Jueves, 21 de enero de 2010
VIDAS DE SANTOS - SANTA MATÍLDE, EMPERATRIZ

Santa Matilde era hija de los condes Teodorico yReinhilda. Su padre la había colocado desde niña en la abadía deHerford, para que se formase en el temor de Dios y en todos losconocimientos propios de una doncella de la buena sociedad. Allíadquirió una buena educación y cultura.

Enrique «el Pajarero», duque de Sajonia, tan buencristiano como buen cazador, era un príncipe ambicioso, con ansias decrear un reino y encontrar una princesa digna de él. Un caballero suyoentró un día en la iglesia de la abadía, y entre las monjas quecantaban vio una doncella cuya hermosura le deslumbró. Estabaarrodillada, el rostro bañado en luz ultraterrena, muy modesta, con elsalterio en la mano y absorta en la oración. «Brillaba, dicepuntualmente el cronista, con el fulgor nevado de las azucenas, y almismo tiempo tenía el color encendido de las más puras rosas».

El caballero contó al duque su descubrimiento,afirmando que en todo el mundo no había tan bella y tan linda mujer. Elduque se vistió de sus mejores galas y se presentó ante la venerableabadesa, abuela paterna de Matilde, para que le hablase de la hermosadoncella, de su virtud, de su linaje, de sus cualidades. La abadesa diocumplida satisfacción a sus deseos.

Enrique quedó arrrebatado ante la modestia y bellezade Matilde. Pero la belleza fue en ella lo de menos, con ser tanexcelsa. A través de aquellos encantos, que al principio deslumbraronsus ojos, vio Enrique en su alma el tesoro de la virtud más abnegada yde la más alta prudencia.

Se celebraron solemnemente los esponsales. Por ellosse convirtió Matilde, primero en duquesa de Sajonia, luego en reina yemperatriz de Germanía, y madre de Otón I el Grande, restaurador delImperio Romano.

Los hombres pueden hacer mal uso de la belleza. PeroDios es la suprema Belleza, y puede servirse de ella para sus altosdesignios. Enrique se sintió atraído por la belleza de Matilde, y lavirtuosa y bella Matilde tuvo sobre Enrique una influencia bienhechora.

Ella fue su mejor guía y consejero. En sus victorias,Matilde ponía el contrapeso de su dulzura y moderación; en sus pesares,ella le daba ánimos para seguir adelante. La joven princesa perfumabatoda la corte con sus virtudes y su dulzura inefable. Dedicaba muchotiempo a la oración y su mayor consuelo era socorrer a los pobres, quela llamaban madre.

Matilde y Enrique eran un solo corazón. «En ambos,dice el biógrafo, reinaba el mismo amor a Cristo, una misma unión parael bien, una voluntad igual para la virtud, la misma compasión para lossúbditos y el mismo afecto entrañable para todos. Los dos merecieronlas alabanzas del pueblo».

El Sacro Imperio Romano Germánico tuvo la suerte detener en su cuna el hálito santo de esta mujer dulce y fuerte. Matildeformó el corazón de Otón, el hombre de la Providencia, y puso en élsemillas de fe, de fortaleza, de piedad y de amor a la Iglesia deCristo y a sus súbditos. La rivalidad y algún recelo de sus hijos lehizo sufrir, pero se arregló bien.

Un día el Papa llamó a Otón a Roma, puso en sus sienesla corona de Carlomagno y lo nombró emperador de Occidente. Matilde,cumplida su misión, volvió a la abadía, y con un breviario sobre susrodillas, cantaba los salmos de David, lo mismo que en los añosañorados de su juventud.

Volvía a ser dichosa otra vez en su querida abadía, yentre salmos e incienso, los ángeles se la llevaban al paraíso mientrasentonaban el Gloria. Era el 14 de marzo del año del Señor 968, Sábadode Gloria.

Fdo. Cristobal Aguilar.


Publicado por cristobalaguilar @ 19:09  | Vidas de Santos
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By cristobalaguilar at 2011-02-03
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