Lunes, 14 de diciembre de 2009
LA MUERTE DE JUAN PABLO I - ¿EXISTIO UNA CONSPIRACIÓN? ¿QUE HAY DE VERDAD Y FALSO EN ELLO?

Juan Pablo I (latín: Ioannes Paulus PP. I), Albino Luciani, (n. Canale d'Agordo, 17 de octubre de 1912 - † Ciudad del Vaticano, 28 de septiembre de 1978) fue Papa de la Iglesia católica en 1978, último pontífice italiano hasta la fecha. Actualmente se encuentra en proceso de beatificación.

Albino Luciani fue el primer pontífice nacido en el siglo XX. Hijo de Giovanni Luciani y Bortola Tancon, nació en una pequeña localidad italiana llamada Canale d'Agordo, Belluno (en esa época conocida como Forno di Canale) el 17 de octubre de 1912, en su hogar, fue bautizado por la matrona que ayudo en el parto, ya que se temía que muriera. Su bautismo fue formalizado dos días después por el párroco del pueblo, Achille Ronzon. Fue el mayor de cuatro hermanos del matrimonio Luciani, los otros hermanos son Edoardo, Nina, y Federico que falleció a corta edad. La familia de Luciana de extracción humilde, pasó penurias durante la Primera Guerra Mundial. Cuando tenía 6 años, recibió el sacramento de la confirmación de manos del Obispo Giosuè Cattarossi. A los diez años, su madre murió y su padre contrajo nuevas nupcias con una mujer de gran devoción; fue entonces cuando nació su vocación sacerdotal, según él declaró, gracias a la predicación de un fraile capuchino.

HIPÓTESIS CONSPIRATIVAS SOBRE SU MUERTE

El Vaticano afirma que Juan Pablo I falleció de un infarto en su cama, y que no se llevó a cabo autopsia alguna por la oposición de sus familiares. Algunos aspectos de esta declaración oficial, sin embargo, se vieron contradichos más tarde: no fue el (posteriormente Obispo) irlandés John Magee, que fuera secretario personal de Pablo VI, Juan Pablo I y Juan Pablo II, la primera persona en hallar el cadáver del Pontífice, sino una de las religiosas que se encargaban del trabajo doméstico, como se supo en 1988. Igualmente, la familia del fallecido Papa reveló en 1991 que la muerte no le sobrevino en la cama, sino en su escritorio. Estas incoherencias oficiales, junto a otros factores de índole económica, han dado origen a teorías conspirativas que apuntan a un envenenamiento del Pontífice.

Juan Pablo I pretendía ahondar en las reformas iniciadas por Juan XXIII. La clarificación de las cuentas vaticanas era una de sus prioridades. Mientras fue Patriarca de Venecia, en 1972, la Banca Vaticana vendió al Banco Ambrosiano (Propiedad de Roberto Calvi) la Banca Cattolica del Veneto, sin consultar al obispado metropolitano de Venecia, del cual monseñor Albino Luciani era jerarca. El responsable de esta acción fue el arzobispo Marcinkus, lo cual llevó a ciertas desavenencias entre Luciani (aún no nombrado Papa), y el norteamericano responsable de la dudosa administración Vaticana de entonces. La Banca Cattolica de Veneto estaba especializada en préstamos con bajos tipos de interés hacia los más necesitados; quizá por esto el Papa Luciani toma cartas en el asunto. Benelli, sustituto del Secretario de Estado Vaticano le cuenta que existe un plan entre Roberto Calvi, Michele Sindona y Marcinkus para aprovechar el amplio margen de maniobra que tiene el Vaticano: “evasión de impuestos, movimiento legal de acciones”. La reacción de Luciani, recogida en el libro “Con el corazón puesto en Dios: intuiciones proféticas de Juan Pablo I”, es de una enorme decepción.

El 9 de mayo de ese mismo año de la muerte de Juan Pablo I 1978, había sido asesinado el Primer Ministro de la República Italiana, Aldo Moro, líder del Partido Demócrata Cristiano. Las extrañas circunstancias del deceso de Albino Luciani (un ataque cardíaco, para alguien que gozaba de buena salud), y otros sucesos misteriosos, como que la defunción no fuese certificada por el forense vaticano, sino por otro, y lo precipitado de su embalsamamiento, dispararon la teoría de que en realidad Juan Pablo I fue asesinado. La doble confesión de la monja, sor Vicenza, que encontró el cadáver del pontífice (en una primera versión: vestido aún, en su baño, posiblemente en el piso, donde vomitó; y la otra: en su cama, con documentos desordenados y las gafas caídas de su rostro, ya despojado del habito papal) inducen a pensar que fue envenenado.

Algunas obras de investigación abundan en la teoría del envenenamiento. El libro El día de la cuenta del sacerdote español Jesús López Sáez, presume que el sumo pontífice fue envenenado con una fuerte dosis de un vasodilatador. El libro In God's Name ("En el nombre de Dios") del investigador inglés, David Yallop, sostiene que fue envenenado por altos jerarcas de la Iglesia Católica en complicidad con mafiosos vinculados con el Banco Ambrosiano y las hermandades secretas masónicas.

La doctrina totalitaria del Concilio Vaticano 1 estableció que cualquier desviación de las enseñanzas morales del Papa era un error. Durante su estancia

en el Vaticano, Juan XXIII luchó para poner en marcha el Concilio Vaticano II, a pesar de la fuerte oposición de los conservadores, que temían cualquier pérdida de su poder absoluto y como consecuencia, la pérdida de sus privilegios y riquezas terrenales que la Iglesia había amontonado. Al morir Pablo VI, se eligió al cardenal Albino Luccani como sucesor, considerado por el cónclave como un candidato de compromiso, fácilmente controlable por las facciones mas conservadoras.

Pero cuando el Cardenal Luccani fue elegido Papa con el nombre de Juan Pablo I, empezó a mostrar una inteligencia privilegiada y una determinación que había permanecido oculta por su carácter reservado. Desde el primer momento decidió revolucionar el papado y devolverte sus orígenes espirituales. En su coronación, rehusó ser llevado en el papamóvil y no quiso ponerse una tiara incrustada de piedras preciosa; tampoco aceptó seguir el guión de la Curia para sus audiencias y conferencias de prensa. El supremo organismo de control Vaticano quedaba así desafiado, pero no tardó en reaccionar censurando sus comentarios en el diario oficial del Vaticano, sobre todo cuando expresó su opinión favorable al uso de los anticonceptivos.

Sin embargo, su mayor «pecado» fue indagar en los negocios del banco del Vaticano (es decir, el Instituto para las Obras de Religión, IOR), que en 1969 entró en negociaciones de la mano de Pablo VI con Michele Sindona, un financiero siciliano.

Después de penetrar en este laberinto de corrupción, Juan Pablo 1, llamó a su despacho privado al jefe de la Curia, el Cardenal Villot, la tarde del 28 de septiembre. Quería discutir ciertos cambios que haría públicos al día siguiente. Iba a aceptar las dimisiones del jefe del banco del Vaticano, de varios miembros de la Curia implicados en las actividades de Sindona y del mismo Villot. Además, también iba a declarar su intención de celebrar una reunión el 24 de octubre con una delegación estadounidense para tratar el terna del control de la natalidad.

Cuando el papa Juan Pablo I se retirò a su habitación aquella noche del 28 de septiembre. decidido a tirar de la manta que cubría las negociaciones entre el Vaticano y la Mafia, no podía imaginar que no vería el nuevo amanecer.

A las 04:45 horas del 29 de septiembre, la hermana Vicenza encontró al Papa muerto. Según dice el investigador británico David Yallop, en su libro En nombre de Dios, la hermana Vicenza dio dos versiones ambiguas de cómo encontró al Papa. Según sus primeras y entrecortadas declaraciones a un grupo de sacerdotes franceses aquella misma mañana, le había encontrado sin vida en su cuarto de baño. Sin embargo, la otra versión (sin duda maquillada por Villot), habla de un hombre sentado en la cama con signos de agonía en el rostro cuando la hermana entró en su habitación. Yallop insiste en que esta discrepancia es muy importante: si se determinara que la monja lo encontró muerto en el cuarto de baño, aún con sus vestiduras papales, este hecho apuntaría a que falleció poco después de su «brindis» con el cardenal Villot aquella noche del 28 de septiembre.

Siguiendo las órdenes de Villot, el Papa fue embalsamado esa misma tarde, un procedimiento no sólo irregular sino ilegal. Se dice que durante el proceso de embalsamamiento, no se permitió la extracción de órganos ni sangre. Yallop afirma que «una pequeña cantidad de sangre» habría sido suficiente para que un experto forense estableciera la presencia de cualquier sustancia venenosa.

Según el Abad de Nantes, la sentencia de muerte cayó sobre Juan Pablo I el día que abrió los dosieres secretos de Pablo VI.

De todas formas no podemos por menos que darles el benefício de la duda a estas afirmaciones, sin menospreciar el que puediera darse el caso de una muerte natural. Como decia un viejo amigo. ¡El que tenga ojos para ver que vea!.

Fdo. Cristobal AGuilar.




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By cristobalaguilar at 2011-02-03
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