Jueves, 28 de enero de 2010
EL ESPÍRITISMO - ANALISÍS DEL MISMO

El conjunto de doctrinas que no sólo admiten la posibilidad de una comunicación con espíritus o con algunas personas fallecidas, sino que atribuyen a la acción de los mismos ciertos fenómenos aparentemente superiores a las fuerzas de la naturaleza. Se llama también e. a la práctica de la evocación de las almas que esperan nueva encarnación, según esas doctrinas, así como a la simple participación en las sesiones en que se intenta provocar estos fenómenos, con o sin adhesión a la doctrina espiritista.

El origen del e. se remonta a los tiempos más antiguos de la Humanidad. El culto a los muertos, practicado por los pueblos primitivos, tenía, entre otros motivos, el de impedir las influencias maléficas de los muertos en la suerte de los VIVOS (V. DIFUNTOS I; MUERTE IV). También la magia (v.) tenía por fin poner al servicio del hombre los seres invisibles, inclusive los espíritus de los muertos. Las tradiciones folklóricas de todos los tiempos son ricas en historias sobre apariciones de difuntos, que llenan a los vivos de terror. El pavor que inspiran los cadáveres, el miedo de atravesar un cementerio durante la noche, la creencia en casas embrujadas, son otros tantos reflejos de una creencia en la posibilidad de que los muertos interfieran en la existencia de los vivos. La nigromancia o arte de evocación de los muertos es practicada por muchos pueblos, antiguos y actuales; aunque estaba prohibida por la legislación mosaica, parece que tuvo también algunos cultivadores entre los israelitas, según como se traduzca e interprete el pasaje en el que parece que la pitonisa de Endor evocó al espíritu de Samuel a petición de Saúl (1 Sam 28). Es admitida también en ciertas religiones la posibilidad de que las 'almas desencarnadas' se aposenten en el cuerpo de algún hombre vivo, y por medio de él se comunique con los participantes de una reunión. La creencia en la reencarnación o metempsícosis (v.) es un elemento presente en algunas religiones, como el hinduismo (v.) y el budismo (v.). Pero fue a mediados del s. xix cuando tales creencias y prácticas se constituyeron en un verdadero sistema, bajo el nombre de espiritismo. El origen del moderno e. está unido a una modesta familia de Hydesville, localidad del estado de Nueva York. A fines de 1847 Margarita y Catalina, hijas menores de la familia Fox, afirmaron oír, todas las noches, ciertos crujidos, que parecían provenir de las más diversas partes internas de la casa. Estos ruidos también eran percibidos por la madre, que se mostraba asustada, mientras que las niñas parecían divertirse con el fenómeno.

El 31 marzo 1848 -fecha considerada como el día del nacimiento del e. moderno- las niñas indujeron al misterioso motivador de los ruidos a que diese golpes en series correspondientes a números que ellas indicaban; pedían, por ej., el número tres e inmediatamente se escuchaban tres golpes consecutivos. La madre, admirada, 'pidió entonces a los ruidos' que le dijesen la edad de sus hijas; en seguida se oyeron tres series de golpes, en números exactamente correspondientes a los años de Margarita, de Catalina y de una hija de tres años, ya fallecida. La noticia de tales acontecimientos comenzó a atraer a casa de los Fox un número continuamente creciente de curiosos. Poco a poco las dos niñas fueron ampliando las posibilidades de comunicarse con el invisible causante de los ruidos, o de los raps como los llamaban. Dieron a determinadas series de estallidos el valor de letras del alfabeto y así el supuesto interlocutor se les 'reveló' como siendo el espíritu de un antiguo inquilino de la casa, que había sido asesinado sin que jamás se hubiese descubierto al autor del crimen. La prensa comenzó a ocuparse de las ocurrencias de Hydesville, provocando acalorados debates en todos los Estados Unidos. La familia se trasladó a Rochester, pero también en la nueva residencia las niñas oían los extraños ruidos. En febrero de 1851 una comisión compuesta por tres médicos y algunos profesores de la Univ. de Búfalo examinó minuciosamente a las pequeñas, llegando a la conclusión de que los raps provenían de las junturas de los huesos en las rodillas de las niñas, y posiblemente también de otras articulaciones óseas, como las de los dedos de los pies. Durante cuarenta años las hermanas Fox viajaron por numerosos países de América y Europa dando demostraciones públicas de comunicaciones, cada vez más perfeccionadas, con los 'espíritus'. Sin embargo, en 1888 Margarita declaró públicamente que todo había sido un fraude y que se arrepentía de una falsificación que se prolongaba desde hacía cuarenta años. Dos veces hizo esta retractación: la primera a un periodista del New York Herald y la segunda ante un numeroso público reunidc en el salón de actos de la Academia de Música de Nueva York, estando presente su hermana Catalina. Declaró que como niñas ignorantes y sin preparación fueron explotadas por una persona mayor con fines lucrativos. Con estas declaraciones el movimiento espiritista parecía haber entrado en un colapso mortal. Pero un año después se divulgaba la noticia de que una de las hermanas había desmentido la primera retractación, no en público, sino en la casa de uno de los principales espiritistas y solamente ante la presencia de algunos testigos, adeptos igualmente al mismo credo.

Con esto los que creían en la autenticidad de las comunicaciones con los espíritus se dieron por satisfechos y el e. continuó difundiéndose. Nacido, pues, en los Estados Unidos fue, sin embargo, en Francia donde el e. moderno alcanzó su sistematización doctrinal. La mayor y más intensa influencia en el movimiento espiritista mundial se debe a la obra de Hippolyte Léon Denizard Rivail, más conocido por su seudónimo Allan Kardec. N. en Lyon en 1803 y, discípulo de Pestalozzi (v.), se dedicó al magisterio publicando diversos libros escolares de indudable valor didáctico. Habiendo conocido el movimiento espiritista, se dedicó el resto de su vida a publicar una serie de estudios en donde intentó dar consistencia filosófica y científica a los fenómenos espiritistas. Sus obras más conocidas son: El libro de los Espíritus (1857), Lo que es el espiritismo (1859), El libro de los mediums (1861), El evangelio según el espiritismo (1864), El cielo y el infierno (1865), El Génesis: Los milagros y las profecías (1868). M. en 1869 siendo su elogio fúnebre pronunciado por el conocido astrónomo francés Camilo Flammarion (1842-1925) que con algunas obras reforzó el prestigio del espiritismo kardecista.

La reencarnación de las almas es uno de los puntos centrales del e.; de ahí que sus representantes intenten alegar muchas razones. Argumentan, p. ej., a partir de los sueños, diciendo que serían recuerdos de hechos sucedidos en existencias anteriores. El sufrimiento solamente se explicaría como castigo de malos actos practicados en otras encarnaciones. Los niños prodigio, que con poca edad resuelven complicados problemas matemáticos, componen piezas musicales y dirigen orquestas, serían reencarnaciones de grandes matemáticos, músicos, etc. Igualmente la paramnesia, es decir, la impresión que a veces tenemos de ya haber visto lugares y personas que en realidad vemos por primera vez, se explicaría como recuerdos de existencias pasadas.

Algunos teóricos del e. relacionan su doctrina con el cristianismo y lo quieren presentar nada menos que como su expresión más genuina. Afirman que hay tres épocas en la historia de la revelación divina: la del Padre en el A. T., la del Hijo en el N. T. y la del Espíritu Santo con el advenimiento del espiritismo. El e. juzga prestar un gran servicio al cristianismo en su lucha contra el materialismo, afirmando la fe en la inmortalidad del alma no con dogmas, como hace la Iglesia, sino con hechos experimentales. Pero no admite la divinidad de Cristo; el dulce rabino de Galilea sería sólo la reencarnación de un espíritu bien adelantado y dispuesto a entrar en la esfera de los espíritus puros, y niega otros muchos dogmas. La Iglesia Católica con razón considera la adhesión al e. incompatible con su propia doctrina. Los postulados centrales del e. como el de la reencarnación y del destino indeclinable de todo individuo a un estado final de perfección, son diametralmente contrarios a la enseñanza católica sobre el carácter definitivo de una única existencia humana y sobre la posibilidad de un castigo eterno para los pecadores que mueren en la impenitencia. Sin negar teóricamente la posibilidad de una comunicación con las almas de los difuntos, la Iglesia considera la evocación de las mismas por lo menos como una irreverencia. En 1856, en carta dirigida al Episcopado mundial, y después en 24 abr. 1917, la Congregación del Santo Oficio (actualmente Cong. para la Doctrina de la Fe) prohibió a los católicos la participación en prácticas del espiritismo (v. II). V. t.: ANIMISMO; DIFUNTOS I; ESPÍRITU 11; TEOSOFÍA; HOMBRE III.

Fdo. Cristobal Aguilar.
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By cristobalaguilar at 2011-02-03
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