Domingo, 07 de febrero de 2010
LA PREPARACIÓN DE LAS CLASES

El catequista fundamenta su acción en su vocación. Tiene conciencia de que es un llamado y un enviado. Si somos consecuentes con esta misión no podemos ir a una sesión de catequesis pensando que todo va a depender de nosotros.
Tenemos que ser humildes y reconocer, como el apóstol Pablo, que: Ayo planté, Apolo regó, pero fue Dios quien hizo crecer; por tanto, el que planta no significa nada ni el que riega tampoco; cuenta el que hace crecer, o sea Dios (1Co. 3, 6-7).

Tenemos que confiar en el Señor que nos llamó para ser catequistas y aceptar que la obra es suya.
Ser catequista, es, antes que nada, ser una persona de fe en la obra de Dios. Jesús nos decía:
Mi Padre sigue actuando y yo también actúo (Jn. 5, 17). Tenemos que confiar en que la obra es de Dios y El cuida amorosamente de sus hijos todos los día.

Si nos fiamos del que nos llamó tendremos paz para desarrollar la obra que nos encomendó. Después de trabajar con empeño y poner todo nuestro ser al servicio de a misión podremos decir: A Somos unos pobres siervos, hemos hecho lo que teníamos que hacer (Lc. 17, 10).
Ten en cuenta especialmente
· Que si Dios cuenta contigo para realizar su obra, tú debes contar con El en todo momento.
· Que sabes más del misterio de Dios por lo que vives que por lo que has estudiado.
· Que nadie puede sustituir tu trabajo personal. Tienes que encontrar tiempo para estudiar y orar.
· Que paso a paso se aprende a dar catequesis. Utiliza los medios a tu alcance con sencillez y paciencia.
· Que necesitas de la vida y experiencia de los otros catequistas. La evangelización es misión de toda la Comunidad Cristiana.

Comunica lo que vives.


Comunicar la propia experiencia de fe es la primera forma de evangelizar. Normalmente somos y vivimos más de lo que sabemos y comunicamos. No siempre transmitimos bien todo lo que conocemos y vivimos. No tenemos palabras suficientes para explicar las experiencias más profundas de la vida cristiana.

Cuántas veces hemos dicho este famoso refrán. Nadie da lo que no tiene. Preocúpate más de tener algo que decir, que de cómo lo vas a decir. Decía el profeta Jeremías:¡Ah, Señor, mira que no sé hablar, pues soy un niño!. Y el Señor me respondió: No digas: A Soy un niño, porque irás donde yo te envíe y dirás lo que yo te ordene. No les tengas miedo, pues yo estoy contigo para librarte (Jer. 1, 6-8)

El temor a fracasar nos impide, muchas veces, dar la catequesis con alegría y paz. Cuando vivimos la vida cristiana con sencillez y abandonada en Dios, no debemos temer comunicar lo que vivimos El Señor estará con nosotros para hacer su obra a pesar de nuestras limitaciones.

Profundiza lo que enseñas


Cada sesión de catequesis tiene un tema concreto que explicar Debemos conocerlo bien e interiorizarlo. Asumirlo personalmente.
No puede ser, por tanto, una comunicación fría y superficial, sin alma. Hay que poner fervor y sabiduría en nuestras palabras y gestos. Esto supone que tenemos que saborear personalmente el tema, estudiarlo y con todos los medios a nuestro alcance y prepararlo con la pedagogía adaptada a los destinatarios.
Debemos leer despacio todo el tema y tratar de meditarlo y conocerlo en profundidad. Es bueno que nos preguntemos ante el mensaje de cada tema: )qué me dice el Señor?, )qué espera de mí?, )cómo vivo lo que tengo que anunciar?

Utiliza la guía pedagógica


Los materiales elaborados para dar la catequesis son un instrumento útil a nuestro servicio. Las guías para el catequista ofrecen, paso a paso, el camino a recorrer en una sesión de catequesis.

Se presenta y programa para cada catequesis; objetivos, contenidos a transmitir, actividades para comprender , profundizar y recordar. Sugerencias para orar o celebrar. Propuestas para llevar a la vida el tema tratado. Son los distintos aspectos que debemos tener en cuenta a la hora de impartir la catequesis.


El trabajo de adaptar las sugerencias de la guía al grupo es tarea propia de cada catequista. Nadie podrá suplir la labor de cada catequista por muy buena que sea la guía pedagógica. A veces dirás: Esto me ayuda y lo utilizarás tal como viene presentado en la guía.
En otras circunstancias pensarás: es esto lo que necesita mi grupo. Esto no me va a mí o no lo sé realizar yo. Entonces, busca otra propuesta mejor y, así, seguirás creciendo como catequista. La práctica te irá enseñando a exponer los diferentes temas y el conocimiento de los destinatarios te ayudará a adaptarte lo mejor posible a sus preguntas y a su vida.

Prepara la catequesis con otros catequistas.

Unos catequistas se reúnen como primer paso de la preparación de la sesión de catequesis. Esa reunión sugiere y orienta el trabajo personal que cada uno tendrá que completar posteriormente. Otros se reúnen al final de la preparación personal para compartir con los demás catequistas lo reflexionado individualmente y, de esa manera, enriquecerse y completar lo estudiado por otros.

Es verdad que, el trabajo personal del catequista, no lo puede sustituir el trabajo en grupo. Cada uno debe enfrentarse con el tema y hacerlo propio. Pero, también es cierto que no nos podemos limitar al trabajo personal: necesitamos compartir nuestra fe con otros.

Fdo. Cristobal Aguilar.
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By cristobalaguilar at 2011-02-03
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