Mi?rcoles, 07 de octubre de 2009
SIXTO V DEL 1585 AL 1590

Sixto V, (* Grottamare, 13 de diciembre de 1521 – † Roma, 27 de septiembre de 1590). Papa n.º 227 de la Iglesia católica de 1585 a 1590.
Nacido Felice Peretti en el seno de una humilde familia, ingresó con tan sólo nueve años en el monasterio franciscano de Montalto donde realizó sus primeros estudios que completaría en las universidades de Ferrara y Bolonia.

Fue ordenado sacerdote en 1547. Hacia 1552 tras ganar reputación como hábil dialéctico y predicador, llamó la atención de dos futuros papas, los cardenales Ghislieri (Pío V) y Caraffa (Pablo IV) lo que le supuso iniciar su carrera eclesiástica siendo enviado, en 1557 a Venecia como consejero de la Inquisición destacándose por su severidad hasta tal punto que los venecianos reclamaron su deposición en 1560.

De nuevo en Roma y tras un breve periodo como procurador general de los franciscanos, fue enviado a España en 1565 formando parte de la legación que, encabezada por el cardenal Buoncompagni, el futuro Gregorio XIII, iba a intervenir en el proceso abierto contra el cardenal de Toledo, Bartolomé Carranza. La violenta antipatía que surgió entre estos dos futuros papas marcaría el futuro de Felice Peretti.

Con la entronización de Pío V retornó nuevamente a Roma y en 1566 es nombrado vicario general de los franciscanos y obispo de Sant’Agata dei Goti. Posteriormente en 1570 fue nombrado cardenal y en 1571 obispo de Fermo.

El ascenso al papado de su enemigo político, Gregorio XIII, supuso su retiro de la vida pública dedicándose al estudio y divulgación de los trabajos de San Ambrosio. Este retiro voluntario contribuyó en gran medida a que, al morir Gregorio en 1585, resultara elegido como su sucesor en el solio pontificio.

Numerosos fueron los problemas que el difunto papa Gregorio XIII había legado a su sucesor, entre los que destacaban los problemas de orden público y su enfrentamiento con la reina inglesa Isabel I.

l nuevo papa, hombre curtido en los tribunales de la inquisición, era el indicado para enfrentarse al bandidaje instituido en el que había quedado sumida Italia a la muerte de su predecesor Gregorio XIII.

Sirviéndose del cardenal Colonna persiguió ferozmente a cuantas cuadrillas de malhechores esparcían sus hazañas por campos y ciudades, y pronto el puente de Sant'Angelo se convirtió en una nutrida exposición de cabezas de enorme poder disuasorio.

Lo doloroso es que, cuando la temible policía vaticana se quedó sin tajo por falta de salteadores lo bastante osados como para enfrentarse a los brutales métodos del papa, se dedicó a hostigar con idéntico celo y rigor a prostitutas, ladronzuelos y demás chusma bribona. Sixto V se creó una merecida imagen de amo cruel y concitó sobre sí el odio de sus súbditos.

Consciente el propio pontífice de que el pueblo romano no habría de erigir una estatua en su memoria una vez fallecido, se la dedicó él mismo en vida en la cima del Capitolio; no debió contar con que los oprimidos ciudadanos de Roma ni pensaban ofrendársela, ni estaban dispuestos a tolerar un acto de egolatría de aquella naturaleza, y les faltó tiempo para echar la estatua a tierra en cuanto hubieron echado tierra sobre su titular.

También hacia Inglaterra y su reina se dirigió la belicosidad pontificia. Había sido él mismo quien, años atrás en 1569, había redactado la bula de excomunión de Isabel I promulgada por Pío V.

Quiso unir a las naciones católicas contra la apóstata, pero se vio decepcionado al comprobar que no anidaba ya en las cortes europeas el viejo espíritu de cruzada, y que la defensa de la fe no movía ejércitos, salvo que mediasen otros intereses más tangibles y materiales.

Al menos podía confiar en que Felipe II sí tenía sobradas razones para empeñarse de lleno en la empresa de Inglaterra. Apeló al soberano español con su peculiar y característico tono irritantemente conminativo exigiéndole, más que pidiéndole, que ejecutase «alguna empressa famosa» en pro de la religión y contra Isabel I.

Felipe, que solía realizar anotaciones marginales en los documentos que él mismo leía y despachaba, apuntó en la misiva papal: «¿No les debe parecer famosa la de Flandes, ni deben pensar lo que se gasta en ella? Poco fundamento tiene lo de Inglaterra». No obstante, dada la insistencia del papa Sixto, instruyó a Olivares, embajador ante el sumo pontífice, para que se cerciorase de la auténtica voluntad de éste en aquel asunto y obtuviese de su parte un compromiso formal de colaboración económica y de respaldo político.

El papa ofreció éste último sin límites y el económico con cicatería: ni la mitad de los gastos, como se pretendió en principio, ni un millón de ducados, como al final se le pedía; prometió 300.000 y sin demasiadas garantías. O así le debió parecer al monarca español que, ante la contingencia de que pudiera no efectuarse el pago por fallecimiento de quien lo afianzaba con su palabra, hizo que el colegio cardenalicio jurase cumplir, llegado el caso, con la obligación asumida por el papa.

Felipe II acabaría enviando en 1588, con la bendición papal, la malograda «Armada Invencible» cuyo desastre tuvo tiempo de lamentar Sixto V durante los dos años que aún sobrevivió.

Durante su pontificado, Sixto V hizo construir, finalizó o reparó un gran número de grandes monumentos y edificios en la ciudad de Roma.

Entre ellas cabe destacar la construcción de la capilla del Praesepe en Santa María la Mayor, la finalización del Palacio del Quirinal, la reconstrucción del Palacio de Letrán, la terminación de la cúpula de San Pedro, la restauración del acueducto de Septimio Severo.

Aunque en su demérito se encuentra su poco aprecio por las obras de la Roma clásica, que le llevó a usar muchas de la mismas como material de construcción.

Durante su pontificado, Sixto V canonizó a Hermenegildo (1585).

Con la constitución Immensa aeterni estableció, en 1588, que el Colegio Cardenalicio estuviera compuesto por setenta cardenales. También aumentó el número de congregaciones, y en 1589 inició una revisión de la Vulgata que es conocida como la “edición sextina”.

Falleció el 27 de agosto de 1590.

Las profecías de San Malaquías se refieren a este papa como Axis in medietate signi (El hacha en medio del signo), cita que hace referencia a que en su escudo de armas figuraba un hacha cruzada sobre un león y a que el León es un signo del Zodiaco.

Fdo. Cristobal Aguilar.


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By cristobalaguilar at 2011-02-03
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