Ahora bien, no basta armarse de un santo celo
por las vocaciones y salir a media plaza a predicar
una misión para recoger vocaciones para nuestro Instituto. En este
punto es en donde debe darse una conjunción maravillosa entre
el espíritu de fe en las vocaciones y la adaptación
a los tiempos modernos. Entre el celo por la salvación
las almas y la comprensión de nuestra cultura. Entre las
ansias de dar a conocer al Amado y haber comprendido
que la joven de hoy no es la misma que
la joven de hace unos años. En pocas palabras, es
necesario vivir en este punto, con profundidad, equilibrio y armonía,
el aggiornamento proclamado por el Beato Juan XXIII en la
convocatoria a la apertura del Concilio Vaticano II y de
quien Paulo VI se hizo fiel intérprete. Bástenos unas cuántas
líneas de la encíclica Ecclesiam suam, sobre la forma en
que debemos entender este aggiornamento: " (es un)... estímulo a
la siempre renaciente vitalidad de la Iglesia, a su siempre
vigilante capacidad de estudiar las señales de los tiempos, y
a su siempre joven agilidad de probar todo y de
apropiarse lo que es bueno, siempre y en todas partes".1
De
esta necesidad de estar siempre en actitud vigilante para estudiar
las señales de los tiempos, nace la posibilidad de adaptar
el mensaje evangélico y por consiguiente, establecer una adecuada pastoral
vocacional.
Esperar que las vocaciones toquen a las puertas de nuestros
conventos como antaño solían hacerlo, creer que las familias serán
las primeras promotoras de las vocaciones entre sus hijos o
sus conocidos o parientes, pensar que de la escuela pueden
surgir vocaciones a la vida consagrada son pensamientos, sino ilusorios,
sí un poco quiméricos. Debemos recordar aquí las palabras de
Juan Pablo II: "Además de promover la oración por las
vocaciones, es urgente esforzarse, mediante el anuncio explícito y una
catequesis adecuada, por favorecer en los llamados a la vida
consagrada la respuesta libre, pero pronta y generosa, que hace
operante la gracia y la vocación. Por ello, la pastoral
vocacional actualizará los recursos apropiados, como la dirección espiritual, para
alimentar aquella respuesta de amor personal al Señor que es
condición indispensable para convertirse en discípulos y apóstoles de su
Reino" (VC, 64)2
Este número bien valdría la pena reflexionarlo con
calma, pues vale para una programación detallada, minuciosa y eficaz
de la pastoral vocacional.
Además de promover la oración por las
vocaciones...
El Papa es consciente de la necesidad de la oración.
Toda búsqueda por las vocaciones comienza en el Sagrario, es
decir a los pies de Jesucristo Eucaristía. Decíamos que quien
se enamora "perdidamente" del Señor, no puede menos que buscar
compartir su amor a otras personas. Signo inequívoco para medir
"la temperatura espiritual" de cada Congregación o Instituto religioso en
la búsqueda de las vocaciones, será su amor a Cristo.
Y un amor que no se mida simplemente por las
obras de piedad o las obras externas, sino por el
grado de abnegación personal para donarse a Dios. Es la
capacidad personal de cada miembro de la Congregación a morir
a sí mismo, para darse a Dios, a que dará
a cada uno en particular esa fuerza, ese vigor, esa
"chispa interna" para buscar vocaciones.3
Y esto no es ninguna fórmula
mágica sino signo de una equilibrada psicología, fruto del amor
de Dios. Cuando una persona es lo que debe ser,
no puede menos que sentirse a gusto consigo misma, y
esta felicidad que no es "para uso personal", la debe
irradiar a los demás. Así, cuando una religiosa es lo
que tiene que ser, su amor al Único, la hará
disponible para compartir ese amor con los demás. Nada nuevo...
si recordamos que este es un principio metafísico: primero el
ser y después el obrar.
Así, Juan Pablo II sugiere
esta oración por las vocaciones, oración que no es el
cumplir mecánicamente con una norma, un punto del horario de
la comunidad ("Hoy toca adoración por las vocaciones"), sino expresión
de un amor muy grande. Primero se es consagrada y
después se actúa como consagrada, aunque siendo sinceros, las dos
cosas van unidas de la mano, precedidas sin embargo por
el ser.
Pero Juan Pablo II es realista, humana y espiritualmente
realista y así sabe que además de la oración hay
que hacer algo más. De ahí su consejo y su
llamado: además. Al momento de realizar nuestros rezos, oraciones, adoraciones
y sacrificios por las vocaciones, debemos pensar que se debe
hacer algo más. Este algo más muchos lo han interpretado
como una tentación en contra de la Providencia, como no
creer que Dios puede por sí solo llenar los conventos
de monjas y monjes. No dudamos de Dios... dudamos de
nosotros mismos. Dios podría haber llevado a cabo la obra
de la salvación sin la intervención de los hombres, sin
embargo se ha querido valer, primero de su Hijo, y
después de otros muchos hombres para prolongar en el tiempo
la obra de la salvación.
Este además señalado por el Papa
Juan Pablo II no es desconfianza en la Providencia, al
contrario: es creer ciegamente en la Providencia lo cual no
significa quedarse de brazos cruzados, sino analizar los caminos que
la Providencia nos tiene deparados. La Providencia, hasta hace unos
años tenía unos caminos muy concretos para la búsqueda de
las vocaciones: bastaba trabajar en la parroquia, en la escuela,
en los hospitales, realizar el apostolado al cual el Instituto
estaba consagrado y junto con una sana vida familiar, un
cultivo cuidadoso de la fe mediante la asidua recepción de
los sacramentos y la práctica de un apostolado, las vocaciones
llegaban a los conventos. Eso era confiar en la Providencia.
Ahora confiar en la Providencia significa abrir los ojos y
darse cuenta que se deben intentar otros caminos, porque la
Providencia ha diseñado para este Tercer Milenio, otros caminos.
¿Cuáles son
estos caminos? El mismo Papa nos lo señala...
...mediante el anuncio
explícito y una catequesis adecuada.
Anuncio explícito y catequesis adecuada van
de la mano. Se debe anunciar la vocación, se debe
proponer a las jóvenes este camino maravilloso de felicidad en
el servicio al Señor. Lo primero es no tener miedo
y quitarnos las ideas de que vamos a forzar la
libertad de las personas. El mundo cuestiona ahora tanto esta
libertad y no forzar nada a los jóvenes. Sin embargo
estos jóvenes, a los cuales "no se les puede tocar"
vienen todos los días bombardeados por mensajes y propuestas de
valores (¿o antivalores?) a través de los medios de comunicación
social y sin embargo frente a ellos no se alza
ninguna voz que proclame la autonomía de los jóvenes frente
a esos mensajes.
Después de hacernos conscientes de que debemos anunciar
sin miedo esta invitación para compartir el gozo de vivir
en el Señor, tenemos que aplicar todos nuestros sentidos para
anunciar esa invitación mediante una catequesis adecuada. Y aquí debe
darse la simbiosis maravillosa que preanunciaba en renglones precedentes: En
este punto es en donde debe darse una conjunción maravillosa
entre el espíritu de fe en las vocaciones y la
adaptación a los tiempos modernos. Entre el celo por la
salvación las almas y la comprensión de nuestra cultura. Entre
las ansias de dar a conocer al Amado y haber
comprendido que la joven de hoy no es la misma
que la joven de hace unos años.
La catequesis adecuada debe
tomar en cuenta las diversas circunstancias de tiempos y lugares.
No se trata de adaptar nuevos métodos, nuevas técnicas, simplemente
porque se piensa que lo nuevo es mejor que lo
antigua. ¿Cuántas iniciativas multiseculares de la iglesia en la cura
de las vocaciones se han dejado a un lado después
del Concilio, simplemente por pensar que eran antiguas, pasadas de
moda y que no "respetaban la libertad de la persona?
¿Cuántos seminarios menores, escuelas apostólicas, aspirantados para chicas de 15
y 16 años desaparecieron de la noche a la mañana
sin más fundamento que su antigüedad y/o anacronismo?
La verdadera catequesis
inicia de un análisis sereno de la realidad que nos
circunda y esto es obra de todo el Instituto y
de cada una de las religiosas en particular. ¿Cómo son
las chicas de hoy en día? ¿Cuáles son sus valores?
¿Cuáles son sus intereses prioritarios? ¿Qué aspiraciones tienen en la
vida? Y a partir de ahí se puede comenzar a
pensar en una catequesis práctica, real, dinámica. Habrá quien pueda
sentirse descorazonada por la situación en la que se encuentran
las jóvenes con las cuales les toca trabajar. No hay
que desilusionarse. Recuerdo aquella historia de la antigua Grecia en
la que varios hombres de gobierno de las polis se
reunían para tomar una decisión sobre el carácter decadente que
se veía en los jóvenes. Uno de ellos, mostrando una
manzana podrida la asemejaba con la polis. Sin embargo decía
que la solución estaba en la misma manzana, es decir,
en la misma ciudad. Frente a los ojos de todos,
abrió la manzana y mostró las semillas. "La manzana podrá
estar podrida, pero de las semillas aún podemos hacer que
nazcan buenos ciudadanos" Y la solución fue la educación de
los niños.
Muchas veces puede ser que trabajar con las jóvenes
sea tiempo menos que perdido. Hay que admitirlo: en muchos
casos se llega tarde: la joven de hoy a sus
14, 15 ó 16 años ha conocido ya tantas cosas,
ha tenido ya tantas experiencias que es muy difícil trabajar
con ellas. ¿Por qué no trabajamos con las niñas? ¿Por
qué no hacer grupos de animación cristiana, de evangelización ente
las niñas de 9, 10 y 11 años y
así irlas preparando, sembrar en ellas el germen de una
vida cristiana para que pueda florecer la semilla de una
posible vocación?
A eso se refiere el Papa con la adecuada
catequesis: una catequesis que conoce la psicología de la mujer
de hoy, que conoce también la psicología de la respuesta
vocacional. Y que después se lanza a crear estrategias adecuadas.
Por
ello, la pastoral vocacional utilizará los recursos apropiados...
Pasar a la
acción, ¡qué difícil nos resulta! No cabe duda: vivimos muchas
veces aferrados a nuestra forma de ser, a nuestro ritmo
de trabajo. Nos cuesta mucho cambiar, nos cuesta mucho innovar
siempre en dependencia de nuestros Superiores. Nos da miedo intentar
nuevos apostolados, nos da miedo quedarnos con las manos vacías
o no ser comprendidas. ¿No se estará colando el egoísmo
entre nosotras?
Poner en práctica los recursos adecuados significa lanzarse
muchas veces a lo desconocido, pero es que ¿alguien nos
dijo que la fe era un seguro de vida? ¿alguien
nos aseguró que en la vida religiosa no deberíamos tener
sobresaltos? Cuenta Malcom Mulgredige, quien fue el "descubridor" de la
Madre Teresa de Calcuta4, que en cierta ocasión ella viajaba
en avión con su tradicional sari de 100 pesetas. Un
pasajero le preguntó si estaba casada, a lo que ella
respondió afirmativamente. El pasajero inquirió por el estado de su
matrimonio y la Madre Teresa respondió: "A veces las cosas
no van tan bien. Si viera cuántas angustias me hace
pasar mi Esposo".
Tenemos que usar nuestra inteligencia para hacer el
análisis de la realidad y escoger cuáles medios serán los
más eficaces para llevar a cabo esta pastoral vocacional. Después
tendremos que poner en práctica estos medios, a través de
nuestra voluntad. Pero en el conjunto, debemos poner nuestro corazón,
es decir nuestro amor para trabajar en la pastoral vocacional.
El
Papa no vacila en mencionar como un recurso apropiado el
de la dirección espiritual. Cierto: pueden darse otros recursos. Pero
vale la pena detenerse para explicar un poco este recurso.
Primero, ¿por qué lo ha mencionado el Papa? Sabemos que
en toda exhortación apostólica las palabras están cuidadosamente seleccionadas y
que no se escriben sólo por rellenar espacios. Por lo
tanto debemos pensar que la dirección espiritual debe ser sumamente
importante en la pastoral vocacional. ¿Por qué?
Definido por el magisterio
como "Una escuela sistemática de la vida interior"5 la dirección
espiritual ha cobrado nuevamente importancia en la última década de
los años noventa. Medio privilegiado en la formación de las
conciencias, conocemos su gran valor pedagógico en las etapas del
noviciado y juniorado.6 Aplicado a la pastoral vocacional permite seguir
más de cerca al candidato o a la persona que
ha mostrado tener ciertas inquietudes vocacionales. Frente a un mundo
despersonalizado en donde la agregación de los grupos es lo
único que cuenta, la dirección espiritual da la oportunidad a
la persona de buscar personalmente la voluntad de Dios para
su vida. De ahí que el director o padre espiritual
pueda valerse de este medio para hacer un discernimiento sereno
y objetivo sobre la idoneidad de la candidata a la
vida consagrada.
Este recurso debe ser utilizado con periodicidad (una vez
al mes es muy aconsejable, aunque según las circunstancias puede
hacerse más frecuente), basado en un programa de vida, de
forma que el dirigido pueda ir conociendo la voluntad de
Dios sobre su vida y responder al llamado, si es
que Dios lo llama a la vida consagrada.
Junto con la
dirección espiritual, podemos señalar otros recursos apropiados, pero todos ellos
deberán responder a una estrategia común, basada en el análisis
de la realidad que se haya hecho. Como sugerencia personal,
tengo en muy alta estima el carisma de cada congregación,
que como recurso puede funcionar como aliciente para la búsqueda
de las vocaciones.
Los jóvenes de nuestros tiempos están muy sensibilizados
a las necesidades de los demás. Son cientos las organizaciones
de voluntariado a la que anualmente se suman miles de
jóvenes. Los hay de diversa categoría y diversa finalidad, pero
todos se basan en la gran necesidad que tiene el
joven de darse y de hacer "algo" con su vida,
si bien este "algo" se reduce a unos cuántos meses
o años. El carisma de cada congregación encierra una parte
preciosa que sirve a cada hombre o mujer para realizarse
plenamente.7 El fundador o la fundadora han recibido la inspiración
de Dios para contemplar en forma muy específica el misterio
de Cristo y vivirlo en la cotidianeidad de la vida.
Es a través de esta cotidianidad donde el carisma se
hace recurso de la pastoral vocacional: presentado en forma atractiva,
adaptada a nuestros tiempos, servirá para tomar, reforzar o madurar
una decisión de vida. Con unas reglas bien definidas, con
un seguimiento personal a través de la dirección espiritual, quien
comparte unos mismos afanes apostólicos no puede permanecer indiferente a
la llamada, si es que Dios la llama a la
vida consagrada.
La fantasía femenina no tiene límites y es aquí
más que nunca donde "el genio femenino" debe ponerse en
marcha para descubrir los mejores recursos pastorales. NO en vano
Juan Pablo II hace un llamado a la fantasía de
la caridad8 y qué mejor servicio a la caridad que
el propiciar las vocaciones a través de la puesta en
marcha de diversas iniciativas vocacionales.
NOTAS
1 Paulo VI, n. 53
2 Juan
Pablo II, n. 64
3 Amedeo Cencini, Amerai il Signore Dio
Tuo, EDB 11° ed. Bologna, 2000 "... la qualità e
la garanzia di vita d´un istituto è data dalla disponibilità
a morire da parte dei suoi membri, come singoli e
come gruppo."
4 Malcom Mulgredige, Tú me das el amor, Sal
Terrae, Bilbao, 1980
5 Juan Pablo II, Carta a los jóvenes
del mundo, Torino 1985, n. 9; cfr. Potissimum institutioni, 30.52-53-63
6
Docentes como Tonino Cantelmi, Rosa Grazziano y Juan Carlos Ortega
han venido insistiendo últimamente en la importancia de este medio
no sólo para las etapas del noviciado y juniorado sino
para toda la vida consagrada. Cfr. Specializzazione in Direzione Spirituale,
Pontifico Ateneo Regina Apostolorum.
7 Amedeo Cencini, Vita Consacrata. Itinerario formativo
lungo la via di Emmaus, Ed. San Paolo, Milano, 1994,
p. 46-48
8 Juan Pablo II, Exhortación apostólica Tertio Millenio Ineunte,
EV, 2001
