Viernes, 12 de febrero de 2010
LIBRO II - VISIONES Y PROFECÍAS DE SANTA BRÍGIDA DE SUECIA

Aqui os traigo una serie de profecías y visiones de esta gran santa, en las que se reciben una serie de mensajes muy importantes. EL AUTOR DEL BLOG.

Quéjase la Virgen María de los pocos cristianos que se acuerdan hoy de sus dolores. Simil que explica por qué no dan fruto en todos las palabras de Jesús.

 

                   Capítulo 14

 

A la manera que si viera uno reunida una muchedumbre de personas, dijo la Virgen, y uno se acercase junto a ella llevando en las espaldas una carga pesadísima, y otra en los brazos; y con los ojos llenos de lágrimas, mirase a toda aquella gente, por ver si alguien se compadecía de él y le aliviara la carga; de esta misma suerte me encontraba yo en el mundo, porque estaba llena de tribulaciones desde que nació mi Hijo hasta su muerte. A mis espaldas llevaba una carga gravísima, cuando trabajé sin cesar en el servicio Divino, y sufrí con paciencia todas las adversidades. En los brazos llevé un gran peso, cuando padecí la mayor angustia y dolor de corazón que ha padecido criatura alguna. Y tuve los ojos llenos de lágrimas siempre que consideraba en el cuerpo de mi Hijo los sitios de los clavos y su futura Pasión, y cuando veía cumplirse en él todo lo vaticinado por los Profetas.

 

Mas ahora miro a todos los que viven en el mundo, por ver si hay quien se compadezca de mí y mediten mi dolor; mas hallo poquísimos que piensen en mi tribulación y padecimientos. Y así, tú hija, no me olvides, aunque soy olvidada y menospreciada de muchos, mira mi dolor, é imítame en lo que pudieres. Considera mis angustias y lágrimas, y duélete de que sean pocos los amigos de Dios. Permanece firme, que ahora viene aquí mi Hijo.

 

Yo soy, le dijo Jesucristo, tu Dios y tu Señor, que hablo contigo. Mis palabras son como flores de una hermosa planta, y aunque nazcan estas flores de una misma raíz, no todas llevan simiente ni fruto. Así, mis palabras son como unas flores que salen de la raíz del amor de Dios, las cuales las reciben muchos, pero no en todos dan fruto, ni llegan a madurar, porque unos las reciben y las retienen poco, y después las echan de sí, porque son ingratos a mi espíritu; otros las reciben y las retienen, porque están llenos de amor de Dios, y en estos dan fruto de devoción y obras santas y perfectas.

 

 

Exhorta la Virgen María a santa Brígida a que medite mucho la Pasión de su Divino Hijo.

 

                   Capítulo 15

 

Tú, hija mía, le dice la Virgen, has de imprimir en ti por cadena y joyel la Pasión de mi Hijo, como lo hizo san Lorenzo, que cada día la meditaba y decía en su alma: Mi Dios mismo es mi Señor, y yo soy su siervo. Mi Señor Jesucristo fué desnudo, burlado y escarnecido, ¿cómo siendo yo su siervo, tengo de andar vestido pomposamente? Mi Señor Jesucristo fué azotado y clavado en un madero, ¿cómo es justo que, si yo soy verdaderamente su siervo, pase sin dolores y tribulaciones? Movido de semejante pensamiento, cuando lo extendían sobre las brasas y la grasa líquida corría por el fuego, y éste le abrasaba todos sus miembros, alzó los ojos al cielo y dijo: Bendito seáis mi Dios y Criador, mi Señor Jesucristo. Conozco que no he empleado bien los días de mi vida, y que he hecho poco por vuestra honra. Mas porque vuestra misericordia es grandísima, os ruego obréis conmigo según vuestra misericordia. Y pronunciando estas palabras, expiró.

 

Mira, hija mía, ¡el que tanto amó a mi Hijo, y tales cosas padeció por su honra, todavía se llamaba indigno de alcanzar el cielo! ¿Cómo han de ser dignos los que viven según su voluntad? Por tanto, considera continuamente la Pasión de mi Hijo y de sus santos, que no padecieron sin causa tan grandes tormentos, sino para dar ejemplo a los otros, y para mostrar el rigor con que mi Hijo castiga los pecados, que no quiere quede impune ni aun el más pequeño.

 

 

Infinita veracidad de nuestro Señor Jesucristo, y cuánto debemos acatar sus palabras y someter en todo a la suya nuestra voluntad.

 

                   Capítulo 16

 

Por qué te has de turbar, esposa mía, dice Jesucristo, por haberte dicho aquel hombre que mis palabras son falsas? ¿Acaso seré yo mejor de lo que soy, porque él me alabe, ni menos bueno porque me vitupere? Yo soy inmutable, y no puedo crecer ni menguar, ni he menester alabanzas; pues cuando el hombre me alaba, para sí es el provecho, no para mí. Nunca de mi boca, que soy la misma verdad, salió ni pudo salir cosa falsa, porque todo cuanto he hablado por los Profetas, o por otros amigos míos, se cumplirá espiritual o materialmente, como lo entendí cuando lo dije.

 

Ni tampoco son falsas mis palabras porque dijese yo antes una cosa y después otra, una cosa más clara y otra más obscura; porque para probar la constancia de la fe de mis amigos y su solicitud, manifesté muchas cosas, que según los diferentes efectos de mi Espíritu, podían ser entendidas de diverso modo por los buenos y por los malos, esto es, unos bien y otros mal, a fin de que hubiese en los diferentes estados la posibilidad de ejercitarse en el bien de diferentes modos. Pues como mi divinidad tomó mi humanidad en una persona, así a veces hablaba yo en nombre de mi humanidad como sujeta a mi divinidad, y otras veces en nombre de la divinidad, como criadora de la humanidad, según consta de mi Evengelio.

 

Y así, aunque parezca a los calumniadores e ignorantes que mis palabras se contradicen, eran, no obstante, en un todo verdaderas. Y si dije algo con obscuridad, fué porque así convino para que se ocultasen algo a los malos mis juicios, y los buenos esperasen fervorosamente mi gracia, y por esta paciencia en esperar obtuviesen el premio; porque si mi juicio hubiese estado señalado para un tiempo fijo, todos se hubieran decaído en el amor y la caridad, a causa de la prolongación del tiempo que hubieron de esperar.

 

Muchas cosas prometí también que no se han cumplido, porque las desmerecieron los hombres con su ingratitud; y si dejaran de pecar, yo cumpliera mi palabra.

Por tanto, no te has de turbar cuando oyeres esa blasfemia de que mis palabras son falsas; porque lo que parece imposible a los hombres, es posible para mí. Maravíllanse también, muchos amigos míos, de que no se vean los efectos de mis palabras. Cuando Moisés fué envíado a Faraón, no hizo al punto milagros. ¿Y, por qué fué esto? Porque si desde luego hubiera dado señales milagrosas, no se hubiese manifestado la obstinación de Faraón, ni el poder de Dios, ni hubiese habido aquellos milagros patentes. Con todo, Faraón se hubiera condenado a causa de su malicia, aunque Moisés no hubiese venido, ni su obstinación hubiese sido tan manifiesta. De la misma suerte se procede ahora.

 

Por tanto, amigos míos, trabajad varonilmente, que aunque los bueyes arrastran el arado, va, con todo, según la voluntad del que lo rige. Así, también, aunque oigáis y sepáis mis palabras, no van ni aprovechan según vuestra voluntad, sino según la mía, porque yo sé cómo está dispuesta la tierra y cómo ha de labrarse. Pero vosotros debéis resignar toda vuestra voluntad en la mía, y estar siempre diciendo: Hágase tu voluntad.

 

Fdo. Cristobal Aguilar.



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By cristobalaguilar at 2011-02-03
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