Martes, 05 de enero de 2010
LA LLAMADA DE DIOS - LA VOCACIÓN RELIGIOSA

Indudablemente la vocación es un don de Dios y sólo a Él le corresponde hacer el llamado. Hemos señalado sin embargo que Dios se vale de muchos medios para llamar a sus elegidos. En las vocaciones ordinarias, las causas secundarias son las elegidas por Él para llamar: ambiente de cosas (campo, ciudad, situación económica...); ambiente de los hombres (papás, hermanos, parientes, amigos, compañeros de escuela, de deportes, profesores, encuentros fortuitos, situaciones inesperadas, circunstancias ordinarias...); las dotes de la  persona candidata, inteligencia, voluntad.

Debemos superar aquel silogismo (¿o sofisma?) que en épocas pasadas permeaba ciertos ambientes religiosos y que más o menos podríamos sintetizar de la siguiente manera: como la vocación es un don de Dios, Él es el encargado de enviar las vocaciones, por lo que a nosotros nos toca solamente rezar para que "el obrero envíe operarios a su mies". Hacer más, en la opinión de algunos, sería tanto como tentar a la Providencia o invadir la esfera de la individualidad y la libertad de las personas. Debemos por tanto, según ellos, esperar a que las vocaciones toquen a las puertas de los conventos.

Y estando así las cosas muchas comunidades se han quedado esperando a que tocaran a la puerta esas vocaciones y ahora se han dado cuenta que se están quedando solas. Una respuesta que han dado ha sido que los tiempos no son los propicios y que si Dios quiere, Él lo arreglará todo. No es éste el lugar para hacer un análisis de la realidad, pero cabría hacernos la pregunta si en verdad Dios siempre quiso que los conventos se quedaran vacíos o si en verdad quería era el trabajo de las personas...

Suscitar las vocaciones no es ponerse en lugar de Dios para hacer nacer una vocación, ni tampoco es invadir la conciencia de la persona candidata, destruyendo su libertad. Suscitar una vocación es crear las condiciones adecuadas para que Dios llame, preparar las causas secundarias propicias para que llegue, para que se dé el llamado. ¿Van a nacer las vocaciones en ambientes laicos y alejados de la Iglesia como pueden ser la familia, la escuela, el grupo de amigos? No, a menos que se dé una vocación extraordinaria las cuales, ciertamente, no abundan en nuestros días. Por lo tanto, junto con la oración conviene realizar una adecuada acción pastoral para suscitar las vocaciones, lo cual se inserta en el plan de Dios y bien podemos sintetizarlo como "pre-llamada".

Esta "pre-llamada" puede darse de distintas maneras y corresponderá a la estrategia vocacional que cada Congregación . Hay que anotar que estas estrategias quedarán en la mente de las personas candidatas grabadas como acontecimientos singulares u ordinarios y que muchos de ellos quedarán almacenadas en la memoria, simplemente como anecdóticos, o incluso quedarán eliminadas totalmente en la mente o recuerdo de ellas. No debemos olvidar que estas acciones tienden a crear un ambiente propicio para el cultivo de la vocación, para crear sencillamente de un ambiente cristiano, núcleos de vida cristiana. Sin embargo, Dios también puede valerse de esas causas secundarias para suscitar una vocación, bien sea a través de la actividad en cuanto tal, bien sea a través del ejemplo de las personas, del ambiente creado, de algunas circunstancias. Conviene siempre tenerlo presente para no desalentarnos en la labor de sembrado, pues cuando se tira la semilla al surco no se ve en forma inmediata el fruto. Es el momento de sembrar, es el momento de lo que hemos llamado la "pre-llamada", que en la psicología de la respuesta vocacional tiene una importancia capital, pues será el inicio de una vocación.

Conviene resaltar el valor del recuerdo. No será la acción en cuanto tal la que haya que realzar en el momento de comenzar el cultivo de la vocación. Será el valor del recuerdo. Si una chica o chico es capaz de recordar el ejemplo de un religioso o una religiosa, siempre alegre y activa en el momento de la catequesis, o el ambiente de caridad y alegría que vivió en una colonia de verano ayudando a los hijos de emigrantes, o la satisfacción experimentada ayudando a desempolvar la biblioteca de una comunidad religiosa, no es importante el ejemplo de la religiosa, la colonia de verano o la biblioteca empolvada, sino la interpretación que da a ese hecho, ya la resonancia interna y la capacidad de permanencia que ese hecho ha tenido en su vida.


b. ¿Cómo se manifiesta la llamada?

Cuando un joven manifiesta una inquietud vocacional, no pensemos que lo manifestará claramente. Suponemos una cierta sensibilidad que le hace percibir "algo" en su interior. Esta sensibilidad será un factor decisivo en la psicología de la respuesta vocacional pues permite percibir los hechos, los recuerdos (lo que hemos llamado "las causas secundarias" o "los signos que significan") en una forma muy peculiar, de tal manera que el candidato o la candidata no puede permanecer indiferente a esas "causas secundarias" o "signos que significan".

En algunos casos, y cada vez es más frecuente, esa sensibilidad no existe y sin embargo, el joven o la joven queda prendada de algún recuerdo, de alguna vivencia que no la dejan. "No me dejan vivir en paz", según expresión acuñada por las personas que viven en esta situación. La gracia de Dios está actuando.

Antes de seguir adelante, surge espontáneamente la pregunta: ¿puede Dios suscitar vocaciones a quienes viven en pecado mortal? Sí y debemos estar preparado para ello porque cada día comenzarán a llegar más casos en estas situaciones. Supongamos, por ejemplo el caso nada raro ni extraordinario: una persona que no practica el precepto dominical, es una estudiante promedio, buena hija de familia y con un grupo de amigas y amigos aceptable. Como "persona promedio" de ciertos ambientes, habrá probado la droga una o dos veces en su vida. Esta persona, que no vive precisamente en gracia de Dios se siente fuertemente atraída por el voluntariado, por rezar un poco más o quizás en llevar a cabo una acción desinteresada por los demás, un recuerdo del pasado que ahora golpea constantemente el presente, invitándola a ser mejor. Y "algo" comienza a nacer en su interior, en aquel lugar íntimo entre ella, Dios y su conciencia.

En esta etapa la persona  aún no es consciente de la llamada, pero comienza a percibir "algo nuevo", "algo diferente", "algo que le hace sentir distinta", o percibir la vida, el mundo de una forma muy distinta a como la percibía antes. Este "algo nuevo" puede percibirlo en alguna de sus facultades superiores: en el entendimiento, en la voluntad, en la memoria o en el sentimiento. O quizás en todos ellos, con mayor prevalencia en alguno de ellos. Veamos algunos ejemplos.

En los sentimientos: siente el deseo de dedicar su vida a la enseñanza de los sordomudos. Y es "este" deseo y no otro el que genera en ella diversos estados de ánimo, diversos razonamientos que le llevarán a tomar una opción en la vida.

En el entendimiento: comprende en un momento dado la tragedia de las personas que viven bajo los efectos de un vicio (droga, alcohol...) y es precisamente "ese" entender improvisamente una situación lo que desencadena estados de ánimos, razonamientos, etc.


Por lo tanto, en esta etapa, lejos de animarle a dar una respuesta, le ayudará a identificar cuáles son los sentimientos que experimenta, las emociones que percibe, los pensamientos que razona. Hay que dejar una cosa en claro: la respuesta a lo que está sucediendo la tiene la misma chica. La labor de la directora o director espiritual, requerida por una adecuada psicología se reduce a animar a la chica a ver claramente lo que está experimentando. Hemos dicho antes que la animadora no provocará la respuesta, sino que debe dar los medios para que la chica descubra lo que está sucediendo. No cabe hacer aquí ninguna suposición de tipo vocacional. Es necesario que la chica descubra, ella misma, el significado de esas percepciones, de esos sentimientos, de esos razonamientos, en una palabra de "las causas secundarias", de los "signos que significan". No es una labor nada fácil y lo veremos más adelante. En este momento lo que debe quedar claro a la chica o chico es la necesidad de escuchar claramente esas mociones de Dios y darle la justa interpretación que se le debe dar.

En este momento en que comienza propiamente el camino de discernimiento hay que pedirle a la chica una gran generosidad. Hay que infundirle ánimo para que comience con una disposición positiva a buscar el significado a lo que está experimentando. Algunas de ellas o ellos  entreven una confrontación con sus posibles planes que se habían fijado para el futuro o con el estilo de vida que han llevado hasta entonces. No hay que precipitar los acontecimientos, no es éste el momento de tomar una decisión. Se le debe invitar a hacer una clarificación, un discernimiento sobre lo que está experimentando. Pero esta clarificación se deberá hacer con una gran apertura de ánimo, podríamos decir, con una santa indiferencia. No se puede hacer un camino de discernimiento, de clarificación, si previamente se ha dado por descontado la posible existencia de una vocación. Para ello, la directora o director espiritual tendrá que hacer ver a la chica que lo que se está buscando es, antes que nada, hacer la voluntad de Dios.

Fdo. Cristobal Aguilar.
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By cristobalaguilar at 2011-02-03
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