Lunes, 02 de noviembre de 2009
EL ANGEL DE LA GUARDA Y ESPÍRITUS PROTECTORES

Todos tenemos un buen Espíritu que se une a nosotros desde el nacimiento y nos ha tomado bajo su protección. Cumple junto a nosotros la misión de un padre para con su hijo: la de conducirnos por el camino del bien y del progreso a través de las pruebas de la vida. Es feliz cuando correspondemos a su solicitud; sufre cuando nos ve sucumbir. Su nombre nos importa poco, porque puede ser que no tenga nombre conocido en la Tierra; lo invocamos como nuestro ángel guardián, nuestro buen genio;podemos también invocarlo con el nombre de un Espíritu superior cualquiera por el que sintamos más simpatía.

Además de nuestro ángel guardián, que siempre es un Espíritu superior, tenemos a los Espíritus protectores,que no por ser menos elevados, son menos buenos y benévolos; éstos sono parientes o amigos, o algunas veces personas que nosotros no hemosconocido en nuestra existencia actual. Frecuentemente, nos asisten consus consejos y con su intervención en los actos de nuestra vida.

Los Espíritus simpáticos son aquellos que se unen a nosotros por cierta semejanza de gustos y de inclinaciones; pueden ser buenos o malos, según la naturaleza de las inclinaciones que les atraen hacia nosotros.

Los Espíritus seductores se esfuerzan en desviarnos del camino del bien, sugiriéndonos malos pensamientos.Se aprovechan de todas nuestras debilidades, que son como otras tantas puertas abiertas que les dan acceso a nuestra alma. Los hay que se encarnizan con nosotros como con una presa, pero se alejan cuando reconocen que no pueden luchar contra nuestra voluntad.

Dios nos dio un guía principal y superior en nuestro ángel de la guarda, y guías secundarios en nuestros Espíritus protectores y familiares; pero es un error creer que tenemos forzosamente un mal genio colocado cerca de nosotros para contrarrestar las buenas influencias. Los malos Espíritus vienen voluntariamente según encuentren acceso en nosotros por nuestra debilidad o por nuestra negligencia en seguir las inspiraciones de los buenos Espíritus; por tanto, somos nosotros quienes los atraemos.De esto resulta que nadie está jamás privado de la asistencia de los buenos Espíritus y que depende de nosotros apartar a los malos. Siendo el hombre la primera causa de las miserias que sufre por sus imperfecciones, muchas veces él mismo, es su propio mal genio.

La oración a los ángeles guardianes y a los Espíritus protectores debe tener por objeto solicitar su intervención ante Dios, y pedirles fuerza para resistir a las malas sugestiones y su asistencia en las necesidades de la vida.

Fdo. Cristobal Aguilar.

 


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By cristobalaguilar at 2011-02-03
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In nomine Patris et fillii et Spiritus Sancti