¿SON NECESARIOS LOS ADORNOS NAVIDEÑOS?
Como toda familia, recordamos esos
momentos importantes a través de distintas celebraciones. En el folklore
y en la historia de los pueblos, así como en
la historia de cada familia, se hallan grabadas las tradiciones
más singulares con las que se celebran las fiestas de
la Navidad: comidas especiales, cantos, intercambio de regalos y adornos.
Hay adornos con una fuerte carga espiritual que nos preparan
para vivir mejor estos momentos. Tenemos el caso de la
corona de Adviento que con sus velas mantienen y acrecientan
nuestra esperanza para recibir en nuestros corazones a Cristo. Las
figuras del nacimiento o Belén son toda una catequesis plástica,
muy apta para ir enseñando a los menores de casa
el misterio de la salvación. ¿Quién no recuerda a la
abuela, cerca del nacimiento, explicando a los nietos quién es
José, quién es María y que hacen en medio del
musgo y del heno algunas ovejas y sus pastores?
Esos adornos
cuando nos llevan a Cristo y cuando quieren de alguna
manera expresar exteriormente lo que interiormente sentimos por el nacimiento
de Cristo, son un testimonio de vida cristiana para nuestra
familia y para nuestros vecinos. Sin embargo, como hombre y
mujeres que somos, no estamos exentos de que entre adorno
y adorno se nos cuele por ahí algo de vanidad
y comencemos una loca carrera de presunción para competir con
el vecino y ver quién es el que pone
el árbol más frondoso con adornos más espectaculares o, porque
no decirlo, más costoso. ¿Qué podemos pensar cuando el festejado,
el del cumpleaños que no es otra persona sino Cristo,
vino a este mundo entre pajas de un establo maloliente
y nosotros desbalanceamos el presupuesto familiar por querer iluminar la
casa por fuera y por dentro escudados en una tarjeta
de crédito que se paga a plazos?
Si los adornos familiares
nos acercan a Cristo, dentro de nuestro presupuesto ordinario, nos
ayudan a convivir en familia y dejan espacio económico para
poder hacer una obra de caridad, ¡bienvenidos! Pero si por
comprar esos artículos hago tambalear la economía de familia, dejo
de ayudar a los necesitados o sólo me sirven para
presumirlos delante de vecinos o familiares... ¡cuidado! Estoy atentando no
sólo contra la pobreza, sino contra la sencillez y humildad
del festejado.
Fdo. Cristobal Aguilar.