LA LLAMADA DE DIOS - LA VOCACIÓN RELIGIOSA
Indudablemente la vocación es un don de Dios y
sólo a Él le corresponde hacer el llamado. Hemos señalado
sin embargo que Dios se vale de muchos medios para
llamar a sus elegidos. En las vocaciones ordinarias, las causas
secundarias son las elegidas por Él para llamar: ambiente de
cosas (campo, ciudad, situación económica...); ambiente de los hombres (papás,
hermanos, parientes, amigos, compañeros de escuela, de deportes, profesores, encuentros
fortuitos, situaciones inesperadas, circunstancias ordinarias...); las dotes de la persona candidata,
inteligencia, voluntad.
Debemos superar aquel
silogismo (¿o sofisma?) que en épocas pasadas permeaba ciertos ambientes
religiosos y que más o menos podríamos sintetizar de la
siguiente manera: como la vocación es un don de Dios,
Él es el encargado de enviar las vocaciones, por lo
que a nosotros nos toca solamente rezar para que "el
obrero envíe operarios a su mies". Hacer más, en la
opinión de algunos, sería tanto como tentar a la Providencia
o invadir la esfera de la individualidad y la libertad
de las personas. Debemos por tanto, según ellos, esperar a
que las vocaciones toquen a las puertas de los conventos.
Y
estando así las cosas muchas comunidades se han quedado esperando
a que tocaran a la puerta esas vocaciones y ahora
se han dado cuenta que se están quedando solas. Una
respuesta que han dado ha sido que los tiempos no
son los propicios y que si Dios quiere, Él lo
arreglará todo. No es éste el lugar para hacer un
análisis de la realidad, pero cabría hacernos la pregunta si
en verdad Dios siempre quiso que los conventos se quedaran
vacíos o si en verdad quería era el trabajo de
las personas...
Suscitar las vocaciones no es ponerse en lugar de
Dios para hacer nacer una vocación, ni tampoco es invadir
la conciencia de la persona candidata, destruyendo su libertad. Suscitar una
vocación es crear las condiciones adecuadas para que Dios llame,
preparar las causas secundarias propicias para que llegue, para que
se dé el llamado. ¿Van a nacer las vocaciones en
ambientes laicos y alejados de la Iglesia como pueden ser
la familia, la escuela, el grupo de amigos? No, a
menos que se dé una vocación extraordinaria las cuales, ciertamente,
no abundan en nuestros días. Por lo tanto, junto con
la oración conviene realizar una adecuada acción pastoral para suscitar
las vocaciones, lo cual se inserta en el plan de
Dios y bien podemos sintetizarlo como "pre-llamada".
Esta "pre-llamada" puede darse
de distintas maneras y corresponderá a la estrategia vocacional que
cada Congregación . Hay que
anotar que estas estrategias quedarán en la mente de las
personas candidatas grabadas como acontecimientos singulares u ordinarios y que muchos
de ellos quedarán almacenadas en la memoria, simplemente como anecdóticos,
o incluso quedarán eliminadas totalmente en la mente o recuerdo
de ellas. No debemos olvidar que estas acciones tienden a
crear un ambiente propicio para el cultivo de la vocación,
para crear sencillamente de un ambiente cristiano, núcleos de vida
cristiana. Sin embargo, Dios también puede valerse de esas causas
secundarias para suscitar una vocación, bien sea a través de
la actividad en cuanto tal, bien sea a través del
ejemplo de las personas, del ambiente creado, de algunas circunstancias.
Conviene siempre tenerlo presente para no desalentarnos en la labor
de sembrado, pues cuando se tira la semilla al surco
no se ve en forma inmediata el fruto. Es el
momento de sembrar, es el momento de lo que hemos
llamado la "pre-llamada", que en la psicología de la respuesta
vocacional tiene una importancia capital, pues será el inicio de
una vocación.
Conviene resaltar el valor del recuerdo. No será la
acción en cuanto tal la que haya que realzar en
el momento de comenzar el cultivo de la vocación. Será
el valor del recuerdo. Si una chica o chico es capaz de
recordar el ejemplo de un religioso o una religiosa, siempre alegre y activa
en el momento de la catequesis, o el ambiente de
caridad y alegría que vivió en una colonia de verano
ayudando a los hijos de emigrantes, o la satisfacción experimentada
ayudando a desempolvar la biblioteca de una comunidad religiosa, no
es importante el ejemplo de la religiosa, la colonia de
verano o la biblioteca empolvada, sino la interpretación que da
a ese hecho, ya la resonancia interna y la capacidad
de permanencia que ese hecho ha tenido en su vida.
b. ¿Cómo se manifiesta la llamada?
Cuando un
joven manifiesta una inquietud vocacional, no pensemos que lo manifestará
claramente. Suponemos una cierta sensibilidad que le hace percibir "algo"
en su interior. Esta sensibilidad será un factor decisivo en
la psicología de la respuesta vocacional pues permite percibir los
hechos, los recuerdos (lo que hemos llamado "las causas secundarias"
o "los signos que significan") en una forma muy peculiar,
de tal manera que el candidato o la candidata no puede permanecer indiferente
a esas "causas secundarias" o "signos que significan".
En algunos casos,
y cada vez es más frecuente, esa sensibilidad no existe
y sin embargo, el joven o la joven queda prendada de algún recuerdo,
de alguna vivencia que no la dejan. "No me dejan
vivir en paz", según expresión acuñada por las personas que
viven en esta situación. La gracia de Dios está actuando.
Antes
de seguir adelante, surge espontáneamente la pregunta: ¿puede Dios suscitar
vocaciones a quienes viven en pecado mortal? Sí y debemos
estar preparado para ello porque cada día comenzarán a llegar
más casos en estas situaciones. Supongamos, por ejemplo el caso
nada raro ni extraordinario: una persona que no practica el
precepto dominical, es una estudiante promedio, buena hija de familia
y con un grupo de amigas y amigos aceptable. Como "persona promedio" de ciertos ambientes, habrá probado la droga una
o dos veces en su vida. Esta persona, que no
vive precisamente en gracia de Dios se siente fuertemente atraída
por el voluntariado, por rezar un poco más o quizás
en llevar a cabo una acción desinteresada por los demás,
un recuerdo del pasado que ahora golpea constantemente el presente,
invitándola a ser mejor. Y "algo" comienza a nacer en
su interior, en aquel lugar íntimo entre ella, Dios y
su conciencia.
En esta
etapa la persona aún no es consciente de la llamada,
pero comienza a percibir "algo nuevo", "algo diferente", "algo que
le hace sentir distinta", o percibir la vida, el mundo
de una forma muy distinta a como la percibía antes.
Este "algo nuevo" puede percibirlo en alguna de sus facultades
superiores: en el entendimiento, en la voluntad, en la memoria
o en el sentimiento. O quizás en todos ellos, con
mayor prevalencia en alguno de ellos. Veamos algunos ejemplos.
En los sentimientos: siente el deseo de dedicar
su vida a la enseñanza de los sordomudos. Y es
"este" deseo y no otro el que genera en ella
diversos estados de ánimo, diversos razonamientos que le llevarán a
tomar una opción en la vida.
En el entendimiento: comprende en
un momento dado la tragedia de las personas que viven
bajo los efectos de un vicio (droga, alcohol...) y es
precisamente "ese" entender improvisamente una situación lo que desencadena estados
de ánimos, razonamientos, etc.
Por lo tanto,
en esta etapa, lejos de animarle a dar una respuesta,
le ayudará a identificar cuáles son los sentimientos que experimenta,
las emociones que percibe, los pensamientos que razona. Hay que
dejar una cosa en claro: la respuesta a lo que
está sucediendo la tiene la misma chica. La labor de
la directora o director espiritual, requerida por una adecuada psicología se reduce
a animar a la chica a ver claramente lo que
está experimentando. Hemos dicho antes que la animadora no provocará
la respuesta, sino que debe dar los medios para que
la chica descubra lo que está sucediendo. No cabe hacer
aquí ninguna suposición de tipo vocacional. Es necesario que la
chica descubra, ella misma, el significado de esas percepciones, de
esos sentimientos, de esos razonamientos, en una palabra de "las
causas secundarias", de los "signos que significan". No es una
labor nada fácil y lo veremos más adelante. En este
momento lo que debe quedar claro a la chica o chico es
la necesidad de escuchar claramente esas mociones de Dios y
darle la justa interpretación que se le debe dar.
En este
momento en que comienza propiamente el camino de discernimiento hay
que pedirle a la chica una gran generosidad. Hay que
infundirle ánimo para que comience con una disposición positiva a
buscar el significado a lo que está experimentando. Algunas de
ellas o ellos entreven una confrontación con sus posibles planes que se
habían fijado para el futuro o con el estilo de
vida que han llevado hasta entonces. No hay que precipitar
los acontecimientos, no es éste el momento de tomar una
decisión. Se le debe invitar a hacer una clarificación, un
discernimiento sobre lo que está experimentando. Pero esta clarificación se
deberá hacer con una gran apertura de ánimo, podríamos decir,
con una santa indiferencia. No se puede hacer un camino
de discernimiento, de clarificación, si previamente se ha dado por
descontado la posible existencia de una vocación. Para ello, la
directora o director espiritual tendrá que hacer ver a la chica que
lo que se está buscando es, antes que nada, hacer
la voluntad de Dios.
Fdo. Cristobal Aguilar.