Los estigmas (del latín stigma, y este a su vez del griego στίγμα) son señales o marcas que aparecen en el cuerpo de algunas personas, casi siempre devotas cristianas. Estas heridas son similares a las heridas infligidas sobre Jesús durante su crucifixión según la iconografía cristiana tradicional; así, muchos estigmatizados suelen tener marcas en las palmas de las manos, y no en el antebrazo, punto donde se clavaban los clavos a los crucificados.
Las diversas confesiones cristianas consideran que pueden ser de origen sobrenatural, bien un don de Dios o una intervención diabólica, o causadas por el mismo sujeto que las porta, ya sea intencionalmente o por razones de origen psicosomático (la persona en cuestión es tan religiosa que su cuerpo espontáneamente desarrolla heridas parecidas a los estigmas, como reacción a sus procesos mentales).
La Iglesia Católica, cuando los considera auténticos y don divino, afirma que son participación de los sufrimientos divinos, y reconoce unos doscientos cincuenta casos de santos y beatos que han portado estigmas; estos pueden ser visibles o no, sangrientos o no, permanentes o no. Los estigmas invisibles, según la Iglesia Católica, pueden producir tanto dolor como los visibles.
El tipo de heridas refleja su correspondencia con la Pasión de Jesús a través de las siguientes señales:
A lo largo de la historia se han documentado muchos casos de personas que han padecido estigmas, las cuales muestran algunas de las mismas heridas de Jesús sin razón aparente. Aunque suele considerarse a San Francisco de Asís (c. 1181-1226) como el primer estigmatizado, en realidad el primer caso en la historia es el de la Beata María de Oignies (c. 1177-1213), beguina, que por ser poco conocida ha pasado prácticamente inadvertida. También destacan otros estigmatizados como Santa Catalina de Siena, la Venerable alemana Teresa Neumann, la laica pasionista Santa Gema Galgani y el Santo capuchino Pío de Pietrelcina.
También ha habido casos de estigmatizados falsos, como Magdalena de la Cruz (1487 - 1560), abadesa del convento de Santa Isabel de Córdoba, quien admitió su propio fraude. Magdalena, natural de Aguilar y mujer de religión con renombre de santidad, se hizo célebre en toda España después de haber, por lo visto, pronosticado la victoria de la Batalla de Pavía (1525) y la prisión de Francisco I de Francia. Isabel de Portugal, esposa de Carlos I de España, vistió, según parece, a su primogénito, un recién nacido Felipe II de España, con el hábito de la abadesa.
Magdalena de la Cruz, en cualquier caso, compareció, a solas, en solemne auto de fe celebrado el día 3 de mayo de 1546 y confesó haber simulado un sinnúmero de arrobamientos y milagros. Los inquisidores de Córdoba, con todo, le conmutaron la pena de muerte en la hoguera y optaron por recluir a Magdalena de por vida en un convento de Andújar.
Generalmente se manifiestan en sujetos entregados a una vida intensamente espiritual y sumamente mística, pero se pueden hallar también en otros individuos. Suelen ser personas de profunda religiosidad, obsesionadas por las llagas de Cristo y por sufrir su dolor.
El fenómeno de los estigmatizados se ha presentado alrededor del mundo, en países como Estados Unidos de América, Italia, Francia, España, Inglaterra o Alemania. En la historia de la Iglesia se conocen más de 350 casos y setenta y dos de ellos han sido declarados santos. La Iglesia suele distinguir entre estigmas divinos y estigmas diabólicos, dependiendo de la santidad del protagonista del fenómeno en cada caso o de la vida que ha llevado, al igual que de las características que rodean el fenómeno al momento de manifestarse.
Suelen distinguirse dos tipos de estigmas:
- Las heridas invisibles son aquellas
cubiertas gracias a la intervención divina para
el bienestar del estigmatizado.
- Las visibles suelen aparecer en las
palmas de las manos, pies, costados y cabeza, desapareciendo
algunas veces luego de algunas horas. En algunos casos
pueden presentarse en una sola área, mientras que
los casos más sorprendentes son aquellos en los
que se hacen visibles todas las marcas en las zonas anteriormente
descritas. El sangramiento es común, al igual que
la debilidad y la depresión puede caracterizar
el período inmediatamente anterior a la aparición
de los estigmas. Un hecho curioso de este fenómeno
es que su aparición suele corresponderse con la
pasión de Cristo durantes los días de la
Semana Santa, desapareciendo una vez terminadas estas
fechas.
· Las llagas deben estar localizadas en los lugares de las cinco llagas de Cristo.
· Los estigmas no se infectan.
· Aparecen espontáneamente en el cuerpo mientras la persona está en éxtasis.
· No ceden ante el tratamiento médico.
· Sangran copiosamente y por largos períodos.
· Están acompañados de fuertes dolores tanto físicos como morales, la falta de dolor pone en duda la autenticidad de los estigmas porque, de ser auténticos, son participación en los sufrimientos de Cristo.
· Los estigmas auténticos no se pueden explicar por causantes naturales.
CASOS DE ESTÍGMATIZADOS
Santo padre Pío de Pietrelcina: En la mañana del viernes 20 de septiembre de 1918, rezando delante del crucifijo del coro de la vieja iglesia, recibió los estigmas, que quedaron abiertos, frescos y sangrantes por medio siglo.San Francisco de Asís: Es considerado el primer estigmatizado que presenta la historia y uno de los más famosos. Presentó heridas en manos, pies y costados igual que Cristo, en la soledad del monte Alvernia en 1224, permanecieron con ellas hasta su muerte, el 3 de octubre de 1226.
Santa Catalina de Siena: Su estigmatización fue interior, manifestada el 1 de abril de 1375 después de la comunión la santa entró en éxtasis y al volver dijo que vio a Jesús y le pidió que los signos fueran manifestados interiormente y así Jesús lo hizo en forma de rayos de luz brillante: manos, pies y corazón.
Santa Gema Galgani: Esta santa cayó en éxtasis mientras experimentaba los signos una tarde anterior al día del Sagrado Corazón. Cuando vuelve en sí tiene impresas en su cuerpo los estigmas que le fueron manifestados cada jueves durante los cuatro años siguientes con dolores muy fuertes donde veía la corona, la flagelación y el sudor de sangre de Jesús.
Santa Rita: Es un caso verdaderamente increíble porque la herida de su frente presentaba además de sangre, pus, despidiendo olores nauseabundos que luego se convierte en nido de gusanos blancos. Pasó sola semanas ya que las otras religiosas le huían por el aspecto de su frente y aparecía en público sólo para comulgar.
Santa Verónica Giuliani: Además de sufrir los estigmas con el dolor de la corona de espinas de Cristo, fue objeto de malos comentarios de quienes la consideraban mentirosa y fue apartada de su cargo de maestra de novicias.
Fdo. Cristobal Aguilar.
