¿QUE ES LA FILOSOFÍA?
Filía significa amor, inclinación, deseo, afición a alguien
o a algo.
Filodoxia, deseo o búsqueda de la opinión (también
gloria o fama).
Platón, gran discípulo de Sócrates, dirá que los
filósofos desean y buscan el saber, como captación de la
verdad. En cambio, los filodoxos sólo buscaban opiniones, apariencias. Kant
se lamenta de que muchos transforman la filosofía en filodoxia,
como si no pudiéramos alcanzar más que meras opiniones sobre
la realidad, y no verdaderas certezas.
Sócrates, Platón, Aristóteles, Pitágoras, eran
enamorados de la verdad. En el siglo XX, Etienne Gilson
dice que la primera pregunta que se debiera hacer a
un estudiante de Filosofía es esta:
"tú, ¿realmente estás enamorado
(de la verdad)?Ahora bien, esta verdad o sabiduría que anhela
el filósofo, ¿es mera curiosidad? Evidentemente no. Por supuesto que
hay una gran dosis de curiosidad, de asombro, de admiración
ante la existencia del cosmos. Pero si buscamos el arjé
-el principio de todas las cosas- no sólo es para
admirarlo sino para descubrir el sentido de la vida. Es
decir, se trata de un saber qué sentido tiene la
existencia para poder vivir de modo adecuado a lo que
somos.
O sea, que hace 25 siglos estaban más o menos
como hoy: con un gran número de relativistas y escépticos,
y unos cuantos que se esforzaban en conocer y difundir
la verdad de las cosas: del mundo, del hombre y
de Dios.
Estos son los grandes temas constantes a lo largo
de la Historia: el mundo, el hombre y Dios. ¿Qué
hay de verdad sobre estas cuestiones? ¿qué podemos conocer del
mundo, del hombre y de Dios? ¿cómo hemos de habérnoslas
con el mundo, con el hombre (nosotros mismos) y con
Dios?
¿Qué hay de la verdad, qué hay de la bondad,
que hay de la belleza? ¿En qué consiste la verdadera
sabiduría? ¿Y la ética? ¿cómo debe ser mi conducta para
ser
"autenta", para vivir con autenticidad humana...?
Filosofía y cristianismoAquellos
filósofos antiguos se dieron cuenta de que los humanos somos
seres complejos, que no vivimos siempre como tales, sino que,
en muchas ocasiones, actuamos por debajo de nuestras posibilidades y
de nuestra dignidad excelsa. Advertían que no basta vivir, sino
que hay que vivir bien, no dándonos a la buena
vida, sino eligiendo una vida buena, recta, correcta, de acuerdo
con las normas éticas que la razón descubre cuando discurre
bien. Confiaban en la capacidad de la razón para conocer
la naturaleza de las cosas y remontarse al principio de
todas (arjé

; y vislumbraban la libertad personal, con su correspondiente
responsabilidad.
Frente a ellos estaban los escépticos, los sofistas, los fatalistas
(materialistas), etc.
Como hoy: los escépticos abundan, los sofistas son legión
y el materialismo campea a sus anchas. A pesar de
los 20 siglos de cristianismo.
La Historia no es lineal, no
avanza con regularidad, no progresa automáticamente. Se puede ir de
bien en mal, de mal en peor, y de mal
en mejor, incluso de bueno a lo óptimo.
Los griegos alcanzaron
un conocimiento natural del mundo, del hombre y de Dios,
muy elevado. El cristianismo encontró así un terreno bien abonado.
En el siglo II surgen filósofos cristianos que argumentan ante
los otros filósofos con sus mismas armas, es decir, con
la razón, en cierto modo sola, porque al hablar con
los demás no introducían argumentos sobrenaturales, sino razonamientos que todos
podían entender, porque eran lógicos. La filosofía fue un buen
instrumento para la transmisión de las ideas y los valores
cristianos a quienes estaban dispuestos a utilizar la razón de
acuerdo con sus propias leyes.
Algo parecido hemos de hacer hoy,
que vivimos en una época escéptica, agnóstica y relativista que
requiere, como insiste el Papa Juan Pablo II, una nueva
evangelización.
Para ello se requiere utilizar, como los primeros evangelizadores, todos
los medios sobrenaturales (oración, expiación), pero también todos los medios
humanos (trabajo). Es necesario afinar bien ese instrumento formidable que
es la razón para reconducir a nuestros contemporáneos al principio.
Al principio absoluto de todas las cosas (Dios), a los
principios que rigen el pensamiento correcto y a los principios
éticos, que regulan el crecimiento de la persona como tal,
libre y responsable hacia la plenitud humana y sobrenatural.
La Filosofía
no es todo, desde luego. Tenemos la fe y la
teología. Pero es menester hablar el mismo lenguaje que todos
los hombres y la Filosofía proporciona términos y conceptos que
todos lo que quieran pueden entender, porque surgen del uso
natural de la razón. No quiere decirse que todo el
mundo lo vaya a entender a la primera, pero como
no se trata de otra cosa que de razonar, es
seguro que muchos, que desean razonar bien, podrán captar nuestro
mensaje.
Además, la buena filosofía presta una inestimable ayuda a la
fe y a la teología. Porque la fe no es
un acto irracional, sino razonable; y la teología no es
otra cosa que la aplicación de las leyes lógicas de
la razón a los conocimientos que nos presta la revelación
divina (Sagrada Escritura, Tradición y Magisterio).
Cuanto mejor podamos razonar filosóficamente,
mejor podremos razonar teológicamente. El progreso en filosofía redundará en
progreso de la teología. Conoceremos mejor a Dios y, en
consecuencia, tendremos la posibilidad de amarle más.
Retengamos, pues, lo siguiente:
1.
A la Filosofía interesa la verdad, sobre todo la verdad
vital, la que afecta a la totalidad del vivir humano.
2.
La Filosofía parte de la experiencia y utiliza la razón
para avanzar en el conocimiento de la verdad.
3. La Filosofía
es búsqueda de la verdad. Por consiguiente no se opone
a ninguna verdad, ya sea la descubierta por las ciencias
particulares, ya sea la descubierta por la teología. Dios es
el autor de todos los órdenes del conocimiento y del
resto de la realidad; y no puede contradecirse.
Equívocos sobre
la FilosofíaDesde hace demasiado tiempo se enseña o se habla
de filosofía como de una especialidad curiosa, de escaso interés
y ninguna utilidad; a lo más, como un apéndice cultural
o erudito de otros estudios.
En muchas universidades la filosofía
se atiende en una especie de suburbio de la Facultad
de Letras. Y en las bibliotecas públicas y librerías los
libros de filosofía suelen disponerse junto a los que tratan
de ciencias ocultas, mitos y cosas por el estilo.
Una actividad
intelectual que tiene 25 siglos de existencia, ¿no merece una
atención mayor por parte de los intelectuales?
¿Por qué nació? ¿por
qué no ha cesado desde entonces?
La Filosofía, ciertamente, es una
de las más constantes actividades intelectuales de la Historia. No
son muchos los que se han dedicado a ella, pero
nunca han faltado algunos. La Filosofía ha pasado por muchas
crisis en estos 25 siglos y siempre que se ha
anunciado su muerte inminente parece haber recobrado una vitalidad nueva.
¿Por qué esto es así? Quizá lo vayamos comprendiendo a
medida que avancen nuestros estudios.
También tendremos que ocuparnos de los
puntos de partida de la Filosofía: cómo arranca, cómo se
pone en marcha y cómo discurre. Habremos de anunciar sus
grandes cuestiones y acercarnos a ellas sin miedo, de la
manera más sencilla y rigurosa posible, sin necesidad de abundante
erudición.
Alguna cultura previa se requiere para entender y hacer filosofía,
pero si se trata en verdad de esto que se
ha llamado
"filosofía" durante más de veinticinco siglos, no tiene
por qué presentarse o pensarse de una manera difícil, críptica
o esotérica. No es tan difícil hacerse cargo de las
características del pensamiento filosófico, de su valor, relevancia, errores y
conquistas históricas.
Nos gustaría introducir a una Filosofía que no fuera
estrictamente hablando una
"especialidad", sino sencillamente el saber racional que
necesita toda persona humana para saber quién es él, cuál
es su dignidad y cómo ha de comportarse para vivir
conforme a ella.
Preciso es reconocer que bastantes filósofos han contribuido,
al descrédito de la Filosofía. Se han encerrado muchas veces,
no por fuerza de la razón sino de la voluntad,
en laberintos inextricables construidos por ellos mismos, en una especie
de suicidio intelectual poco inteligente, ofreciendo a la opinión pública
un aspecto bastante penoso.
La Filosofía es un quehacer muy distinto
de lo que muchos suponen. No es asunto de gente
estrambótica y distraída hasta dar habitualmente con sus huesos en
un pozo, o con sus gafas contras las farolas. La
asociación
"filósofo-tipo-raro" es corriente, y es justo reconocer que responde
a la realidad de bastantes ejemplares de esta especie humana.
También Cicerón bromeaba o se lamentaba, no lo sé bien,
diciendo que no hay absurdo corriente, por enorme que sea,
que no proceda de algún filósofo. Pero es injusto pensar
que todos sean así o que el ser así sea
consecuencia del filosofar.
En nuestra opinión es necesario recuperar la Filosofía
como una disciplina intelectual que en cierta medida debiera cultivar
toda persona de cultura media, porque, en fin de cuentas,
el conocimiento filosófico -como hemos de ver enseguida- es lo
que presta consistencia, fundamento, armazón, solidez a todo discurso o
argumento acerca de la verdad de las cosas, incluso a
todo el obrar del hombre.
Cuestiones vitalesEn rigor, todos vivimos
de cierta filosofía, acertada o no, explícita o implícita, aunque
no sepamos definirla y exponerla de un modo sistemático y
claro. La Filosofía se ocupa, precisamente (como veremos más adelante),
de las cuestiones más vitales para el hombre, que no
son abordables desde ninguna ciencia experimental. En síntesis, cabe decir
que incumbe a la Filosofía ocuparse del sentido del cosmos
y del sentido de la vida humana en el cosmos.
Con otras palabras, se trata de hallar la razón de
ser de nuestro ser, de aquello que explica nuestra existencia
en cuanto a su origen y su fin (que no
es otro que Dios. Dios permanece oculto a todo método
de investigación experimental. La única manera racional de descubrirlo es
con el ejercicio de la razón sobre la experiencia en
el mundo).
A nosotros nos interesa la Filosofía justamente para descubrir
de una manera intelectual y lógica, la respuesta racional a
las grandes preguntas sobre el mundo, el hombre y Dios.
Razón
y feUna de las maneras de acceder a la verdad
sobre esos grandes temas, es la fe teologal. Pero la
razón humana tiene también capacidad para conocer el orden natural
creado y alcanzar incluso un conocimiento racional y verdadero de
Dios como primer principio y último fin de cuanto existe.
Sin embargo, a partir de la obra de la creación
no se puede saber más de Dios que lo que
puede conocerse de Velázquez en el Museo del Prado: se
puede conocer la existencia de Velázquez y algo de su
personalidad artística. Pero nada puede saberse de las demás facetas
de su personalidad, de su conciencia, de sus gustos literarios,
de su familia, de las relaciones con las gentes de
su entorno, etcétera. Para esto tendríamos que tener otras fuentes
de conocimiento además de sus lienzos. Para un conocimiento verdaderamente
personal de Velázquez, habríamos de encontrarnos con él cara a
cara y preguntarle y escuchar.
Para conocer a fondo a una
persona es preciso que ella nos abra libremente su alma,
su mente, su corazón y nos revele lo que ahí
acontece. Lo mismo pasa con Dios. La razón puede descubrir
que existe, a partir de la creación. Pero ¿qué es
y cómo es Dios en su vida íntima? Esto sólo
podemos conocerlo si Dios nos abre libremente su intimidad y
nos revela lo que hay en Él. Y esto sólo
puede suceder por voluntad suya (si quiere, con absoluta libertad)
y de un modo sobrenatural.
Esto es lo que ha
hecho Dios a lo largo de la Historia Sagrada, por
medio de los patriarcas y profetas del Antiguo Testamento y,
finalmente por medio de Jesucristo, perfecto Dios y perfecto hombre.
Pero
hay cosas sobre Dios que podemos conocerlas sin necesidad de
la divina revelación: que Dios es nuestro primer principio y
nuestro último fin, el gran por qué de nuestra existencia,
el fundamento y el sentido de nuestro vivir.
De otra parte,
la fe nos confirma muchas verdades de orden natural y
nos aporta muchas otras de orden sobrenatural (el misterio de
la Trinidad, de la Encarnación, de la Redención, etc.). Sabemos
mucho más de Dios por revelación sobrenatural que por sabiduría
racional.
Sin embargo, no podemos pensar: me basta con la fe
para conocer a Dios, a mí mismo y el sentido
de mi vida. La fe teologal es importantísima, sin ella
es imposible agradar a Dios (cfr. Carta a los Hebreos).
Pero no es suficiente, menos aún en los tiempos que
corren, porque la fe sola, sin el apoyo de la
razón, tiene un enemigo muy peligroso: la ignorancia.
Armonía entre
fe y razónCon mucha ignorancia sobre la fe o sobre
la ciencia, se pretende oponer la ciencia a la religión
y en general la razón a la fe. Se presenta
la fe como mera credulidad, como un modo infantil de
afrontar la realidad de nuestra existencia. Y es preciso salir
al paso de este error. Dios no se puede contradecir:
si nos manda creer no es contra la razón. Ni
la fe se opone a la razón ni la razón
a la fe. El mismo Dios es quien nos da
la fe y la razón. No puede contradecirse. Si nos
da la luz de la razón es para que la
utilicemos del mejor modo posible para prestar el necesario punto
de apoyo racional al acto de fe sobrenatural.
Es fundamental confiar
en la capacidad de la propia razón para conocer verdades.
Si yo no confiase en la capacidad de mi razón
para conocer la verdad, tampoco podría confiar en otro, porque
si confío en ti, es porque yo confío en que
el conocimiento que tengo de ti es verdadero. Por eso,
averiguar los fundamentos de mi conocimientos, redunda en una mejor
confianza conmigo y contigo. Hay una disciplina filosófica que trata
estas cuestiones: la filosofía del conocimiento.
La Filosofía, instrumento de
comunicaciónTodo esto se desarrolla a lo largo de los cursos
filosóficos. Pero vale la pena advertir desde ahora que la
filosofía, como saber racional que es, constituye un instrumento inestimable
para comunicarnos verdades de modo rigurosamente racional con cualquier persona
que admita alguna verdad y confíe en alguna certeza. Con
el escéptico absoluto nada se puede hacer si no rezar.
Pues
bien, en estos tiempos es muy necesario este instrumento de
trabajo, de apostolado y hasta de vida espiritual que es
la filosofía.
Por otra parte, la fe, en la medida de
lo posible, debe ser doctrinal, es decir, bien fundada en
sus principios sobrenaturales (los artículos de la fe) y en
sus principios racionales (los del conocimiento intelectual).
La Filosofía que aquí
queremos aprender es precisamente una filosofía que se haga cargo
de las verdades de sentido común, de las evidencias inmediatas
de la experiencia y de la razón y que a
partir de aquí desarrolle el pensamiento de una manera lógica
y natural.
La Filosofía puede ser como un idioma común con
el que, aún contando con la diversidad de opiniones entre
los mismos filósofos, cabe el diálogo, la conversación comunicadora de
conocimientos. Toda ciencia es un vehículo de comunicación de verdades,
una base sobre la que se puede hablar y entenderse.
Pues bien, la Filosofía puede ser la base sobre la
que conversar acerca de los grandes temas: el mundo, el
hombre, Dios.
Fdo. Cristobal Aguilar.