Vencido de tus continuos ruegos, hermano
queridísimo, te propongo describir en ocho capítulos, de las partes que
contiene, un breve tratado de nuestro arte, con ciertas reglas, leves
operaciones eficaces y tinturas muy verdaderas contenidas en él, y
quiérote rogar tres cosas:
Lo primero, que no cuides mucho de las palabras de los modernos filósofos
y de los antiguos que hablan en esta ciencia, porque el arte de la alquimia
tiene su asiento y fundamento en la capacidad del entendimiento y en la demostración
de la experiencia. Los filósofos, pues, queriendo encubrir la verdad
de la ciencia, hablaron casi todas las cosas en lenguaje figurado.
Lo segundo: que no quieras apreciar multitud de cosas, ni las composiciones
de diversas especies, porque la naturaleza nunca produce sino su semejante:
porque así como del caballo y la pollina se engendra el mulo con producción
imperfecta, es como algunos imitadores de la ciencia producen de muchas cosas
cierta multiplicidad.
Lo tercero, que no seas hablador, ni bachiller, más antes bien, pon guarda
en tu boca, y así como hijo de los sabios, no arrojarás las piedras
preciosas a los puercos. Teniendo paz con Dios y teniendo tu fin ordenado en
tu obra, siempre la llevaras fijada en tu mente.
Cree por cierto, que si tuvieras delante de los ojos las dichas reglas, que
me dio Alberto Magno, no tendrías necesidad de buscar el favor de los
Reyes y de los Grandes, sino antes bien, los reyes y los señores te darían
toda honra. Porque todo aquél que es reconocido en este arte sirviendo
a los reyes y a los Prelados, no sólo puede ayudar a los antedichos,
sino tambien con buen orden a lodos los necesitados, y lo que recibió
de la gracia, jamás debe darlo a alguno con interés.
Estén pues signadas y selladas seguramente en el secreto de tu corazón
las reglas antedichas. porque en el libro y tratado que escribí antes
de éste, hablé filosóficamente para los del vulgo, mas
a tí, hijo de gran secreto, escribo más claramente, confiado en
tu especial cuidado en el hablar.
DE LA OPERACION
Porque según Avicena en una epístola al Rey Assa dice: Nosotros
buscamos una substancia verdadera y hacerla fija, compuesta de muchas, y que
puesta sobre el fuego lo soporte sin quemarse. Que será penetrante, generativa,
que teñirá el mercurio y otros cuerpos con una tintura verdaderisima
y con el peso debido. La nobleza de esta tintura excede al universo dichoso
del mundo. Porque una cosa nuestra hace ser tres cosas. Las tres, dos; las dos,
finalmente, son una.
Finalmente, así como conviene que sea una substanciacomo dice Avicena,
así también conviene tener paciencia, espera e instrumentos.
Paciencia, porque según Pedro, la presura y el arrebatamiento vienen
del Diablo. Por eso quien no tiene paciencia aparte su mano de la operaclon.
La espera tambien es necesaria para toda acción natural, que sigue nuestro
arte, ya que tiene su modo y tiempo determinado.
Los instrumentos, pues, también son necesarios, empero no muchos como
parecerá en lo siguiente, porque nuestra obra se perfecciona en una cosa,
con un vaso, en una operación según Hermes y por un camino.
Esta medicina, ciertamente, aunque es agregada de muchas cosas, con todo eso,
es una sola materia que no necesita de alguna otra hazaña, si no es del
fermento blanco o rubio, por lo cual es pura, natural, nunca puesta en alguna
otra obra, y de la cual, en el régimen de la obra, aparecerán
diversos colores según los tiempos.
También conviene en los primeros días levantarse de mañana
y ver si la viña floreció. En los siguientes días se verá
el corvino transmutado en la soledad del ciego, y multiplicados colores, en
todos los cuales se ha de esperar el color blanco, llegado el cual esperemos
sin error alguno a Nuestro Rey, elixir o polvo simple sin tacto, piedra que
tiene tantos nombres cuantas son las cosas en el mundo. Mas para explicarme
en breve nuestra materia o magnesia es nuestro argento único mineral,
la orina de los muchachos de doce años debidamente preparada, que viene
luego de la vena y nunca fue en ninguna obra grande que escribí para
los vulgares; nuestra tierra de España, o antimonio.
Con todo eso, no notes aquí el argento vivo común, del que usan
algunos multiplicadores y sofistas, del cual si algo se hace se llama solamente
multiplicación, y con todo eso tiñe un poco respecto del Magisterio.
Aunque causara largos gastos y si agradare trabajar con él, en él
hallarás la verdad, mas requiere larga digestión.
Sigue pues al Santo Alberto Magno, mi Maestro, y trabaja con argento vivo mineral
y el mismo es de nuestra obra perfectivo por la combustión, salvificativo
y efecto por la fusión, porque cuando se fija es tintura de blancura
o de rubio, de una compostura abundantísima, de un esplendor resplandeciente
y no se aparta de lo mezclado, porque es amigable a los metales y un medio de
juntar las tinturas, porque se mezcla con ellos entrando en lo profundo y penetrando
naturalmente, porque se junta conellos.
DE LA COMPOSICION DEL MERCURIO Y DE SU PREPARACION
Aunque nuestra obra se perfecciona de nuestro solo mercurio, a pesar de eso
necesita de fermento rojo o blanco, pues se mezcla más fácilmente
con el sol y con la luna, y se hace una sola cosa con él, siendo así
que estos dos cuerpos participan más de su naturaleza, luego son más
perfectos que los demás.
La razón es porque los cuerpos son de tanta mayor perfección cuanto
más contienen de Mercurio. El sol, pues, y la luna, teniendo más
de él, se conmezclan para la rubio y para lo blanco, se fijan estando
en el fuego, porque el mismo mercurio solo es el que perfecciona la obra y en
él hallamos todas las cosas de que necesitamos para la Obra, al cual
no se debe juntar cosa extraña.
El Sol y la Luna no son extraños a él, porque los mismos se vuelven
en su primera naturaleza al principio de la obra, esto es el mercurio, porque
de él tomaron su origen.
Algunos, pues, porfían haciendo la obra con el solo Mercurio o con la
magnesia simple, lavándola en vinagre fuerte, cociéndolo en aceite,
sublimando, asando, calcinando, destilando la quintaesencia, sacando, con los
elementos y otras infinitas martirizaciones, atormentando al mismo Mercurio,
y creyendo con sus operaciones que de ellas han de hallar alguna cosa grande.
Finalmente muy poco logro hallan.
Mas créeme, hijo, que todo nuestro Magisterio está y consiste
en sólo el régimen del fuego con la capacidad de la industria.
Porque nosotros nada obramos, mas la virtud del fuego bien regido con poco trabajo
hace nuestra piedra, y con pocos gastos.
Juzga que cuando nuestra piedra fuese una vez suelta en su primera naturaleza,
es a saber, en la primera agua, o leche de virgen, o cola del dragón,
entonces la misma piedra ella se calcina, sublima, destila, reduce, lava, congela,
y por la virtud del fuego proporcionado, a sí misma se perfecciona en
un solo vaso, sin operación manual de otro.
Conoce pues hijo, cómo los Filósofos hablaron figuradamente de
las operaciones manuales, pues para que estés seguro de la purgación
de nuestro Mercurio, te enseñaré que con una verdadera operación
nuestro mercurio común es preparado levísimamente.
Recibe pues, Mercurio mineral o tierra hispánica, antimonium nostrum,
o tierra negra oculosa, todas las cuales cosas son una misma, no inferiores
de su género, el cual no se haya puesto antes en obra alguna, cinco libras
y veinte a lo más, y haz que pase por un paño de lino espeso tres
veces. Después haz que pase por el cuero de liebre. Ultimamente haz que
pase por un paño de lino espeso, y ésta es la verdadera lavadura.
Y atiende: si alguna cosa queda en el cuerpo de su grosura, o algún espesor
de porquería. o hediondez. entonces ese mismo mercurio no vale para nuestra
obra. Pero si nada aparece, bueno te es. Advierte que con este mercurio, sin
añadirle ninguna cosa, pueden hacerse la una y la otra obra.
DE LA FORMA DE AMALGAMAR
Puesto que nuestra obra puede completarse a partir de sólo el Mercurio
sin añadir ningún producto extraño, se deduce que se describa
muy brevemente el modo de componer la amalgama. Pero en cambio, algunos entienden
mal a los filósofos porque creen que a partir del solo mercurio, sin
ninguna hermana como semejante, se puede terminar la obra. Yo sin embargo, te
digo con seguridad, que cuando trabajes con el mercurio, no añadas nada
extraño a él, y sepas que el oro, y la plata, no son extraños
al mercurio; más aún, participan de su naturaleza de una manera
más cercana que cualquier otro cuerpo. Por lo cual, reducidos a su primera
naturaleza, se llaman hermanos semejantes al mercurio por su composición
y por su fijación simultánea. Si esto lo entiendes con claridad,
emanará leche de la virgen, y si trabajas con el mercurio no añadiéndole
ninguna cosa extraña, conseguirás lo que deseas.
DE LA COMPOSICION DEL SOL Y DEL MERCURIO
Recibe del sol común depurado, esto es, en el fuego calentado, porque
es fermento de la rubicundez, dos onzas, y quiébralas en pedazos pequeños
con la tenaza, añadelo a catorce onzas de mercurio, y haz humear al mercurio
en la teja y desata mi sol y muévelo con una vara de palo, hasta que
el sol se desate bien y se mezcle; entonces échalo todo en agua clara
y en una escudilla de vidrio, o de piedra, y lava muchas veces, limpiando y
mudando por tanto tiempo, hasta que la negrura toda se aparte del agua. Entonces
si quieres advertir, la voz de la tortolilla se oye en nuestra tierra, la cual
limpia, haz que la amalgama o composición pase por el cuero, bien ligado
por arriba, exprimiendo toda la amalgama, sin dos onzas, y quedarán en
el cuero catorce, y aquellas catorce onzas son las cosas aptas para nuestra
operación.
Atiende que deben ser ni más ni menos que dos onzas de toda la materia
que queden en el cuero. Si fuesen más, disminúyela. Y estas dos
onzas exprimidas, que se llaman leche de la virgen, guárdalas para la
segunda operación.
Póngase pues la materia desde el cuero en el vidrio, y los vidrios en
el hornillo arriba descripto, y encendida debajo una lámpara, de manera
que esté contínuamenteardiendo de noche y de día, que nunca
se apague, y la llama derechamente dé en lo una vez encerrado, con todo
eso no toque la olla, y se extienda semejantemente a todas las partes del hornillo,
bien negras.
Mas si después de un mes o dos quisieses mirar, verás flores vivas
y colores principales, como negro, blanco, citrino y rubio, entonces, sin alguna
operación de tus manos, con el régimen del fuego sólo,
lo manifiesto será abscondido y lo abscondido se hará manifiesto.
Por lo cual nuestra materia a sí misma se lleva al perfecto elixir volviéndose
en polvo sutilísimo, que se llama tierra muerta, o hombre muerto en el
sepulcro, o magnesia árida, porque el espíritu en él esta
ocultado en el sepulcro, y del ánima casi se apartó. Permítela
pues estar entonces, desde el principio hasta veintiséis semanas, y entonces
lo grueso está hecho grácil, lo leve ponderoso, lo áspero
suave, y lo dulce amargo, por la conversión de las naturalezas, cumplidas
ocultamente por virtud del fuego.
Cuando vieres pues tus polvos enjugados: et si proban, et expensas desideras
tingent. Después enseñaré una, o dos partes, porque una
parte de nuestra obra solamente teñirá siete de mercurio bien
purgado.
DE LA AMALGAMACION DE LO BLANCO
Del mismo modo se procede para lo blanco, esto es, luna, esto es, fermento de
la blancura; cuando mezclares con siete partes de Mercurio purgado, en el mismo
procederás como hiciste el rubio. Porque en toda obra blanca nada entra
sino blanco, y en toda obra rubia, nada sino rubio debe entrar: porque de la
misma agua nuestra se hace lo rubio y lo blanco, empero añadiendo distinto
fermento, y pasado el tiempo antedicho puede teñir blanco sobre mercurio,
como para rubio hiciste.
Empero nota que el argento foliado en esta materia, es más útil
que el argento en masa, porque tiene en sí mixtura de algunas heces de
mercurio y se debe amalgamar con mercurio frío y no caliente. De otra
suerte gravísimamente yerran algunos obrando esto, disolviendo la amalgama
en agua fuerte para purgarla, y si quieren mirar la naturaleza de la composición
del agua fuerte, la misma por esto se destruye más.
Algunos tambien quieren obrar con sol o luna mineral, según las reglas
de este libro, y yerran diciendo que el sol no tienen humedad y es cálido
de manifiesto, y por eso muy bueno. Antes bien, se saca la quintaesencia con
el ingenio sutil del fuego en el vaso de circulación que se llama pelícano.
Mas el sol mineral y la luna tienen en sí mezclada tanta suciedad de
hez, que la purificación de ellos, potente al nuestro, no sería
obra de mujeres y juego de niños, mas antes bien trabajos muy fuertes
de varón anciano, desatando, calcinando, insistiendo a otras operaciones
del arte grande.
DE LAS OPERACIONES SEGUNDA Y TERCERA
Acabada esta primera obra, procedamos a la segunda práctica. Luego que
se hizo el cuerpo de nuestra primera obra con la cola del Dragón, esto
es, la leche de la virgen, añadidas siete partes de mercurio nuevo sobre
la materia que queda, según el peso de los polvos, Mercurio digo purificado
y limpiado, haz pasar por el cuero y retén siete partes del todo; lava
y ponlo en el vidrio y en el hornillo, como hiciste en la primera obra, controlando
por todo el tiempo, o estando cerca hasta que hayas visto hechos los polvos
otra vez, los cuales por segunda vez toma o saca, y si quieres tiñe,
y estos polvos son mucho mas sutiles quelos primeros, porque están más
digeridos, porque una parte tiñe cuarenta y nueve en elixir.
Entonces, procede a la tercera práctica, como hiciste en la primera y
segunda operación, y pon sobre el peso de los polvos de la segunda obra,
siete partes de mercurio purgado, y pon en el cuerpo, de manera que las siete
partes queden en el todo como antes. Y por segunda vez cuece, y haz polvos,
los cuales de verdad son polvos sutilísimos, de los cuales una onza tiñe
siete veces cuarenta y nueve, que son trescientos cuarenta y tres y esto sobre
mercurio. La razón es porque cuanto más se digiere nuestra medicina,
tanto más sutil se hace y cuanto más sutil fuere, tanto más
penetrable, y cuanto más penetrable tanto más profundo tiñe.
Por fin, de esto se entienda, que si no tienes argento vivo mineral, seguramente
podrás trabajar con mercurio común, porque aunque no valga tanto
como éste, con todo eso da largas expensas.
DE LA FORMA DE OBRAR EN LA MATERIA O MERCURIO
Más cuando quieras teñir mercurio, toma la teja de plateros de
oro, y úntala un poco por dentro con sebo, y pónlo en ella, según
la proporción de la medicina, sobre fuego lentísimo y cuando el
Mercurio comenzare a humear, echa dentro de tu medicina encerrada en cera limpia,
o en papel, y ten carbón encendido fuerte y preparado para esto, y pon
sobre la boca de la teja. Y da fuerte fuego, y cuando todo se hubiera liquidado,
échalo según las reglas, untada con sebo, y tendrás sol
o luna finísima, según la adición del fermento.
Mas si quieres multiplicar tu medicina en el estiércol del caballo. haz
esto como boca a boca te enseñé, como sabes, lo cual no te escribo
porque sería pecado revelar este secreto a hombres seglares que buscan
esta ciencia mas por vanidad que por el debido fin y honra de Dios, al cual
sea la honra y gloria en los siglos de los siglos. Amén.
Mas aquella obra que escribí para los vulgares con estilo bastante físico,
vi trabajarla una vez para siempre al Santo Alberto, de Antimonio y de tierra
española a tí conocida. Mas porque es de más logro y tiempo,
y para no caer en la indebida expensión, ojalá te procure el obrar
más ligero, aquella breve obra que escribí, en la cual ningún
error hay, con las expensas moderadas, levedad de la obra, brevedad de tiempo,
y el fin verdaderamente deseado. De lo cual tú y todos los tuyos percibiréis
sin falsedad.
No quieras pues, queridísimo, ocuparte con mayor obra, porque por la
salud y oficio de la predicación de Cristo, y logrando el tiempo, desees
más atender a las riquezas espirituales que ansiar por los logros temporales.
Se dice que la materia de todas las piedras preciosas es el cristal que
es un agua que posee muy poca terresteidad, y coagulada bajo la acción
de un frío extremo. Se pulveriza el cristal sobre un mármol; se le
empapa con aguas fuertes y disolventes, hasta que la mezcla forme un
cuerpo bien homogéneo; se le pone entonces en el estiércol caliente
donde se convierte al cabo de un cierto tiempo en agua; se destila
ésta, se clarifica y se volatiliza en parte. Se toma seguidamente otro
líquido rojo, hecho con vitriolo rojo calcinado y con orina de niños.
Se mezclan y se destilan de igual manera muchas veces estos licores,
según el peso y las proporciones necesarias; se los coloca en el
estiércol con el fin de que se mezclan más íntimamente y después se los
coagula químicamente (in Kymia)
por medio de un fuego lento, que forma así una piedra parecida en todo
al Jacinto. Cuando se quiere hacer un zafiro, el segundo licor se forma
de orina y de azur en lugar de vitriolo rojo, y así otros según la
diversidad de colores; el agua empleada deberá ser naturalmente de la
misma naturaleza que la piedra que queramos producir. El principio
activo es pues el calor o el frío, y sea que el color sea suave o el
frío sea muy intenso, son ellos los que extraen de la materia la forma
de la piedra que no existía más que en potencia y como enterrada (sepultam)
en el fondo del agua. Podemos distinguir en las piedras como en todas
las cosas tres atributos, a saber: la substancia, la virtud y la
acción. Podemos juzgar sus virtudes por las acciones ocultas y muy
eficaces que producen, tal como juzgamos las acciones de las naturaleza
y de los cuerpos supracelestes.
No es por tanto
dudoso que posean algunas propiedades y virtudes ocultas de los cuerpos
supracelestes, y que participen de su substancia ; lo que no quiere
decir que estén compuestos de la misma substancia que las estrellas o
cuerpos supracelestes, como ya he estudiado someramente en el tratado
de los cuerpos. Habiendo aislado de algunos cuerpos los cuatro
elementos, los purifiqué y así purificados los combiné; obtuve de esta
manera una piedra de una eficacia y de una naturaleza tan admirables
que los cuatro elementos groseros e inferiores de nuestra esfera no
tenían ninguna acción sobre ella.
Al hablar de esta operación fue cuando Hermógenes (el Padre, como le
llamaba Aristóteles, que fue tres veces grande en filosofía, y que
conocía todas las ciencias tan bien en su esencia como en sus
aplicaciones), fue al hablar, digo, de esta operación, cuando escribe:
Fue para mí la mayor felicidad posible al ver la quintaesencia
desprovista de las cualidades inferiores de los elementos.
Parece pues, evidentemente, que algunas piedras participan un poco de
la quintaesencia, lo cual es cierto y manifiesto por las operaciones de
nuestro arte.
Capítulo Tercero
De la Constitución y de la Esencia de los Metales
Los metales son formados por la naturaleza, siguiendo cada uno la
constitución del Planeta que le corresponde y es de este modo como el
artista ha de actuar. Existen pues siete metales que participan cada
uno de un planeta, a saber: el Oro que viene del Sol y que lleva su
nombre; la Plata de la Luna; el Hierro de Marte; el Mercurio de
Mercurio; el Estaño de Júpiter; el Plomo de Saturno; el Cobre y el
Bronce de Venus. Por otra parte estos metales toman el nombre de su
planeta.
De la Materia esencial de los Metales
La primera materia de todos los metales es el Mercurio. En unos se
encuentra congelado débilmente, y en otros fuertemente. De esta manera
se puede establecer una clasificación de los metales basada en el grado
de acción de su planeta correspondiente, en la perfección de su azufre,
en el grado de congelación de su mercurio y de terresteidad que poseen,
esto les da un lugar por referencia a los demás metales.
Así el plomo no es más que mercurio terrestre, es decir que participa
en la tierra, débilmente congelado y mezclado con un azufre sutil y
poco abundante; y como la acción de su planeta es débil y alejada al se
encuentra con inferioridad con respecto al estaño, al cobre, el hierro,
la plata y el oro.
El estaño es plata viva sutil, poco coagulada mezclada con un acero
grosero e impuro; por ello está bajo el dominio del cobre, del hierro
de la plata y del oro.
El Hierro está formado por un Mercurio por un Mercurio grosero y
terrestiforme y por un azufre terrestre y muy impuro, pero la acción de
su planeta lo coagula fuertemente, por ello es por lo que debajo de él
sólo encontramos el cobre, la plata y el oro. El cobre está formado por
un azufre poderoso y por un mercurio bastante grosero.
La plata está formada por un azufre blanco, claro, sutil que no quema y
por un mercurio sutilmente coagulado, limpio y claro, bajo la acción
del planeta Luna; por ello está solamente bajo el dominio del oro.
El Oro verdaderamente el más perfecto de todos los metales, está
compuesto por un azufre rojo, claro sutil que no quema, y por un
mercurio sutil y claro, puesto fuertemente en acción por Sol. Por est
motivo no puede ser quemado por el azufre, lo que es posible para todos
los demás metales.
Es pues evidente que podemos hacer oro de todos los metales, y que de
todos, exceptuando de oro, podemos hacer plata. Podemos convencernos
por ejemplo de las minas de oro y de plata de las cuales se extraen
otros metales mezclados con marcasitas de oro y de plata. Y no hay
ninguna duda de que estos metales se hubieran transformados ellos
mismos en oro y en plata si hubieran quedado en la mina el tiempo
necesario para que la acción de la naturaleza hubiera podido
manifestarse.
En cuanto a saber si se puede hacer artificialmente el oro con los
otros metales destruyendo las formas de su substancia y de cómo actúa,
hablaremos en el tratado de Esse et essentia rerum sensibiliun. Pero aquí lo admitimos como verdad demostrada.
Capítulo Cuarto
De la Transmutación de los Metales y en Primer lugar de Aquella que Sucede por Artificio
La transmutación de los metales puede darse artificialmente por el
cambio de la esencia de un metal en la esencia de otro ya que, lo que
existe en potencia puede, evidentemente, reducirse en acto como dice
Aristóteles o Avicena: los alquimistas saben que las especies no pueden
nunca ser transmutadas verdaderamente, sino, sólo cuando se ha
efectuado la reducción a la materia prima. Ahora bien, esta materia
prima de todos los metales se acerca mucho, según la opinión de todos,
a la naturaleza del mercurio. Pero como sea que esta reducción es en
gran parte de la obra de la naturaleza, no es inútil el ayudarla por
medio del arte; ahora, esto es difícil, y en esta operación en la que
se cometen un gran número de faltas y en la mayor parte disipan en vano
su juventud y sus fuerzas y seducen a reyes y grandes con vanas
promesas que no pueden cumplir, no sabiendo discernir los libros
erróneos, las impertinencias, ni las operaciones falsas escritas por
los ignorantes, y finalmente no obtienen sino un resultado
completamente nulo. Habiendo pues observado que los reyes no habían
podido llegar a la perfección después de minuciosas operaciones, creí
que esta ciencia era falsa. Releí los libros de Aristóteles o de
Avicena, De Secretis Secretorum
donde encontré la verdad tan sumamente velada bajo enigmas , que
parecía vacía de sentido; leí los libros de sus contradictores y
encontré en ellos locuras parecidas. Finalmente consideré los
principios de la NATURALEZA, y vi que en ellos la vía de la verdad.
Observé en efecto que el mercurio penetraba y atravesaba todos los
metales, ya que si se tiñe cobre con mercurio mezclado con la misma
cantidad de sangre y arcilla, este cobre será penetrado interior y
exteriormente y se volverá blanco, aunque este color no sea duradero.
Sabemos ya que la plata viva se funde con los cuerpos y los penetra.
Consideré pues que si este mercurio era retenido no podría escaparse y
que si encontraba una manera de fijar la disposición de sus moléculas
con los cuerpos resultaría que el cobre y los otros cuerpos mezclados
con él no serían quemados más por aquellos que, quemándolos
ordinariamente, no tienen ninguna acción sobre el mercurio. Porque este
cobre sería entonces parecido al mercurio y poseería sus mismas
cualidades.
Sublimé pues una cantidad de mercurio bastante grande para que la
fijación de sus disposiciones internas no fuera alterada, es decir para
que no se sutilice al fuego; así sublimado, lo hice disolver en el agua
a fin de perpetuar la reducción a materia prima, con esta agua empapé
ampliamente cales de plata y arsénico sublimado y fijado; después hice
disolver el resultante en estiércol de caballo caliente; congelé la
disolución y obtuve una piedra clara como el cristal que tenía la
propiedad de romper la partículas de los cuerpos, de penetrarlos y de
fijarse fuertemente de tal manera que un poco de esta substancia
proyectada sobre una gran cantidad de cobre la transformaba
inmediatamente en una plata tan pura, que era imposible encontrar otra
mejor. Quise comprobar si igualmente podía convertir en otro nuestro
azufre rojo; lo hice hervir a fuego lento; este agua se volvió roja la
destilé al alambique y obtuve como resultado en el fondo de la
cucúrbita azufre rojo puro que congelé con la mencionada piedra blanca
a fin de convertirla igualmente roja. Proyecté una parte sobre una
cantidad de cobre y obtuve oro muy puro.
En cuanto al procedimiento oculto que empleo, lo indico únicamente en
líneas generales y lo pongo aquí a fin de que nadie empiece a actuar a
menos que conozca perfectamente las formas de sublimación, destilación
y de congelación, y de que sea un experto en la forma de los vasos y de
los hornos y en la cantidad y cualidad del fuego.
He operado también con el arsénico y he operado con el arsénico y he
obtenido una plata muy buena, pero no de la más perfecta pureza; he
obtenido el mismo resultado con el Oropimente sublimado, pero este
método es llamado transmutación de un metal en otro.
Capítulo Quinto
De la Naturaleza y la Producción de un Nuevo Sol y de una Nueva Luna
por Virtud del Azufre Extraído de la Piedra Mineral
Existe, sin embargo un método más perfecto de transmutación que
consiste en el cambio del mercurio en oro o en plata, por medio del
azufre rojo o blanco, claro, simple, que no quema, como lo enseña
Aristóteles, In Secretis Secretorum según un método muy vago y muy confuso, ya que éste es el Secreto de los Sabios (Absconditum sapientibus);
dice él a Alejandro: la Divina Providencia te aconseja ocultar tus
intenciones y cumplir el misterio que te expondré oscuramente,
mencionando algunas de las cosas de las cuales se puede extraer este
principio verdaderamente poderoso y noble.
Estos libros no están publicados para el vulgo sino únicamente para los iniciados (propterprofectos).
Si alguien, presumiendo de sus fuerzas, empieza la obra, yo le exhorto
a no hacerlo bajo ningún concepto, a menos de que sea muy experto y
hábil en el conocimiento de los principios naturales, y que sepa
emplear con discernimiento las formas de destilación, de disolución, de
congelación y sobre todo las diversas clases y grados de fuego.
Por otra parte, el hombre que quiera realizar la obra por avaricia, no
lo logrará, sino únicamente aquél que trabaja con sabiduría y
discernimiento.
La piedra mineral que se utiliza para producir este efectos
precisamente el azufre blanco o rojo claro, que no arde y que se
obtiene por la separación y la conjunción de los cuatro elementos.
Enumeración de las Obras Minerales
Toma pues, en nombre de Dios, una libra de este azufre; tritúralo
fuertemente sobre mármol y empápalo con una libra y media de aceite de
oliva muy puro del que utilizan los filósofos; redúcelo, todo a una
pasta que pondrás en un oculto vaso físico (sartagine physica)
y que harás disolver así mediante el fuego. Cuando veas subir una
espuma roja, retirarás la materia del fuego y dejarás bajar la espuma
sin cesar de remover con una espátula de hierro, después la pondrás
nuevamente sobre el fuego y repetirás esta operación hasta que obtengas
la consistencia de la miel. Vuelve a poner seguidamente la materia
sobre el mármol donde se congelará al instante como la carne o como el
hígado cocido; la cortarás después en varios trozos del tamaño y forma
de una uña, y con un peso igual de quintaesencia de aceite de tártaro,
y la pondrás al fuego durante aproximadamente dos horas.
Encierra después la obra en una ánfora de cristal bien sellada con el
betún de sabiduría que dejarás a fuego lento durante tres días y tres
noches. Pondrás después el ánfora y la medicina en agua fría durante
otros tres días; después cortarás de nuevo la obra en pedazos del
tamaño de tu uña y la pondrás en una cucúrbita de cristal encima del
alambique. Destilarás de esta manera un agua blanca parecida a la
leche, que es la verdadera leche de la virgen; cuando este agua esté
destilada, aumentarás el fuego y la trasvasarás a otra ánfora. Toma
ahora aire que se parezca al aire más puro y perfecto, porque es éste
el que contiene el fuego. Calcina en el horno de calcinación esta
tierra negra que queda en el fondo de la cucúrbita, hasta que se vuelva
blanca como la nieve; ponla otra vez en agua destilada siete veces, a
fin de que una lámina de cobre al rojo, apagada por tres veces, se
vuelva perfectamente blanca. Hágase de igual forma con el agua que con
el aire; a la tercera destilación encontrarás el aceite y toda la
tintura parecida al fuego en el fondo de la cucúrbita. Volverás a
empezar de nuevo una segunda y una tercera vez, y recogerás el aceite;
después tomarás el fuego que está en el fondo de la cucúrbita y que es
parecido a sangre negra y blanca; la guardarás para destilar y probarla
con la lámina de cobre, como hiciste con el agua; y he aquí que ahora
posees la manera de separar los cuatro elementos. Pero la forma de
unirlos (modum conjungendi) es ignorada por todos.
Toma pues la tierra y tritúrala sobre una piedra de vidrio o de mármol
muy limpia; empápala con igual peso de agua hasta que forme una pasta;
colócala en un alambique y destílala con un fuego; empapa de nuevo lo
que quede en el fondo de la cucúrbita con el agua que hayas destilado
hasta que sea absorbida completamente.
Después empápala con igual cantidad de aire utilizando éste como lo has
hecho con el agua hasta que forme una pasta; colócala en un alambique y
destílala con su fuego; empapa de nuevo lo que quede en el fondo de la
cucúrbita con el agua que hayas destilado hasta que sea absorbida
completamente.
Después empápala con igual cantidad de aire utilizando éste como lo has
hecho con el agua, y obtendrás una piedra cristalizada, que proyectada
en pequeña cantidad sobre gran cantidad de mercurio, lo convierte en
auténtica plata, y ésta es la virtud del azufre blanco que no arde,
formado por tres elementos: la tierra, el agua y el aire. Si ahora
tomas una diecisieteava parte de fuego y la mezclas con los tres
elementos mencionados, destilándolos y empapándolos como hemos dicho,
obtendrás una piedra roja, clara, simple, que no se quema, de la que
una pequeña parte proyectada sobre gran cantidad de mercurio se
convertirá en oro refinado y muy puro. Este es el método para
perfeccionar la piedra mineral.
Capítulo Sexto
De la Piedra Natural Animal y Vegetal
Existe otra piedra, que, según Aristóteles, es una piedra y no es una
piedra. Es a la vez mineral y animal; se encuentra en todas partes en
todos los hombres y es la que debes podrir en el estiércol y colocar
después de esta putrefacción en una cucúrbita sobre el alambique;
extraerás de ella de la manera dicha anteriormente, efectuarás su
conjunción y obtendrás una piedra que no tendrá menos eficacia y
virtud. Y no te extrañe que haya dicho que hay que podrirla en el
estiércol caliente de caballo como debe hacerlo el artista, ya que, si
el pan de trigo se coloca allí , después de nueve días será
transformado en carne verdadera mezclada con sangre. Es por esta razón
creo yo, por la que Dios ha querido escoger el pan de trigo con
preferencia a cualquier otra materia, porque es más especialmente la
alimentación del cuerpo que ninguna otra substancia y porque de él se
pueden extraer los cuatro elementos y hacer una excelente obra.
De todo lo que hemos dicho, se concluye que todo cuerpo compuesto puede
ser reducido a mineral y esto, no solamente por medio de la naturaleza
sino por medio del arte. Bendito sea Dios que dio a los hombres tal
poder, ya que imitador de la naturaleza, puede transmutar las especies
naturales, cosa que la naturaleza indolente tarda en realizar un tiempo
inmenso. He aquí otros métodos de transmutación de los metales que
podemos encontrar en los libros de Rosas, de Arquelao, en el Séptimo
Libro de los Preceptos, y en tantos otros tratados de alquimia.
Capítulo Séptimo
De la Forma de Obrar con el Espíritu
Existe una forma de actuar con el espíritu y es a propósito saber que
existen cuatro clases de espíritus, llamados así porque se volatilizan
al fuego, y porque participan de la naturaleza de los cuatro elementos,
a saber: el Azufre, que posee la naturaleza del Fuego, la Sal amoníaca,
el Mercurio que posee las propiedades del Agua y que es llamado también
servidor fugitivo (servus fugitivus)
y el Oropimente o Asénoco que posee el espíritu de la Tierra. Algunos
han trabajado utilizando uno de estos espíritus, sublimándolo y
convirtiéndolo en agua, destilándolo y congelándolo; después habiéndolo
proyectado sobre el cobre han efectuado la transmutación. Otro ha
utilizado dos de estos espíritus; otro tres, otro finalmente, los
cuatro; he aquí su método: después de haber sublimado cada uno de estos
elementos por separado, repetidas veces hasta que sean fijados, y
haberlos destilado y después disuelto en agua fuerte y haberlos
empapado de disolventes enérgicos, se reúnen todas estas aguas; se las
destila y se las congela de nuevo todas juntas y se obtiene unas piedra
blanca como el cristal, que proyectada en pequeña cantidad sobre un
metal cualquiera lo cambia en verdadera Luna. Se dice generalmente que
esta piedra está compuesta por los cuatro elementos a muy alto grado de
depuración. Otros creen que se la compone con un espíritu unido con los
cuerpos; pero yo no creo que este método sea verdadero y creo que es
ignorado por todos, aunque Avicena mencione algunas palabras sobre él
en su Epístola.
Lo probaré cuando tenga el tiempo y el lugar necesarios.
