Martes, 06 de octubre de 2009
GREGORIO XIII DEL 1572 AL 1585

Gregorio XIII (* Bolonia, 7 de enero de 1502 – † Roma, 10 de abril de 1585), Papa n.º 226 de la Iglesia católica de 1572 a 1585.
Nacido Ugo Buoncompagni, estudió jurisprudencia en la universidad de Bolonia y tras doctorarse en derecho en 1530, desde 1531 ejerció como profesor contándose entre sus alumnos figuras de la importancia de Carlos Borromeo, Alejandro Farnesio y Reginald Pole.

En 1539, fue reclamado en Roma por el cardenal Parisio e inició su carrera eclesiástica que le llevó a ordenarse sacerdote en 1542, tras lo cual actuó para el papa Pablo III como juez de la capital, abreviador papal y refrendador del Tribunal Supremo de la Signatura Apostólica1546 fue enviado como auditor al Concilio de Trento. hasta que, en

En 1558, el papa Pablo IV lo nombra obispo de Viesti y en 1561 volvió nuevamente al concilio de Trento donde permanecería hasta su clausura en 1563 en calidad de asesor del legado pontificio, el cardenal Simonetta.

Tras su regreso a Roma fue nombrado, el 12 de marzo de 1565, cardenal presbítero de San Sixto y enviado como delegado pontificio a España para intervenir en el proceso inquisitorial iniciado al cardenal de Toledo, Bartolomé Carranza. Su estancia en España le permitirá conocer al rey Felipe II y atraerse su simpatía, hecho que será decisivo en su elección como papa.

Tras la muerte de Pío V , el Colegio cardenalicio reunido en cónclaveeligió en un solo día al cardenal Buoncaompagni como nuevo papa graciasa la influencia que ejerció el rey de España, Felipe II.

Adoptó el nombre de Gregorio XIII como homenaje al gran papa Gregorio Iel Grande, y a pesar de su avanzada edad a la que fue elegido, setentaaños, demostrará una inflexible energía y voluntad en la regeneraciónde la Iglesia, continuando la labor iniciada por su predecesor Pío V.

Empeñado en la renovación moral de la Iglesia, ya en su primerconsistorio comunicó a los cardenales su intención de hacer cumplirestrictamente los cánones aprobados en el Concilio de Trento, mostrándose asimismo inflexible en la obligación de los obispos de residir en sus respectivas sedes.

Incentivó la creación de colegios y seminarios en los que seformaran, cultural y moralmente, los futuros sacerdotes y misioneros.Al frente de estos centros puso a la Compañía de Jesúsque se convirtió en uno de sus principales pilares de su laborreformadora, lo que le supuso a la orden ser favorecida con laconcesión de numerosos beneficios, destacando entre ellos el apoyo queel papa prestó al Colegio RomanoIgnacio de Loyola en 1551 y que, en 1584, se ampliaría y cambiaría su sede y su nombre por el de Pontificia Universidad Gregoriana en honor a su protector el papa. que había sido fundado por

También creó una comisión para actualizar y ampliar el Index Librorum Prohibitorum

Aunque no existiera otra razón para guardar memoria de Gregorio XIII, la reforma del Calendario Juliano, utilizado desde que Julio César lo instauró en el año 46 a. C., para dar paso al vigente Calendario Gregoriano, al que va ligado su nombre, ha hecho de él un personaje de popular notoriedad.

Instaurado el 4 de octubre de 1582,el nuevo calendario vino a solucionar el problema que planteaba elhecho de que el año juliano tenía 11 minutos y 14 segundos más que elaño solar lo que había provocado que la diferencia acumulada hicieraque el equinoccio de primavera se adelantara en diez días.

Gregorio XIII, asesorado por el astrónomo jesuita Christopher Clavius promulgó, el 24 de febrero de 1582, la bula Inter gravísimas en la que establecía que tras el, jueves 4 de octubre de 1582 seguiría el viernes 15 de octubre de 1582.

Con la eliminación de estos diez días desaparecía el desfase con elaño solar, y para que no volviera a producirse, se eliminaron en elnuevo calendario tres años bisiestos cada cuatro siglos.

Dos tradicionales problemas seguían vigentes y ambos tenían que vercon la expansión de sendos poderes ajenos al de la iglesia que élencabezaba: el creciente poderío turco y el no menos activo protestante.

Tras la batalla de Lepanto, la Liga Santa sólo se mantuvo durante dos años, descomponiéndose en 1573 lo que supuso que VeneciaEspaña sellará en 1580 una tregua con el sultán para volcarse en los asuntos europeos. reanudara sus relaciones comerciales con el imperio otomano, y que

El papa no logró comprometer ni a Francia ni a Alemania en su proyectada expedición contra los turcos, así que no pudo gozar de la satisfacción de su predecesor, Pío V, de ver resplandecer la cruz sobre la media luna.

En Francia, los hugonotes, con Gaspar de Coligny al frente, estaban alcanzando cotas de poder preocupantes para la católica monarquía. La concentración en París de numerosas figuras de este partido político-religioso con motivo de la boda de Enrique de Navarra, el futuro Enrique IV, con Margarita de Valois dio ocasión a la reina madre Catalina de Médicis para ordenar, con la anuencia de Carlos IX, el asesinato de los líderes hugonotes.

La matanza iniciada en París y extendida inmediatamente al resto delas poblaciones galas atrapó desprevenidas e indefensas a sus víctimas,entre las que no escasearon mujeres y niños, de modo que durante lanoche del 24 de agosto de 1572, la que ha pasado a la historia como Noche de San Bartolomé, la masacre pudo alcanzar hasta 100.000 sacrificados.

Parece probable que Gregorio XIII no tomase parte directa en elhorror, con independencia de la constante financiación por partevaticana de las guerras religiosas francesas. No obstante, hubofestejos en Roma para celebrar el macabro acontecimiento y se entonó enla basílica de San Pedro un solemne «Te Deum»,la tradicional antífona de acción de gracias al Altísimo cuando éstedispensa a la cristiandad mercedes de gran trascendencia.

El pontífice hizo grabar una medalla conmemorativa que lleva en unacara su propia efigie y en la otra un ángel con la espada desenvainadamatando hugonotes bajo el lema «Ugonotiorum strages» (ladestrucción de los Hugonotes). Con el mismo título representó Vasari elfausto suceso en uno de sus frescos por encargo del papa.

Inglaterra fue otro de sus focos de atención, y destronar por cualquier medio a Isabel Iuna de sus mayores obsesiones. Contra ella utilizó el oro de las arcasde la iglesia, las armas de quien estuvo dispuesto a ofrecerlas y hastasicarios asalariados por Roma. Todas las tentativas se frustraron.

Juan de Austria fue uno de los comisionados por el papa para llevar a cabo en 1578una acción militar contra la reina británica; Niccolo Ormanetto, nunciode su santidad en España, tenía la misión de convencer a Felipe II de que organizase desde Flandes la invasión de Inglaterra o, en su caso, prestase los medios para hacer llegar a Irlanda2000 soldados reclutados por el papa. Nada de esto se pudo hacer; alfinal don Juan recibió de Gregorio XIII cincuenta mil escudos de oro yel mandato de intentar liberar a María Estuardo,pero las acuciantes necesidades pecuniarias en las empresas de Flandesle determinaron a desviar aquellos fondos a estas operaciones y laexpedición inglesa no se llevó a cabo.

William Allen y otros exiliados ingleses residentes en Roma concibieron invadir Inglaterra con una fuerza militar que mandaría Thomas Stukley,otro compatriota que había luchado en Lepanto, y así se lo propusieronal papa. Éste, que estaba siempre en disposición de aceptar cualquierplan cuya finalidad fuese el derrocamiento de la reina Isabel y lavuelta de sus súbditos al redil eclesiástico, lo acogió con entusiasmo.

Gregorio XIII quiso involucrar en la empresa a Felipe II por medio de su embajador ante la Santa Sede, Juan de Zúñiga. El rey se mostró asimismo favorable al proyecto. Stukley embarcó en Porto Ercole hacia Irlanda con 800 infantes haciendo escala en Lisboa,donde deberían unírseles otros contingentes; como los refuerzos sehicieron esperar, debió parecerle al aventurero inglés que le sería demás provecho sumarse al rey portugués Sebastián I en sus correrías africanas aunque fuese con abandono de la misión papal, y la proyectada maniobra tampoco tuvo lugar esta vez.

Al año siguiente, en 1579, organizó el pontífice una nueva expedición a Irlanda, en esta ocasión encomendada a James FitzMaurice FitzGerald, que supuso un fracaso más.

En 1583 se urdía en París una maniobra para penetrar en Inglaterra por Escocia;la tramaban el duque de Guisa, el embajador español en Francia y elnuncio apostólico, en unión de exiliados ingleses. El papa Gregoriohabía prometido una sustancial ayuda financiera de 400.000 ducados deoro, pero no consiguió de momento el respaldo de Felipe II y no se pudohacer efectivo el plan.

Sólo quedaba por intentar el asesinato de la reina, interés papalque compartían los hermanos Enrique y Carlos, duques de Guisa y Mayennerespectivamente; el complot no tuvo éxito e Isabel I, la reencarnaciónde la Jezabel bíblica, permaneció en su trono a pesar de todos los intentos de Gregorio XIII por destruirla.

Este fervor por llevar a cabo la empresa de Inglaterra sinreparar en gastos dejó extenuados los cofres del erario vaticano. Habíaque allegar fondos para la causa buscando nuevas vías de financiación.El papa, en su afán recaudatorio, fijó la atención en los feudos ybaronías que la iglesia tenía cedidos a los nobles romañolos y en elescaso provecho que, a su parecer, extraía de aquellos territorios.

Se propuso confiscar aquellos bienes cuyos cesionarios no estuvieranal corriente de los pagos y los que se encontraban en posesión deherederos no legítimos. La aristocracia reaccionó ante lo queinterpretó como una declaración de guerra y hubo pillajes, alborotos yverdaderas matanzas. Se creó un clima de desorden en el queproliferaron toda clase de proscritos y forajidos que sembraron la Romaña de cotidianos actos de bandidaje.

Gregorio XIII no tuvo capacidad para atajar aquella epidemia ni tiempo para intentarlo, pues moría el 10 de abril de 1585 dejando los estados pontificios en plena turbulencia.

Durante su pontificado, Gregorio XIII canonizó a Norberto de Magdeburgo (1582).

Las profecías de San Malaquías se refieren a este papa como Medium corpus pilarum(El cuerpo en medio de las columnas), cita que hace referencia a que ensu escudo de armas figura medio cuerpo de dragón y a que el escudo delpapa que le nombró cardenal, Pío IV, figuraban dos columnas

Fdo. Cristobal Aguilar.


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By cristobalaguilar at 2011-02-03
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