Descripción
Planta herbácea cuyo ciclo vital cubre más de un año,
ya que de su raíz -convertida en rizoma- parten varios tallos
que se elevan erguidos sobre el terreno, sobrepasando a veces los cuarenta
centímetros de altura cuando las condiciones de desarrollo de
esta planta son las idóneas para su perfecto crecimiento.
Los tallos se presentan cubiertos por una serie de pelillos que los
recubren en casi su totalidad, confiriéndoles unas tonalidades
blanquecinas algo rojizas. En las primeras etapas de crecimiento son
tallos más bien rollizos y con posterioridad adquieren una consistencia
más robusta.
Las hojas son laminares y presentan unas denticiones muy profundas.
Aplicación
La sumidad florida contiene poca cantidad de taninos, aunque la suficiente
para proporcionar a esta planta propiedades cicatrizantes, de suma
utilidad en el caso de heridas, quemaduras, úlceras y llagas.
Contiene aquicilina, azuleno y lactosa, gracias a los cuales posee
actividad antiinflamatoria, lo que refuerza en gran medida su actividad
cicatrizante, por lo que resulta muy interesante en el tratamiento
de hemorroides.
Es muy rica en flavonoides, que son los responsables del principal empleo
de esta planta como antiespasmódico, empleándose en procesos
que cursan con espasmos digestivos.
También tiene propiedades diuréticas, coleréticas,
hemostáticas y antipiréticas, por lo que se emplea en casos
de dismenorrea e insuficiencia hepática.
Nunca se deberá abusar de esta planta, ya que las dosis altas
producen vértigos y cefaleas.
Administración.
.- Infusión. 20 gramos de sumidad florida se mantienen en infusión
en un litro de agua durante un cuarto de hora. Este preparado se puede tomar
en una cantidad de trescientos mililitros al día.
.- Jugo de la planta fresca. Se emplea de forma externa para combatir eficazmente úlceras
y hemorroides.
.- Polvo de planta: dos gramos de la planta seca, que se pueden tomar tres
veces al día.
Floración
La floración se produce en los meses de verano, dando lugar a
unas florecillas muy pequeñas que se disponen en forma de cabezuelas,
dispuestas a su vez en la porción terminal del tallo, por lo
que todas quedan a la misma altura, sin que ninguna de ellas sobresalga.
Las cabezuelas se componen de dos tipos de flores: las exteriores,
que poseen unas lengüetas que las hacen semejantes a los pétalos
de las flores convencionales -aunque no hay que confundirlas con éstas-
y las flores interiores, que carecen de lígulas y poseen cinco
dientes en su borde más externo. Su color es blanquecino aunque
en raras ocasiones presentan una cierta coloración sonrosada.
A la hora de la recolección hay que escoger la sumidad florida,
justo cuando se produce la floración, desecando el producto recolectado
lo más rápidamente posible; el proceso resulta más
favorable si se lleva a cabo en unas condiciones en las que el sol no
incida directamente sobre la parte a desecar.
La reproducción se realiza por medio de siembras de semillas,
aunque también es posible efectuarla empleando porciones de rizoma.
Fdo. Cristobal Aguilar.
