Mi?rcoles, 03 de febrero de 2010
REFLEXIONES CRISTIANAS (III) - GENERALIDADES

En esta ocasión os traigo una serie de reflexiones para meditar en la vida. EL AUTOR DEL BLOG.

Pedir Misericordia

El mundo se ha alejado de Dios y la humanidad está en un abismo del que sola ya no puede salir. Es necesario que la Misericordia de Dios intervenga y con un milagro suyo la levante del lugar donde ha caído. Y esta Misericordia Divina la debemos invocar y pedir todos los cristianos, ya que Dios quiere intervenir, pero espera que se lo pidamos fervientemente. Llegará un momento en que la Misericordia se desposará con la Justicia y Dios rescatará a los hombres de las manos de Satanás, que los ha sabido seducir y los ha arrastrado al pecado, al odio y al mal. Dios se servirá de la misma maldad del hombre y del demonio para sacar el bien y hacer retornar al mundo a un nuevo paraíso terrestre.

Debemos invocar frecuentemente la Misericordia de Dios rezando la coronilla de la Misericordia, que Jesús le enseñara a Santa Faustina y pedirla también a través del rezo del Santo Rosario.

El triunfo de será de Dios y de su Madre, pero el demonio no soltará tan fácilmente su presa y causará muchos desastres en el mundo antes de ser vencido para siempre. Así que recemos mucho para protegernos de su maldad, y hagamos rezar para que el triunfo se apresure y pronto haya un cielo nuevo y una nueva tierra como Jesús y la Virgen vienen prometiendo en muchas de sus apariciones y mensajes.

 

Premios de Dios

Dios no nos premia por los frutos sino por la perseverancia, la paciencia y el trabajo emprendido por Él y por las almas, aunque los frutos sean pocos. Pero si hemos trabajado duro, eso es lo que el Señor premia. Por eso no nos desanimemos si en nuestro apostolado la cosa parece que no funciona o va para atrás, sino sigamos insistiendo y trabajando sin desanimarnos, pues seremos premiados como si todo lo que hicimos hubiera producido el ciento por uno.

El demonio tiene un arma secreta que es el desánimo, trata de inocular el desánimo en las almas que no puede atrapar de otra manera; trata de desalentarlas y acobardarlas para que no hagan el bien y así es como que las ata y amordaza. No nos dejemos engañar y reaccionemos con valentía. Pensemos en Jesús, que cuando estaba en el Huerto de los Olivos se le presentó a su Inteligencia la cantidad de almas para las cuales su Sacrificio sería inútil. Pero igual quiso morir y sufrir todo por nosotros. No se desalentó, sino que realizó todo bien como si su Sacrificio salvara a todos los hombres. Y por eso recibió el premio máximo, porque aunque no todos los hombres se salvarán, Él actuó para que así sea y Dios premia el esfuerzo y el trabajo.

 

Fuimos creados por amor

Es necesario que siempre recordemos que estamos en este mundo porque Dios nos ha querido en él. En un acto de amor suyo Él nos ha creado para que, viviendo una vida acorde a su Voluntad, lleguemos al Paraíso a poseerle a Él por los siglos de los siglos. También es imprescindible que tengamos en claro que nos pase lo que nos pase recordemos que Dios es Bueno y que todo lo que quiere o permite para nosotros es para nuestro bien temporal o eterno. Por eso confiemos en Él y jamás digamos que Dios es injusto con nosotros o que Dios es malo. Solo en el Cielo veremos las maravillas que Él ha obrado en nosotros, y al grado de santidad que nos ha llevado con todas las vicisitudes que hemos pasado en este mundo.

Es cierto que podemos condenarnos en el Infierno si no cumplimos los Mandamientos y morimos en pecado mortal: Pero no es Dios el que quiere eso, aunque lo permite porque nos ha creado libres y Él quiere con todas sus fuerzas que nos salvemos, pero no violenta nuestra libertad. Así que ¡atención!, a usar bien de nuestra libertad, para ser cada día más agradables a Dios, pues amor con amor se paga.

 

Tiempo de misericordia

Este tiempo de vida que tenemos sobre la tierra es tiempo de misericordia, que debemos aprovechar para convertirnos y vivir de acuerdo a los mandamientos de Dios. Es tiempo de arreglar nuestras cuentas con Dios porque después viene el momento de la muerte y el juicio y ya no hay tiempo para la Misericordia sino que comienza el de la Justicia. No desaprovechemos estos preciosos momentos que vivimos en este mundo, sino aprovechémoslo para vivir obrando el bien, rezando, tratando de vencernos a nosotros mismos y tendiendo a la santidad. Recordemos que vivimos una sola vez y de ese vivir depende toda nuestra eternidad: Cielo o Infierno. No desperdiciemos el tiempo frente al televisor o en vanidades, sino atesoremos para el cielo haciendo obras de misericordia, compadeciéndonos de los hermanos y recordando que este mundo es pasajero y que lo definitivo viene después de la muerte, pues esta vida es como una sala de espera y luego entraremos a la Vida verdadera, si hemos sido fieles a Dios.

Aprovechemos que tenemos al alcance de nuestra mano el sacramento de la confesión, que tan fácilmente nos podemos confesar y ser perdonados por Dios. Quizá algún día queramos confesarnos y ya será demasiado tarde. No esperemos más para convertirnos, ya que nos estamos jugando nuestra eternidad.


Absorbidos por el trabajo

A veces nos puede pasar que estamos muy absorbidos por el trabajo, estamos como enfrascados en el trabajo y no tenemos tiempo de elevar un pensamiento a Dios. A veces se puede justificar porque el trabajo es muy delicado y tenemos que estar muy atentos, pero otras veces es porque simplemente nos olvidamos de Dios. Por eso siempre que el trabajo lo permita, elevemos de vez en cuando el pensamiento a Dios y digámosle que lo amamos, y tratemos de vivir siempre en la presencia de Dios, para que ese trabajo se convierta también en oración.

El trabajo es santificante, siempre y cuando se realice los días destinados a él y que se respete el domingo y los días de fiesta para descansar, dejando de lado el lucro, pues si Dios siendo Dios descansó uno de los siete días de la semana, nosotros no debemos tratar de ser superiores a Dios trabajando sin descansar. Si Dios ha puesto ese descanso es porque es necesario para el cuerpo y para el alma.

Trabajemos contentos, pensando en Dios y encontremos siempre un lugarcito para la oración, dando a cada cosa su momento.

 

Apaguen el televisor

Así había dicho hace un tiempo el Papa Juan Pablo II: “Apaguen el televisor”. Y es que la televisión nos hace muy mal a todos, y especialmente a los cristianos que queremos vivir en gracia de Dios. Porque perdemos un hermoso tiempo frente al televisor que lo podríamos usar para rezar, meditar, hacer lectura espiritual o visitar a Jesús en el Sagrario. Pero, además, por televisión pasan cualquier barbaridad que nos puede hacer perder la gracia y que, por lo menos, nos entibia en nuestra vida espiritual.

La Reina de la Paz nos dice que después de algunos programas de televisión ya no nos podemos concentrar para rezar. Y la Virgen al Padre Gobbi le dice en uno de sus mensajes que la televisión es el ídolo del que se habla en el Apocalipsis ante el cual todos deberán postrarse en adoración. Esto es grave. Así que, si queremos salir victoriosos en este combate entre Cielo e Infierno, donde nosotros estamos en el medio entre la lucha entre ángeles y demonios, apaguemos el televisor y dediquémonos más a la oración, porque este mundo pasa y con él pasa su figura y todo lo que hay en él.

En especial tratemos de rezar el Santo Rosario, pues así vamos contemplando los misterios de la Vida del Salvador y de su Madre y recibimos enorme caudal de gracias. Recordemos que vivimos una sola vez y después viene el juicio en donde recibiremos la sentencia eterna: Cielo o Infierno. No nos dejemos engañar por el Maligno y apaguemos el televisor.

 

Cantar es rezar dos veces

Cuando estemos tristes o exultemos de alegría, cantemos cánticos inspirados, canciones de la Virgen y de Jesús y daremos alivio a nuestras almas. Dice San Agustín que el que canta reza dos veces. En el pueblo de Israel se acostumbraba mucho el canto sagrado y María Santísima cantaba en el Templo. ¿Qué será escuchar a María cantar? ¿Qué será escuchar a los ángeles cantar? Ya en el Cielo escucharemos esa maravilla y quedaremos embelesados y arrobados hasta lo inimaginable. Si a veces, escuchando una orquesta de la tierra tocando una sinfonía, con un coro de voces bellas, quedamos raptados en tal gozo que quisiéramos escucharlo siempre, ¡qué será el Paraíso! Por eso tratemos de vivir en gracia de Dios, cumpliendo los Diez Mandamientos, confesándonos a menudo y comulgando de ser posible todos los días, así alcanzaremos el Cielo y gozaremos para siempre de las armonías de todos los espíritus beatíficos y nosotros mismos entonaremos un cántico maravilloso, único, en que alabaremos la misericordia que Dios ha tenido para con nosotros.

No cantemos las musiquillas que están de moda y que suenan en la radio y la mayoría de ellas exaltan la sensualidad y el pecado, sino cantemos cánticos sagrados, salmos y oraciones, y que nuestra misma vida sea un cántico elevado al Señor.

 

El último combate

En nuestra vida habrá un último combate, que es el momento de la muerte. En ese momento todas las fuerzas del Infierno harán el último esfuerzo para perdernos eternamente. Por eso es de capital importancia que tomemos todas las providencias para prepararnos bien para dicho momento.

Hay muchas devociones que podemos y debemos practicar para asegurarnos una buena muerte, es decir, en gracia de Dios. Por ejemplo la práctica de la Comunión de los Nueve Primeros Viernes de mes, de reparación al Sagrado Corazón de Jesús, o también la Comunión reparadora al Corazón de María los Cinco Primeros Sábados de mes.

También podemos rezar las Tres Avemarías todos los días, que son prenda de salvación eterna y, en fin, tener una gran devoción a María Santísima y a San José, patrono de la buena muerte, pues él murió entre Jesús y María.

No tengamos miedo a la muerte, pero preparémonos concienzudamente pues de este momento depende nuestro destino eterno: Cielo o Infierno. Seamos precavidos.

 

Consolemos al Señor

¡Qué tristeza debe sentir Jesús ante tanta maldad y odio en los hombres! ¡Él nos ama tanto, y nosotros lo ofendemos y nos odiamos entre nosotros! Por eso es tiempo de que Jesús sea consolado. Y la mejor forma de hacerlo es dándole amor, pues amor con amor se paga, y si el Señor nos da tanto amor, debemos devolverle mucho amor.

Y lo hacemos cuando cumplimos sus mandamientos, como el mismo Jesús lo dice en el Evangelio: “El que cumple mis mandamientos, ése es el que me ama”. Entonces no solo debemos decir “Jesús te amo”, Jesús te adoro”, sino que le demostramos ese amor si cumplimos su Palabra; pues de qué valdría que con la boca digamos que lo amamos, si después con nuestros actos lo estamos odiando. Ya Jesús le dijo a su pueblo que: “lo honraba con la boca pero su corazón estaba lejos de Él”. Que no nos suceda lo mismo a nosotros y que lo que digamos con la boca también lo digamos con el obrar santo y agradable a los ojos de Dios.

Reclinemos la cabeza de Jesús sobre nuestro pecho y, aunque la corona de espinas nos hiera un poco a nosotros, quedémonos así, dándole alivio al Señor que tanto nos ama.

 

La Belleza de Dios

¿Nos hemos puesto a pensar alguna vez en la Belleza de Dios? Si a veces quedamos maravillados ante un rostro humano hermoso, ¿qué será ver a un ángel?, ¿qué será ver a María Santísima?, ¿qué será ver a Dios, Belleza Infinita? Por eso hagamos todo lo posible para alcanzar el Cielo, pues su felicidad es tal que en esta tierra no podemos ni siquiera imaginarla, como dice bien el apóstol San Pablo: “Ni el ojo vio, ni el oído oyó, ni vino jamás a la mente del hombre lo que Dios tiene preparado para los que le aman”.

La Virgen dice en uno de sus mensajes que “Si los hombres supieran lo que es el Cielo, harían cualquier cosa para salvarse”, y subrayo “cualquier cosa”.

Entonces no seamos perezosos en nuestra salvación y hagamos todo lo necesario para salvarnos y para ayudar a otros a salvarse, con una vida de oración y de penitencia, contentos de servir a Dios y aprovechando esta vida que tenemos sobre la tierra para alcanzar un lindo puesto en el Cielo, donde nos espera la Gloria sin mengua, la felicidad sin límites. No renunciemos a esta Felicidad futura por un amor bajo, por un placer prohibido, que solo nos trae remordimientos de alma y condena al Infierno eterno.

 

María, nuestra defensora

Un cristiano tiene muchos enemigos, comenzando por Lucifer y todos sus demonios, y siguiendo por los hombres unidos al diablo que lo persiguen, y también tiene enemigos internos que son sus propias pasiones. Por eso, ante el número y peligrosidad de estos enemigos, el cristiano debe saber ampararse en la Santísima Virgen que es el terror de los demonios y Capitana de los ejércitos de Dios.

Ella nos llevará directamente a su Hijo Jesús sin que nuestro pie tropiece con ningún obstáculo. Ella nos defenderá de todo el Infierno y, si es necesario, despachará legiones de ángeles e incluso al mismo San Miguel Arcángel para que nos defiendan del Mal.

Por eso, ¡qué grande y tierna debe ser nuestra devoción a María!, pues es la Mujer vestida de Sol del Apocalipsis que lucha contra el gran Dragón rojo y que al final vencerá, aplastando por segunda vez la cabeza de la serpiente infernal.

La devoción más agradable a María es el rezo del Rosario. Recémoslo frecuentemente, sabiendo que de su rezo nos vienen toda clase de bienes y favores, y María nos protegerá de forma muy especial y estará más unida a nosotros.

 

La pureza

La pureza es una virtud tal que, el que la posee puede ver a Dios, pues Jesús mismo lo dice en el Evangelio: Bienaventurados los puros de corazón,  porque ellos verán a Dios.

Hoy en el mundo y especialmente la televisión atacan implacablemente esta virtud y la hace perder ya desde la tierna infancia. Pero es necesario que reaccionemos contra esto y tratemos de vivir la pureza e inculcarla en nuestros hijos porque es una de las virtudes que más les agradan a Dios y a la Virgen, la otra es la humildad.

La pureza forma héroes en la virtud y el demonio trata de atacar siempre esta virtud, haciendo pecar al hombre para después tenerlo a su merced. El diablo siempre entra por los sentidos para tomar luego la razón y más tarde lo espiritual. Defendámonos de sus asechanzas y mantengámonos en vela para no ser robados de esta virtud. Y para eso encomendémonos mucho a la Santísima Virgen, que siempre tuvo a Satanás bajo su pie. Que Ella nos defienda en este mundo que todo lo ensucia, y nosotros, por nuestra parte, evitemos los espectáculos inmorales y peligrosos y controlemos las miradas, pues por los ojos entra el deseo y luego se comete el pecado, ya se de pensamiento o de acción.

 

Jesús está siempre en nuestro corazón

Si estamos en gracia de Dios, tenemos a Jesús habitando en nuestra alma, y no solo a Jesús sino a toda la Santísima Trinidad. Pero a veces nos sucede que estando en gracia de Dios, nos parece que Dios se ha ido, que estamos solos y abandonados por Él. Pero esto no es así, porque el Señor procede como cuando se quedó en el Templo a la edad de doce años. Cuando su Madre lo encontró y le preguntó por qué les había hecho eso, Él sencillamente le respondió que se había estado ocupando de las cosas de su Padre.

Ahora también Jesús a veces parece que nos deja, pero en realidad se está ocupando de las cosas de su Padre, y con esa aparente ausencia nos atrae muchas gracias a nuestras almas y con nuestro sufrimiento por su ausencia, merecemos gracias también para los hermanos más necesitados.

Y si en realidad lo hemos ofendido, pidámosle perdón y digámosle con todo el corazón que vuelva a nosotros, que no podemos vivir sin Él, y hagamos una sincera confesión con un sacerdote.

Y en cualquier circunstancia de estas en que nos encontremos, tengamos confianza en su Bondad e infinita Misericordia y amémoslo mucho, pues Él mucho perdona a quien mucho ama.

Fdo. Cristobal AGuilar.


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By cristobalaguilar at 2011-02-03
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