Mi?rcoles, 25 de noviembre de 2009
EL  CONCILIO VATICANO II Y EL ECUMENISMO

En el año 1959, siendo Sumo Pontífice de la Iglesia católica Juan XXIII y al finalizar el Octavario por la unidad de los cristianos el día de la conversión del apóstol san Pablo, el Papa comunicaba a los allí presentes la convocatoria de un concilio ecuménico para toda la Iglesia católica para restaurar algunas formas antiguas de afirmación doctrinal y de prudente ordenamiento de la disciplina eclesiástica que en otro tiempo dieron frutos de extraordinaria eficacia.

Apertura del Concilio Vaticano II
21 de octubre de 1962


Afirmamos categóricamente que aquel 25 de enero de 1959, el Pontífice acababa de consumar un paso de increíble trascendencia para la Iglesia y el mundo. El concilio Vaticano II había sido arrojado a la tierra de la cosecha, como una pequeña semilla por el sembrador evangélico, destinada a convertirse en grandioso árbol de frutos permanentes.

Casi tres años después de este hecho, el Papa escribía tras anunciar la celebración del nuevo concilio nos pareció que arrojábamos una pequeña semilla de ánimo…desde entonces casi han pasado tres años, en cuyo transcurso hemos visto crecer aquella pequeña semilla, con la gracia divina, hasta convertirse en magnífico árbol.


Las palabras del actual Pontífice, Juan Pablo II resuenan con gran fuerza en nuestro tiempo, se puede afirmar, con viva gratitud hacia el Espíritu de verdad, que el concilio Vaticano II fue un tiempo providencial durante el cual se realizaron las condiciones fundamentales para la participación de la Iglesia católica en el diálogo ecuménico.Declaración con respecto al Muro de Separación.


Un hecho significativo y de gran importancia, es cómo se le ocurrió al Santo Padre la magna idea de convocar un concilio ecuménico. A los ojos de muchos, pasará desapercibido, a otros le parecerá algo sin importancia, pero viendo este hecho como algo providencial para la Iglesia y el mundo, toma enormes dimensiones.

La idea del concilio fue concebida por el Papa Juan XXIII según su propio testimonio, no después de una prolongada meditación sobre ella, sino repentinamente, como flor de inesperada primavera. Repetidas veces, y en solemnes documentos, indicó el Pontífice su personal convicción de haberla recibido de una inspiración del Espíritu en su alma. Sus testimonios sobre el hecho señalan dos matices particulares: la absoluta espontaneidad de la idea y la intervención divina en ella, así en su diario escribía el primero en quedar sorprendido con mi propuesta fui yo mismo, sin que nadie me diese indicaciones.

Sin embargo el 24 de enero de 1960 en la sesión inaugural del sínodo romano explica más claramente estando Nos entregado a humildes oraciones, oímos en nuestro sencillo e íntimo corazón la moción a reunir el concilio ecuménico.

¿Por qué hemos dicho “viendo este hecho como algo providencial para la Iglesia y el mundo, toma enormes dimensiones”?

Porque no puede cabernos duda de que Juan XXIII juzgó que había recibido de lo alto una moción, cuya inspiración sintió como un toque misterioso en su alma. Es decir Dios mismo le inspiró a él la enorme idea de convocar un concilio.

El día 23 de diciembre de 1922 se publicaba la primera carta encíclica de Pío XI; en ella el entonces Papa afirmaba aquella reunión de pastores, augustísima por su concurrencia y autoridad, nos inspiró la idea de reunir…un solemne concilio…sin embargo no nos atrevemos…Y la causa de ello es que también Nos, aguardamos pendientes de la oración a que el bueno y misericordioso Dios nos manifieste con más certidumbre el plan de su voluntad.
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Por esto mismo, podemos afirmar que el plan de la voluntad de Dios esperaba la ocasión más oportuna y cuando ésta llegó, sugirió a su siervo Juan XXIII la moción definitiva de realizarlo.

¿Cuál era el fin buscado en este Concilio?

Su Santidad Juan XXIII dijo entonces aquel 25 de enero de 1959 que el concilio era convocado para restaurar algunas formas antiguas de afirmación doctrinal y de prudente ordenamiento de la disciplina eclesiástica que en otro tiempo dieron frutos de extraordinaria eficacia. Sin embargo el diario vaticano L’ Osservatore Romano del día siguiente del anuncio del Santo Padre decía por lo que respecta a la celebración del concilio ecuménico, éste, en el pensamiento del Padre Santo, mira no sólo a la edificación del pueblo cristiano, sino que también quiere ser una invitación a las comunidades separadas para buscar la unidad, que tantas almas…anhelan hoy. Por lo tanto se ve claramente una dirección a la unidad de los cristianos.

Hay un hecho, llamativo por cierto, que parece robustecer esta afirmación y es que el Papa recibió la inspiración entregado a humildes oraciones en uno de los días del octavario por la unidad de los cristianos.

Esto queda manifestado perfectamente cuando en su encíclica sobre San León Magno escribía tomamos el propósito de convocar el concilio ecuménico Vaticano II confiando plenamente en que suceda que tan solemne reunión de obispos no sólo confirme con más estrechos lazos la unidad de fe, de culto y de gobierno, sino que también haga volver hacia sí los ojos de muchos que llevan el nombre de cristianos y los impulse a reunirse en torno al gran Pastor de las ovejas.


Con mayor afinación y precisión de matices en la bula de convocatoria al concilio propone tres fines al mismo:

Primero el rejuvenecimiento de la Iglesia; segundo iluminar los capítulos de su doctrina que preparen el camino de la unidad y tercero una ocasión a los pueblos todos de paz universal.


Por eso, cuando el concilio Vaticano II se hace una realidad ya directa, el Papa en la alocución inaugural, se extiende ampliamente sobre los fines del mismo concilio.

Primero, proteger y promover la doctrina católica; segundo, la unidad de los que llevan el nombre de cristianos y aun de toda la gran familia humana.

No queremos dejar pasar un rasgo especial que en la mente de Juan XXIII adquirió el concilio Vaticano II.

En su primera encíclica, tan sólo cinco meses después de la convocatoria del concilio, el Papa expone cómo la Iglesia, por fundación de su divino Redentor, es Una hasta el fin de los siglos y cómo por esta unidad, en la Última Cena, el Señor hizo una oración a su Padre que todos sean uno: esto produce una dulcísima esperanza de que un día las ovejas separadas volverán al rebaño y habrá un solo rebaño y un solo Pastor.

Esta suavísima esperanza nos ha llevado ya y nos ha impulsado ardientemente al propósito anunciado públicamente de reunir un concilio ecuménico.


En la encíclica Poenitentiam agere del 1 de julio de 1962, pidiendo a todos los fieles una digna preparación de penitencia con vistas a tan gran acontecimiento, el Papa vuelve a insistir en esta idea: que la fe católica, la caridad y las costumbres reflorezcan y tomen tal incremento, que aun aquellos que están separados de esta Sede Apostólica les estimulen a buscar sincera y eficazmente la unidad y a entrar en un solo rebaño bajo un solo Pastor.

Finalmente en una alocución de la tercera sesión del sínodo romano, el Papa expresaba su esperanza de la reunión de los hombres con la palabra del Señor: un solo rebaño y un solo Pastor, en aquel momento decía desde esta página evangélica brotan rayos de luz celeste…que parece anunciar los primeros resplandores de la luz del próximo concilio ecuménico, que ya conmueve…los ánimos de los cristianos de toda la tierra.


Fdo. Cristobal Aguilar.
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By cristobalaguilar at 2011-02-03
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