S?bado, 21 de noviembre de 2009
SALMO A LA EUCARÍSTIA

Te amo, Señor, por tu Eucaristía, por el gran don de Ti mismo.

Cuando no tenías nada más que ofrecer nos dejaste tu cuerpo para amarnos hasta el fin, con una prueba de amor abrumadora, que hace temblar nuestro corazón de amor, de gratitud y de respeto.

Nos dejaste tu último recuerdo palpitante y caliente, a través de los siglos, para que recordáramos aquella noche en que prometiste quedarte en los altares hasta el fin de los tiempos, insensible al dolor y a la soledad en tantos sagrarios.

Sin más gozo que ser el eterno adorador inmolado sobre el blanco mantel; sin más consuelo que saber que eras el compañero de tus elegidos, que harías más breve su dolor desde tu puesto vigilante, amoroso.

Porque conociste la soledad que iban a sentir los que siguieran tus consejos contrarios a las normas del mundo, bajaste a nuestras vidas para hacer perfumada, fecunda nuestra soledad.

Desde entonces, Señor, tu carne engendra vírgenes y tu sangre mártires.

Gracias por querer prolongar tu Evangelio desde el fondo del tabernáculo; se Evangelio íntimo que enseñas a las almas cuando te descubren su intimidad.

¡Qué pobre serían nuestras vidas sin tu compañía!

Nuestro Padre, nuestro Hermano, quieto rincón junto al que descansamos al final del vértigo de la jornada.

Amén.

Cristobal AGuilar.
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By cristobalaguilar at 2011-02-03
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In nomine Patris et fillii et Spiritus Sancti