EL CREDO MUSULMÁN
EN UNO DE LOS MÁS FAMOSOS HADITH se cuenta que
un día se presentó ante Mahoma un hombre, vestido impecablemente
y de negros cabellos, que, después de haberse sentado, le
preguntó qué era realmente el Islam. Ante lo cual Mahoma
no se arredró sino que, al contrario, contestó con claridad
que no existía otro Dios que Alá, que Mahoma es
Su Enviado, que se debe cumplir con la oración, no
abstenerse del zakah y del ayuno en el mes de
Ramadán y peregrinar a la Meca.
Al término de esta concisa
pero pregnante explicación de aquellos que son comúnmente considerados los
pilares del Islam (arkan al islam) el desconocido, alzándose al
tiempo que adhería a las palabras del Profeta, le preguntó
en qué consistía el credo del Islam. El Profeta afirmó
que consistía en creer en Alá, en Sus Ángeles, en
Sus Libros, en Sus Enviados, en el último Día y
en el Decreto Divino, tanto en el bien como en
el mal. Al término de la conversación Mahoma se dirigió
a los presentes revelando que aquel misterioso hombre no era
otro que Jibril (el arcángel Gabriel), venido para dar testimonio
y dar a conocer su religión 1.
Creer en AláNo hay
ningún otro Dios además de Alá. Él es la Luz
del cielo y la tierra 2. Él es aquel que
da la vida y la muerte. A la luz de
su absoluta sabiduría ninguna cosa resulta oscura. La mente del
hombre es hasta tal punto incapaz de penetrar tales profundidades
que le está prohibido hablar acerca de la esencia del
Altísimo, ya que todo lo que llega a la mente
humana no puede comprender plenamente la inmensidad de Dios. La
fe en Alá presupone la fe en su existencia, la
fe en sus atributos y en sus nombres, creer que
Él es el único Creador, el Señor absoluto y Autor
del universo entero, además de ser el único digno de
adoración.
Sería un gravísimo pecado asociar a Dios con alguna
criatura o a alguna otra divinidad, ya que el Omnipotente
no tiene igual 3 y «no ha adoptado ningún hijo,
ni junto a Él hay dios alguno. Si así fuera,
cada dios se llevaría lo que hubiese criado y los
unos doblegarían a los otros» 4.
A los hombres les ha
sido dada por naturaleza una propensión a la fe que
les permite dirigirse a la verdadera religión 5. La fitra,
es decir, aquella naturaleza que predispone al “monoteísmo islámico”, encuentra
una confirmación en la común aceptación de una autoridad divina
omnipotente por todos reconocida, puesto que Él enseña Su Potencia
con una miríada de señales 6. Todo lo que Él
ha creado está al servicio del hombre 7, que no
debe, sin embargo, ni desarrollar un falso orgullo ni alejarse
de la rectitud. El Corán, en efecto, enseña que Dios
dispersa la ansiedad de los corazones y es clemente con
quién lo invoca 8. Pero «todo aquel que está sobre
la tierra es mortal, mientras que la faz del Señor,
majestuosa y noble, es eterna» 9.
Conocer al Altísimo quiere decir,
sobre todo, conocer sus atributos y sus noventa y nueve
nombres 10. El kalam subdivide los atributos en cuatro categorías.
En los sifat al-dhat, (atributos de la esencia) están recogidos
los testimonios de Su existencia. En los sifat dhattiyya (atributos
esenciales) se explicitan claramente su perfección y unicidad. Él se
caracteriza por su pre-eternidad y su post-eternidad. Ninguna criatura puede
ser mínimamente similar a Él y de ninguna necesitará nada
porque es autosuficiente. En los sifat ma´nawiyya (atributos conceptuales) están
representadas las características de su esencia: potencia, voluntad, ciencia, vida,
palabra, oído, vista, percepción hasta el infinito. En los sifat
al-fi´l (atributos del acto divino) se hacen explícitas sus acciones
poderosas, desde la creación al orden.
A partir de estas indicaciones
las diversas escuelas teológicas han desarrollado, a lo largo de
los siglos, una serie de teorías y definiciones, no pocas
veces contradictorias.
En el contexto de la tradición filosófica no han
faltado los esfuerzos racionales por demostrar, de modo definitivo, la
existencia de Dios. En ella es evidente el influjo de
la filosofía griega y, en particular, de Aristóteles.
Creer en los
ÁngelesLos Ángeles están compuestos de materia sutil y «hechos de
luz» 11. El término árabe mala´ika podría derivar o del
verbo alaka, que significa “transmitir un mensaje”, o del verbo
laaka, que tiene el significado de “enviar”. En ambos casos
se pone de relieve la peculiaridad de los ángeles en
cuanto ministros fidelísimos de Dios y custodios de su eterno
mensaje.
Los Ángeles son anteriores al hombre porque asistieron a su
creación por parte de Alá. Se lee en el Corán
que poseen alas 12. No se parecen en absoluto al
hombre, si bien pueden adoptar su apariencia. A diferencia del
culto pagano de la Arabia pre-islámica, en el que los
ángeles eran considerados criaturas femeninas, los ángeles de la revelación
coránica no tienen sexo a causa de su naturaleza etérea.
Ellos poseen el don de la impecabilidad –de modo análogo
a como sucede con los profetas– y rehúyen, por ello,
de todo pecado o maldad. Por este motivo adoptan una
conducta muy dura respecto a los incrédulos. Sólo a Dios
resulta posible conocer las filas de Sus ángeles, aunque según
la sunna su número es altísimo. Se cuenta que durante
el mi´raj el Profeta llegó con Jibril a Bayt al-Ma´mur
donde «ruegan cada día setenta mil ángeles que ya no
se detienen más» 13.
Conocemos el nombre de algunos ángeles que
se caracterizan por cumplir funciones bien precisas: Israfil hará sonar
la trompeta del Día del Juicio, Malik es el custodio
del Infierno, Ridwan es el custodio del Paraíso, ´Azra´il es
el ángel de la Muerte, Munkar y Nakir interrogan al
difunto en la tumba. La sunna nos informa acerca de
varios encuentros de Mahoma con el arcángel Gabriel (Jibril), sea
en su aspecto celeste como bajo la apariencia humana. En
un hadith, en el que Mahoma describe su experiencia mís,
está escrito que «la grandiosidad de su creación cubría aquello
que hay entre el cielo y la tierra» 14. Además
de ser intermediario de Dios, Jibril es aquel que ha
vigilado para que el Corán, así como su mensaje, fuese
correctamente recibido.
La palabra al-mala´ika contiene en sí el significado de
“seres de naturaleza superior”, refiriéndose, por lo tanto, no sólo
a los ángeles sino también a los demonios, a los
jinn (genios) y a otros espíritus. En la tradición antropológica
de los pueblos del Islam, los demonios y los jinn
han tenido, ya desde los orígenes, una importancia notable a
pesar del silencio de la teología a este respecto. Se
debe tener presente, además, el singular rechazo de Iblis. El
ángel desobediente no quiso obedecer el mandato del Señor 15
de postrarse delante del primer hombre, volviéndose por ello el
acérrimo enemigo. En algunas corrientes musulmanas, el pecado de desobediencia
de Iblis es interpretado como señal de la extrema fidelidad
de un ángel a la unicidad de Dios. No aceptar
postrarse delante del hombre sería el extremo testimonio de su
fidelidad al Creador.
Creer en los Libros del Altísimo Dios,
en distintas épocas, ha hecho descender sobre sus Profetas la
Torah, los Salmos y el Evangelio. Por último, ha sido
revelado el Corán, el único libro divino que no ha
padecido manipulaciones y no ha sido alterado por alguna modificación
posterior. La Torah incluye los cinco libros del Pentateuco (Génesis,
Éxodo, Levítico, a fin de exponer claramente las reglas de
la Ley, los deberes y las obligaciones en relación a
Dios. En ella también se anuncia la venida de un
profeta nacido de los hijos de Ismael (los Árabes), que
llegarán a ser una gran nación 16. Pero la Torah
de la que habla el Corán es aquella revelada directamente
a Moisés y no un conjunto de tradiciones, documentos y
hechos que van desde la época de Moisés (siglo XIII
a. C.) al término de la cautividad babilónica (siglo V
a.C.). Además, hay que tener presente que en la Torah
«en ninguna parte se habla del Jardín, ni del fuego,
ni del Día de la Resurrección, ni del de la
Convocación y de la Retribución, pese a que estas verdades
son las más importantes que se pueden encontrar en los
Libros Divinos» 17. Los Salmos son un conjunto de «oraciones,
invocaciones, exhortaciones y sentencias» 18. que, aun cuando se vinculen
directamente con David, no falta quien, entre los estudiosos musulmanes,
piensa que se trata de una colección de “normas de
ley” en las que confluyen aportes de diversos autores y
de distintas épocas.
El Evangelio fue revelado por Dios a
Jesús el Mesías, hijo de María, para «explicar las verdades,
llamar a las criaturas a profesar la Unicidad del Creador,
abrogar algunas normas secundarias de la Torah, limitándolas a lo
estrictamente necesario, a fin de anunciar la aparición del Sello
de los Profetas» 19. Tal Evangelio es único. De ahí
que los Evangelios de Mateo, Marcos, Lucas y Juan, según
la tradición musulmana, no reflejan la veracidad del mensaje original,
contradiciéndose recíprocamente en numerosos aspectos. El último de los Libros
revelados es el Corán, cuya misión es universalmente válida y
perenne, dirigida no a un pueblo determinado, en un preciso
momento histórico, sino a toda la humanidad.
De modo análogo a
como la Ley cristiana ha abrogado la ley mosaica, así
la ley coránica «abroga todos los libros anteriores» por la
claridad de su mensaje y la verdad que contiene. Ella
ha sido revelada en un árabe especialmente claro, «con una
pureza de lenguaje y elocuencia que supera las capacidades humanas»
20. Se habla, en efecto, del milagro del Corán porque,
«aunque se reuniesen los hombres y los genios para producir
algo semejante a este Corán, no lograrían nada parecido, aunque
se auxiliasen unos a otros» 21. A modo de confirmación
del carácter sobrenatural de la revelación, la tradición afirma que
el Profeta era completamente analfabeto. El Corán, por lo tanto,
«es el más grande de los milagros por el solo
hecho que es un signo racional, permanente en el curso
de todos los tiempos y visible, en cada instante, al
ojo del espíritu, mientras que los otros milagros han desaparecido
con su época y de ellos no queda otra huella
sino la oral» 22.
Creencia en los Enviados«Creemos en Dios y
en lo que se nos ha revelado y en lo
que fue revelado a Abraham, a Ismael, a Isaac, a
Jacob y a las Doce Tribus; en lo que fue
dado a Moisés y a Jesús; en lo que fue
dado a los Profetas por su Señor; no diferenciamos entre
ellos y Le somos sumisos» 23. En estas palabras está
presente la urgente invitación a creer en aquellos hombres elegidos
y enviados por Dios, impecables y justos, que hablan en
su nombre y muestran el camino que debemos seguir. Ellos
son enviados (rasul) y profetas (anbiya). Recibieron la «Advertencia con
pruebas claras y Escrituras» 24 a fin de anunciar la
recompensa o el castigo e indicar el camino de la
perfección. En el texto sagrado aparece el verbo awhaya (IV
forma) 25, que significa literalmente inspirar, transmitir, sugerir una idea,
aunque tal verbo asume un sentido aún más sutil, como
si la inspiración tuviera que verificarse en secreto, en una
relación íntima entre la divinidad y el enviado.
El Corán hace
referencia a veintiséis profetas a cuya cabeza, en orden cronológico,
se ubica Adán. Aparecen, también, tres enviados árabes que no
son mencionados en los textos sagrados precedentes: Hud, Salih y
Shu´ayb.
Cada profeta o enviado es y permanece un hombre mortal,
al que le ha sido dada la tarea de anunciar
la nueva buena del Paraíso. Ellos poseen el don de
la veracidad en lo que se refiere a la transmisión
fiel del mensaje de Dios, tal como se pone en
evidencia en el hecho que tal mensaje es confirmado en
el curso de los siglos por los profetas que se
han sucedido. Es obligada, aquí, una sutil precisión para una
mayor claridad. Mientras «el profeta (nabi) es un hombre al
que le ha sido revelada una ley religiosa, quien, sin
embargo, pudo no haber recibido la orden de transmitirla» 26,
el enviado (rasul) ha recibido tal orden. Cada rasul, por
lo tanto, es nabi, pero no cada nabi es rasul
27. Para demostrar la autenticidad y la verdad de su
mensaje, a los profetas les ha sido dado el don
de los milagros, que «interrumpen el normal curso de las
cosas» 28 y de frente a los cuales los incrédulos
resultan impotentes y débiles. Aparte de tales dotes, ellos poseen
«la más penetrante inteligencia y comprensión de entre todas las
criaturas» 29.
No va con ellos ni la mentira, ni la
desobediencia, ni la ocultación ni el olvido. Sin embargo Adán,
al comer del fruto del árbol prohibido, se manchó de
la culpa del olvido de las enseñanzas recibidas 30. Pese
a ser los mejores de entre los seres humanos, los
profetas fueron golpeados por la enfermedad y padecimientos a modo
de testimonio de la fugacidad de la experiencia terrenal, abundante
en pruebas y sufrimientos. Los hombres han recibido de ellos
un claro ejemplo al que dirigirse en los momentos de
dolor y desesperación. Mahoma es el último de los profetas,
ya que concluye y perfecciona todas las experiencias proféticas precedentes
31. Él es el buen modelo a seguir 32 y
el «sello de los profetas», ya que su Ley «conviene
a todo pueblo, tiempo, lugar y circunstancia» 33. Por este
motivo aquellos que supieron, ya desde los orígenes de la
revelación, seguir las enseñanzas del Profeta son considerados como la
«más eminente de las comunidades» 34.
Creer en el Último Día
«¡Toda cosa es perecedera, menos Su faz!¡A Él pertenece el
Juicio!¡A Él seréis devueltos» 35. El acontecimiento de la muerte
es inevitable y Dios ha establecido un término para cada
criatura 36 y para cada comunidad 37.
Los ángeles, mandados por
el Altísimo, irán al encuentro del alma del difunto. Aquellos
que han seguido en vida la recta vía del Islam,
no sufrirán en el momento del tránsito, ya que recibirán
la feliz noticia del Jardín que les ha sido prometido.
En cambio, los incrédulos y los idólatras serán objeto de
burla y se consumirán en la ansiedad y en el
temor 38. Al momento de fallecer, un estado de confusión,
como de ebriedad, se apoderará de cada hombre. Apenas superado
el momento del tránsito, las almas afrontan el primer viaje
hacia las puertas del cielo que serán abiertas a los
piadosos y cerradas a los impíos. Al término de esta
celeste peregrinación, donde las almas de los fieles gozan de
la visión del Altísimo, regresarán a sus respectivas tumbas a
la espera del Día del Juicio. La tumba es la
primera morada del Akhira (vida después de la muerte) y
puede ser un lugar de castigo y sufrimiento. Munkar y
Nakir se ocuparán del interrogatorio sobre los dos shahada (unicidad
de Dios y sobre Mahoma como profeta de la verdadera
revelación) y sobre las acciones realizadas en vida 39. El
difunto, ya desde este momento, tendrá una clara idea de
qué será de él 40.
El conocimiento del Día del Juicio
sólo le pertenece a Dios y tomará a todos los
hombres por sorpresa 41. El Juicio iniciará con la Reunión
de los Cuerpos, que serán creados de nuevo y reunidos
en el Lugar de la Estación (al-Mawqif). Allí, el Altísimo
llevará a cabo la Rendición de Cuentas por las acciones
realizadas, de modo que «quien haya hecho el peso de
un átomo de bien, lo verá; quien haya hecho el
peso de un átomo de mal, lo verá» 42. Después
de la confesión de todo aquello que se ha realizado
en la vida, los actos serán pesados para asignarles el
valor que les corresponde (la Balanza).
Aquellos en quienes el bien
ha prevalecido sobre el mal, recibirán en la mano derecha
el libro (Entrega del Libro). Lo contrario les pasará a
aquellos que se hayan manchado con las mayores culpas, sufriendo
las consecuencias de recibir el libro en la mano izquierda.
Por lo tanto, se deberá superar el Puente (Sirat), más
estrecho que la hoja bien afilada de una espada, que
se yergue por encima del infierno. El cruce no será
para todos igual, al punto que algunos resbalarán perdiéndose en
el fuego de las profundidades. Una vez atravesado el Puente
se entrará en el Jardín, bañado por las dulces aguas
del Kawtar, para «gozar eternamente su deliciosa felicidad» 43. Estaba
escrito, en efecto, que «quienes hayan creído y hayan hecho
obras pías, ésos disfrutarán en un prado florido; quienes hayan
sido infieles y hayan desmentido nuestras aleyas y la llegada
del Mundo Futuro, ésos sufrirán el tormento» 44.
Quien haya pecado
será castigado según la propia culpa, y permanecerá en el
Fuego «por un tiempo proporcional a su pecado, para después
salir y entrar en el Jardín y permanecer allí para
siempre» 45.
El fin del mundo será anunciado por algunas señales
apocalípticas46: en particular, la aparición del Mahdi, es decir la
llegada del Dajjal (el Impostor por excelencia), el retorno de
Jesús 47, la devastación del mundo por parte de Gog
y Magog, la aparición de la bestia (dabba), el nacimiento
del sol por occidente, un humo turbio y espeso envolverá
la tierra por cuarenta días, la destrucción del Ka´ba por
parte de los Etíopes, la desaparición del Corán y una
general infidelidad y agnosticismo.
Creer en la Predestinación Cada acción y
cada gesto en la vida de un hombre forman parte
integrante de un diseño inescrutable de Dios, a cuya voluntad
todo está sometido.
Él está al tanto de cada cosa ya
desde la pre-eternidad, al punto que «ninguna desgracia aflige a
la tierra o a vosotros mismos sin que haya ya
sido escrita en un Libro, antes, incluso, de que Nos
la produzcamos» 48. Claro que, aun cuando Dios sea la
causa y el origen de cada acontecimiento, el hombre no
está ni obligado ni forzado en la orientación que le
imprime a su existencia. Su «parcial voluntad» 49 le permite
elegir entre el bien y el mal, así como su
inteligencia está en condiciones de dirigir sus acciones en un
sentido o en el otro. Esta posibilidad de elección en
el contexto de la divina providencia va a entrar en
colisión con la herencia del dahr (fatum, destino impersonal) que
caracterizaba a los politeístas. El Corán mismo permite la elección,
al advertir que «quien quiera crea, quien no quiera, rechace
la Fe» 50. Este consciente sentido de responsabilidad, que asume
un fuerte valor moral y que está en la base
de la libertad misma, recibe una clara confirmación en el
hecho que «el bien que te alcanza procede de Dios.
El mal que te aflige procede de ti» 51. Por
lo tanto, en síntesis, todos los actos humanos, «todas sus
palabras, todos sus movimientos, buenos y malos, se realizan por
voluntad, decreto y conocimiento por parte del Altísimo. Pero el
bien se realiza con Su consentimiento; el mal, en cambio,
sin Su consentimiento» 52.
En el camino trazado por la enseñanza
coránica no raramente se dan interpretaciones radicalmente contrapuestas. Por una
parte los Jabiritas afirman que el destino viene asignado por
Dios en razón de «su universal e ilimitada potencia, al
margen de las acciones u obras humanas» 53, en una
interpretación que asigna a cada hombre una kisma (parte asignada,
destino inmutable) con una absoluta falta de libertad; por otra,
en cambio, los Kadaritas afirman la existencia del libre albedrío.
Fdo. Cristobal Aguilar.