Jueves, 21 de enero de 2010
VIDAS DE SANTOS - SANTA EUFRASIA

Santa Eufrasia, más ilustre por su virtud que por sunobleza, nació en Constantinopla, hacia el 380, en tiempos delemperador Teodosio el Grande, con quien estaba emparentada. Sus padres,Antígono y Eufrasia, eran dechado de virtudes en la corte. Ofrecieronsu hija a Dios, y luego vivieron en continencia para dedicarse con másdesembarazo a la virtud.

Todo el esmero de la virtuosa madre fue la educacióncristiana de su hija. Le hablaba del amor a Jesucristo, de la salvacióneterna, del horror al pecado, del santo temor de Dios. La niña Eufrasiaaprendió tan bien la lección que a la tierna edad de cinco años era laadmiración de todos.

Perdió a los cinco años a su padre. El emperador latomó bajo su tutela. Era tan agraciada que tuvo muchos pretendientes.El emperador firmó por ella un compromiso para cuando fuera mayor.También los tuvo su madre. viuda de veintidós años, tan admirada por suvirtud como por su hermosura. Pero la madre, que ya había hecho voto decastidad, marchó a Egipto, con su hija, buscando un retiro paradedicarse a Dios el resto de su vida.

Encontraron en Egipto un convento de religiosas deperpetua clausura, de vida muy santa y de mucha austeridad, según elespíritu eliano. Allí acudían con frecuencia madre e hija paraaprovecharse del ejemplo de sus virtudes y para cantar con ellasgozosamente las alabanzas del Señor.

La deliciosa niña, con una inteligencia superior a suedad, pues apenas tenía diez años, como inspirada por Dios, decidióquedarse en aquel convento para siempre. Se hincó de rodillas ante unCrucifijo, lo abrazó tiernamente, y exclamó: «Yo me consagro a Vos parasiempre, dulce Jesús mío. No saldré de este convento, porque no quierootro esposo que a Vos». Y escribe al emperador para romper elcompromiso de matrimonio.

La madre, deshecha en lágrimas de alegría, al verlaprecoz generosidad de su hija, la abrazó con ternura, y ella mismaofreció también a Dios aquella inocente víctima. Poco después, lamadre, debilitada por sus muchas austeridades, se durmió en el Señor.Ella y su esposo están canonizados.

Su hija la lloró con lágrimas de consuelo y esperanza.Y unida ya con más estrechos lazos al cielo que a la tierra, redoblósus fervores, aumentó sus penitencias, buscaba los oficios máshumildes, servía a todas, y sería imposible describir el amor aJesucristo de este serafín.

E1 demonio no podía dejar de combatir tan nobleprincesa de sangre y de espíritu. Pero su obedencia a la abadesa, suprobada humildad y su plena confianza en Jesucristo, la ayudaron asalir siempre victoriosa. Apuntemos un ejemplo, digno de las Fioretti.La abadesa le manda trasladar unas enormes piedras. La dulce Eufrasiaobedece humildemente. Las traslada sin dificultad. Al día siguiente lemanda volverlas al lugar primero. Y así durante un mes, sin mostrar elmenor signo de impaciencia.

Para más probar su virtud, permitió el Señor que fueraacosada por la envidia y celos de alguna religiosa, sobre todo por unaque se llamaba Germania, que la trató de hipócrita y ambiciosa. Larespuesta de nuestra dulce Eufrasia fue arrojarse a sus pies, y con lamayor humildad le pidió perdón, a la vez que le suplicaba por amor deDios que rogase por ella.

El Señor se había prendado de su fiel esposa, y haciael año 410, ocupando la silla de San Pedro el papa Inocencio I, cuandoEufrasia frisaba los treinta años de edad, coronó su vida santa con unapreciosa muerte. Todo el mundo decía que había sido un ángel desterradodel cielo.

Fdo. Cristobal Aguilar.


Publicado por cristobalaguilar @ 19:07  | Vidas de Santos
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By cristobalaguilar at 2011-02-03
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