La alcachofa viene a convertirse en un verdadero y auténtico manjar para muchos, y puede ser un alimento adecuado en dietas de adelgazamiento, ya que puede ayudar a perder peso y a bajar esos kilos de más.La hoja de la alcachofa contiene magnesio, potasio y esteroles, los cuales actúan en cierta sinergia con la cinarina, una sustancia tanto aromática como amarga.
Eso sí, la alcachofa presenta una importantísima actividad reguladora de la secreción biliar, estando indicada en casos de mala digestión de las grasas, ictericia e hígado perezoso.
Ayuda a regenerar las células hepáticas, ayudando a combatir las sustancias tóxicas, y puede ser ideal en casos de hígado graso, a la vez que es capaz de reducir el colesterol alto.
Además, la alcachofa puede convertirse en un excelente depurativo, ayudando a nuestro organismo a expulsar las diferentes toxinas y sustancias que no necesita.
Por este motivo, tampoco debemos olvidarnos tampoco de su consumo en dietas de adelgazamiento y de control de peso.
Tras el agua, el componente mayoritario de las alcachofas son los hidratos de carbono, entre los que destaca la inulina y la fibra. Los minerales mayoritarios son el sodio, el potasio, el fósforo y el calcio; y entre las vitaminas destaca la presencia de B1, B3 y pequeñas cantidades de vitamina C. Sin embargo, lo más destacable de su composición son una serie de sustancias que se encuentran en pequeña cantidad, pero dotadas de notables efectos fisiológicos positivos:
La alcachofa actua contra las grasas y sus capacidad diurética y depurativa incidirá positivamente y rápidamente sobre el peso.
Las virtudes de la alcachofa son muchas. Es diurética, depurativa hepática y renal, activadora de las funciones del hígado en general.
Tambien se le atribuyen propiedades que actúan contra la celulitis y el embellecimiento de la piel.
Alcachofa. Conocida y apreciada desde la antiguedad, hoy se conocen mejor sus propiedades.
La
alcachofa es una hortaliza que se conoce desde la antigüedad. Griegos,
romanos y cartagineses la consumían desde el siglo IV a. C. y la
conservaban en miel o vinagre, sazonada con comino y otras especies
aromáticas para consumirlas durante todo el año. En España, la
introdujeron los árabes, su nombre parece provenir del árabe "al -
jarshuf".
Su origen se ubica en una amplia zona que cubre la
cuenca del Mediterráneo. En el sur de Turquía y Siria, aún crecen en
estado salvaje algunas especies que se consumían 2.000 a 2.500 años
antes de Cristo, aunque las variedades de alcachofas actuales parecen
derivarse de una desarrollada por los horticultores italianos hacia el
siglo XV y que después ha ido evolucionando.
Parece que su
mayor fama culinaria la alcanzó en el siglo XVI gracias a la reina
Catalina de Médicis, casada con Enrique II, que introdujo el
refinamiento florentino en la corte francesa. Después pasó a
Inglaterra, pero al parecer no fue del agrado de los ingleses, que
preferían la carne a las hortalizas. Durante el siglo XIX, emigrantes
franceses e italianos la llevaron a Louisiana y California,
propagándose su cultivo por el continente americano.
Actualmente,
los principales países productores de alcachofas a nivel internacional,
son España e Italia, sobre todo España que copa el 80% de la alcachofa
importada por los Estados Unidos.
En España domina ampliamente
la variedad Blanca de Tudela, que se caracteriza por su fruto carnoso,
redondo y, en cuya parte superior, las hojas no llegan a juntarse del
todo. Es una variedad muy tierna y apreciada. Su producción se
concentra en la zona media del Ebro, así como en Cataluña, Levante y
Andalucía.
La alcachofa carece prácticamente de grasas (0,12%) y, al igual que el
resto de las verduras, contiene cantidades pequeñas de hidratos de
carbono (2,90%) y proteínas (2,40%), aunque éstas sean mayores a las
cantidades aportadas por la mayoría de ellas. Por esta razón, su aporte
calórico es bajo (21,56 kcal/100 g).
Destaca la presencia de
inulina, un oligosacárido derivado de la sacarosa (hidrato de carbono)
que se metaboliza lentamente en el organismo manteniendo niveles
normales de glucosa en sangre.
Además, la alcachofa es rica en
fibra, necesaria para la regulación del tránsito intestinal entre otras
muchas funciones, y aporta minerales como el fósforo, hierro, magnesio,
calcio y potasio.
Cien gramos de alcachofas cubren
aproximadamente el 16% de las ingestas diarias recomendadas de fósforo,
un 10% de las del hierro y el 8% de las recomendadas para el magnesio.
Entre
las vitaminas, destaca la presencia de vitamina B1, niacina y vitamina
C. Sin embargo, lo más destacable es la presencia de una serie de
sustancias que se encuentran en pequeña cantidad, pero que están
dotadas de beneficiosos efectos como son:
- La cinarina,
sustancia responsable de su sabor ligeramente amargo, capaz de
estimular la producción (acción colerética) y secreción de bilis y la
excreción de orina (acción diurética).
- Los ácidos orgánicos,
como los ácidos málico y cítrico, que facilitan y potencian la acción
de la cinarina, entre otras funciones.
- El cinarósido, que es un flavonoide con acción antiinflamatoria.
-
Los fitoesteroles, compuestos vegetales semejantes estructuralmente a
la molécula de colesterol, pero con capacidad para limitar la absorción
del colesterol de la dieta en el intestino.
Fdo. Cristobal Aguilar.
