Martes, 29 de diciembre de 2009
EL SACERDOTE DIOCESANO

El sacerdote diocesano es aquel sacerdote, que en comunión con su obispo, quiere vivir como otro Cristo en medio nuestro, reside en su propia diócesis, región que lo vio nacer y donde ahora sirve a sus hermanos siendo puente entre ellos y Dios.

Esta tarea la cumple principalmente a través de:

-la administración de los sacramentos, que son encuentros reales con el misterio del Dios que se da a sí mismo, perdona, y santifica;

-la predicación de la Palabra de Dios, que es la transmisión de los sentimientos del corazón de Dios mismo hacia nosotros;

-el ejercicio de la caridad pastoral, que como otro Cristo, Buen Pastor, guía y cuida del rebaño de Dios a él encomendado en las diversas realidades que nos rodean: parroquias, movimientos, colegios, universidades, hospitales, instituciones civiles, obras de caridad y beneficio social, etc.

Ahora bien, un sacerdote puede pertenecer a una diócesis, que es, por decirlo en modo simple, una zona geográfica en la que la Iglesia peregrina, y que está presidida por un obispo, sucesor de los apóstoles. El sacerdote diocesano recibe el sacramento del orden para apacentar esa porción de la Iglesia. Se suele formar en el seminario de una diócesis y está a la entera disposición del obispo diocesano. El sacerdote diocesano hace una promesa de castidad al recibir el diaconado (lo hacen también los religiosos) y de obediencia a su obispo. En cuanto a su espiritualidad, cada sacerdote diocesano puede elegir la que más le ayude: algunos buscan ellos su propio camino, otros se suman a la espiritualidad franciscana, o carmelita, o del Opus Dei, o del movimiento de los Focolares, o de los jesuitas, o del Regnum Christi, o de muchas otras realidades en la Iglesia.

Por otra parte, el sacerdote religioso, además de los compromisos propios del estado sacerdotal, se vincula a una congregación u orden aprobada por la Iglesia a través de los votos de pobreza, castidad y obediencia y el compromiso de vivir según unas Constituciones o Reglas de su instituto. Viven en comunidad y tienen un superior. Dependen también del obispo en el ejercicio de su apostolado, en la fidelidad a la doctrina de la Iglesia, etc. pero en la vida interna de su comunidad dependen más bien de su superior.

El sacerdote religioso participa del carisma de su comunidad o congregación. Así, además de ejercer su ministerio sacerdotal, la labor de su congregación y la misión que le confía colorea toda su vida: atención a los enfermos, a los más pobres, educación de la juventud, formación de otros sacerdotes, investigación, etc. También pueden colaborar con los obispos diocesanos en sus parroquias.

Enviados por Cristo a todos los hombres para anunciar el Evangelio, los presbíteros confían en Dios Padre en el ejercicio de su misión; creen en Jesús viviendo lo que evangelizan, y se dejan conducir por el Espíritu Santo, para testimoniar en todo los valores del Reino de Dios.

La caridad pastoral unifica su personalidad de hombres cristianos que han sido llamados, consagrados y enviados como pastores del Pueblo de Dios. En la vida sacerdotal no cabe una separación entre el amor a Cristo y el celo por las almas.

La caridad pastoral, que tiene su fuente específica en el sacramento del Orden, encuentra su expresión plena y su alimento en la Eucaristía, centro y raíz de toda la vida del presbítero, ya que, en ella, la donación total de sí mismo a la Iglesia adquiere tonalidad sacrificial. En el ejercicio de la caridad pastoral se hallará el vínculo de la perfección sacerdotal que unifique vida y acción, amor a Cristo y celo por la salvación de los hombres.

Fdo. Cristobal Aguilar.


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By cristobalaguilar at 2011-02-03
Comentarios
Publicado por Invitado
Mi?rcoles, 07 de diciembre de 2011 | 1:16

Hola me podrias decir cuando comenzo la fundacion de los sacerdotes diocesanos

atte Dany

 
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