Mi?rcoles, 04 de noviembre de 2009
EL PAPA ACTUAL - INFORMACIÓN SOBRE SU VIDA

1. ¿Cuándo y dónde nació el Papa Benedicto XVI?
2. ¿Qué nombre recibió el Papa al nacer?
Joseph Alois Ratzinger, que luego sería el Papa Benedicto XVI, nació el 16 de abril de 1927
(que, ese año, fue Sábado Santo), en la ciudad de Marktl am Inn, una pequeña localidad con
mercado en el sur de Alemania, en la provincia de Baviera, la región más católica del país. La
población pertenece a la diócesis de Passau. Es el tercer hijo, y el menor, de Joseph Ratzinger,
padre, oficial de policía que descendía de una antigua familia de agricultores de condiciones
económicas más bien modestas. La madre del Papa Benedicto XVI era hija de artesanos de
Rimsting, Austria, en el sur de Tirol, cerca de la frontera norte de Italia. Antes de casarse
trabajó de cocinera en varios hoteles. Su hermano, Georg Ratzinger, es sacerdote y, al igual
que Joseph, músico. Su hermana, Maria Ratzinger, no se casó y se ocupó de la administración
de la casa del Cardenal Ratzinger hasta que falleció en 1991. Vivió en Marktl am Inn sólo
durante dos años antes de mudarse a Traunstein, al sur de Marktl am Inn y
aproximadamente a 30 kilómetros al oeste de Salzburgo.
3. ¿Cuáles son algunos de los acontecimientos importantes en los primeros años de vida del
Papa Benedicto que lo prepararon para ejercer su ministerio papal?
Los parientes del Papa Benedicto XVI coinciden en que Joseph Ratzinger expresó su deseo de
ser sacerdote cuando todavía era muy joven. Se refieren a un acontecimiento en la vida del
futuro Papa que sucedió cuando sólo tenía cinco años de edad. En esa oportunidad, estaba
con un grupo de niños que daban la bienvenida con flores al Cardenal Arzobispo de Munich.
Impresionado con la vestimenta de color rojo intenso del Cardenal, ese mismo día anunció
que quería ser cardenal.
Al igual que su predecesor, el Papa Juan Pablo II, el Papa Benedicto vivió durante un período
en el que el régimen nazi no sólo había dominado Alemania sino, también, muchos países
vecinos de Europa. En 1941, justo después de cumplir 14 años de edad, fue obligado a
alistarse en el Cuerpo Juvenil del ejército de Hitler, pero participó sin entusiasmo y jamás
asistió a las reuniones, reflejando el desdén que sentía su padre por los nazis. Ese mismo año,
uno de sus primos Ratzinger, de su misma edad y con síndrome de Down, fue asesinado por
los nazis en virtud del programa de eliminación de personas físicamente o mentalmente
imperfectas. En otra oportunidad vio como los nazis golpeaban al párroco antes de la
celebración de la Misa.

En 1943, a los 16 años de edad y mientras todavía asistía al seminario menor, Joseph fue
enrolado en los servicios auxiliares antiaéreos del ejército alemán. Luego recibió
entrenamiento en la infantería. Debido a enfermedad no debió sufrir los rigores habituales
del servicio militar. En 1945, cuando el frente aliado se aproximaba a su puesto, escapó del
ejército y logró regresar a su hogar en Traunstein. Fue llevado a un campo de prisioneros de
guerra pero, pocos meses después de finalizada la guerra, en el verano de 1945, fue liberado.
Ingresó nuevamente al seminario de Traunstein con su hermano Georg en noviembre de ese
mismo año. Los hermanos recibieron la ordenación sacerdotal en la Arquidiócesis de Munich
y Freising el 29 de junio de 1951, la festividad de los Santos Pedro y Pablo.
La fe y la educación que recibió de su familia lo prepararon para afrontar la dura experiencia
de su juventud. “Precisamente en esa compleja situación, descubrió la belleza y la verdad de la
fe en Cristo; para ello fue fundamental la actitud de su familia, que siempre dio un claro
testimonio de bondad y esperanza, con una arraigada pertenencia a la Iglesia.”17
La experiencia de la guerra contribuyó mucho con la inquietud del Papa sobre la verdad y la
esperanza que provienen de la fe en Cristo, una inquietud que se manifiesta claramente en su
carrera académica, su sacerdocio, sus muchos años al servicio de la Iglesia antes de su
elección al papado y, ahora, durante su ejercicio de Papa.
4. El Papa Benedicto como maestro y escritor
Un año antes de su ordenación, Joseph Ratzinger comenzó a enseñar en una escuela
secundaria de Freising. Varios años antes de doctorarse en teología, comenzó a estudiar para
ser profesor universitario de teología dogmática y fundamental. Enseñó en Greising, Bonn,
Münster, Tübingen y, además, en la Universidad de Regensburg. De 1962 a 1965, el futuro
Papa participó en el Concilio Vaticano II como “experto” (peritus) o asesor teológico del
cardenal Josef Frings, de Colonia.
El actual Papa tiene facilidad para los idiomas y esto lo ha beneficiado mucho, tanto en su
calidad de escritor como de maestro y, especialmente ahora, en su posición como cabeza de la
Iglesia universal. Además de su alemán nativo, habla y escribe con fluidez en italiano, francés,
inglés, español y latín. Tiene conocimientos de portugués y, también, puede leer griego
antiguo y hebreo bíblico.
El Papa es, asimismo, un prolífico escritor. Además de los múltiples artículos que escribió
antes de su elección, es autor de 36 libros, así como de dos encíclicas papales. En 1972, junto a
Hans Urs von Balthasar, Henri de Lubac (posteriormente, ambos nombrados cardenales) y
otros grandes teólogos, fundó la renombrada revista de teología Communio.

5. Joseph Ratzinger como arzobispo de Munich
El 25 de marzo de 1977 (día de la Festividad de la Anunciación), el Papa Pablo VI nombró a
Joseph Ratzinger arzobispo de Munich y Freising, un cargo que conservó sólo durante cuatro
años, hasta que el Papa Juan Pablo II lo designó prefecto de la Congregación para la Doctrina
de la Fe, presidente de la Comisión Bíblica Pontificia y presidente de la Comisión Teológica
Internacional. A la luz de estos nombramientos posteriores, y particularmente de su elección
como Papa en 2005, el lema episcopal que escogió como arzobispo de Munich y Freising
prefigura esos nombramientos y revela su pasión por la verdad: “Cooperators Veritatis”
(colaboradores de la verdad) (3 Juan 8). En su obra autobiográfica, Recuerdos, él mismo
explica su elección de ese lema: “Por un lado, me parecía que expresaba la relación entre mi
tarea previa como profesor y mi nueva misión. Aunque de diferentes modos, lo que estaba y
seguía estando en juego era seguir la verdad, estar a su servicio. Y, por otro, escogí este lema
porque en el mundo de hoy el tema de la verdad es acallado casi totalmente; pues se presenta
como algo demasiado grande para el hombre y, sin embargo, si falta la verdad todo se
desmorona.”18 Ese mismo año, el Papa Pablo VI lo elevó al rango de cardenal.
6. ¿Qué oficios importantes en la curia ejerció durante 23 años el Papa Benedicto XVI hasta
convertirse en Papa?
El cardenal Ratzinger ejerció numerosas responsabilidades administrativas en el período de
23 años que transcurrió en el Vaticano. Fue miembro del Consejo de la Secretaría de Estado
para las Relaciones con los Estados, de las Congregaciones para las Iglesias Orientales, para el
Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, para los Obispos, para la Evangelización de
los Pueblos, para la Educación Católica, para el Clero y para las Causas de los Santos.
También fue miembro de los Consejos Pontificios para la Promoción de la Unidad de los
Cristianos y para la Cultura, del Tribunal Supremo de la Signatura Apostólica y de las
Comisiones Pontificias para América Latina, “Ecclesia Dei”, para la Interpretación Auténtica
del Código de Derecho Canónico y para la Revisión del Código de Derecho Canónico
Oriental.19 En todas estas experiencias logró comprender la complejidad del mundo y de la
Iglesia que lo prepararon para servir como Papa de la Iglesia a la que había servido por toda
su vida.
De todos estos cargos, el que lo hizo más conocido fue el de prefecto de la Congregación para
la Doctrina de la Fe. Esta congregación se ocupa de la enseñanza de la doctrina católica.
Como consumado teólogo, el cardenal Ratzinger estaba muy bien preparado para evaluar la
ortodoxia de las obras de teólogos de todo el mundo. En el tratamiento de estos temas, se
mantuvo inquebrantable en su devoción a la verdad que proviene sólo de la fe en Jesucristo.

7. ¿Cómo llegó a convertirse el cardenal Joseph Ratzinger en el Papa Benedicto XVI?
Los miembros del Colegio de los Cardenales que todavía no alcanzaron a cumplir los 80 años
de edad son quienes eligen al Papa para ocupar ese cargo. Cuando falleció el Papa Juan Pablo
II, los cardenales se reunieron en el Vaticano, en lo que se denomina un “cónclave”. Este
término proviene de la frase en latín, con clave, que literalmente significa “con una llave”,
debido a que los cardenales que votan son encerrados con llave en la Capilla Sixtina durante
el proceso de elección de un nuevo Papa.
Mientras los cardenales se reunieron algunos días antes del proceso de elección, el cónclave
comenzó con una Misa por la mañana, con tiempo suficiente para rezar y discernir. No se
hace campaña para acceder a esta función, como ocurre en casi todos los otros tipos de
elecciones. El hombre a ser elegido será el sucesor de Pedro y los cardenales invocan la guía
del Espíritu Santo que los ayudará a elegir a quien el Señor ha destinado desde toda la
eternidad para ser el siguiente Papa.
En la tarde del primer día del cónclave se realizaron dos elecciones y ningún candidato
recibió la necesaria mitad más uno de los votos de todos los cardenales participantes. En el
segundo día de la elección, en la cuarta sesión de votación, el cardenal Joseph Ratzinger
recibió la mayoría necesaria de los votos y fue así que, tres días después de cumplir los 78
años de edad, el 19 de abril de 2005, fue elegido Papa. Este fue uno de los cónclaves más
breves de la historia reciente.
Sus primeras palabras a la multitud reunida en la Plaza de San Pedro inmediatamente
después de haberse anunciado su elección, reflejan la humildad de su pedido por nuestras
oraciones: “Queridos hermanos y hermanas: después del gran Papa Juan Pablo II, los señores
cardenales me han elegido a mí, un simple y humilde trabajador de la viña del Señor. Me
consuela el hecho de que el Señor sabe trabajar y actuar incluso con instrumentos
insuficientes, y sobre todo me encomiendo a vuestras oraciones. En la alegría del Señor
resucitado, confiando en su ayuda continua, sigamos adelante. El Señor nos ayudará y María,
su santísima Madre, estará a nuestro lado. ¡Gracias!”21
Benedicto XVI no es el primero sino el noveno Papa alemán. El último Papa alemán anterior
a él fue el Papa Adriano VI, quien reinó por veinte meses, entre 1522 y 1523 y, al igual que el
Papa Benedicto XVI, era profesor de la Universidad (de Lovaina) y el primer Papa reformista
del siglo 16. Adriano también fue el último Papa no italiano hasta la elección de Juan Pablo II,
casi 500 años más tarde.22 Benedicto fue elegido Papa el día de la festividad del Papa León IX
(1048-1054), el más grande Papa alemán, y reformista, de la Edad Media. Pese a que reinó por
más de cinco años, sólo residió seis meses en Roma. Dedicó el resto del tiempo a visitas
pastorales a Italia, Alemania, Francia e, incluso llegó al este de Hungría, para “proyectar una
imagen del papado en acción a aquellos para quienes el Papa había sido sólo un nombre, a
veces de mala fama.”23
8. Cuando fue elegido, ¿por qué escogió el Papa el nombre de Benedicto?
El cambio por un nuevo nombre al ser elegido Papa se remonta al mismo San Pedro, el
primer Papa, cuando el Señor le dice, después de la confesión de fe de Pedro,
“Bienaventurado eres Simón, hijo de Jonás, porque no te ha revelado esto la carne ni la
sangre, sino mi Padre que está en los cielos. Y yo a mi vez te digo que tú eres Pedro, y sobre
esta piedra edificaré mi Iglesia.”24
El cambio de nombre indica un cambio de identidad. Ya no es más Joseph Ratzinger, sino
Benedicto XVI, el sucesor de San Pedro que continúa la misma misión que el Señor le
encomendó en primer lugar: “Id, pues, y haced discípulos a todas las gentes bautizándolas en
el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, y enseñándoles a guardar todo lo que yo
os he mandado.”25 De la misma manera, Jesús entregó al Papa Benedicto XVI las mismas
llaves de la autoridad que había dado a San Pedro cuando lo designó principio y fundamento
de la Iglesia: “A ti te daré las llaves del Reino de los Cielos; y lo que ates en la tierra quedará
atado en los cielos, y lo que desates en la tierra quedará desatado en los cielos.”26
El poder de las llaves para atar y desatar debe entenderse como la autoridad para perdonar los
pecados, realizar pronunciamientos doctrinales así como adoptar y aprobar decisiones
disciplinarias. Cabe notarse que el Señor no confía estas llaves a los Apóstoles en general sino
que lo hace en forma específica y exclusiva a Pedro. Al hacerlo, el Señor confía esas llaves a
Pedro no meramente como individuo. Más precisamente, al confiarlas a Pedro, a quien acaba
de nombrar conductor de la Iglesia, el Señor crea el oficio por el cual esas llaves se transmiten
a cada uno de los sucesores de Pedro; es decir, a cada obispo que legítimamente ocupa esa
misma autoridad confiada inicialmente a Pedro. Porque el Señor encomienda a cada Sucesor
de Pedro la misma misión confiada originalmente a él: “Apacienta mis corderos, apacienta
mis ovejas.

Las palabras finales del relato de San Mateo sobre la comisión de los apóstoles resulta útil
para comprender la relación del Papa Benedicto XVI con San Pedro, como su sucesor: “Y he
aquí que yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo.”28 El Señor, que siempre
está con nosotros, vuelve a encomendar a Benedicto XVI, como Papa y Sucesor de Pedro, la
misma y permanente misión que encomendó primero a Pedro. Es precisamente porque el
Señor Jesús permanece con nosotros que el oficio encomendado primero a Pedro permanece
también con nosotros. Por lo tanto, podemos y debemos decir que Benedicto XVI es Pedro
para la Iglesia de nuestros tiempos.
Fue el mismo Papa Benedicto XVI que, en su primer discurso a la Audiencia General,
reunida en la Plaza de San Pedro, explicó las razones que lo llevaron a elegir el nombre de
Benedicto: “En este primer encuentro quisiera comentar, ante todo, el nombre que escogí al
llegar a ser Obispo de Roma y Pastor universal de la Iglesia. He querido llamarme Benedicto
XVI para vincularme idealmente al venerado Pontífice Benedicto XV, que guió a la Iglesia en
un período agitado a causa de la primera guerra mundial. Fue intrépido y auténtico profeta
de paz, y trabajó con gran valentía primero para evitar el drama de la guerra y, después, para
limitar sus consecuencias nefastas. Como él, deseo poner mi ministerio al servicio de la
reconciliación y la armonía entre los hombres y los pueblos, profundamente convencido de
que el gran bien de la paz es ante todo don de Dios, don —por desgracia— frágil y precioso
que es preciso invocar, conservar y construir día a día con la aportación de todos. El nombre
Benedicto evoca, además, la extraordinaria figura del gran “patriarca del monacato
occidental”, san Benito de Nursia, copatrono de Europa juntamente con san Cirilo y san
Metodio, y las santas Brígida de Suecia, Catalina de Siena y Edith Stein. La progresiva
expansión de la orden benedictina, por él fundada, ejerció un influjo inmenso en la difusión
del cristianismo en todo el continente. Por eso, san Benito es también muy venerado en
Alemania y, particularmente, en Baviera, mi tierra de origen; constituye un punto de
referencia fundamental para la unidad de Europa y un fuerte recuerdo de las irrenunciables
raíces cristianas de su cultura y de su civilización.”29
El nombre “Benedicto” refleja dos experiencias muy personales e inquietudes permanentes
del Santo Padre. El Papa Benedicto XV fue testigo de los horrores y las tragedias de la primera
guerra mundial; el Papa Benedicto XVI sintió en persona, horrores y tragedias similares, tal
vez peores, en la segunda guerra mundial. Como su predecesor, el actual Papa está
comprometido para alcanzar la paz, tanto dentro de la Iglesia como fuera de ella. Su
preocupación por la paz continúa los esfuerzos del Papa Pablo VI, cuyas palabras ante las
Naciones Unidas, en 1964, todavía resuenan en los oídos de Benedicto XVI, “No más guerra;
la guerra nunca más.”

9. ¿Cuáles son algunas de las características del pontificado de Benedicto XVI?
La cita del Papa Benedicto sobre Benito de Nursia como “un fuerte recuerdo de las
irrenunciables raíces cristianas de su cultura y de su civilización” es una clara reflexión sobre
su preocupación de que una Europa descristianizada está en peligro de perder la auténtica fe
y la auténtica razón. Aliada estrechamente a la descristianización de Europa está su
preocupación de que el secularismo y el nacionalismo causan un enorme daño a la fe y a la
dignidad humana, como lo expresa en su discurso “La crisis de la cultura”, del día anterior a
la muerte de su predecesor, Juan Pablo II. La paz, la descristianización de Europa, el aumento
del secularismo, el consumismo y el nacionalismo, posiblemente, sean temas importantes
durante su papado.
Existen otras iniciativas que nos permiten anticipar lo que serán otras características
adicionales en este papado. En el párrafo final de la homilía de su Misa Inaugural se refiere
apasionadamente a un tema que es ahora recurrente en su papado: la amistad con Cristo.
¿Acaso no tenemos todos de algún modo miedo —si dejamos entrar a Cristo
totalmente dentro de nosotros, si nos abrimos totalmente a él—, miedo de que él
pueda quitarnos algo de nuestra vida? ¿Acaso no tenemos miedo de renunciar a
algo grande, único, que hace la vida más bella? ¿No corremos el riesgo de
encontrarnos luego en la angustia y vernos privados de la libertad? ¡No! Quien
deja entrar a Cristo no pierde nada, nada —absolutamente nada— de lo que hace
la vida libre, bella y grande. ¡No! Sólo con esta amistad se abren las puertas de la
vida. Sólo con esta amistad se abren realmente las grandes potencialidades de la
condición humana. Sólo con esta amistad experimentamos lo que es bello y lo que
nos libera. Así, hoy, yo quisiera, con gran fuerza y gran convicción, a partir de la
experiencia de una larga vida personal, decir a todos vosotros, queridos jóvenes:
¡No tengáis miedo de Cristo! Él no quita nada, y lo da todo. Quien se da a él,
recibe el ciento por uno. Sí, abrid, abrid de par en par las puertas a Cristo, y
encontraréis la verdadera vida. Amén.30
Este tema de la amistad con Jesucristo ya domina muchas de las homilías, discursos y
audiencias generales de Benedicto XVI. Precisamente, en su último libro, Jesús de Nazaret,
refuerza la apertura de los creyentes a la amistad con Cristo y escribe: “Esta impresión [de
que tenemos muy poco conocimiento seguro de Jesús] ya ha echado profundas raíces en las
mentes de los cristianos en general. Esto es una situación dramática para la fe, porque se pone
en duda su punto de referencia: la amistad íntima con Jesús, sobre lo que todo depende, corre
el peligro de estar aferrándose a un gran vacío.”

Otros temas que ya han aflorado en este papado son la unidad y la universalidad salvífica de
la Iglesia junto con las continuas actividades ecuménicas que se refieren a los católicos
disidentes, los ortodoxos y los protestantes así como el diálogo con las otras religiones (es
decir, el judaísmo, el Islam y el budismo). Los temas de preocupación que ciertamente
marcarán su papado son el consumismo, la “Dictadura del Relativismo”, la teología moral y la
renovación litúrgica, especialmente en cuanto a permitir el uso más frecuente de la Misa
Tridentina, celebrada en latín conforme al rito anterior a las renovaciones litúrgicas del
Concilio Vaticano II.32 Algunas de estas inquietudes ciertamente surgirán en sus visitas
pastorales por el mundo.
10. ¿Cuáles son algunos de los pasatiempos del Papa?
En el poco tiempo libre que le queda, al Papa Benedicto le gusta escribir. Ha escrito más de 35
libros, muchos artículos y dos cartas encíclicas. En sus últimos años como prefecto de la
Congregación para la Doctrina de la Fe, infructuosamente intentó retirarse para dedicar más
tiempo a la escritura. El Papa es, también, un talentoso pianista. Trata de practicar todos los
días y sus compositores preferidos son Bach y Mozart.
11. ¿Por qué va el Papa a Washington y Nueva York? ¿Cuándo llegará? ¿Cuál es la mejor
manera de prepararnos para darle la bienvenida?
Durante muchos años después de 1870 se definía al Papa como el “prisionero del Vaticano”,
en referencia a que una vez elegido, rara vez abandonaba la Ciudad del Vaticano. El Papa
Juan XXIII (1958-1963) fue el primer Papa moderno que comenzó a realizar visitas pastorales
fuera de Italia. Su sucesor, el Papa Pablo VI, fue el primero en viajar por el mundo, una
práctica que continuó en forma aún más pronunciada el Papa Juan Pablo II. El Papa visita
diferentes países por la misma razón que un obispo visita las diferentes parroquias de su
diócesis: para reunirse con el pueblo, celebrar la Misa con ellos y tener la oportunidad de
enseñarles directamente. El obispo es el signo de unidad de la Iglesia particular con la Iglesia
universal y es importante que el pueblo sienta esa unidad en contacto con el obispo que es el
signo visible de esa unidad. Los creyentes no sólo son miembros de una parroquia particular
sino que son miembros de toda la Iglesia local, cuyo párroco es el obispo. Una visita pastoral
del obispo local es, también, una oportunidad para que se refiera a determinadas inquietudes
particulares que tiene él mismo y los miembros de la parroquia.

Fdo. Cristobal Aguilar.
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By cristobalaguilar at 2011-02-03
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