que regrese a la santa iglesia pronto y pase nueve horas con ella y sólo la décima con el ama de casa, esto es, con el mundo – no por amarlo sino por poseer la riqueza y honor de su oficio episcopal con reluctancia, y arreglando todo con humildad y siendo razonable por la gloria de Dios –la herida espiritual en su alma será tan grave – para hacer una comparación física – como la herida de un hombre golpeado tan terriblemente en su cabeza que su cuerpo entero está arruinado hasta las plantas de sus pies, con sus venas y músculos ardiendo, y sus huesos siendo despedazados y la médula chorreando horriblemente en todas las direcciones.

 

Tan severamente atormentado como parece el corazón en un cuerpo golpeado tan violentamente en su cabeza y las partes del cuerpo cercanas a la cabeza que hasta las plantas de sus pies están doliendo, a gran distancia una de otras, igualmente aparecerá severamente torturada aquella miserable alma llegada junto a la ráfaga de la divina justicia, cuando en su conciencia se vea a sí misma siendo herida en toda parte insoportablemente.”

 

 

Palabras de la Virgen a la novia comparando el obispo amante de lo mundano a fuelles llenos de aire o a un caracol echado en la mugre, y sobre la sentencia administrada a semejante obispo, que es lo opuesto al Obispo Ambrosio.

 

                   Capítulo 7

 

La Escritura dice: 'Aquel que ama su propia alma en este mundo la perderá.' Ahora, este obispo amaba su propia alma con todo su deseo, y no había inclinaciones espirituales en su corazón. Bien podía ser comparado a los fuelles llenos de aire cercanos a una forja. Precisamente como hay un resto de aire en los fuelles una vez que los carbones se han apagado y el metal rojo caliente está fluyendo, así también, aunque este hombre ha dado a su naturaleza todo lo que ansía, perdiendo inútilmente su tiempo, las mismas inclinaciones son aún remanentes en él como el aire en los fuelles. Su voluntad está inclinada al orgullo mundano y la lujuria. A causa de estos vicios, ofrece una excusa y un ejemplo pecador a las personas con corazones endurecidos quienes, desperdiciados en pecados, son arrebatados al infierno.

 

Ésta no era la actitud del buen Obispo Ambrosio. Su corazón estaba lleno de la voluntad de Dios. Comía y dormía con moderación. Expulsaba el deseo de pecado y empleaba su tiempo útil y moralmente, bien podría ser llamado un fuelle de virtud. Curó las heridas de pecado con palabras de verdad. Inflamó a aquellos que se habían enfriado en el amor a Dios mediante el ejemplo de sus propias buenas obras. Refrescó a aquellos que se estaban quemando en deseo pecaminoso mediante la pureza de su vida. De este modo, ayudó a muchas personas a evitar entrar a la muerte del infierno, porque el amor divino permaneció en él tanto como vivió.

 

Este Obispo, por otro lado, es como un caracol que se reclina en su suciedad nativa y arrastra su cabeza por el suelo. De modo similar, este hombre se reclina y tiene su deleite en pecaminosa abominación, dejando que su mente sea arrastrada a lo mundano antes que al pensamiento de eternidad, le haría reflexionar sobre tres cosas: primero, la manera en la que ha ejercido su ministerio sacerdotal. Segundo, el significado de esta frase del evangelio: 'Visten pieles de oveja pero por dentro son como lobos rabiosos.' Tercero, la razón por la cual su corazón arde por las cosas temporales pero es frío hacia el Creador de todas las cosas.”

 

 

Las palabras de la Virgen a la novia acerca de su propia perfección y excelencia, y sobre los desmesurados deseos de los actuales profesores y sobre su falsa respuesta a la pregunta cuestionada a ellos por la gloriosa Virgen.

 

                   Capítulo 8

 

La Madre habla: “Yo soy la mujer que ha estado siempre en el amor de Dios. Estuve desde mi infancia enteramente en la compañía del Espíritu Santo. Si quieres un ejemplo, piensa en cómo crece una nuez. Su cáscara externa crece y se ensancha, mientras que su semilla interior también se ensancha y crece, de manera que la nuez está siempre llena y no hay espacio en ella para nada extraño. De la misma manera, también, estaba yo llena del Espíritu Santo desde mi infancia, a medida que mi cuerpo crecía y yo me hacía mayor, el Espíritu Santo me llenó con tanta abundancia que no dejó espacio en mí para que entrase ningún pecado. Así, soy aquella que nunca cometió pecado venial ni mortal. Estoy tan inflamada del amor a Dios que no me gusta nada más que llevar a cabo la voluntad de Dios, porque el fuego del amor centelleó en mi corazón.

 

Dios, bendito sobre todas las cosas para siempre, quien me creó mediante Su poder y me llenó del poder de Su Espíritu Santo, tuvo un ardiente amor por mí. En el fervor de Su amor me mandó a Su mensajero y me dio a entender Su decisión de que yo debería convertirme en la Madre de Dios. Cuando entendí cuál era la voluntad de Dios, entonces, a través del fuego de amor que guardaba en mi corazón hacia Dios, una palabra de verdadera obediencia al instante dejó mis labios, y di esta respuesta al mensajero, diciendo: 'Sea hecho en mí según tu palabra.' En el mismo instante la Palabra se hizo carne en mí. El Hijo de Dios se convirtió en mi hijo.

 

Nosotros dos tuvimos un hijo que es a la vez Dios y hombre, como yo soy a la vez Madre y Virgen. Tan pronto como mi Hijo Jesucristo, verdadero Dios y el más sabio de los hombres, reposó en mi seno, recibí tan grandiosa sabiduría a través de Él que no sólo podía entender los saberes de los eruditos, sino que incluso podía conocer si sus corazones eran sinceros, si sus palabras procedían del amor a Dios o de mera inteligencia erudita. Por tanto, tú que oyes mis palabras deberías decir a ese erudito que tengo tres cuestiones para él: primero, si desea ganar el favor y la amistad del obispo en un sentido corporal más de lo que desea presentar el alma del obispo a Dios en un sentido espiritual. Segundo, si su mente se regocija más en poseer una gran cantidad de florines o en no poseer ninguno. Tercero, cuál de las siguientes dos opciones prefiere: ser llamado erudito y tomar su asiento entre los rangos honorados por honor de la gloria mundana o ser llamado simple hermano y tomar su asiento entre los modestos.

 

Déjale considerar estas tres cuestiones cuidadosamente. Si su amor por el obispo es más corporal que espiritual, entonces se sigue que le dice cosas que al obispo le gusta escuchar en vez de prohibirle que haga todas las cosas pecaminosas que le gusta hacer.

Si es más feliz sobre poseer muchos florines en vez de ninguno, entonces él ama las riquezas más que la pobreza. Él entonces da la impresión de aconsejar a sus amigos que adquieran tanto como puedan en lugar de abandonar alegremente aquello de lo que ellos pueden prescindir; si, por honor de la gloria mundana, prefiere su reputación erudita y sentarse en un asiento de honor, entonces ama el orgullo más que humildad y, por tanto, aparece ante Dios más como un asno que como un erudito. En ese caso él está rumiando paja vana, que es lo mismo que el conocimiento erudito sin caridad, y él no tiene el germen perfecto de caridad, pues la caridad divina nunca puede crecer fuerte en un corazón orgulloso.”

 

Después de que el erudito se había excusado con la excusa de que tenía un mayor deseo de presentar el alma del obispo a Dios en un sentido espiritual y que preferiría no tener florines y en tercer lugar, que no le preocupaba el título de erudito, la Madre dijo de nuevo: “Yo soy aquella que oyó la verdad de los labios de Gabriel y creyó sin dudar. Es por esto que la Verdad tomó para sí carne y sangre de mi cuerpo y permaneció en mí.

 

Dí nacimiento a la misma Verdad quien era en sí mismo tanto Dios como hombre. Como la Verdad, que es el Hijo de Dios, quiso venir a mí y morar en mí y ser nacido de mí, sé enteramente bien si las personas tienen verdad en sus labios o no. Pregunté al erudito tres cuestiones. Habría aprobado su respuesta, si hubiera habido verdad en sus palabras. Sin embargo, no había verdad en ellas. Por eso, le daré tres advertencias. La primera es que hay algunas cosas que él ama y desea en este mundo pero que no obtendrá en absoluto. La segunda es que él pronto perderá el objeto que tiene alegría mundana en poseer. La tercera es que los pequeños entrarán en el cielo. Los grandes serán dejados afuera, porque la puerta es estrecha.”

 

 

Las palabras de la Virgen a la novia sobre aquellos que pueden ver y oír y por tanto escapar de los peligros por virtud de la luz del sol y demás, pero suceden peligros a aquellos que son ciegos y sordos y demás.

 

                   Capítulo 9

 

La Madre habla: “Aunque un hombre ciego no lo vea, aún así el sol brilla claramente en esplendor y belleza incluso cuando está cayendo por un precipicio. Los viajeros que tienen vista clara están agradecidos por la luz diáfana que les ayuda a evitar los peligros de su viaje. Aunque el hombre sordo no la oye, aún así la violenta avalancha viene a estrellarse terriblemente sobre él desde lo alto, pero aquel que puede oírla llegar escapa a lugares más seguros. Aunque el hombre muerto no puede saborearla mientras yace pudriéndose entre gusanos, aún así una buena bebida sabe dulce. Un hombre vivo puede sorberla y estar feliz de corazón, sintiéndose vigorado por cualquier acto valiente.”

 

 

La Virgen habla a su hija, ofreciendo certeza sobre las palabras dichas a ella; y sobre el peligro y colapso que se aproxima a la iglesia, y sobre cómo, desafortunadamente, los supervisores de la iglesia se dedican ampliamente hoy en día a una vida de libertinaje y avaricia y desperdician los bienes de la iglesia en su orgullo, y cómo la ira de Dios se levanta contra los que así son.

 

                   Capítulo 10

 

La Madre habla: “No temas las cosas que estás a punto de ver, pensando que vienen de mal espíritu. Así como la luz y el calor acompañan el aproximarse del sol pero no siguen a una oscura sombra, de la misma manera dos cosas acompañan a las que vienen del Espíritu Santo en el corazón: ardiente amor hacia Dios y la completa iluminación de la Santa Fe. Tú estás experimentando estas dos cosas ahora. Estas dos no siguen al demonio a quien podemos asemejar a una oscura sombra. Por ello, manda mi mensajero al hombre que te mencioné. Aunque conozco su corazón y cómo responderá, y el final inminente de su vida, aún así tú debes mandarle el siguiente mensaje.

 

Querría que él supiera que los cimientos de la Santa Iglesia están tan gravemente deteriorados por su lado derecho que su tejado abovedado tiene muchas grietas en la cima, y que esto provoca que las piedras caigan tan peligrosamente que muchos de los que pasan por debajo de él pierden sus vidas. Varias de las columnas que deberían estar en pie erectas están casi al nivel del suelo e incluso el suelo está tan lleno de agujeros que las personas ciegas cuando entran ahí tienen peligrosas caídas. A veces incluso ocurre que, junto con los ciegos, las personas con buena vista tienen malas caídas a causa de los agujeros peligrosos del suelo. Como resultado de todo esto, la Iglesia de Dios está tambaleándose peligrosamente, y si está tambaleándose tanto, ¿qué aguarda después si no su colapso?

 

Te aseguro que si no se le ayuda con reparaciones, su colapso será tan grande que será oído a lo largo y ancho de la Cristiandad.

Yo soy la Virgen en cuyo seno el Hijo de Dios condescendió a entrar, sin la menor huella de contagio de lujuria carnal. El Hijo de Dios nació de mi seno cerrado, dándome consuelo pero ningún dolor en absoluto. Estuve ahí al lado de la Cruz cuando Él, victorioso, superó el infierno a través de su paciente sufrimiento y abrió el cielo con la sangre de su corazón. Yo estaba también en la montaña cuando el Hijo de Dios, que es también mi Hijo, ascendió al cielo. Tengo el más claro conocimiento de la totalidad de la fe católica que él predicó y enseñó a todos los que querían entrar al cielo.

 

Yo soy aquella misma mujer, y ahora vigilo el mundo en continua oración, como un arco iris sobre las nubes que parece curvarse hacia la tierra y tocarla con sus dos extremos. Me veo a mí misma como un arco iris inclinándose tanto hacia los habitantes buenos como hacia los malvados de la tierra por medio de mis oraciones. Me inclino hacia la gente buena para que puedan ser firmes en los mandamientos de la Santa Iglesia, y me inclino hacia la gente malvada para que no añadan gravedad a su maldad y se hagan peores. Le haría saber al hombre que te he mencionado que horribles y nauseabundas nubes se están levantando en una dirección contra el arco iris reluciente. Por estas nubes me refiero a aquellos que llevaron una vida de libertinaje carnal, aquellos que son tan insaciables como el abismo del océano en su avaricia de dinero, y aquellos que arrogante e irracionalmente gastan sus medios derrochando así como una corriente torrencial vierte su agua.

 

Muchos de los supervisores de la iglesia son culpables de estas tres cosas, y sus horrendos pecados se alzan hasta el cielo a la vista de Dios, tan opuestos a mis plegarias como nauseabundas nubes se oponen al arco iris reluciente. Los hombres que deberían estar aplacando la ira de Dios junto a Mí están en cambio provocando la ira de Dios contra ellos mismos. Tales hombres no deberían ser ascendidos en la iglesia de Dios. Yo, la Reina del Cielo, vendré en ayuda de cualquiera que, sabiendo su propia insuficiencia, esté deseoso de asumir la tarea de hacer los cimientos de la iglesia estables y restaurar la viña bendita que Dios fundó con su sangre, y, junto a los ángeles, erradicaré las raíces flojas y arrojaré todos los árboles sin fruto al fuego y plantaré brotes frutales en su lugar. Por esta viña me refiero a la iglesia de Dios en la cual las dos virtudes de humildad y divina caridad deben ser restauradas.”

 

Anexo

 

El Hijo de Dios habla de los nuncios apostólicos: “Habéis entrado en la compañía de gobernantes y vais a alzaros todavía más alto. Merecedor es aquel que trabaja para exaltar la humildad, pues el orgullo se ha alzado ya demasiado alto. Aquel que tiene caridad hacia las almas recibirá también los más altos honores, porque ambición y simonía son ahora prevalecientes entre muchas personas. Feliz aquel que intenta erradicar los vicios del mundo tanto como puede, porque el vicio ha crecido ahora de manera anormalmente intensa.

 

Es también más eficaz tener paciencia y orar por ello, pues, en los días de muchos que aún están vivos, el sol será desgarrado en dos, las estrellas arrojadas en confusión, la sabiduría se tornará insensata, el humilde en la tierra gemirá y el audaz prevalecerá. La comprensión e interpretación de estas cosas pertenece a los hombres sabios quienes saben cómo hacer lo rudo suave y proveer para el futuro.” La revelación precedente era para el cardenal de Albano quien era entonces un prior.

 

 

Las palabras confiadas de la novia a Cristo, y sobre cómo Juan el Bautista ofrece certeza a la novia de que es Cristo quien le habla, y sobre la felicidad del buen hombre rico, y sobre cómo un obispo imprudente es comparado a un mono a causa de su necedad y malvada vida.

 

                   Capítulo 11

 

La novia habló a Cristo humildemente en su oración diciendo: “Oh, mi Señor Jesucristo, tan firmemente creo en Ti que incluso si la serpiente se pone frente a mi boca, no entraría a menos que lo permitieras por mi propio bien.”

Juan el Bautista respondió: “El que se te aparece es el verdadero Hijo de Dios por naturaleza, a quien yo mismo oí siendo el Padre testigo cuando dijo: 'Éste es mi Hijo.' De Él procede el Espíritu Santo que apareció sobre Él en forma de paloma cuando le estaba bautizando. Él es el hijo de la Virgen de acuerdo con la carne. Yo toqué su cuerpo con mis propias manos.

 

Cree firmemente en Él y entra en su vida. Él es el que ha mostrado el verdadero camino por el cual pobres y ricos pueden entrar en el cielo. Pero puedes preguntar, ¿cuál debe ser la disposición interior de una persona rica si va a entrar en el cielo, dado que Dios mismo ha dicho que es más fácil para un camello entrar por el ojo de una aguja que para un rico entrar en el cielo? A esto te respondo: un hombre rico que está dispuesto de tal manera que tiene miedo de tener cualesquiera bienes obtenidos ilícitamente, que está preocupado en no malgastar sus medios o contrariar la voluntad de Dios, quien guarda sus posesiones y honores con reluctancia y sería separado con gusto de ellos, que es disturbado por la pérdida de almas y el deshonor hecho a Dios, y, aunque es impulsado por los planes de Dios a poseer el mundo hasta algún punto, permanece vigilante en lo que respecta al amor de Dios en cada una de sus intenciones, éste es el tipo de hombre rico que da fruto y es feliz y querido a Dios.

 

Este obispo, sin embargo, no es rico de esa manera. Es como un mono con cuatro rasgos distintivos. El primero es un traje que ha sido hecho para él que le cuelga y esconde su torso pero deja sus partes íntimas completamente expuestas. El segundo es que toca cosas apestosas con sus dedos y se los lleva a la boca. El tercero es que tiene cara de humano, aunque el resto de su color y apariencia es la de un animal salvaje. El cuarto es que, aunque tiene ambas manos y pies, pisotea la suciedad con sus manos y dedos. Ese necio obispo es como un mono, curioso acerca de la vanidad del mundo, demasiado deformado para cualquier acción que merezca elogio.

 

Viste un traje, esto es, su ordenación episcopal, que es honorable y preciosa a la vista de Dios, pero sus partes desnudas están expuestas, pues la frivolidad de su carácter y su lujuria carnal son mostrados a los otros y traen ruina a las almas. Esto va contra lo que aquel noble caballero dice acerca de cómo a las partes más vergonzosas de un hombre se les da el mayor honor, queriendo decir mediante esto que los instintos animales de los sacerdotes deben ser escondido con buenas obras, de manera que los débiles no se escandalicen a causa de su ejemplo.

 

Un mono también toca y olfatea cosas malolientes. ¿Qué haces con un dedo si señalas algo que has visto, como cuando yo contemplé a Dios en su naturaleza humana y señalé hacia Él con mi dedo, diciendo, 'Contemplad al Cordero de Dios'? ¿Qué son los dedos de un obispo sino sus virtudes dignas de elogio a través de las cuales él debe señalar la justicia y caridad de Dios?

Pero, en su lugar, las acciones de este hombre señalan el hecho de que es de nacimiento noble y rico, mundanamente sabio y fastuoso con su dinero ¿Qué es esto sino tocar podredumbre maloliente con sus dedos? ¿Es acaso glorificarse de la carne o de una gran casa más que glorificarse de sacos hinchados? Un mono tiene una cara humana pero parece un anim

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By cristobalaguilar at 2011-02-03
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In nomine Patris et fillii et Spiritus Sancti