El nombre de salvia viene del latín "salvare" que significa "ser
salvado", en referencia a los múltiples poderes curativos que se le
atribuyen a esta planta tan popular en huertos y monasterios.
Descripción: La salvia crece en terrenos
calcáreos y se adapta perfectamente a tierras poco abonadas o poco
fértiles como márgenes de sembrados, cunetas y laderas rocosas,
generalmente en ambientes secos y soleados.
De la salvia se recolectan sus hojas, preferentemente de
brotes jóvenes, que se dejan secar a la sombra y se pueden conservar en
saquitos sellados y guardados en cajas o frascos.
Una vez secas, sus características hojas verdes alargadas, se
tornan de un color gris y emanan un intenso aroma alimonado, como de
alcanfor.
Composición y propiedades:
Contiene hasta un 2,5% de aceite esencial que concentra thuyona
(compuesto tóxico), flavonoides, principios amargos y taninos, lo que
le confiere a la salvia sus propiedades antisépticas,
antiinflamatorias, emolientes y astringentes.
Indicaciones: Las indicaciones son
diversas y en función de la situación se recomienda una u otra forma de
presentación, con el fin de aprovechar al máximo sus propiedades.
Espasmos: agua saturada con aceite esencial.
Fiebre: infusión.
Estimulación de la secreción biliar (acción colagoga), aerofagia,
flatulencias digestivas: infusión, condimento de diversos platos.
Inflamación de encías, úlceras y llagas bucales, faringitis: enjuagues.
Úlceras y llagas en la piel: compresas.
Cicatrización de heridas: cataplasma.
Contraindicaciones:
No conviene utilizar durante el embarazo ni la lactancia. Igualmente,
no se debe administrar en casos de insuficiencia renal o inestabilidad
neurovegetaviva. El aceite esencial es neurotóxico debido a la tuyona
(especialmente abundante en la variedad francesa).
Plantas con las que combina:
Para potenciar sus propiedades antisépticas y antiinflamatorias se
puede combinar perfectamente con el romero, el tomillo, el eucalipto y
la equinácea. Por sus propiedades emolientes proporciona un agradable
sabor a las tisanas combinadas con poleo, menta, melisa, anís, hinojo y
manzanilla.
Formas de presentación:
- Infusión:
La infusión nunca debe de hervirse, se prepara de la siguiente manera:
Se pone a hervir la cantidad de agua necesaria en una olla que no sea
de aluminio, según las tazas que se vayan a tomar al día. Cuando el
agua arranca el hervor, se apaga el fuego. Inmediatamente se echa la
dosis de salvia y otras plantas si se va a hacer una infusión
combinada, por ejemplo una cucharadita de cada planta por cada taza o
vaso. Se remueve bien. Se tapa. Se deja reposar unos minutos, se cuela
todo. La infusión que no se consuma, se guarda tapada y a la hora de
tomarla se calienta ligeramente sin que llegue nunca a hervir.
- Aceite esencial: Se respetará la dosis
aconsejada a diluir ya que contiene un compuesto que puede resultar
tóxico. También se puede aplicar externamente en heridas o llagas,
previamente diluido.
- Vahos y gargarismos: Se hacen una vez que se ha elaborado una infusión de salvia sóla o combinada con otras plantas.
- Decocción para compresas: de uso externos, en heridas, llagas o úlceras.
Consejos para su empleo:
Si se pretende secar, este proceso se efectuará a la sombra y en lugar
bien ventilado, guardándose posteriormente en cajas de cartón o bolsas
de papel, pero evitando los tarros de cristal o de plástico. Bien
conservada, mantiene todas sus propiedades durante un año.
Fdo. Cristobal Aguilar.
