Domingo, 01 de noviembre de 2009
EL DESPRENDIMIENTO DEL ALMA - EL MOMENTO DE LA MUERTE

La desencarnación no es igual para todos 

1. La certeza de la vida futura no excluye las aprensiones del hombre en cuanto a la desencarnación. Hay muchos que temen no propiamente la vida futura, sino el momento de la muerte. ¿Será ella dolorosa? . El cuerpo casi siempre sufre más durante la vida que en el momento de la muerte y que los sufrimientos que algunas veces se experimentan en el instante de la muerte son un gozo para el Espíritu.

2. Es preciso, sin embargo, que consideremos que la desencarnación no es igual para todos y que, al contrario, hay una variación muy grande, tan grande como las diferentes formas de vivir adoptadas por los encarnados. Viéndose la calma de algunos moribundos y las convulsiones terribles de otros, se puede previamente juzgar que las sensaciones experimentadas no siempre son las mismas.

3. La separación del alma es hecha de forma gradual, pues el Espíritu se desprende poco a poco de los lazos que lo prenden, de forma que las condiciones de encarnado o desencarnado, en el momento del desenlace, se confunden y se tocan, sin que haya una línea divisoria entra las dos.

4. Algunos factores pueden influir para que el desprendimiento ocurra con mayor o menor facilidad, factores que están relacionados con el estado moral del hombre cuando esta encarnado. La afinidad entre el cuerpo y el periespíritu es proporcional al apego del individuo a la materia, que alcanza su punto máximo en el hombre cuyas preocupaciones hablan al respecto exclusivamente de la vida de gozos materiales. Al contrario de eso, en las almas puras – que anticipadamente a la vida de gozos materiales. Al contrario de eso, en las almas puras – que anticipadamente se identifican con la vida espiritual – el apego es casi nulo.

El desprendimiento del alma jamás es brusco, sino gradual

5. Tratándose de muerte natural resultante de la extinción de las fuerzas vitales por vejez o enfermedad, el desprendimiento se opera suavemente. Para el hombre cuya alma se desmaterializó y cuyos pensamientos se destacan de las cosas terrenas, el desprendimiento casi se completa antes de la muerte real, o sea, teniendo el cuerpo aun vida orgánica, el Espíritu ya comienza a penetrar la vida espiritual, sólo unido a la materia por el hilo tan frágil que se rompe con el último latido del corazón.

6. En el hombre materializado y sensual, que más vive del cuerpo que del Espíritu, y para quien la vida espiritual nada significa, todo contribuye para estrechar los lazos materiales y, cuando la muerte se aproxima, el desprendimiento, aunque también se opere gradualmente, demanda continuos esfuerzos. Las convulsiones de la agonía son indicios de la lucha del Espíritu, que a veces procura romper los hilos resistentes, y otras veces se agarra al cuerpo, del cual una fuerza irresistible lo arrebata con violencia, molécula por molécula.

7. El desconocimiento de la vida espiritual hace que el Espíritu se apegue a la vida material, estrechando sus horizontes y resistiendo con todas las fuerzas, consiguiendo prolongar la vida y, consecuentemente, su agonía, por días, semanas o meses. En tales casos, la muerte no implica el fin de la agonía, pues la perturbación continua y el, sintiendo que vive, sin saber definir su estado, siente y se resiente de la dolencia que puso fin a sus días, permaneciendo con esa impresión indefinidamente, una vez que continua unido a la materia por medio de puntos de contacto del periespíritu con el cuerpo.

8. Se da lo contrario con el hombre que se espiritualizó durante la vida. Después de la muerte, ni una sola reacción le afecta. Su despertar en la vida espiritual es como quien despierta de un sueño tranquilo, jovial, para iniciar una nueva fase de su vida.

En el suicidio, la separación del alma es bastante dolorosa

9. En las muertes violentas, como en los accidentes, ninguna desagregación tuvo inicio antes de la separación del periespíritu. En ese caso, el desprendimiento sólo comienza después de la muerte y su término no ocurre rápidamente. El Espíritu queda aturdido, no comprende su estado, permaneciendo en la ilusión de que vive materialmente por un periodo más o menos largo, conforme su nivel de espiritualización.

10. En los casos de suicidio, la separación del alma es extremadamente dolorosa. Constituyendo el suicidio un atentado contra la vida, el sufrimiento casi siempre permanece por un periodo igual al tiempo en que el Espíritu debería estar encarnado. Además de eso, los dolores de la lesión física provocada repercuten en el Espíritu. La descomposición del cuerpo y su destrucción por los gusanos son sentidas con detalles por el Espíritu desencarnado, por cuanto tal hecho no constituye una regla general. Hay además el remordimiento, generando sufrimiento moral para aquel que decidió desertar de la vida.

Fdo. Cristobal Aguilar.

 


Publicado por cristobalaguilar @ 19:08  | El plano Astral
Comentarios (0)  | Enviar
Image Hosted by ImageShack.us
By cristobalaguilar at 2011-02-03
Comentarios
 
¡Recomienda esta página a tus amigos!
Powered by miarroba.com Contador de visitas y estadísitcas
In nomine Patris et fillii et Spiritus Sancti