Lunes, 30 de noviembre de 2009
DECLARACIÓN DE JOSÉ DE ARIMATEA

Declaración de José de Arimatea,el que demandó el cuerpo del Señor, que contiene las causasde los dos ladrones

I 1.Yosoy José de Arimatea, el que pidió a Pilato el cuerpo delSeñor Jesús para sepultarlo, y que por este motivo se encuentraahora encadenado y oprimido por los judíos, asesinos y refractariosde Dios, quienes, además, teniendo en su poder la ley, fueron causade tribulación para el mismo Moisés y, depués de encolerizaral legislador y de no haber reconocido a Dios, crucificaron al Hijo deDIos, cosa que quedó bien de manifiesto a los que conocíanla condición del Crucificado. Siete días antes de la pasiónde Cristo fueron remitidos al gobernador Pilato desde Jericó dosladrones, cuyos cargos eran éstos:

2. El primero,llamado Gestas, solía dar muerte de espada a algunos viandantes,mientras que a otros les dejaba desnudos y colgaba a las mujeres de lostobillos cabeza abajo para cortarles depués los pechos; teníapredilección por beber la sangre de los miembros infantiles; nuncaconoció a Dios; no obedecía a las leyes y venía ejecutandotales acciones, violento como era, desde el principio de su vida.
El segundo, por su parte, estaba encartado de la siguiente forma. Sellamaba Dimas; era de origen galileo y poseía una posada. Atracabaa los ricos, pero a los pobres les favorecía. Aun siendo ladrón,se parecía a Tobit [Tobías], pues solía dar sepulturaa los muertos. Se dedicaba a saquear a la turba de los judíos; robólos libros de la ley en Jerusalén, dejó desnuda a la hijade Caifás, que era a la sazón sacerdotisa del santuario,y substrajo incluso el depósito secreto colocado por Salomón.Tales eran sus fechorías.

3. Fue detenidoasimismo Jesús la tarde del día 4 antes de la Pascua. Y nohabía fiesta para Caifás ni para la turba de los judíos,sino enorme aflicción, a causa del robo que había efectuadoel ladrón en el santuario. Y, llamando a Judas Iscariote, se pusieronal habla con él. Es de saber que éste era sobrino de Caifás.No era discípulo sincero de Jesús, sino que habíasido dolosamente instigado por toda la turba de los judíos paraque le siguiera; y esto, no con el fin de que se dejara convencer por losportentos que Él obraba, ni para que le reconociese, sino para quese lo entregase, con la idea de cogerle alguna mentira. Y por esta gloriosaempresa le daban regalos y un didracma de oro cada día. Y a la sazónhacía ya dos años que se encontraba en compañíade Jesús, como dice uno de los discípulos llamado Juan.

4. Y tres díasantes de que fuera detenido Jesús, dijo Judas a los judíos:«¡Ea!,pongamos el pretexto de que no fue el ladrón quien sustrajo loslibros de la ley, sino Jesús en persona; yo mismo me comprometoa hacer de acusador». Mientras esto se decía,entró en nuestra compañía Nicodemo, el que teníaa su cargo las llaves del santuario, y se dirigió a todos, diciendo:«Nollevéis a efecto tal cosa». Es de saberque Nicodemo era más sincero que todos los judíos juntos.Mas la hija de Caifás, llamada Sara, dijo a voz en grito:«PuesÉl ha dicho delante de todos contra este lugar santo: Soy capazde destruir este templo y de levantarlo en tres días».A lo que respondieron los judíos: «Tedamos todos nuestro voto de confianza», puesla tenían como profetisa. Y, una vez celebrado el consejo, fue detenidoJesús.

II 1.Yal día siguiente, que era miércoles, le llevaron a la horanona al palacio de Caifás. Y Anás y Caifás le dijeron:«Oye,¿por qué has robado nuestra Ley y has puesto a públicasubasta las promesas de Moisés y de los profetas?»Mas Jesús nada respondió. Y, ante toda la asamblea reunida,le dijeron: «¿Por qué pretendesdeshacer en un solo momento el santuario que Salomón levantóen cuarenta y seis años?» Y Jesúsno respondió nada a esto. Es de saber que el santuario de la sinagogahabía sido saqueado por el ladrón.

2. Mas el miércoles,a la caída de la tarde, la turba se disponía a quemar a lahija de Caifás por haberse perdido los libros de la Ley, pues nosabían cómo celebrar la Pascua. Pero ella les dijo: «Esperad,hijos, que daremos muerte a este Jesús y encontraremos la Ley yla santa fiesta se celebrará con toda solemnidad».Entonces Anás y Caifás dieron ocultamente a Judas Iscarioteuna buena cantidad de oro con este encargo: «Di,según nos anunciaste: Yo sé que la Ley ha sido sustraidapor Jesús, para que el delito recaiga sobre él y no sobreesta irreprochable doncella». Y cuando se hubieronpuesto de acuerdo sobre el particular, Judas les dijo: «Queno sepa el pueblo que vosotros me habéis dado instrucciones parahacer esto contra Jesús; soltadle más bien a éste,y yo me encargo de convencer al pueblo de que la cosa es así».Y astutamente pusieron en libertad a Jesús.

3. Así,pues, el jueves al amanecer entró Judas en el santuario y dijo atodo el pueblo: «¿Qué queréisdarme y yo os enttregaré al que hizo desaparecer la Ley y robólos Profetas?» Respondieron los judíos:«Sinos lo entregas, te daremos treinta monedas de oro».Mas el pueblo no sabía que Judas se refería a Jesús,pues bastantes confesaban que era Hijo de Dios. Judas, pues, se quedócon las treinta monedas de oro.

4. Y, habiendosalido a la hora cuarta y a la hora quinta, encontró a Jesúspaseando en el atrio. Y, echándose ya encima la tarde, dijo a losjudíos: «Dadme una escolta de soldadosarmados de espadas y palos y yo lo pondré en vuestras manos».Y le dieron fuerza para prenderle. Y mientras iban caminando, díjolesJudas: «Echad mano a aquel a quien yo besare,pues Él es quien ha robado la Ley y los Profetas».Después se acercó a Jesús y le besó, diciendo:«Salve,Maestro». Era  a la sazón la tardedel jueves. Y, una vez preso, lo pusieron en manos de Caifás y delos pontífices, diciéndoles Judas: «Éstees el que ha hurtado la Ley y los Profetas».Y los judíos sometieron a Jesús a un injusto interrogatorio,diciendo: «¿Por qué has hechoesto?» Mas Él nada respondió.
Entonces Nicodemo y yo, José, viendo la cátedra de lapestilencia, nos separamos de ellos, no estando dispuestos a perecer juntamentecon el consejo de los impíos.

III 1.Y,después que aquella noche hicieron otras cosas terribles contraJesús, la madrugada del viernes fueron a entregárselo algobernador Pilato para crucificarle; y con este fin acudieron todos. Yel gobernador Pilato, después de interrogarle, mandó quefuera crucificado en compañía de dos ladrones. Y fueron crucificadosjuntamente con Jesús, a la izquierda Gestas y a la derecha Dimas.

2. Y empezóa gritar el de la izquierda, diciendo a Jesús: «Miracuántas cosas malas he hecho sobre la tierra, hasta el punto inclusode que, si yo hubiera sabido que tú eras rey, aun contigo hubieraacabado. ¿Por qué te llamas a ti mismo Hijo de Dios, si nopuedes socorrerte en caso de necesidad? ¿Cómo, pues, vasa prestar auxilio a otro que te lo pida? Si tú eres el Cristo, bajade la cruz para que pueda creer en ti. Pero, por de pronto, no te considerocomo hombre, sino como bestia salvaje que está pereciendo juntamenteconmigo». Y comenzó a decir muchas otrascosas contra Jesús mientras blasfemaba y hacía rechinar susdientes contra Él, pues había caído preso el ladrónen el lazo del diablo.

3. Mas el dela derecha, cuyo nombre era Dimas, viendo la gracia divina de Jesús,gritaba de este modo: «Te conozco, ¡ohJesucristo!, y sé que eres Hijo de Dios; te estoy viendo como Cristoadorado por miríadas de ángeles. Perdóname los pecadosque he cometido; no hagas venir contra mí los astros en el momentode mi juicio, o la luna cuando vayas a juzgar toda la tierra, puesto quede noche realicé mis malos propósitos; no muevas el sol,que ahora se está oscureciendo por ti, para que pueda manifestarlas maldades de mi corazón; ya sabes que no puedo ofrecerte presentealguno por la remisión de mis pecados. Ya se me echa encima la muertea causa de mis maldades, pero tú tienes poder para expiarlas; líbrame,Señor universal, de tu terrible juicio; no concedas al enemigo poderpara engullirme y hacerse heredero de mi alma, como lo es de la de eseque está colgado a la izquierda; pues estoy viendo cómo eldiablo recoge su alma, mientras sus carnes desaparecen. No me ordenes tampocopasar a la porción de los judíos, pues estoy viendo sumidosen un gran llanto a Moisés y a los profetas, mientras el diablose ríe a costa suya. Antes, pues, ¡oh Señor!, de quemi alma salga, manda que sean borrados mis pecados, y acuérdatede mí, pecador, en tu reino, cuando vayas a juzgar a las doce tribussobre el trono grande y alto, pues gran tormento has preparado a tu mundopor tu propia causa».

4. Y, cuandoel ladrón terminó de decir estoo, respondióle Jesús:«Enverdad, en verdad te digo, Dimas, que hoy mismo vas a estar conmigo enel paraiso. Mas los hijos del reino, los descendientes de Abrahán,de Isaac, de Jacob y de Moisés, serán arrojados fuera a lastinieblas exteriores; allí habrá llanto y crujir de dientes.Mas tú serás el único que habites en el paraísohasta mi segunda venida, cuando vaya a juzgar a los que no han confesadomi nombre». Y añadió:«Márchateahora y di a los querubines y a las potestades, que están blandiendola espada de fuego y guardan el paraíso del que Adán, elprimero de los creados, fue arrojado, después de haber vivido allí,por haber prevaricado y no haber guardado mis mandamientos: Ninguno delos primeros verá el paraíso hasta que venga de nuevo a juzgara vivos y muertos. Habiéndolo escrito así Jesucristo, elHijo de Dios, el que descendió de las alturas de los cielos, elque salió inseparablemente del seno del Padre invisible y bajóal mundo para encarnarse y ser crucificado para salvar a Adán, aquien formó, para conocimiento de los escuadrones de arcángeles,guardianes del paraíso y ministros de mi Padre. Quiero y mando quepenetre dentro el que está siendo crucificado conmigo, y que recibapor mí la remisión de sus pecados, y que entre en el paraísocon cuerpo incorruptible y engalanado, y que habite allí donde nadiejamás puede habitar».
Y he aquí que, cuando hubo dicho esto, Jesús entregósu espíritu. Tenía esto lugar el viernes a la hora de nona.Mientras tanto, las tinieblas cubrían la tierra entera y, habiendosobrevenido un gran teremoto, se derrumbó el santuario y el pináculodel templo.

IV 1.Entoncesyo, José, demandé el cuerpo de Jesús y lo puse enun sepulcro nuevo, sin estrenar. Mas el cadáver del que estaba ala derecha no pudo ser hallado, mientras que el de la izquierda teníaun aspecto parecido al de un dragón.
Y, por el hecho de haber pedido el cuerpo de Jesús para darlesepultura, los judíos, dejándose llevar de un arranque decólera, me metieron en la cárcel donde solía retenersea los malhechores. Me ocurría esto a mí la tarde del sábadoen que nuestra nación estaba prevaricando. Y mira por cuántoesta misma nación sufrió el sábado tribulaciones terribles.

2. Y precisamentela tarde del primer día de la semana, a la hora quinta, cuando yome encontraba en la cárcel, vino hacia mí Jesús acompañadodel que había sido crucificado a su derecha, a quien habíaenviado al paraíso. Y había una gran luz en el recinto. Depronto la casa quedó suspensa de sus cuatro ángulos, el espaciointerior quedó libre y yo pude salir. Entonces reconocí aJesús en primer lugar y luego al ladrón, que traíauna carta para Jesús. Y, mientras íbamos camino de Galilea,brilló una luz tal, que no podía soportarla la creación;el ladrón, a su vez, exhalaba un gran perfume procedente del paraíso.

3. Luego sentóseJesús en un lugar y leyó así: «Losquerubines y los exaptérigos, que recibimos de tu divinidad la ordende guardar el jardin del paraíso, hacemos saber esto por medio delladrón que fue crucificado juntamente contigo por disposicióntuya: Al ver en éste la señal de los clavos y el resplandorde las letras de tu divinidad, el fuego se extinguió, no pudiendoaguantar la flamígera señal, y nosotros, sobrecogidos porun gran temor, quedamos amedrentados; pues oímos al autor del cieloy de la tierra y de la creación entera que bajaba desde la alturahasta las partes más bajas de la tierra a causa del primero de loscreados, Adán. Pues, al ver la cruz inmaculada que fulguraba pormedio del ladrón y que hacía reverberar un resplandor sieteveces mayor que el del sol, se apoderó de nosotros, presa de laagitación de los infiernos, un gran temblor. Y, haciendo coro connosotros los ministros del infierno, dijimos a grandes voces: Santo, Santo,Santo es el que impera en las alturas. Y las potestades dejaban escapareste grito: Señor, te has manifestado en el cielo y sobre la tierra,dando la alegría de los siglos, después de haber salvadode la muerte a la misma criatura».

V 1.Mientrasiba yo contemplando esto, camino de Galilea, en compañíade Jesús y del ladrón, Aquél se transfiguró,y no era lo mismo que la principio, antes de ser crucificado, sino queera luz por completo. Y los ángeles le servían continuamente,y Jesús mantenía conversación con ellos. Y pasétres días a su lado, sin que ninguno de sus discípulos leacompañara, sino sólo el ladrón.

2. Mediadala fiesta de los Ázimos, vino su discípulo Juan, y todavíano habíamos visto al ladrón ni sabíamos quéhabía sido de él. Juan entonces preguntó a Jesús:«¿Quiénes éste, pues no me has permitido ser visto por él?».Mas Jesús no le respondió nada. Entonces él se echóa sus pies y le dijo: «Señor, séque desde el principio me amaste; ¿por qué no me haces vera aquel hombre?» Díjole Jesús:«¿Porqué vas en busca de lo arcano? ¿eres obtuso de inteligencia?¿No percibes el perfume del paraíso que ha inundado el lugar?¿No te das cuenta de quién era? El ladrón colgadode la cruz ha venido a ser heredero del paraíso; en verdad, en verdadte digo que de él sólo es hasta que llegue el gran día».Y Juan dijo: «Hazme digno de verle».

3. Y, mientrasJuan estaba aún hablando, apareció de repente el ladrón.Aquél entonces, atónito, cayó al suelo. El ladrónno conservaba la misma figura que tenía antes de venir Juan, sinoque era como un rey majestuoso en extremo, engalanado como estaba con lacruz. Y se dejó oír una voz, emitida por una gran muchedumbre,que decía así: «Has llegado allugar del paraíso que te estaba preparado; nosotros hemos sido designadospor el que te envió para servirte hasta que venga el gran día».Y, al producirse esta voz, quedamos invisibles el ladrón y yo. Yoentonces me encontré en mi propia casa y ya no vi a Jesús.

4. Y habiendosido testigo ocular de estas cosas, las he dejado escritas para que todoscrean en Jesucristo crucificado, nuestro Señor, y no sirvan ya ala ley de Moisés, sino que den crédito a los prodigios yportentos obrados por Él, de manera que, creyendo, sean herederosde la vida eterna y podamos encontrarnos todos en el reino de los cielos;porque a Él le conviene gloria, fuerza, alabanza y majestad porlos siglos de los siglos. Amén.

Fdo. Cristobal Aguilar.

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By cristobalaguilar at 2011-02-03
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