Viernes, 27 de noviembre de 2009
CRISTIANOS Y MUSULMANES

1. Las grandes fiestas como Îd al-Fitr, que celebráis al final del Ramadán, son un tiempo para Dios y un tiempo para los hombres. Un tiempo para Dios, para que recordemos, de un modo más fuerte y de una manera comunitaria, su presencia y su acción en la historia de la humanidad y en nuestra vida familiar y personal. Estas fiestas son también un tiempo para los seres humanos que somos nosotros: para descansar de los trabajos ordinarios, para dar más espacio a la oración y a la reflexión, para encontrarnos a nosotros mismos y, también, para mejor encontrar a nuestros familiares, amigos y vecinos.

2. Dios ama a todos los seres humanos y no excluye a ninguno.

Él es la fuente de todo el amor en la familia, en la sociedad y en el mundo. Es de Él que nosotros aprendemos a amarnos los unos a los otros con un amor gratuito, que no espera recompensas aquí abajo. Dios es misericordioso. Él está cerca de sus siervos. Él entiende nuestras oraciones. También podemos decir que creer en Dios nos pone en una actitud de benevolencia hacia nuestros hermanos.

3. Las manifestaciones del amor, expresiones de nuestra fidelidad hacia el Dios Misericordioso, son numerosas: la limosna -aquella del Îd al-Fitr reviste para vosotros una importancia especial-, la solicitud hacia los huérfanos, los ancianos, los enfermos, los extranjeros, al igual que el compromiso por la promoción de la dignidad y de los derechos del hombre, para el desarrollo y para la lucha contra los muchos males de nuestra sociedad como el analfabetismo, la droga, el abuso de los menores y de las mujeres. El perdón, la reconciliación, iniciar de nuevo los diálogos que se han interrumpido, la promoción de la paz, la educación al respeto de los otros, son también manifestaciones del amor. Existe, entre nuestras dos religiones, un gran acuerdo sobre la misericordia efectiva hacia el prójimo. ¿No hay allí un inmenso campo de colaboración para desarrollar entre cristianos y musulmanes?

4. Las ofensas al amor del prójimo son igualmente numerosas: la ignorancia de las necesidades de los otros, el rechazo de los deberes de solidaridad, el odio, la discriminación fundada sobre el sexo, la raza o la religión, la injusticia bajo todas sus formas. Existe una grande convergencia entre nuestras dos religiones al condenar estas faltas.

5. El amor de Dios por la humanidad es un amor universal, que va más allá de las fronteras políticas, de las diversidades raciales, culturales, religiosas, de las opciones políticas o ideológicas, de la situación social. Estamos, pues, invitados a amarnos los unos a los otros en el nombre de nuestras creencias. En efecto, el amor auténtico está al centro del comportamiento del creyente.

6. Os escribo este mensaje consciente del hecho que, cristianos y musulmanes, no siempre nos hemos amado y respetado como Dios nos lo pide. Desafortunadamente, esta falta de amor recíproco no existe solamente en la historia, sino también en la realidad presente. Todavía es al mismo tiempo importante subrayar, y hacer conocer, las numerosas situaciones en las cuales la convivencia entre cristianos y musulmanes es pacífica y fructífera. Estos ejemplos nos animan a poner por obra toda nuestra buena voluntad, para que la convivencia pueda ser efectiva entre los cristianos y los musulmanes que viven juntos. Estamos invitados a examinar nuestras relaciones en el pasado y en el presente y, sobre todo, a tomar una decisión para convertirnos siempre más a lo que Dios nos llama a ser: testigos de su bondad y de su misericordia, sobre todo hacia los más débiles.

7. Al desearos abundantes bendiciones divinas, os ruego que aceptéis, mis queridos amigos musulmanes, la expresión de mi amistad y la de los católicos del mundo entero.

Fdo. Cristobal AGuilar.
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By cristobalaguilar at 2011-02-03
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