S?bado, 09 de enero de 2010
EXPERIENCIAS AL FILO DE LA MUERTE

Las experiencias cercanas a la muerte, en que los individuos informan haber abandonado sus cuerpos, encaminándose hacia una luz brillante, constituyen un fenómeno cada vez más reconocido. Pero, según Maurice Rawlings, profesor de medicina clínica en la Facultad de medicina de la Universidad de Chattanooga, alguno de los viajes a las proximidades de los cielos, pueden ser, en realidad, entrevisiones del infierno.

    Rawlings entrevistó a casi 300 pacientes, inmediatamente después de sus reanimaciones. Y las historias que escuchó, por lo menos de la mitad de ellos, le convencieron de que habían visto lagos de fuego y figuras demoníacas, no la benévolas imágenes de que se informa en las más conocidas de las historias de la casi muerte. Rawlings cree que muchas personas alteran sus relatos de manera sustancial, simplemente, por que tienen vergüenza de admitir que tal vez no estuviesen subiendo al cielo.

Aunque se considera al cerebro nuestro órgano más delicado existen numerosos casos registrados de heridas en el cerebro que de modo misterioso, no han tenido efectos adversos sobre el paciente. Uno de tales incidentes implicó a una joven trabajadora de un molino que, en 1879, fue golpeada encima del ojo derecho por el perno de una máquina. El impacto introdujo fragmentos óseos 10 cm. dentro del cerebro de la mujer, destruyendo en el proceso fragmentos de masa cerebral. Además, la operación quirúrgica que se le practicó aún causó más daño físico al órgano. Sin embargo, la mujer se recuperó por completo y no sufrió ni siquiera un dolor de cabeza durante los siguientes 42 años de su vida.

    No obstante, el cerebro de Phineas Gage fue tal vez uno de los más notablemente resistentes de todos los tiempos. Capataz de ferrocarriles a los 25 años, Gage estaba introduciendo material explosivo en un agujero, el 13 de septiembre de 1847, empleando una vara metálica con una punta aguzada en un extremo. cuando la vara chocó con la roca, originó una chispa y, en la explosión subsiguiente, la vara penetró en el pómulo de Gage con la velocidad de una bala. Tras casi sacar de su cuenca uno de sus ojos, la barra penetró directamente en el cráneo del hombre, sobresaliendo unos 40 cm por la parte superior de la cabeza.

    De modo sorprendente, Gage no perdió la conciencia mientras le transportaban a un hotel desde el que podían llamar a un médico. A su llegada, Gage se levantó y entró por su propio pie en el edificio. El médico recurrió a un cirujano que extrajo la barra, con lo que salieron también trozos de hueso y de cerebro. Aunque ningún médico tenía esperanzas de que Gage pudiera vivir, éste asombró a todas las autoridades médicas que le examinaron. Se recuperó lo suficiente de una forma milagrosa y sólo perdió la visión de su ojo izquierdo.

Fdo. Cristobal Aguilar.


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By cristobalaguilar at 2011-02-03
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