Domingo, 14 de febrero de 2010
DIARIO DE SOR FAUSTINA COMPLETO (I CUADERNO)

Aqui os transcribo este interesantísimo diario de Sor Faustina que habla sobre sus visiones y apariciones de Jesús en su Divina Misericordía. Os recomiendo su lectura. EL AUTOR DEL BLOG.

1        Oh Amor Eterno, mandas pintar Tu Santa Imagen (1) y nos revelas la fuente inconcebible de la misericordia.  Bendices a quien se acerca a Tus rayos,

Y el alma negra se convierte en nieve.

 

   Oh dulce Jesús, aquí (2) has establecido el trono de

   Tu misericordia

   Para dar alegría y ayudar al pecador,

   De Tu Corazón abierto, como de un manantial puro,

   Fluye el consuelo para el alma y el corazón contrito.

 

Que el honor y la gloria para esta imagen

No dejen de fluir de las almas de los hombres,

Que cada corazón glorifique la Divina Misericordia

Ahora y por los siglos de los siglos y en cada hora.

 

Oh, Dios mío

 

2        Cuando miro hacia el futuro, me atemorizo,

Pero ¿por qué sumergirse en el futuro?

Para mi solamente el momento actual es de gran valor,

Ya que quizá el futuro nunca llegue a mi alma.

 

El tiempo que ha pasado no está en mi poder.

Cambiar, corregir o agregar,

No pudo hacerlo ningún sabio ni profeta,

Así que debo confiar a Dios lo que pertenece al pasado.

 

Oh momento actual, tú me perteneces por completo,

 Deseo aprovecharte cuanto pueda,

 Y aunque soy débil y pequeña,

 Me concedes la gracia de tu omnipotencia.

 

        Por eso, confiando en Tu misericordia,

        Camino por la vida como un niño pequeño

        Y cada día Te ofrezco mi corazón

        Inflamado del amor por Tu mayor gloria. 

 

 


 

Dios y las almas

 

5        Seas adorada, oh Santísima Trinidad, ahora y siempre, Seas alabada en todas Tus      

Obras y en todas Tus criaturas.  Que la grandeza de Tu misericordia, oh Dios, sea

Admirada y glorificada.

 

6        Debo tomar nota [3] de los encuentros de mi alma Contigo, oh Dios, en los momentos particulares de Tus visitas.  Debo escribir de Ti, oh Inconcebible en la misericordia hacia mi pobre alma.  Tu santa voluntad es la vida de mi alma.  He recibido este mandato de quien Te sustituye para mi, oh Dios, aquí en la tierra y que me enseña Tu santa voluntad:  Jesús Tu ves que difícil es para mí escribir, y que no sé describir claramente lo que siento en el alma.  Oh Dios, ¿puede la pluma describir cosas para las cuales, a veces, no hay palabras?  Pero me mandas escribir, oh Dios, esto me basta.

 

Varsovia, 1 VIII 1925

 

Ingreso al convento

 

7        Desde los siete años sentía la suprema llamada de Dios, la gracia de la vocación a la vida consagrada.  A los siete años por primera vez oí la voz de Dios en mi alma, es decir, la invitación a una vida más perfecta.  Sin embargo, no siempre obedecí la voz de la gracia.  No encontré a nadie quien me aclarase esas cosas.

 

8    El decimoctavo año de mi vida, insistente pedido a mis padres el permiso para entrar                          

                  en un convento; una categórica negativa de los padres.  Después de esa negativa me

                  entregué a las vanidades de la vida [4] sin hacer caso alguno a la voz de la gracia,

                   aunque  mi alma (4) en nada encontraba satisfacción.  Las continuas llamadas de la

                   gracia  eran para mi un gran tormento, sin embargo intenté apagarlas con 

                   distracciones.  Evitaba a Dios dentro de mi y con toda mi alma me inclinaba hacia

                   las criaturas.  Pero la gracia divina venció en mi alma.

 

9        Una vez, junto con una de mis hermanas fuimos a un baile [5].  Cuando todos se

Divertían mucho, mi alma sufría [tormentos] interiores.  En el momento en que empecé a bailar, de repente  vi  a Jesús junto a mí.  A Jesús martirizado, despojado de

Sus vestiduras, cubierto de heridas, diciéndome esas palabras:   ¿Hasta cuándo Me harás sufrir, hasta cuándo Me engañaras?   En aquel momento dejaron de sonar los alegres tonos de la música, desapareció de mis ojos la compañía en que me encontraba, nos quedamos Jesús y yo.  Me senté junto a mi querida hermana, disimulando lo que ocurrió en mi alma con un dolor de cabeza.  Un momento después abandoné discretamente a la compañía y a mi hermana y fui a la catedral de San Estanislao Kostka.  Estaba anocheciendo, había poca gente en la catedral.  Sin hacer caso a lo que pasaba alrededor, me postré en cruz delante del Santísimo Sacramento, y pedí al Señor que se dignara hacerme conocer qué había de hacer en adelante.

 

 10    Entonces oí esas palabras:   Ve inmediatamente a Varsovia, allí entrarás en un   

         convento.   Me levanté de la oración, fui a casa y solucioné las cosas necesarias. 

         Como pude, le confesé a mi hermana lo que había ocurrido en mi alma, le dije que me

         despidiera de mis padres, y con un solo vestido, sin nada más, llegué a Varsovia.

 

11    Cuando bajé del tren y vi que cada uno se fue por su camino, me entró miedo:  ¿Qué

hacer?  ¿A dónde dirigirme, si no conocía a nadie?  Y dije a la Madre de Dios:  María, dirígeme, guíame.  Inmediatamente oí en el alma estas palabras:  que saliera de la ciudad a una aldea [6] donde pasaría una noche tranquila.  Así lo hice y encontré todo tal y como la Madre de Dios me había dicho.

 

12            Al día siguiente, a primera hora regresé a la ciudad y entré en la primera iglesia [7]

que encontré y empecé a rezar para que siguiera revelándose en mí la voluntad de    Dios.  Las Santas Misas seguían una tras otra.  Durante una oí estas palabras: 

Ve a hablar con este sacerdote [8] y dile todo, y él te dirá lo que debes hacer en adelante.   Terminada la Santa Misa (5) fui a la sacristía y conté todo lo que había ocurrido en mi alma y pedí que me indicara en qué convento debía estar.

 

13            Al principio el sacerdote se sorprendió, pero me recomendó confiar mucho en que Dios lo arreglaría.  Entretanto yo te mandaré [dijo] a casa de una señora piadosa [9], donde tendrás alojamiento hasta que entres en un convento.  Cuando me presenté en su casa, la señora me recibió con gran amabilidad.  Empecé a buscar un convento, pero donde llamaba me despedían [10].  El dolor traspasó mi corazón y dije al Señor:

  Ayúdame, no me dejes sola.  Por fin llamé a nuestra puerta [11].

 

 

14            Cuando [salió] a mi encuentro la Madre Superiora [12], la actual Madre General 

       Micaela, tras una breve conversación, me ordenó ir al Dueño de la casa y 

       preguntarle si me recibía.  En seguida comprendí que debía preguntar al Señor Jesús. 

       Muy feliz fui a la capilla y pregunté a Jesús:  Dueño de esta casa, ¿me recibes?  Una

       De las hermanas de esta casa me ha dicho que Te lo pregunte.

       En seguida oí esta voz:   Te recibo, estás en Mi Corazón.    Cuando regresé de la

 

           capilla, la Madre Superiora, primero me preguntó:  “Pues bien, ¿te ha recibido el  

       Señor?”   Contesté que sí.  “Si el Señor te ha recibido, yo también te recibo.”

 

  1. 15.          Tal fue mi ingreso.  Sin embargo, por varias razones, mas de un año tuve que estar

       en el mundo, en casa de esta piadosa señora [13], pero no volví ya a mi casa.

 

       En aquella época tuve que luchar contra muchas dificultades, sin embargo Dios no

       me escatimaba en su gracia.  Mi añoranza de Dios se hacia cada vez más grande. 

       Esta señora, aunque muy piadosa, no comprendía la felicidad que da la vida

       Consagrada y en su bondad, empezó a proyectarme otros planes de vida, pero yo

       Sentía que tenía un corazón tan grande que nada podía llenarlo.

 

16      Entonces, me dirigí a Dios con toda mi alma sedienta de El.  Eso [fue] durante la

Octava de Corpus Cristi [14].   Dios llenó mi alma con la luz interior para que lo conociera más profundamente como el bien y la belleza supremos.  Comprendí

cuánto  Dios me amaba.  Es eterno Su amor hacia mí.  Eso fue durante las vísperas.

Con las palabras sencillas que brotaban del corazón, hice a Dios (6) el voto de castidad perpetua.  A partir de aquel momento sentí una mayor intimidad con Dios, mi Esposo.  En aquel momento hice una celdita en mi corazón donde siempre me encontraba con Jesús.

 

16    Por fin, llegó el momento cuando se abrió para mí la puerta del convento.  Eso fue el primero de agosto [15], al anochecer, en vísperas de la fiesta de la Madre de Dios de los Ángeles.  Me sentía sumamente feliz, me pareció que entre en la vida del paraíso.  De mi corazón broto una sola oración, la de acción de gracias.

 

17    Sin embargo, tres semanas después vi que aquí había muy poco tiempo para la oración y que muchas otras cosas me empujaban interiormente a entrar en un convento de regla más estricta.  Esta idea se clavó en mi alma, pero no había en ella la voluntad de Dios.  No obstante, la idea, es decir la tentación, se hacia cada vez mas fuerte hasta que un día decidí hablar con la Madre Superiora y salir decididamente.  Pero Dios guió las circunstancias de tal modo que no pude hablar con la Madre Superiora [16].  Antes de acostarme, entré en una pequeña capilla [17] y pedí a Jesús la luz en esta cuestión, pero no recibí nada en el alma, solo me lleno una extraña inquietud que no llegaba a comprender.  A pesar de todo decidí que a la mañana siguiente, después de la Santa Misa, le comunicaría a la Madre Superiora de mi decisión.

 

18                        Volví a la celda, las hermanas estaban ya acostadas y la luz apagada.  No sabia que  Hacer [conmigo].  Me tiré al suelo y empecé a rezar con fervor para conocer la voluntad de Dios.  En todas partes había un silencio como en el tabernáculo.  Todas las hermanas como las hostias blancas, descansan encerradas en el cáliz de Jesús, y solamente desde mi celda Dios oye el gemido de mi alma.  No sabia que después de las nueve, sin autorización no estaba permitido rezar en las celdas [18].  Después de un momento, en mi celda se hizo luz y en la cortina vi. el rostro muy dolorido del Señor Jesús.  Había llagas abiertas en todo el rostro y dos grandes lágrimas caían en la sobrecama.  Sin saber lo que todo eso significaba, pregunte a Jesús:  Jesús, ¿Quién te ha causado tanto dolor?  Y Jesús contestó: Tú Me vas a herir dolorosamente si sales de este convento.  Te llamé aquí y no a otro lugar y te tengo preparadas muchas gracias.   Pedí perdón al Señor Jesús e inmediatamente cambié la decisión que había tomado.

 

(7)   Al día siguiente fue día de confesión.   Conté todo lo que había ocurrido en mi alma, y el confesor [19] me contestó que había en ello una clara voluntad de Dios que debía quedarme [en] esta Congregación y que ni siquiera podía pensar en otro convento.  A partir de aquel momento me siento siempre feliz y contenta.

 

19                              Poco después me enferme [20].  La querida Madre Superiora me mando de vacaciones junto con otras dos hermanas [21] a Skolimów, muy cerquita de Varsovia.  En aquel tiempo le pregunté a Jesús:  ¿Por quien debo rezar todavía?  Me contestó que la noche siguiente me haría conocer por quien debía rezar.

 

Vi al Ángel de la Guarda que me dijo seguirlo.  En un momento me encontré en un lugar nebuloso, lleno de fuego y había allí una multitud de almas sufrientes.  Estas almas estaban orando con gran fervor, pero sin eficacia para ellas mismas, solo nosotros podemos ayudarlas.  Las llamas que las quemaban, a mi no me tocaban.  Mi Ángel de la Guarda no me abandonó ni por un solo momento.  Pregunté a estas almas ¿Cuál era su mayor tormento?  Y me contestaron unánimemente que su mayor tormento era la añoranza de Dios, Vi a la Madre de Dios que visitaba a las almas en el Purgatorio, Las almas llaman a Maria “La Estrella del Mar”.  Ella les trae alivio.  Deseaba hablar más con ellas, sin embargo mi Ángel de la Guarda me hizo seña de salir.  Salimos de esa cárcel de sufrimiento.   [Oí una voz interior que me dijo:  Mi misericordia no lo desea, pero la justicia lo exige.   A partir de aquel momento me uno más estrechamente a las almas sufrientes.

 

20    Fin del postulantazo [29 IV 1926].  Las Superioras [22] me mandaron al noviciado a Cracovia.  Una alegría inimaginable reinaba en mi alma.  Cuando llegamos al noviciado [23], la hermana … [24] estaba muriendo.  Unos días después vino la hermana ….. y me mandó ir a la Madre Maestra [25] y decirle que su confesor, Padre Rospond [26] celebrara en su intención una Santa Misa y tres jaculatorias.  Al principio consentí, pero al día siguiente pensé que no iría a la Madre Maestra, porque no entendía bien si había sido un sueño o (8) realidad.  Y no fue.  La noche siguiente se repitió lo mismo pero más claramente, no lo dudaba.  No obstante a la mañana siguiente decidí no decirlo a la Maestra.  Se lo diría sólo cuando la viera durante el día.  Un momento después la encontré en el pasillo [a aquella hermana fallecida], me reprochaba [que] no había ido en seguida y mi alma se llenó de gran inquietud.  Entonces fui inmediatamente a hablar con la Madre Maestra y le conté todo lo que había sucedido.  La Madre dijo que ella lo arreglaría.  En seguida la paz volvió a mi alma y tres días después aquella hermana vino y me dijo:  “Dios se lo pague.”

 

 

21    Durante la toma de hábito [27] Dios me dio a conocer lo mucho que iba a sufrir.  Vi claramente a que me estaba comprometiendo.  Fue un minuto de ese sufrimiento.  Dios volvió a colmar mi alma con muchos consuelos.

 

 

22    Al final del primer año de noviciado, en mi alma empezó a oscurecer.  No sentía ningún consuelo en la oración, la meditación venia con gran esfuerzo, el miedo empezó a apoderarse de mí.  Penetré más profundamente en mi interior y lo único que vi. fue una gran miseria.  Vi también claramente la gran santidad de Dios, no me atrevía a levantar los ojos hacia El, pero me postré como polvo a sus pies y mendigué su misericordia.  Pasaron casi seis meses y el estado de mi alma no cambió nada.  Nuestra querida Madre Maestra [28] me daba ánimo [en] esos momentos difíciles.  Sin embargo este sufrimiento aumentaba cada vez más y más.  Se acercaba el segundo año del noviciado.  Cuando pensaba que debía hacer los votos, mi alma se estremecía.  No entendía lo que leía, no podía meditar.  Me parecía que mi oración no agradaba a Dios.  Cuando me acercaba a los santos sacramentos me parecía que ofendía aun más a Dios.  Sin embargo el confesor [29] no me permitió omitir ni una sola Santa Comunión.  Dios actuaba en mi alma de modo singular.  No entendía absolutamente nada de lo que me decía el confesor.  Las sencillas verdades de la fe se hacían incomprensibles, mi alma sufría sin poder encontrar satisfacción en alguna parte.(9)  Hubo un momento en que me vino una fuerte idea de que era rechazada por Dios.  Esta terrible idea atravesó mi alma por completo.  En este sufrimiento mi alma empezó a agonizar.   Quería morir pero no podía.  Me vino la idea de ¿a qué pretender las virtudes?  ¿Para qué mortificarme si todo es desagradable a Dios?  Al decirlo a la Madre Maestra, recibí la siguiente respuesta:  Debe saber, hermana, que Dios la destina para una gran santidad.  Es una señal que Dios la quiere tener en el cielo, muy cerca de sí mismo.  Hermana, confié mucho en el Señor Jesús.

 

Esta terrible idea de ser rechazados por Dios, es un tormento que en realidad sufren los condenados.  Recurría a las heridas de Jesús, repetía las palabras de confianza, sin embargo esas palabras se hacían un tormento aún más grande.   Me presenté delante del Santísimo Sacramento y empecé a decir a Jesús: Jesús, Tu has dicho que antes una madre olvide a su niño recién nacido que Dios olvide a su criatura, y aunque ella olvide, Yo, Dios, no olvidaré a Mi criatura.  Oyes, Jesús, ¿Cómo gime mi alma?  Dígnate oír los gemidos dolorosos de Tu niña.  En Ti confío, oh Dios, porque el cielo y la tierra pasarán, pero Tu Palabra perdura eternamente.  No obstante, no encontré alivio ni por un instante.

 

23    Un día, al despertarme, mientras me ponía en la presencia de Dios, empezó a invadirme la desesperación.  La oscuridad total del alma.  Luché cuanto pude hasta el medio día.  En las horas de la tarde empezaron a apoderarse de mí los temores verdaderamente mortales, las fuerzas físicas empezaron a abandonarme.  Entré apresuradamente en la celda y me puse de rodillas delante del crucifijo y empecé a implorar la misericordia.  Sin embargo, Jesús no oyó mis llamamientos.  Me sentí despojada completamente de las fuerzas físicas, caí al suelo, la desesperación se apoderó de toda mi alma, sufrí realmente las penas infernales, que no difieren en nada de las del infierno.  En tal estado permanecí durante tres cuartos de hora.  Quise ir a la Maestra pero no tuve fuerzas.  Quise llamar, la voz me faltó, pero, felizmente, en la celda entró una de las hermanas [30].  Al verme en el estado tan extraño, en seguida aviso a la Maestra.  La Madre vino en seguida.  Al entrar en la celda dijo estas palabras:  En nombre de la santa obediencia [31], levántese del suelo.  Inmediatamente alguna fuerza me levantó del suelo y me puse de pie junto a la querida Maestra.  (10)  En una conversación cordial me explicó que era una prueba de Dios, Hermana, tenga una gran confianza, Dios es siempre Padre aunque somete a pruebas.  Volví a mis deberes como si me hubiera levantado de la tumba.  Los sentidos impregnados de lo que mi alma había experimentado.  Durante el oficio vespertino mi alma empezó a agonizar en una terrible oscuridad; sentí que estaba bajo el poder de Dios Justo y que era objeto de su desdén.  En esos terribles momentos dije a Dios: Jesús que en el Evangelio Te comparas a la más tierna de las madres, confío en Tus palabras, porque Tú eres la Verdad y la Vida.  Jesús confío en Ti contra toda esperanza, contra todo sentimiento que esta dentro de mí y es contrario a la esperanza.  Haz conmigo lo que quieras, no me alejare de Ti, porque Tú

eres la fuente de mi vida.  Lo terrible que es este tormento del alma, solamente lo    puede entender quien experimentó momentos semejantes.

 

24    Durante la noche me visitó la Madre de Dios con el Niño Jesús en los brazos.  La alegría llenó mi alma y dije: María, Madre mía, ¿sabes cuánto sufro?  Y la Madre de Dios me contestó: Yo sé cuánto sufres, pero no tengas miedo, porque yo comparto contigo tu sufrimiento y siempre lo compartiré.  Sonrió cordialmente y desapareció.  En seguida mi alma se llenó de fuerza y de gran valor.  Sin embargo eso duró apenas un día.  Como si el infierno se hubiera conjurado contra mí.  Un gran odio empezó a irrumpir [en] mi alma, el odio hacia todo lo santo y divino.  Me parecía que esos tormentos del alma iban a formar parte de mi existencia por siempre.  Me dirigí al Santísimo Sacramento y dije a Jesús: Jesús, Amado de mi alma, ¿no ves que mi alma está muriendo anhelándote?  ¿Cómo puedes ocultarte tanto a un corazón que Te ama con tanta sinceridad?  Perdóname, Jesús, que se haga en mi Tu voluntad.  Voy a sufrir en silencio como una paloma, sin quejarme.  No permitiré a mi corazón ni un solo gemido.

 

25    Final del noviciado.  El sufrimiento no disminuyó nada.  El debilitamiento físico,     exención de todos los ejercicios espirituales [32], es decir, la sustitución de los mismos por jaculatorias [33].  El Viernes Santo [34], Jesús lleva mi corazón al ardor mismo del amor.  Eso fue durante la adoración vespertina.  De inmediata me penetró la presencia de Dios.  Me olvidé de todo.  Jesús me hizo conocer cuanto ha sufrido (11) por mí.  Eso duró muy poco tiempo.  Una añoranza tremenda.  El deseo de amar a Dios.

 

26    Los primeros votos [35].  Un ardiente deseo de anonadarme por Dios mediante el amor activo, pero inadvertido incluso para las hermanas más cercanas.

 

Después de los votos, la oscuridad reinó en mi alma todavía durante casi seis meses.  Durante la oración Jesús penetró toda mi alma.  La oscuridad cedió.  En el alma  oí esas palabras: Tú eres Mi alegría, tú eres el deleite de Mi Corazón.   A partir de aquel momento sentí en el corazón, es decir dentro de mí, a la Santísima Trinidad.  De modo sensible, me sentía inundada por la luz divina.  Desde aquel momento mi alma está en la comunión con Dios, como el niño con su querido padre.

 

 28  En algún momento Jesús me dijo: Ve a la Madre Superiora [36] y dile que te permita llevar el cilicio [37] durante siete días, y durante la noche te levantarás una vez y vendrás a la capilla.   Contesté que sí, pero tuve cierta dificultad en hablar con la Superiora.  Por la noche Jesús me preguntó: ¿Hasta cuando lo vas a aplazar?    Decidí decirlo a la Madre Superiora durante el primer encuentro.  Al día siguiente, antes del medio día, vi. que la Madre Superiora iba al refectorio y como la cocina, el refectorio y la habitación de Sor Luisa están casi contiguas, entonces invite a la Madre Superiora a la habitación de Sor Luisa y le comunique lo que el Señor Jesús solicitaba.    La Madre Superiora me contestó: No le permito llevar ningún cilicio.  En absoluto.  Si el Señor Jesús le da la fuerza de un gigante, yo le permitiré estas mortificaciones.  Me disculpé con la Madre por haberle ocupado el tiempo y salí de la habitación.  Entonces vi. al Señor Jesús en la puerta de la cocina y dije al Señor:  Me mandas ir a pedir estas mortificaciones y la Madre Superiora no quiere permitírmelas.  Entonces Jesús me dijo:  Estuve aquí durante la conversación con la Superiora y sé todo.   No exijo tus mortificaciones, sino la obediencia.  Con ella Me das una gran gloria y adquieres méritos para ti.

 

29    Al saber una de las Madres, de mi relación tan estrecha con el Señor Jesús, dijo que era una ilusa.  Me dijo: Jesús mantiene esas relaciones con los santos y no con las almas pecadoras como la suya, hermana.  (12)  Desde aquel momento era como si yo desconfiara de Jesús.  Durante una conversación matutina dije a Jesús: Jesús, ¿no eres Tu una ilusión?  Jesús me contesto: Mi amor no desilusiona a nadie.

 

30       Una vez, estaba yo reflexionando sobre la Santísima Trinidad, sobre la esencia divina.  Quería penetrar y conocer necesariamente, quién era este Dios…  En un instante mi espíritu fue llevado como al otro mundo, vi un resplandor inaccesible y en él como tres fuentes de claridad que no llegaba a comprender.  De este resplandor salían  palabras en formas de rayos y rodeaban el cielo y la tierra.  No entendí nada de ello, me entristecí mucho.  De repente del mar del resplandor inaccesible, salió nuestro amado Salvador de una belleza inconcebible, con las llagas resplandecientes.  Y de aquel resplandor se oyó la voz: Quién es Dios en su esencia, nadie lo sabrá, ni una mente angélica ni humana.  Jesús me dijo: Trata de conocer a Dios a través de meditar sus atributos.   Tras un instante, Jesús trazó con la mano la señal de la cruz y desapareció.

 

31      + Una vez vi. una multitud de gente en nuestra capilla y delante de ella, y en la calle por no caber dentro [38].  La capilla estaba adornaba para una solemnidad.  Cerca del altar había muchos eclesiásticos, además de nuestras hermanas y las de muchas otras Congregaciones.  Todos estaban esperando a la persona que debía ocupar lugar en el alter.  De repente oí una voz de que era yo quien iba a ocupar lugar en el altar.  Pero en cuanto Salí de la habitación, es decir del pasillo, para cruzar el patio e ir a la capilla siguiendo la voz que me llamaba, todas las p4rsonas empezaron a tirar contra mí lo que podían: lodo, piedras, arena, escobas.  Al primer momento vacilé si avanzar o no, pero la voz me llamaba aun con más fuerza y a pesar de todo comencé a avanzar con valor.  Cuando crucé el umbral de la capilla, las Superioras, las hermanas y las alumnas [39] e incluso los Padres empezaron a golpearme con lo que podían, así que, queriendo o no, tuve que subir rápido al lugar destinado en el altar.

 

En cuanto ocupé el lugar destinado, (13) la misma gente y las alumnas, y las hermanas, y las Superioras, y los Padres, todos empezaron a alargar las manos y a pedir gracias.  Yo no les guardaba resentimiento por haber arrojado contra mí todas esas cosas, y al contrario tenía un amor especial a las personas que me obligaron a subir con más prisa al lugar del destino.  En aquel momento una felicidad inconcebible inundó mi alma y oí esas palabras: Haz lo que quieras, distribuye gracias como quieras, a quien quieras y cuando quieras.  La visión desapareció enseguida.

 

32    Una vez oí estas palabras:  Ve a la Superiora y pide que te permita hacer todos los                   días una hora de adoración durante 9 días; [en] esta adoración intenta unir tu oración con Mi Madre.  Reza con todo corazón en unión con María, también trata de hacer el Vía Crucis en  este tiempo.  Recibí el permiso, pero no para una hora entera, sino para el tiempo que me permitían los deberes.

 

33    Debía hacer aquella noven por intención de mi patria.  En el séptimo día de la   novena vi a la Madre de Dios entre el cielo y la tierra, con una túnica clara.  Rezaba con las manos junto al pecho, mirando hacia el cielo.  De su corazón salían rayos de fuego, algunos se dirigían al cielo y otros cubrían nuestra tierra.

 

34    Cuando conté algunas de estas cosas al confesor [40], me dijo que podían venir verdaderamente de Dios, pero también podían ser ilusiones.  Como se trasladaba a menudo, no tenía a un confesor permanente, además tenía una dificultad increíble [en] explicar estas cosas.  Rezaba con ardor que Dios me diera esta enorme gracia de tener al director espiritual.  La recibí solo después de los votos perpetuos, cuando fui a Vilna.  Es el Padre Sopocko [41].  Dios me permitió conocerlo primero interiormente, antes de venir a Vilna [42].

 

35     Oh, si hubiera tenido al director espiritual desde el principio, no hubiera malgastado tantas gracias de Dios.  El confesor puede ayudar mucho al alma, pero también puede destruir mucho.  Oh, como los confesores deben prestar atención a la actuación de la gracia de Dios en las almas de sus penitentes.  Es una cuestión de gran importancia.  De las gracias que hay en el alma se puede conocer su estrecha relación con Dios.

 

36    (14) Una vez fui llamada al juicio de Dios.  Me presenté delante del Señor, a solas.  Jesús se veía como durante la Pasión.  Después de un momento, estas heridas desaparecieron y quedaron sólo cinco: en las manos, en los pies y en el costado.  Inmediatamente vi. todo el estado de mi alma tal y como Dios la ve.  Vi claramente todo lo que no agrada a Dios.  No sabía que hay que rendir cuentas ante el Señor, incluso de las faltas más pequeñas.  ¡Que momento!  ¿Quién podrá describirlo?  Presentarse delante del tres veces Santo, Jesús me preguntó:  ¿Quién eres?  Contesté: Soy Tu sierva, Señor.  Tienes la deuda de un día de fuego en el Purgatorio.   Quise arrojarme inmediatamente a las llamas del fuego del Purgatorio, pero Jesús me detuvo y dijo:  ¿Qué prefieres, sufrir ahora durante un día o durante un breve tiempo en la tierra?  Contesté:   Jesús, quiero sufrir en el Purgatorio y quiero sufrir en la tierra los más grandes tormentos aunque sea hasta el fin del mundo.  Jesús dijo:  Es suficiente una cosa.  Bajarás a la tierra y sufrirás mucho, pero durante poco tiempo y cumplirás Mi voluntad y Mis deseos.  Un fiel siervo Mío te ayudará a cumplirla. 

Ahora, pon la cabeza sobre Mi pecho, sobre Mi Corazón y de él toma fuerza y fortaleza para todos los sufrimientos, porque no encontrarás alivio ni ayuda ni consuelo en ninguna otra parte.  Debes saber, que vas a sufrir mucho, mucho, pero que esto no te asuste.  Yo estoy contigo.

 

37    Poco después de ese [suceso] me enfermé [43].  Las dolencias físicas fueron para mí una escuela de paciencia.  Sólo Jesús sabe cuantos esfuerzos de voluntad tuve que hacer para cumplir los deberes [44].

38    Jesús, cuando quiere purificar un alma, utiliza los instrumentos que Él quiere.  Mi alma se siente completamente abandonada por las criaturas.  A veces la intención más pura es interpretada mal por las hermanas [45].  Este sufrimiento es muy doloroso, pero Dios lo admite y hay que aceptarlo, ya que a través de ellos nos hacemos más semejantes a Jesús.  Durante mucho tiempo no pude [comprender] una cosa, a saber, ¿por qué Jesús me mando informar de todo a las Superioras?  Y las Superioras no creían  en mis palabras, manifestándome compasión como si estuviera bajo la influencia de la ilusión o la imaginación.

 

Debido a que [temía] que estaba en ilusión, decidí evitar a Dios dentro de mí, temiendo las ilusiones.  (15)  Sin embargo la gracia de Dios me perseguía a cada paso.  Y cuando menos lo esperaba, Dios me hablaba.

 

39    + Un día Jesús me dijo que iba a castigar una ciudad, que es la mas bonita de nuestra patria.  El castigo iba a ser igual a aquel con el cual Dios castigó a Sodoma y Gomorra.  Vi la gran ira de Dios y un escalofrió traspasó mi corazón.  Rogué en silencio.  Un momento después Jesús me dijo: Niña Mía, durante el sacrificio, únete estrechamente Conmigo y ofrece al Padre Celestial Mi Sangre y Mis Llagas como propiciación de los pecados de esta ciudad.  Repítelo ininterrumpidamente durante toda la Santa Misa.  Hazlo durante siete días.  Al séptimo día vi. a Jesús en una nube clara y me puse a pedir que Jesús mirara aquella ciudad y todo nuestro país.  Jesús miró con bondad.  Al ver la benevolencia de Jesús empecé a rogarle por la bendición.  De repente Jesús dijo: Por ti bendigo al país entero.  Y con la mano hizo una gran señal de la cruz encima de nuestra patria.  Al ver la bondad de Dios, una gran alegría llenó mi alma.

40    +El año 1929.  Una vez durante la Santa Misa sentí la cercanía de Dios de un modo muy particular, a pesar de que me defendía de Dios y le daba la espalda.  A veces rehuía de Dios porque no quería ser victima del espíritu maligno, dado que más de una vez me habían dicho que lo era.  Esta incertidumbre duró mucho tiempo.  Durante la Santa Misa, antes de la Santa Comunión, tuvo lugar la renovación de los votos [46].  Al levantarnos de los reclinatorios empezamos a repetir la formula de los votos y de repente, el Señor Jesús se puso a mi lado, vestido con una túnica blanca, ceñido con un cinturón de oro y me dijo: Te concedo el amor eterno para que tu pureza sea intacta y para confirmar que nunca experimentaras tentaciones impuras.  Jesús se quitó el cinturón de oro y ciñó con él mis caderas.  Desde entonces no experimento ningunas turbaciones contrarias a la virtud, ni en el corazón ni en la mente.  Después comprendí que era una de las gracias más grandes que la Santísima Virgen Maria obtuvo para mí, ya que durante muchos años le había suplicado recibirla.  A partir de aquel momento tengo mayor devoción a la Madre de Dios.  Ella me ha enseñado a amar interiormente a Dios y cómo cumplir su santa voluntad en todo.  Maria, Tu eres la alegría, porque por medio de Ti, Dios descendió a la tierra [y] a mi corazón.

41    (16) Una vez vi. a un siervo de Dios en el peligro del pecado grave que iba a ser cometido un momento después.  Empecé a pedir a Dios que me cargara con todos los tormentos del infierno, todos los sufrimientos que quisiera, pero que liberase a ese sacerdote y lo alejara del peligro de cometer el pecado.  Jesús escuchó mi súplica y en un momento sentí en la cabeza la corona de espinas.  Las espinas de la corona penetraron hasta mi cerebro.  Esto duró tres horas.  El siervo de Dios fue liberado de aquel pecado y Dios fortaleció su alma con una gracia especial.

42    + En un momento, el día de la Navidad, siento que me envuelve la omnipotencia, la presencia de Dios.  Otra vez evito dentro de mí el encuentro con el Señor.  Pedí a la Madre Superiora el permiso de ir a “Józefinek” [47], [para] visitar a las hermanas.  La Madre Superiora nos dió el permiso y una vez terminado el almuerzo, empezamos a prepararnos.  Las hermanas ya me estaban esperando en la puerta.  Fui corriendo a la celda a buscar la capita, en el umbral vi. al Señor Jesús quien me dijo estas palabras:  Ve, pero Yo Me tomo tu corazón.  De pronto sentí que no tenía corazón el pecho.  Como las hermanas me llamaron la atención de que debía darme prisa porque ya era tarde, en seguida me fui con ellas.  Pero un gran descontento empezó a molestarme.  Una añoranza penetró mi alma, sin embargo, nadie, excepto Dios, sabía lo que había pasado en mi alma.

 

Tras pasar apenas un momento en “Józefinek”, dije a las hermanas:  Volvamos a casa.  Las hermanas pidieron un pequeño descanso, sin embargo mi espíritu no llegaba a calmarse.  Les expliqué que teníamos que volver a casa antes de que oscureciera y había un buen trecho de camino por hacer, y regresamos a casa en seguida.  Cuando la Madre Superiora nos encontró en el pasillo, me preguntó:   ¿No han salido todavía o ya están de vuelta?  Contesté que ya habíamos regresado porque no quería volver de noche.  Me quité la capita e inmediatamente fui a la capilla.  En cuanto entré, Jesús me dijo: Ve a decir a la Madre Superiora que no has vuelto para estar en casa antes del anochecer, sino porque te he quitado el corazón.  Aunque me costó mucho, fui (17) a ver a la Madre Superiora y le expliqué sinceramente el motivo por el cual había vuelto tan pronto y pedí perdón al Señor por todo lo que no le agrada.  En aquel momento Jesús inundó mi alma de gran alegría.  Entendí que no hay satisfacción fuera de Dios.

 

43    Una vez vi a dos hermanas que iban a entrar en el infierno.  Un dolor inexpresable me rasgó el alma; pedí a Dios por ellas, y Jesús me dijo: Ve a decir a la Madre Superiora que estas dos hermanas están en ocasión de cometer un pecado grave.  Al día siguiente se lo dije a la Superiora.  Una de ellas ya se había arrepentido y se encontraba en estado de fervor y la otra aun estaba [en] un gran combate.

44    Un día Jesús me dijo:  Abandonaré esta casa ….. porque hay cosas que no Me gustan en ella.    Y la Hostia del tabernáculo y descansó en mis manos y yo [con] alegría La coloqué en el tabernáculo.  Eso se repitió otra vez y yo hice con Ella lo mismo, sin embargo [eso] se repitió la tercera vez y la Hostia se transformó en el Señor Jesús vivo, y Jesús me dijo:  No Me quedaré aquí más tiempo.  De repente, en mi alma se despertó un inmenso amor a Jesús y dije: Yo no Te dejaré ir de esta casa Jesús.  Y Jesús desapareció nuevamente y la Hostia descansó en mis manos.  Otra vez La puse en el cáliz y La encerré en el tabernáculo.  Y Jesús se quedó con nosotras.  Durante tres días trate de hacer la adoración reparadora.

45    Una vez me dijo Jesús:  Dile a La Madre General que en esta casa sucede tal cosa que no Me gusta y que Me ofende mucho.  No le dije inmediatamente, pero la inquietud que Dios me infundió no me permitió esperar mas y no tardé nada en escribir a la Madre General y la paz entró en mi alma.

46     A menudo sentí la Pasión del Señor Jesús en mi cuerpo; aunque esto fue invisible, me alegro de eso, porque Jesús quiere que sea así.  Eso duró muy poco tiempo.  Estos sufrimientos incendiaban mi alma con un fuego de amor hacia Dios y hacia las almas inmortales.  El amor soportará todo, el amor continuará después de la muerte, el amor no teme nada….

 

(18)                                                                                                                                                                                            + 1931, 22 de febrero

47    Al anochecer, estando en mi celda, vi al Señor Jesús vestido con una túnica blanca.  Tenía una mano levantada para bendecir y con la otra tocaba la túnica sobre el pecho.  De la abertura de la túnica en el pecho, salían dos grandes rayos: uno rojo y otro pálido.  En silencio, atentamente miraba al Señor, mi alma estaba llena del temor, pero también de una gran alegría.  Después de un momento, Jesús me dijo:  Pinta una imagen según el modelo que vez, y firma*: Jesús, en Ti confío.  Deseo que esta imagen sea venerada primero en su capilla y [luego] en el mundo entero.

 

48    Prometo que el alma que venera esta imagen no perecerá.  También prometo, ya aquí en la tierra, la victoria sobre los enemigos y, sobre todo, a la hora de la muerte.  Yo Mismo la defenderé como Mi gloria.

 

49     Cuando le dije al confesor [48] recibí como respuesta que eso se refería a mi alma.  Me dijo:  Pinta la imagen de Dios en tu alma.  Cuando salí del confesionario, oí nuevamente estas palabras:  Mi imagen está en tu alma.  Deseo que haya una Fiesta de la Misericordia.  Quiero que esta imagen que pintarás con el pincel, sea bendecida con solemnidad el primer domingo después de la Pascua de Resurrección; ese domingo deber ser la Fiesta de la Misericordia.

 

50     + Deseo que los sacerdotes proclamen esta gran misericordia que tengo a las almas pecadoras.  Que el pecador no tenga miedo de acercase a Mi.  Me queman las llamas de la misericordia, deseo derramarlas sobre las almas humanas.

 

Jesús se quejó conmigo con estas palabras:  La desconfianza de las almas desgarra Mis entrañas.  Aún mas Me duele la desconfianza de las almas elegidas; a pesar de Mi amor inagotable no confían en Mí.  Ni siquiera Mi muerte ha sido suficiente para ellas.  ¡Ay de las almas que abusen de ella!

 

51    (19)  Cuando dije a la Madre Superiora [49] lo que Dios me pedía, me contestó que Jesús debía explicarlo más claramente a través de alguna señal.

 

Cuando pedí al Señor Jesús alguna señal como prueba de que verdaderamente Él era Dios y Señor mío y de que de Él venían estas peticiones, entonces dentro de mí oí esta voz:  Lo haré conocer a las Superioras a través de las gracias que concederé por medio de esta imagen.

 

52    Cuando quise liberarme de estas inspiraciones, Dios me dijo que en el día del juicio exigiría de mí un gran número de almas.

 

Una vez, cansadísima por las múltiples dificultades que tenia por el hecho de que Jesús me hablaba y exigía que fuese pintada la imagen, decidí firmemente, antes de los votos perpetuos, pedir al Padre Andrasz [50] que me dispensara de estas inspiraciones interiores y de la obligación de pintar la imagen.  Al escuchar la confesión, el Padre Andrasz me dio la siguiente respuesta: No la dispenso de nada, hermana y no le está permitido sustraerse a estas inspiraciones interiores, sino que debe decir todo al confesor, eso es necesario, absolutamente necesario, porque de lo contrario se desviará a pesar de estas grandes gracias del Señor.  De momento usted se confiesa conmigo, pero ha de saber que debe tener un confesor permanente, es decir un director espiritual.

 

 

* Jesús exigía que la imagen llevase, como firma, y no como inscripción estas palabras:  “Jesús, en Ti confío”.

 

 

53         Me afligí muchísimo.  Pensaba poder liberarme de todo y había pasado todo lo 

          Contrario:  una orden clara de seguir las demandas de Jesús.  Y otra vez el

          tormento de no tener al confesor permanente.  Si durante algún tiempo me confieso

          [con alguno], no puedo descubrir mi alma delante de él en cuanto a las gracias; es

          la causa de un dolor inexpresable.  Le pido a Jesús que conceda estas gracias a otra

          persona, porque yo no sé aprovecharlas y solamente las malgasto.  Jesús, ten

          compasión de mi, no me encomiendes cosas tan grandes, ves que soy un puñado de

          polvo inútil.  Sin embargo, la bondad de Jesús no tiene límites, me prometió una

          ayuda visible en la tierra y [la] recibí poco después (20) en Vilna.  En el Padre

          Sopocko reconocí esa ayuda de Dios.  Le había conocido en una visión interior

          Antes de llegar a Vilna.  Un día lo vi. en nuestra capilla entre el altar y el

          confesionario.  De repente en mi alma oí una voz:  He aquí la ayuda visible para

          ti  en la tierra.  Él te ayudará cumplir Mi voluntad en la tierra.

 

54       + Un día cansada de esas incertidumbres, pregunte a Jesús:  Jesús, ¿eres Tú mi

         Dios o eres un fantasma?  Las Superioras me dicen que existen ilusiones y toda

         Clase de fantasmas.  Si eres mi Señor, Te pido, bendíceme.  De repente, Jesús hizo

         Una gran señal de la cruz encima de mi, y yo me santigüé.  Cuando pedí perdón a

         Jesús por haberle hecho esa pregunta, Jesús contesto que con esta pregunta no le

         Causé ningún disgusto y el Señor me dijo que mi confianza la agradaba mucho.

 

55       1933.+  Consejos espirituales que me dio el Padre Andrasz, S.J.

         Primero: Hermana, usted no debe evitar estas inspiraciones interiores, sino que

         Debe decir siempre todo al confesor.  Si usted reconoce que estas inspiraciones

         Interiores atañen, es decir son provechosas para su alma o para otras almas, sígalas

         y no las descuide, sino que consúltelas siempre con su confesor.

         Segundo:  Si estas inspiraciones no concuerdan con la fe y con el espíritu de la

         Iglesia, se deben rechazar inmediatamente, porque vienen del espíritu maligno.

         Tercero:  Si estas inspiraciones no se refieren a las almas en general, ni a su bien en

          Particular, no se preocupe mucho por ellas, hermana, y no les haga caso en

          Absoluto.

 

          No obstante, no decida por sí sola en esta materia, en este sentido o en otro, porque

          Puede desviarse a pesar de estas grandes gracias del Señor.  Humildad, humildad y 

          Siempre humildad porque por nosotros mismos no podemos hacer nada.  Todo

          esto es solamente la gracia de Dios.

 

          Me dice que Dios exige mucha confianza de las almas, pues sea la primera en

          Mostrar esa confianza.  Una palabra más:  Acepte todo esto con serenidad.

 

          (21) Las palabras de uno de los confesores [51]:  Hermana, Dios está preparándole

          muchas gracias especiales, pero procure que su vida sea pura como las lagrimas

          delante del Señor sin hacer caso a lo que puedan pensar de usted.  Que le baste

          Dios, Solo Él.

 

          Al final del noviciado el confesor [52] me dijo estas palabras:  Camine por la vida

          Haciendo el bien para que yo pueda escribir en las páginas de su vida:  Vivió

          Haciendo el bien; que Dios realice esto en usted, hermana.

 

En otra oportunidad el confesor me dijo: Pórtese delante del Señor como la viuda

Del Evangelio que puso en la alcancía una monedita de poco valor; pero para

Dios, ésta pesó mas que las grandes ofrendas de los demás.

 

El otro día recibí esta enseñanza:  Procure que quien trate con usted, se aleje feliz.

Difunda a su alrededor la fragancia de la felicidad porque de Dios ha recibido

mucho y por eso sea generosa con los demás.  Que todos puedan alejarse de usted

felices aunque hayan apenas rozado el borde de su túnica [53].  Recuerde bien las

palabras que le estoy diciendo ahora.

 

Otra vez me dijo estas palabras:  Permita que el Señor empuje la barca de su vida

a la profundidad insondable de la vida interior.

 

Algunas palabras del coloquio con la Madre Maestra al final del noviciado:  Que su alma, hermana, se distinga particularmente por la sencillez y la humildad.  Camine por la vida como una niña, siempre confiada, siempre llena de sencillez y humildad, contenta de todo, feliz de todo.  Allí donde otras almas se asusten usted, hermana, pasa tranquilamente gracias a la sencillez y la humildad.  Recuerde para toda la vida que como las aguas descienden de las montañas a los valles, las gracias del Señor descienden sólo sobre las almas humildes.

 

56         Oh Dios mió, entiendo bien que exiges de mi la infancia espiritual, porque me la  

           Pides continuamente a través de Tus representantes.

 

(22)    Los sufrimientos y contrariedades al inicio de la vida religiosa me habían

Asustado, me habían quitado el valor.  Por eso rogaba continuamente que Jesús me hiciera más fuerte y me concediera el vigor de su Santo Espíritu para poder cumplir en todo su santa voluntad ya que desde el comienzo conocía y conozco mi debilidad.  Sé bien lo que soy por mi misma, porque Jesús descubrió a los ojos de mi alma todo el abismo de mi miseria y por lo tanto me doy cuenta perfectamente que todo lo que hay de bueno en mi alma es sólo su santa gracia.  El conocimiento de mi miseria me permite conocer al mismo tiempo el abismo de Tu misericordia.  En mi vida interior, con un ojo miro hacia el abismo de miseria y de bajeza que soy yo, y con el otro hacia el abismo de Tu misericordia, oh Dios.

 

57    Oh, mi Jesús, Tu eres la vida de mi vida, Tu sabes bien que lo único que deseo es la gloria de Tu nombre y que las almas conozcan Tu bondad.  ¿Por qué las almas Te evitan, oh Jesús?, no lo entiendo.  Oh si pudiera dividir mi corazón en partículas mínimas y ofrecerte, oh Jesús, cada partícula como un corazón entero para compensarte, aunque parcialmente, por los corazones que no Te aman.  Te amo, Jesús, con cada gota de mi sangre y la derramaría voluntariamente por Ti para darte la prueba de mi amor sincero.  Oh Dios, cuanto más Te conozco tanto menos Te pue

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In nomine Patris et fillii et Spiritus Sancti