Martes, 26 de enero de 2010
REVELACIONES Y PROFECÍAS DE SANTA BRÍGIDA DE SUECIA ( CAPITULOS DESDE EL 15 AL 30 )

La esposa vio que uno de los santos le decía a Dios: “¿Por qué está el demonio afligiendo el alma de esta mujer que tú redimiste con tu sangre?”. El demonio contestó de inmediato diciendo: “Porque es mía por derecho”. Y el Señor dijo: “¿Con qué derecho es tuya?”. El demonio le contestó: “Hay –dijo—dos caminos. Uno que conduce al Cielo y otro al infierno. Cuando ella se topó con estos dos caminos, su conciencia y razón le dijeron que eligiera mi camino. Y como tenía libre voluntad para elegir el camino de su agrado, pensó que sería más ventajoso dirigir su voluntad hacia el pecado, y así comenzó a caminar por mi sendero. Después, la engañé con tres vicios: la gula, la codicia de dinero y la lujuria.

 

Ahora habito en su vientre y en su naturaleza. La tengo asida por cinco manos. Con una mano le cierro los ojos para que no vea cosas espirituales. Con la segunda, sujeto sus manos, de forma que no pueda hacer ninguna obra buena. Con la tercera le sostengo los pies, de manera que no camine hacia la bondad. Con la cuarta, sujeto su intelecto para que no se avergüence de pecar y, con la quinta, le sostengo el corazón para que no sienta contrición”.

 

La bendita Virgen María le dijo entonces a su Hijo: “Hijo mío, haz que diga la verdad sobre lo que quiero preguntarle”. El Hijo contestó: “Tú eres mi Madre, eres la Reina del Cielo, eres la Madre de la misericordia, el consuelo de las almas del purgatorio, la alegría de los que peregrinan por el mundo. Eres la Soberana de los ángeles, la criatura más excelente ante Dios. También eres Soberana sobre el demonio Ordénale tú misma a este demonio, Madre, y él te dirá lo que quieras”. La bendita Virgen preguntó entonces al demonio: “Dime, Satanás, ¿qué intención tenía esta mujer antes de entrar en la Iglesia?”. Satanás le contestó: “Tomó la resolución de no volver a pecar”.

 

Y la Virgen María le dijo: “Aunque su intención anterior le conducía al infierno, dime, ¿en qué dirección apunta su actual intención de alejarse del pecado?” El demonio le respondió con desgana: “La intención de abstenerse de pecar la conduce hacia el Cielo”. La Virgen María dijo: “Como tú aceptaste que era tu derecho alejarla del camino de la Santa Iglesia debido a su anterior intención, ahora es cuestión de justicia que debe ser conducida de vuelta a la Iglesia, dada su presente intención. Ahora, demonio, te voy a hacer otra pregunta: Dime ¿qué intención tiene en su actual estado de conciencia?”. El demonio le contestó: “En su mente está terriblemente contrita y arrepentida, llora por todo lo que ha hecho. Ha decidido no cometer semejantes pecados nunca más y enmendarse en todo lo que pueda”.

 

La Virgen, entonces, preguntó a demonio: ¿Podrías decirme si los tres pecados de lujuria, gula y codicia pueden existir en un corazón junto a sus tres buenas resoluciones de contrición, arrepentimiento y propósito de enmienda?”. El demonio contestó: “No”. Y la bendita Virgen dijo: “¿Me dirás, entonces, cuáles tienen que retroceder y huir de su corazón, las tres virtudes o los tres vicios que, según tú, no pueden ocupar el mismo lugar al mismo tiempo?”. El demonio replicó: “Digo que los pecados”. Y la Virgen agregó: “El camino al infierno está entonces cerrado para ella y el camino del Cielo le queda abierto”.

 

De nuevo, la bendita Virgen María inquirió al demonio: “Dime, si un ladrón acechara a las puertas de la esposa y quisiera violarla ¿qué tendría que hacer el Esposo?” Satanás contestó: “Si el Esposo es bueno y valiente, debe defenderla arriesgando su vida por el bien de ella”. Entonces, la Virgen dijo: “Tú eres el ladrón malvado. Esta alma es la esposa de mi Hijo, quien la redimió con su propia sangre. Tú la corrompiste y la atacaste a la fuerza. Por lo tanto, y puesto que mi Hijo es el Esposo de su alma y Señor sobre ti, retírate de su presencia”.

 

Explicación

 

Esta mujer era una prostituta, que después de arrepentirse quiso volver al mundo porque el demonio la molestaba día y noche, tanto que visiblemente presionaba sus ojos y, delante de muchos, la arrastraba fuera de la cama. Entonces, en la presencia de testigos fiables, la santa doña Brígida dijo abiertamente: “Márchate, demonio, has vejado ya bastante a esta criatura de Dios”. Después de dicho esto, la mujer se quedó quieta por media hora, con los ojos fijos en el suelo y, después, se levantó y dijo: “En verdad he visto al demonio en una forma abominable saliendo por la ventana y oí su voz que me decía: ‘Mujer, verdaderamente has quedado liberada”. Desde ese momento, esta mujer, ha vencido toda impaciencia, cesaron sus sórdidos pensamientos y ha venido a descansar en una buena muerte.

 

 

Palabras de Cristo a su esposa, comparando a un pecador con tres cosas: un águila, un cazador y un luchador.

 

                   Capítulo 17

 

Yo soy Jesucristo, que está hablando contigo. Soy el que estuvo en el vientre de la Virgen, verdadero Dios y hombre. Pese a que estuve en la Virgen, aún regía todo junto con el Padre. Ese hombre, que es un perverso enemigo mío, se parece a tres cosas. Primero, es como un águila que vuela por los aires mientras que otras aves vuelan por debajo; segundo, es como un cazador volatero que entona dulces melodías con una fístula embadurnada de goma pegajosa, cuyos tonos deleitan a las aves, de forma que vuelan hasta la fístula y se quedan pegadas en la goma; tercero, es como un luchador que gana todos los combates.

 

Es como un águila porque, en su orgullo, no puede tolerar que haya nadie por encima de él y hiere a cualquiera que esté a su alcance con las uñas de su malicia. Cortaré las alas de su poder y de su orgullo y eliminaré su maldad de la tierra. Le meteré en una olla inextinguible donde será eternamente atormentado, si no enmienda su camino. Es también como un cazador que atrae a todos hacia sí con la dulzura de sus palabras y promesas, pero quien se acerca a él queda atrapado en la perdición sin poder escapar. Por esta razón, las aves del infierno le picotearán los ojos para que nunca pueda ver mi gloria sino tan solo la oscuridad perpetua del infierno. Le cortarán las orejas, para que no oiga las palabras de mi boca.

 

A cambio de sus dulces palabras, le darán amargos tormentos, desde la planta de sus pies hasta la coronilla de su cabeza y resistirá tantas torturas cuantos fueron los hombres que condujo a la perdición. Es también como un luchador pendenciero, quien gusta de ser el primero en maldad, no queriendo ceder ante nadie y siempre determinado a derrotar a cualquiera. Como luchador, pues, tendrá el primer lugar en cada castigo; sus tormentos se renovarán constantemente y nunca terminarán. Aún así, mientras su alma esté unida a su cuerpo, mi misericordia permanece quieta, esperándole.

 

Explicación

 

Este fue un poderosísimo caballero que odiaba mucho al clero y acostumbraba a lanzarle insultos. La precedente revelación es sobre él, igual que la que sigue: El Hijo de Dios dice: “¡Oh, mundano caballero, pregunta a la sabiduría qué le ocurrió al soberbio Amán, que despreciaba a mi gente! ¿No fue la suya una muerte ignominiosa y una gran degradación? De igual forma, este hombre se burla de mí y de mis amigos. Por esto, lo mismo que Israel no lloró por la muerte de Amán, a mis amigos no les dolerá la muerte de este hombre. Tendrá una muerte muy amarga, si no enmienda su camino”. Y eso fue lo que pasó.

 

 

Palabras de Cristo a su esposa sobre cómo tiene que haber humildad en la casa de Dios; sobre cómo dicha casa denota la vida religiosa; sobre cómo los edificios, las limosnas y demás deben ser donados por los bienes rectamente adquiridos y sobre cómo hacer la restitución.

**************************************************

                   Capítulo 18

 

En mi casa tiene que haber tanta humildad como esa que ahora sólo recibe desprecio. Tiene que haber una fuerte pared divisoria entre los hombres y las mujeres, porque aunque Yo soy capaz de defender a cada uno y de apoyarlo, sin necesidad de pared, por precaución, y debido al merodeo del demonio, quiero un muro que separe las dos residencias. Tiene que ser una pared fuerte, pero modesta y no demasiado alta. Las ventanas tienen que ser muy sencillas y transparentes, el tejado moderadamente alto, de forma que no se vea allí nada que no indique humildad.

 

Los hombres que, hoy día, edifican casas para mí son como constructores magistrales que llevan por los pelos al Señor de la casa y, cuando entra, le pisotean los pies. Elevan el barro muy alto y colocan el oro por debajo. Eso es lo que hacen conmigo. Construyen barro, o sea, acumulan bienes temporales y perecederos hasta el Cielo mientras que descuidan a las almas, que para mí son más preciadas que el oro. Cuando intento ir hacia ellos a través de mis prédicas o mediante buenos pensamientos, me agarran por los pelos y me pisotean, o sea, me atacan con blasfemias y consideran mis trabajos y palabras tan despreciables como el barro. Se creen así mucho más sabios.

 

Si quisieran construir algo para mí y para mi gloria, lo primero que harían sería construir sus propias almas. Quien construya mi casa ha de tener máximo cuidado de no dejar que entre un solo céntimo que no haya sido recta y justamente adquirido para destinarlo al edificio. Hay muchas personas que saben que poseen bienes conseguidos ilícitamente y no se apenan por ello, ni tienen intención de restituir y satisfacer sus robos y estafas, pese a que podrían hacerlo si quisieran. Sin embargo, como saben que no pueden mantener estas cosas para siempre, le dan una parte de sus bienes mal adquiridos a las Iglesias, como si me pudieran aplacar por su donación. Las posesiones legítimas se las reservan a sus descendientes. Esto no me agrada nada.

 

Una persona que desee complacerme con sus donaciones tiene que tener, ante todo, el deseo de enmendar su camino y después hacer todo el bien que pueda. Debe lamentarse y llorar por el mal que haya hecho y restituirlo, si puede. Si no puede, debe tener la intención de hacer restitución de sus bienes fraudulentamente adquiridos. Entonces, tiene que cuidarse de no volver a cometer dichos pecados. Si la persona a la que tiene que restituir sus bienes mal adquiridos ya no está viva, entonces me puede hacer a mí la donación, que a todos puedo devolverles el pago. Si no puede restituirlos, siempre que se humille ante mí con un propósito de enmienda y un corazón contrito, tengo los medios de hacer la restitución y, bien ahora o en el futuro, restaurar su propiedad a todos aquellos que hubieren sido estafados.

 

Te explicaré el significado de la casa que quiero construir. La casa es la vida religiosa. Yo soy el Creador de todas las cosas, a través de quien todo se ha hecho y existe, soy su fundamento. Hay cuatro paredes en esta casa. La primera es la justicia por la cual juzgo a los que son hostiles a esta casa. La segunda pared es la sabiduría, por la cual ilumino a sus habitantes con mi conocimiento y comprensión. La tercera es el poder mediante el cual los fortalezco contra las maquinaciones del demonio. La cuarta pared es mi misericordia, que acoge a cualquiera que la pida. En esta pared está la puerta de la gracia, a través de la cual, todos los buscadores son bienvenidos. El tejado de la casa es la caridad, mediante la cual cubro los pecados de aquellos que me aman, de forma que no sean sentenciados por sus faltas. El tragaluz del techo, por el que entra el sol, es la consideración de mi gracia.

 

A través de él se introduce en los habitantes el candor de mi divinidad. Que la pared sea grande y fuerte significa que nadie puede debilitar mis palabras ni destruirlas. Que debería ser moderadamente alta significa que mi sabiduría puede ser entendida y comprendida en parte, pero nunca completamente. Las ventanas sencillas y transparentes refieren que mis palabras son simples y, aún así, llega al mundo, a través de ellas, la luz del conocimiento divino. El tejado moderadamente alto significa que mis palabras no deben manifestarse de manera incomprensible o inalcanzable, sino en forma comprensible e inteligible.

 

 

Palabras del Creador a la esposa acerca del esplendor de su poder, la sabiduría y la virtud, y sobre cómo aquellos que ahora se dicen que son sabios son los que más pecan contra Él.

 

                   Capítulo 19

 

Yo soy el Creador del Cielo y la tierra. Tengo tres cualidades. Soy el más poderoso, el más sabio y el más virtuoso. Soy tan poderoso que los ángeles me honran en el Cielo, y en el infierno los demonios no se atreven a mirarme. Todos los elementos responden a mis órdenes y llamada. Soy tan sabio que nadie consigue alcanzar mi conocimiento. Mi sabiduría es tal que sé todo lo que ha sido y lo que será. Soy tan racional que ni siquiera la más mínima cosa, ni un gusano ni ningún otro animal, por deforme que parezca, se ha hecho sin causa. También soy tan virtuoso que todo el bien emana de mí como de un manantial abundante, y toda la dulzura viene de mí como de una buena viña.

 

Sin mí, nadie puede ser poderoso, nadie es sabio, nadie es virtuoso. Por esto, los hombres poderosos del mundo pecan contra mí en exceso. Les he dado fuerza y poder para que puedan honrarme, pero se atribuyen el honor a sí mismos, como si lo hubieran obtenido por sí mismos. Los desgraciados no consideran su imbecilidad. Si les enviara la más mínima enfermedad, ellos inmediatamente se derrumbarían y todo para ellos perdería su valor. ¿Cómo, pues, van a ser capaces de soportar mi poder y los castigos de la eternidad? Pero aquellos que ahora se dicen sabios, pecan aún más contra mí. Porque les di el sentido, el entendimiento y la sabiduría, para que me amaran, pero lo único que entienden es su propio provecho temporal. Tienen ojos en su cara, pero tan sólo miran a sus propios placeres.

 

Están ciegos hasta para darme las gracias a mí, que les he dado todo, pues nadie, ni bueno ni malo, puede percibir o comprender nada sin mí, aún cuando permita a los malvados inclinar su voluntad hacia lo que desean. Tampoco nadie puede ser virtuoso sin mí. Ahora podría usar un proverbio común: ‘Todos desprecian al hombre paciente’. Debido a mi paciencia, todos creen que soy un pobre fatuo y es por esto que me miran con desprecio. ¡Pero pobre de ellos cuando, después de tanta paciencia, les haga su sentencia! Ante mí serán como fango que se desliza hacia las profundidades sin parar, hasta llegar a la parte más baja del infierno.

 

 

Grato diálogo entre la Virgen Madre y el Hijo y entre ellos con la esposa, y acerca de cómo la novia se tiene que preparar para la boda.

 

                   Capítulo 20

 

Apareció la Madre diciéndole al Hijo: “Eres el Rey de la gloria, Hijo mío, eres el Señor de todos los señores, tú creaste el Cielo y la tierra y todo lo que hay en ellos. ¡Sean cumplidos todos tus deseos, hágase toda tu voluntad!”. El Hijo respondió: “Hay un antiguo proverbio que dice: ‘lo que se aprende en la juventud se retiene hasta la vejez’. Madre, desde tu juventud aprendiste a seguir mi voluntad y a someter todos tus deseos a mí. Tú has dicho correctamente: ‘¡Hágase tu voluntad!’. Eres como oro precioso que se extiende y machaca sobre el duro yunque, porque tú has sido golpeada por todo tipo de tribulación y has sufrido en mi pasión más que todos los demás.

 

Cuando, por la vehemencia de mi dolor en la cruz, mi corazón se partió, esto hirió tu corazón como afiladísimo acero. Hubieras deseado ser cortada en dos, de haber sido esa mi voluntad. Aún, si hubieras tenido la capacidad de oponerte a mi pasión y hubieras demandado que me fuera permitido vivir, no habrías querido obtener esto de ninguna manera que no fuera acorde con mi voluntad. Por esta razón, has hecho bien al decir: ‘¡Hágase tu voluntad!’”.

 

Entonces María le dijo a la esposa: “Esposa de mi Hijo, ámalo, porque Él te ama. Honra a sus santos, que están en su presencia. Son como estrellas incontables, cuya luz y esplendor no se puede comparar con ninguna luz temporal. Así como la luz del mundo es distinta de la oscuridad, igual –pero mucho más—ocurre con la luz de los santos, que difiere de la luz de este mundo. Te diré ciertamente que, si los santos fueran vistos claramente, como son, ningún ojo humano lo podría soportar sin verse privado de su vista corporal”.

 

Entonces, el Hijo de la Virgen habló con su esposa diciendo: “Esposa mía, debes tener cuatro cualidades. Primero, tienes que estar preparada para la boda de mi divinidad, donde no hay deseo carnal sino solo el más suave placer espiritual, de la clase que es propio que Dios tenga con un alma casta. De esta forma, ni el amor por tus hijos, ni los bienes temporales, ni el afecto de tus parientes te debe separar de mi amor. No dejes que te pase lo que a aquellas vírgenes fatuas que no estaban preparadas cuando el Señor quiso invitarlas a la boda y se quedaron fuera. Segundo, has de tener fe en mis palabras.

 

Como soy la verdad, nada sino la verdad sale de mis labios, y nadie puede encontrar en mis palabras otra cosa que la verdad. A veces lo que digo tiene un sentido espiritual y otras veces se ajusta a la letra de la palabra, en cuyo caso mis palabras tienen que entenderse según su sentido literal. Por lo tanto, nadie me puede acusar de mentir. En tercer lugar, has de ser obediente para que no haya ni un solo miembro de tu cuerpo por el que hagas el mal, y para que no se someta a la correspondiente penitencia y reparación. Aunque soy misericordioso, no dejo de lado la justicia.

 

Por ello, obedece humildemente y con agrado a aquellos a los que estás sujeta a obedecer, de forma que no hagas ni lo que te parecería útil y razonable, si es que esto va contra la obediencia. Es mejor renunciar a tu propia voluntad por la obediencia, aún si su objetivo es bueno, y ajustarte a la obediencia de tu director, siempre y cuando no vaya contra la salvación de tu alma ni sea irracional. En cuarto lugar, debes ser humilde porque estás unida en un matrimonio espiritual. Por ello, tienes que ser humilde y modesta cuando llegue tu marido. Que tu sirviente sea moderado y refrenado, o sea, que tu cuerpo practique la abstinencia y esté bien disciplinado, porque vas a portar la semilla de un retoño espiritual para el bien de muchos. De la misma forma que al insertar un brote en un tallo árido el tallo comienza a florecer, tú debes portar frutos y florecer por mi gracia. Y mi gracia te embriagará, y toda la corte celestial se regocijará por el dulce vino que te he de dar.

 

No desconfíes de mi bondad. Te aseguro que, al igual que Zacarías e Isabel se regocijaron en sus corazones con un gozo indescriptible por la promesa de un futuro hijo, tú también te regocijarás por la gracia que te quiero dar y, a la vez, otros se alegrarán a través de ti. Fue un ángel quien habló con los dos, Zacarías e Isabel, pero soy Yo, Dios Creador de los ángeles y de ti, quien te habla ahora. Por mi bien, aquellos dieron nacimiento a mi más querido amigo, Juan. A través de ti, quiero que me nazcan muchos niños, no de carne sino de espíritu. En verdad, Juan fue como una caña llena de dulzura y miel, pues nada impuro entró jamás en su boca ni jamás traspasó los límites de la necesidad para obtener lo que necesitaba para vivir. Nunca salió semen de su cuerpo, por lo que bien se puede llamar ángel y virgen”.

 

 

Palabras del Esposo a su esposa recurriendo a una alegoría sobre un hechicero, para ilustrar y explicar lo que es el demonio.

 

                   Capítulo 21

 

El Esposo, Jesús, habló a su esposa en alegorías, empleando el ejemplo de un sapo. Dijo: “Cierto hechicero tenía un oro finísimo y reluciente. Un hombre sencillo y de modestos modales vino a él y le quiso comprar el oro. El hechicero le dijo ‘No conseguirás este oro a menos que me des un oro mejor y en mayor cantidad’. El hombre contestó: ‘Deseo tanto tu oro que te daré lo que quieras antes que quedarme sin él’. Después de darle al hechicero un oro mejor y en mayor cantidad, se llevó el oro reluciente que éste tenía y lo guardó en una maleta, planeando hacerse un anillo para el dedo. Al poco tiempo, el hechicero fue a ver al hombre y le dijo: ‘El oro que compraste y guardaste en tu maleta no es oro, como crees, sino un sapo feo, que se ha alimentado a mis pechos y comido de mi alimento.

 

Y, para testar la verdad de la cuestión, abre la maleta y verás cómo el sapo saltará a mi pecho, del que se alimentó’. Cuando el hombre trataba de abrir la maleta para averiguar, pudo ver a un sapo dentro de ésta, que ya tenía cuatro goznes a punto de romperse. Al abrir la cerradura de la maleta, el sapo vio al hechicero y saltó a su pecho. Los sirvientes y amigos del hombre vieron esto y le dijeron: ‘Maestro, su oro está dentro del sapo y, si lo desea, fácilmente puede conseguir el oro’. ‘¿Cómo?’ –`preguntó-- ¿Cómo podré? Ellos dijeron: ‘Si alguien tomara un bisturí afilado y calentado y lo insertara en el lomo del sapo, enseguida saldría el oro de esa parte del lomo en la que hay un agujero. Si no pudiera encontrar el agujero, entonces, tendrá que hacer todo lo posible para insertar el bisturí firmemente en esa parte y así es como conseguirá recuperar lo que compró’.

 

¿Quién es el hechicero sino el demonio, persuadiendo a las personas hacia los fatuos placeres y glorias? Él asegura que lo que es falso es verdad y hace que lo verdadero parezca falso. Él posee ese oro precioso, es decir el alma, que –mediante mi divino poder—hice más preciosa que todas las estrellas y planetas. Yo la hice inmortal y estable y más deliciosa para mí que todo el resto de la creación. Preparé para ella un eterno lugar de descanso y morada junto a mí. La arrebaté del poder del demonio con un oro mejor y más caro, al darle mi propia carne inmune a todo pecado, resistiendo una pasión tan amarga que ninguno de los miembros de mi cuerpo quedó ileso.

 

Puse al alma redimida en una maleta hasta el momento en el que le diera un lugar en la corte de mi divina presencia. Ahora, sin embargo, el alma humana redimida se ha convertido en un sapo torpe y feo, brincando en su soberbia y viviendo en el fango de su lujuria. El oro, es decir, mi propiedad por derecho, me ha sido arrebatado. Por ello el demonio aún me puede decir: ‘El oro que compraste no es oro sino un sapo, alimentado a los pechos de mis placeres. Separa el cuerpo del alma y verás como éste vuela derecho al pecho de mi deleite, donde se alimentó’.

 

Mi respuesta a él es esta: ‘Puesto que el sapo el horrible para ser mirado, horrible para ser oído, venenoso para ser tocado y en nada me agrada pero a ti sí, a cuyos pechos se alimentó, entonces puedes quedártelo, pues tienes derecho a ello. Así, cuando se abre la cerradura, o sea, cuando el alma se separa del cuerpo, ésta volará directamente a ti, para quedarse contigo eternamente’. Tal es el alma de la persona que te estoy describiendo. Es como un sapo maligno, lleno de inmundicia y lujuria, alimentado a los pechos del demonio.

 

Ahora hablaré de la maleta, es decir, del cuerpo de esa alma, por la muerte que le sobreviene. La maleta se sujeta por cuatro goznes que están a punto de romperse, en el sentido de que su cuerpo se mantiene por las cuatro cosas que son: fuerza, belleza, sabiduría y visión, las cuales están ahora empezando a fallarle. Cuando el alma se separe del cuerpo, volará derecha al demonio de cuya leche se alimentó, porque se ha olvidado de mi amor al haber cargado yo, por su bien, con el castigo que mereció. No repone mi amor con amor sino que, en su lugar, me arrebata la posesión que me corresponde. Me debe más a mí que a nadie, pero encuentra mayor placer en el demonio.

 

El sonido de su oración es, para mí, como la voz de un sapo, su aspecto me resulta detestable. Sus oídos no escuchan mi gozo, su corrompido sentido del tacto nunca sentirá mi divinidad. Sin embargo, como soy misericordioso, si alguien quisiera tocar su alma, aunque sea impura, y examinarla para ver si hay alguna contrición o algún bien en su voluntad, si alguien quisiera introducir en su mente un bisturí afilado y caliente, es decir, el temor de mi estricto juicio, aún podría esta alma obtener mi gracia, siempre y cuando él consintiera. Si no hubiera contrición ni caridad en él, aún podría haber alguna esperanza, en el caso de que alguien lo perforara con una afilada corrección y lo castigara fuertemente, porque, mientras el alma vive en el cuerpo, mi misericordia está abierta a todos.

 

Date cuenta de que Yo morí por amor y nadie me compensa con amor, sino que se apoderan de lo que, en justicia, es mío. Sería justo que la persona mejorase su vida en proporción al esfuerzo que costó redimirla. Sin embargo, ahora la gente quiere vivir lo peor, en proporción al dolor que sufrí redimiéndoles. Cuanto más les muestro lo abominable de su pecado, más osadamente le lanzan a pecar. Mira, pues, y considera que no sin motivo estoy enojado. Se las arreglan para cambiar por sí mismos mi buena voluntad en enfado. Los redimí del pecado y ellos se enredan cada vez más en el pecado. Por ello, esposa mía, dame lo que estás obligada a darme, es decir, mantén tu alma limpia para mí porque yo morí por ella para que tú pudieras mantenerte pura para mí”.

 

 

La amable pregunta de la Madre a la esposa, humilde respuesta de la esposa a la Madre, la útil réplica de la madre a la esposa y sobre el progreso de las buenas personas entre los malvados.

 

                   Capítulo 22

 

La madre habló a la esposa de su Hijo diciéndole: “Tú eres la esposa de mi Hijo. Dime, ¿qué es lo que hay en tu mente y qué es lo que desearías?” La esposa respondió: “Señora mía, tú lo sabes, porque tú lo sabes todo”. La bendita Virgen agregó: “Aunque yo lo sepa todo, me gustaría que me lo dijeras en presencia de estas personas que te escuchan”. La novia dijo: “Señora mía, temo dos cosas. Primero –dijo— temo no lamentarme ni enmendarme por mis pecados tanto como desearía. Segundo, estoy triste porque tu Hijo tiene muchos enemigos”.

 

La Virgen María contestó: “Te daré tres remedios para la primera preocupación. En primer lugar, piensa en cómo todos los seres que tienen espíritu, como las ranas o cualquier otro animal, de vez en cuando tienen problemas, incluso cuando sus espíritus no son eternos sino que mueren con sus cuerpos. Sin embargo, tu espíritu y toda alma humana vive para siempre. Segundo, piensa en la misericordia de Dios, porque no hay nadie que, por muchos pecados que tenga, no sea perdonado si tan sólo reza con contrición y con la intención de mejorar. Tercero, piensa cuánta gloria consigue el alma cuando vive con Dios y en Dios eternamente.

 

Te voy a dar también tres remedios para tu segunda preocupación sobre lo abundantes que son los enemigos de Dios. Primero, considera que tu Dios y Creador y el de ellos es también su Juez, y que ellos nunca le volverán a sentenciar, aunque soportó pacientemente su maldad durante un tiempo. Segundo, recuerda que ellos son los hijos de la infamia, y piensa en lo duro e insoportable que será para ellos arder eternamente. Son siervos tan pésimos que se quedarán sin herencia, mientras que los buenos hijos sí la recibirán. Pero tal vez te preguntes: ‘¿Nadie, entonces, ha de predicar para ellos?’ ¡Claro que sí!

 

Recuerda que, muy a menudo, las buenas personas se mezclan con los perversos y que los hijos adoptivos a veces se alejan de los buenos, como el hijo pródigo que se marchó a una tierra lejana y llevó una vida de perdición. Pero, a veces lo predicado revierte su conciencia y ellos vuelven al Padre, y yo les acepto como antes de pecar. Así que se debe predicar especialmente para ellos porque, aunque un predicador pueda encontrar sólo gente perversa a su alrededor, debe pensar en sus adentros: ‘Tal vez haya algunos entre ellos que se volverán hijos de mi Señor. Por ello, predicaré para ellos’. Ese predicador será muy premiado.

 

En tercer lugar, considera que a los malvados se les permite continuar viviendo como prueba para los malos, para que ellos, exasperados por lo hábitos de los perversos, puedan conseguir su remuneración como fruto de su paciencia. Esto lo podrás entender mejor por medio de un ejemplo. Una rosa desprende un agradable aroma, es bella para la vista y suave para el tacto, pero crece entre espinas que pinchan si las tocas, son feas a la vista y no desprenden ningún buen olor. Igualmente, las personas buenas y rectas, pese a que pueden ser agradables por su paciencia, bellas por su carácter y suaves por su buen ejemplo, aún no pueden progresar ni ser puestas a prueba a menos que estén entre los malvados.

 

La espina es, a veces, la protección de la rosa, de forma que nadie la arranque en plena floración. Igualmente, los malvados ofrecen a los buenos la ocasión de no seguirles en el pecado cuando, debido a la maldad de otros, los justos se reprimen ante la ruina a que les llevaría una inmoderada alegría o cualquier otro pecado. El vino no mantiene su calidad excepto entre excrementos y tampoco las personas buenas y Justas pueden mantenerse firmes en el avance hacia la virtud sin ser puestas a prueba mediante tribulaciones y siendo perseguidas por los injustos. Por ello, soporta con alegría a los enemigos de mi Hijo. Recuerda que Él es su Juez y, si la justicia demandara que Él los destruyera por completo, acabaría con ellos en un instante. ¡Toléralos, pues, tanto como Él los toleró!”.

 

 

Palabras de Cristo a su esposa describiendo a un hombre que no es sincero, sino enemigo de Dios, y especialmente sobre su hipocresía y sus características.

 

                   Capítulo 23

 

La gente lo ve como a un hombre bien vestido, fuerte y digno, activo en la batalla del Señor. Sin embargo, cuando se quita el casco, es repugnante de mirar e inútil para cualquier trabajo. Aparece su cerebro desnudo, tiene las orejas en la frente y los ojos en la parte trasera de su cabeza. Su nariz está cortada. Sus mejillas están hundidas, como las de un hombre muerto. En su lado derecho, su pómulo y la mitad de sus labios han caído por completo, o sea, que no queda nada en la derecha excepto su garganta descubierta. Su pecho está plagado de gusanos; sus brazos son como un par de serpientes.

 

Un maligno escorpión se sienta en su corazón; su espalda parece carbón quemado. Sus intestinos apestan a podrido, como la carne llena de pus, sus pies están muertos y son inútiles para caminar. Ahora te diré lo que todo esto significa. Por fuera es el tipo de hombre que parece ataviado de buenos hábitos y de sabiduría, y activo en mi servicio, pero no es así realmente. Porque si se le quita el casco de la cabeza, es decir, si la gente lo viera como es, sería el hombre más feo de todos. Su cerebro está desnudo, tanto que la fatuidad y frivolidad de sus maneras son signos suficientemente evidentes, para los hombres buenos, de que éste es indigno de tanto honor.

 

Si se conociera mi sabiduría, se darían cuenta de que cuanto más se eleva él en su honor sobre los demás, mucho más que los demás debiera él cubrirse de austeros modales. Sus orejas están en su frente porque, en lugar de la humildad que debiera tener por su alto rango y que debiera dejar brillar para otros, él tan solo quiere recibir halagos y gloria. En su lugar, él pone el orgullo y es por esto que quiere que todos le llamen grande y bueno. Tiene ojos en el cogote, porque todo su pensamiento está en el presente, y no en la eternidad. Él piensa en cómo complacer a los hombres y en sobre lo que se requiere para las necesidades del cuerpo, pero no en cómo complacerme a mí, ni en lo que es bueno para las almas.

 

Su nariz está cortada, tanto que ha perdido la discreción mediante la cuál podría distinguir entre pecado y virtud, entre la gloria temporal y eterna, entre las riquezas mundanas y eternas, entre los placeres breves y los eternos. Sus mejillas están hundidas, o sea, todo su sentido de vergüenza en mi presencia, junto con la belleza de las virtudes por las cuales podría complacerme, han muerto por completo al menos en lo que a mí respecta. Tiene miedo de pecar por miedo de la vergüenza humana, pero no por miedo de mí. Parte de su pómulo y labios han caído, sin que le quede nada salvo la garganta, porque la imitación de mis trabajos y la predicación de mis palabras, junto con la oración sentida desde el corazón, se han derrumbado en él, por lo que no le queda nada salvo su garganta glotona. Pero él encuentra, en la imitación de lo depravado y en el involucrarse en asuntos mundanos, algo a la vez saludable y atractivo.

 

Su pecho está plagado de gusanos porque, en él, donde debiera estar el recuerdo de mi pasión y la memoria de mis obras y mandamientos, tan solo hay preocupación por asuntos temporales y deseos mundanos. Los gusanos han corroído su conciencia, de forma que ya no piensa en cosas espirituales. En su corazón, donde a mí me gustaría morar y donde debería residir mi amor, reside un maligno escorpión de cola venenosa y rostro insinuante. Esto es porque de su boca salen palabras seductoras y aparentemente sensibles, pero su corazón está lleno de injusticia y falsedad, porque no le importa si la Iglesia a la que representa se destruye, mientras él pueda seguir adelante con su voluntad egoísta.

 

Sus brazos son como serpientes porque, en su perversidad, alcanza a los simples y los atrae hacia sí con simplicidad, pero, cuando se acomodan a sus propósitos, los desahucia como a pobres desgraciados. Lo mismo que una serpiente, se enrosca sobre sí escondiendo su malicia e iniquidad, de tal forma que difícilmente se pueda detectar su artificio. A mi vista él es como una vil serpiente porque, igual que la serpiente es más odiosa que cualquier otro animal, él también es para mí el más deforme de todos, en la medida en que reduce a nada mi justicia y me considera como alguien reacio a infligir castigos.

 

Su espalda es como el carbón negro, aunque debiera ser como el marfil, pues sus obras deberían ser más valientes y puras que las de otros, para apoyar a los débiles con su paciencia y ejemplo de buena vida. Sin embargo, es como el carbón porque, también él, es débil para resistir una sola palabra que me glorifique, a menos que le beneficie a él. Aún así se cree valiente con respecto al mundo. En consecuencia, aunque él crea que se mantiene recto caerá en la misma medida de su deformidad y privado de vida, como el carbón, ante mí y mis santos.

 

Sus intestinos apestan porque, ante mí, sus pensamientos y afectos huelen a carne podrida, cuyo hedor nadie puede soportar. Ninguno de los santos lo puede soportar. Al contrario, todos alejan su cara de él y exigen que se le aplique una sentencia. Sus pies están muertos, porque sus dos pies son sus dos disposiciones en relación conmigo, o sea, el deseo de enmienda por sus pecados y el deseo de hacer el bien. Sin embargo, estos pies están muertos en él porque la médula del amor se ha consumido en él y no le queda nada más que los huesos endurecidos. Es en esta condición que está ante mí. Sin embargo, mientras su alma permanezca en su cuerpo podrá obtener mi misericordia.

 

Explicación

 

San Lorenzo se apareció diciendo: “Cuando yo estuve en el mundo tenía tres cosas: continencia conmigo mismo, misericordia con mi prójimo, caridad con Dios. Por esto, prediqué la palabra de Dios celosamente, distribuí los bienes de la Iglesia con prudencia, y soporté azotes, fuego y muerte con alegría. Pero este obispo resiste y camufla la incontinencia del clero, gasta liberalmente los bienes de la Iglesia en los ricos, y muestra la caridad hacia sí y hacia lo suyo. Por lo tanto, declaro para él que una nube luminosa ha ascendido al Cielo, ensombrecida por llamas oscuras, de tal forma que muchos no la pueden ver.

 

Esta nube es el ruego de la Madre de Dios para la Iglesia. Las llamas de la avaricia y de la ausencia de piedad y de justicia la ensombrecen, de tal manera que la amable misericordia de la Madre de Dios no puede entrar en los corazones de los oprimidos. Por ello, que el arzobispo vuelva rápidamente a la caridad divina corrigiéndose, aconsejando a sus subordinados de palabra y de obra, y animándolos a mejorar. Si no lo hace sentirá la mano del Juez, y su Iglesia diocesana será purgada a fuego y espada, y afligida por la rapiña y la tribulación, tanto que pasará mucho tiempo sin que nadie la pueda consolar”.

 

 

Palabras de Dios Padre a la Corte Celestial, y la respuesta del Hijo y la Madre al Padre, solicitando gracia para su Hija, la Iglesia.

 

                   Capítulo 24

 

Habló el Padre, mientras atendía toda la Corte Celestial, y dijo: “Ante vosotros expongo mi queja porque he desposado a mi Hija con un hombre que la atormenta terriblemente, ha atado sus pies a una estaca de madera y toda la médula se le sale por abajo”. El Hijo le respondió: “Padre, Yo la redimí con mi sangre y la acepté por Esposa, pero ahora me ha sido arrebatada a la fuerza”. Entonces habló la Madre, diciendo: “Eres mi Dios y Señor. Mi cuerpo portó los miembros de tu bendito Hijo, que es el verdadero Hijo tuyo y el verdadero Hijo mío. No le negué nada en la tierra. Por mis súplicas, ¡ten misericordia de tu Hija!”. Después de esto, hablaron los ángeles, diciendo: “Tú eres nuestro Señor.

 

En ti poseemos todo lo bueno y no necesitamos nada más que tú. Cuando tu Esposa salió de ti, todos nos alegramos. Pero ahora tenemos razones para estar tristes, porque ha sido arrojada en manos del peor de los hombres, quien la ofende con todo tipo de insultos y abusos. Por ello, apiádate de ella por tu gran misericordia, pues se encuentra en una extrema miseria, y no hay nadie que pueda consolarla ni liberarla excepto tú, Señor, Dios todopoderoso”. Entonces, el Padre respondió al Hijo, diciendo: “Hijo, tu angustia es la mía, tu palabra es la mía y tus obras son las mías. Tú estás en mí y Yo estoy en ti, inseparablemente. ¡Hágase tu voluntad!”. Después, le dijo a la Madre del Hijo: “Por no haberme negado nada en la tierra, tampoco yo te niego nada en el Cielo. Tu deseo debe ser satisfecho”. A los ángeles les dijo: “Sois mis amigos y la llama de vuestro amor arde en mi corazón. Por vuestras plegarias, tendré misericordia de mi Hija”.

 

 

Palabras del Creador a la esposa sobre cómo su justicia mantiene a los malvados en la existencia por una triple razón.

 

                   Capítulo 25

 

Yo soy el Creador del Cielo y la tierra. Te preguntabas, esposa mía, por qué soy tan paciente con los malvados. Esto se debe a que soy misericordioso. Mi justicia los aguanta por una razón triple y también por una razón triple mi misericordia los mantiene. En primer lugar, mi justicia los aguanta de forma que su tiempo se complete hasta el final. Podrías preguntar a un rey justo por qué tiene a algunos prisioneros a quienes no condena a muerte, y su respuesta sería: ‘Porque aún no ha llegado el tiempo de la asamblea general de la corte, en la que pueden ser oídos, y donde aquellos que los oyen pueden tomar mayor conciencia’.

 

De forma parecida, Yo tolero a los malvados hasta que llega su tiempo, de manera que su maldad pueda ser conocida por otros también ¿No previne ya la condena de Saúl mucho antes de que se diera a conocer a los hombres? Lo toleré durante largo tiempo para que su maldad pudiera ser mostrada a otros. La segunda razón es que los malvados hacen algunos buenos trabajos, por los cuales han de ser compensados hasta el último céntimo. De esta forma, ni el mínimo bien que hayan hecho por mí quedará sin recompensa y, consiguientemente, recibirán su salario en la tierra. En tercer lugar, los aguanto para que se manifieste así la gloria y la paciencia de Dios. Es por esto que toleré a Pilatos, Herodes y Judas, pese a que iban a ser condenados. Y si alguien preguntara por qué tolero a tal o cual persona, que se acuerde de Judas y de Pilatos.

 

Mi misericordia mantiene a los malvados también por una triple razón. Primero, porque mi amor es enorme y el castigo es eterno y muy largo. Por eso, debido a mi gran amor, los tolero hasta el último momento para que se retrase su castigo lo más posible en la extensa prolongación del tiempo. En segundo lugar, es para permitir que su naturaleza sea consumida por los vicios, pues experimentarían una muerte temporal más amarga si tuvieran una constitución joven. La juventud padece una mayor y más amarga agonía en la hora de la muerte. En tercer lugar, por la mejora de las buenas personas y la conversión de algunos de los malvados. Cuando las personas buenas y rectas son atormentadas por los perversos, esto beneficia a los buenos y justos, pues les permite resistirse a pecar o conseguir un mayor mérito.

 

Igualmente, los malvados a veces tienen un efecto positivo en otras personas perversas. Cuando éstos últimos reflexionan sobre la caída y maldad de los primeros, se dicen a sí mismos: ‘¿De qué nos sirve seguir sus pasos?’ Y: ‘Si el Señor es tan paciente será mejor que nos arrepintamos’. De esta forma, a veces vuelven a mí porque se atemorizan de hacer lo que hacen los otros y, además, su conciencia les dice que no deben hacer ese tipo de cosas. Se dice que, si una persona ha sido picada por un escorpión, se puede curar cuando se le unte aceite en el que haya muerto otro alacrán. De forma parecida, a veces una persona malvada que ve a otro caer puede verse aguijoneado por el remordimiento, y curado, al reflexionar sobre la maldad y vanidad del otro.

 

 

Palabras de alabanza a Dios de la Corte Celestial; sobre cómo habrían nacido los niños si nuestros primeros padres no hubieran pecado; sobre cómo Dios mostró sus milagros a través de Moisés y, después, por sí mismo a nosotros con su propia venida; sobre la perversión del matrimonio corporal en estos tiempos y sobre las condiciones del matrimonio espiritual.

 

                   Capítulo 26

 

La Corte Celestial fue vista ante Dios. Toda la Corte dijo: “¡Alabado y honrado seas, Señor Dios, tú que eres, eras y serás sin fin! Somos tus servidores y te ofrecemos una triple alabanza y honor. Primero, porque nos creaste para que gozásemos contigo y nos diste una luz indescriptible en la que regocijarnos eternamente. Segundo, porque todas las cosas han sido creadas y son mantenidas en tu bondad y constancia, y todas las cosas permanecen a tu conveniencia y se someten a su palabra. Tercero, porque creaste a la humanidad y adoptaste una naturaleza humana por su bien.

 

Nos regocijamos grandemente por esa razón, y también por tu castísima Madre, que fue hallada digna de engendrarte a ti, a quien los Cielos no pueden contener ni limitar. Por ello, por medio del rango angélico que tú has exaltado en honor, ¡que tu gloria y bendiciones se viertan sobre todas las cosas! ¡Que tu inagotable eternidad y constancia sea sobre todo lo que pueda ser y permanecer constante! Sólo tú, Señor, has de ser temido por tu gran poder, sólo tú has de ser deseado por tu gran caridad, sólo tú has de ser amado por tu constancia. ¡Alabado seas sin fin, incesantemente y para siempre!”. Amén.

 

El Señor respondió: “Me honráis dignamente por toda la creación. Pero, decidme, ¿por qué me alabáis por la raza humana, que me ha provocado más indignación que ninguna criatura? La hice superior a las criaturas menores y por ninguna he sufrido tanta indignidad como por la humanidad, ni he redimido a ninguna a tan alto precio. ¿Qué criatura, aparte del ser humano, no se conduce por su orden natural? Me causa más problemas que las demás criaturas. Igual que os creé a vosotros, para alabarme y glorificarme, hice a Adán para que me honrara. Le di un cuerpo para que fuera su templo espiritual, y coloqué en él un alma como la de un bello ángel, porque el alma humana es de virtud y fuerza angélica. En ese templo, Yo, su Dios y Creador, era el tercer acompañante, para que él disfrutara y se deleitara en mí. Después le hice un templo similar de su costilla.

 

Ahora, esposa mía, para quien hemos ordenado todo esto, puedes preguntar: ‘¿Cómo hubieran tenido hijos si no hubieran pecado?’ Te diré: La sangre del amor hubiera sembrado su semilla en el cuerpo de la mujer sin ninguna lujuria vergonzosa, mediante el amor divino, el afecto mutuo y el intercambio sexual, en el que ambos habrían ardido, uno por el otro, y así la mujer fecundaría. Una vez concebido el hijo, sin pecado ni placer lujurioso, Yo habría enviado un alma de mi divinidad dentro de él y ella habría engendrado al hijo y lo habría parido sin dolor. El niño habría nacido inmediatamente perfecto, como Adán. Pero él despreció este privilegio al consentir al demonio y codiciar una mayor gloria de la que yo le hubiera proporcionado.

 

Tras su acto de desobediencia, mi ángel vino a ellos y ellos se avergonzaron de su desnudez. En ese momento, experimentaron la concupiscencia de la carne y sufrieron hambre y sed. También me perdieron. Antes me tenían, no sentían hambre, ni deseo carnal, ni vergüenza, y sólo Yo era todo su bien, su placer y perfecto deleite. Cuando el demonio se alegró por su perdición y caída, me conmoví de ellos con dolor y no los abandoné sino que les mostré una triple misericordia. Vestí su desnudez, les di pan de la tierra y, a cambio de la sensualidad que el demonio generó en ellos tras su acto de desobediencia, infundí almas en su semilla a través de mi divino poder.

 

También convertí todo lo que el demonio les sugirió en algo para su bien. Después les mostré cómo vivir y cómo hacerse dignos de mí. Les di permiso para tener relaciones lícitas y lo hubiera hecho antes, pero ellos estaban paralizados de miedo y temerosos de unirse sexualmente. Igualmente, cuando Abel fue muerto, y estuvieron condolidos largo tiempo manteniendo abstinencia, fui movido a compasión y los conforté. Cuando se les hizo saber mi voluntad, comenzaron de nuevo a tener relaciones y a procrear hijos. Les prometí que Yo, el Creador, nacería de entre su descendencia.

 

A medida que creció la maldad de los hijos de Adán, mostré la justicia a los pecadores y la misericordia a mis elegidos. Así me complací, los preservé de la perdición y los crié, porque mantuvieron mis mandamientos y creyeron en mis promesas. Cuando se acercó el momento de mi misericordia, permití que mis poderosas obras fueran conocidas a través de Moisés y salvé a mi pueblo, según mi promesa. Los alimenté con maná y caminé frente a ellos en una columna de nube y fuego. Les di mi Ley y les revelé mis misterios y el futuro mediante mis profetas.

 

Después de esto, Yo, Creador de todas las cosas, elegí para mí a una Virgen nacida de un padre y una madre. Con ella tomé carne humana y acepté nacer de ella sin coito ni pecado. Lo mismo que aquellos primeros hijos habrían nacido en el paraíso a través del misterio del amor divino y del amor y afecto mutuo de sus padres, sin ninguna lujuria vergonzosa, así mi divinidad adoptó una naturaleza humana de una Virgen, engendrado sin coito ni daño a su virginidad. Al venir en carne Yo, verdadero Dios y hombre, cumplí la Ley y todas las escrituras, tal como antes se había profetizado sobre mí.

 

Introduje una nueva Ley, porque la antigua había sido estricta y difícil de cumplir, y no fue más que un molde de lo que había de hacerse en el futuro. En la vieja Ley había sido lícito para un hombre el tener varias mujeres, de forma que las generaciones venideras no se quedaran sin niños o tuvieran que unirse a los gentiles. En mi nueva Ley se ordena al marido que tan sólo tenga una esposa y se le prohíbe, durante el tiempo que ella viva, el tener varias mujeres. Aquellos que se unen sexualmente mediante el amor y temor divino, por el bien de la procreación, son un templo espiritual donde deseo morar como tercer compañero.

 

Sin embargo, la gente de estos tiempos se une en matrimonio por siete razones. Primero, por la belleza facial; segundo por la riqueza; tercero, por el placer grosero y gozo indecente que experimenta en el coito; cuarto, por las festividades y glotonería descontrolada; quinto, por que aflora el orgullo en el vestir, en el comer, en las distracciones y en otras vanidades; sexto, para tener retoños, pero no para Dios ni para las buenas obras sino para el enriquecimiento y el honor; séptimo, se une por la lujuria y el lujurioso apetito de las bestias. Estas personas se unen ante la puerta de mi Iglesia con acuerdo y armonía, pero sus sentimientos y pensamientos internos son completamente opuestos a mí.

 

En lugar de mi voluntad, prefieren su propia voluntad, que se inclina por complacer al mundo. Si todos sus pensamientos se dirigiesen a mí, y si confiaran su voluntad en mis manos y se casaran en temor divino, entonces les daría mi aprobación y Yo sería un tercer compañero con ellos. Pero ahora, pese a que Yo debería de estar a su cabeza, no consiguen mi aprobación porque tienen más lujuria que amor por mí en su corazón. Suben al altar y allí oyen que deberían ser un solo corazón y una sola mente, pero mi corazón se aparta de ellos porque ellos no poseen el calor de mi corazón y no conocen el sabor de mi cuerpo.

 

Ellos buscan un calor perecedero y una carne que será roída por los gusanos. Así, estas personas se unen en matrimonio sin el lazo y unión de Dios Padre, sin el amor del Hijo y sin el consuelo del Espíritu Santo. Cuando la pareja llega a la cama, mi Espíritu les abandona, al tiempo que se les acerca el espíritu de la impureza, porque tan sólo se unen en la lujuria y no argumentan ni piensan en nada más. Pero aún mi misericordia puede estar con ellos, si se convierten, porque Yo amorosamente coloco un alma viviente, creada por mi poder, en su semilla. A veces, permito que los malos padres tengan buenos hijos, pero es más frecuente que nazcan malos hijos de los malos padres, pues estos hijos imitan la iniquidad de sus padres tanto como pueden, y les imitarían aún más si mi paciencia se lo permitiera. Una pareja así nunca verá mi rostro, a menos que se arrepientan, porque no hay pecado tan grave que no pueda ser limpiado por la penitencia.

 

Hablaré ahora del matrimonio espiritual, del que es apropiado que contraiga Dios con un cuerpo casto y un alma casta. En él hay siete beneficios, que son los opuestos de los males mencionados arriba. En él no hay deseo de belleza de formas o hermosura corporal ni de vistas placenteras, sino tan solo de la vista y el amor de Dios. Tampoco hay –en segundo lugar—ningún deseo de poseer nada ni por encima ni más allá de lo necesario que se requiere para vivir sin exceso. Tercero, los esposos evitan las conversaciones frívolas y ociosas. Cuarto, no les preocupa el reunirse con amigos o parientes sino que Yo soy lo único que ellos aman y desean.

 

Quinto, mantienen una humildad interior en su conciencia y también externamente en su forma de vestir. Sexto, nunca tienen voluntad alguna de conducirse por la lujuria. Séptimo, engendran hijos e hijas para Dios, por medio de su buen comportamiento y buen ejemplo, y mediante la prédica de palabras espirituales. Así, al preservar su fe intacta, se unen ante la puerta de mi Iglesia, donde me dan su aprobación y Yo les doy la mía. Suben a mi altar y disfrutan del deleite espiritual de mi cuerpo y de mi sangre. Deleitándose en ello, desean ser un corazón, un cuerpo y una voluntad y Yo, verdadero Dios y hombre, poderoso sobre el Cielo y la tierra, seré su tercer compañero y llenaré su corazón.

 

Aquellas parejas mundanas dejan que su apetito por el matrimonio se base en la lujuria de las bestias, ¡y peor que las bestias! Estos esposos espirituales fundamentan su unión en el amor y temor de Dios, y no desean complacer a nadie más que a mí. El espíritu del mal llena a los primeros y les incita al deleite carnal, donde no hay nada más que podredumbre apestosa. Los últimos se llenan de mi Espíritu y se inflaman con el fuego de mi Espíritu que nunca les fallará. Yo soy un Dios en tres personas. Yo soy una sustancia con el Padre y el Espíritu Santo.

 

Así como es imposible para el Padre estar separado del Hijo, y para el Espíritu Santo estar separado de ambos, así como es imposible que el calor esté separado del fuego, igual de imposible es para estos esposos espirituales estar separados de mí. Yo estoy con ellos como su tercer compañero. Mi cuerpo fue herido una vez y murió en la pasión, pero nunca más será herido ni morirá. De igual forma, aquellos que se incorporen a mí a través de una fe recta y una voluntad perfecta, nunca morirán a mí. Donde quiera que estén, se sienten o caminen, estaré con ellos como su tercer compañero”.

 

 

Palabras de la Madre a la esposa sobre cómo hay tres cosas en una danza, sobre cómo esta danza simboliza al mundo y sobre el sufrimiento de la Madre en la muerte de Cristo.

 

                   Capítulo 27

 

La Madre de Dios habló a la esposa, diciendo: “Hija mía, quiero que sepas que donde hay danza hay tres cosas: alegría vacía, voces confusas y trabajo sin sentido. Si alguien entra en la danza angustiado y triste, entonces su amigo, que se encuentra en pleno disfrute de la danza pero que ve a un amigo suyo entrando triste y melancólico, deja inmediatamente su diversión, abandona la danza y se conduele con su angustiado amigo. Esta danza es el mundo, que siempre se encuentra atrapado por una ansiedad que a los vacuos les parece gozo. En este mundo hay tres cosas: alegría vacía, palabrería frívola y trabajo sin sentido, porque un hombre ha de dejar tras de sí todo aquello en lo que se afana.

 

¡Quién, en la plenitud de esta danza mundana, va a considerar mis fatigas y angustias y se va a condoler conmigo –que abandoné todo gozo mundano—y va a apartarse del mundo! Cuando mi Hijo murió yo era como una mujer con el corazón traspasado por cinco espadas. La primera fue su vergonzosa y afrentosa desnudez. La segunda espada fue la acusación contra Él, pues le acusaron de traición, de falsedad y de perfidia. Él, quien yo sabía que era justo y hone

Image Hosted by ImageShack.us
By cristobalaguilar at 2011-02-03
Comentarios
 
¡Recomienda esta página a tus amigos!
Powered by miarroba.com Contador de visitas y estadísitcas
In nomine Patris et fillii et Spiritus Sancti