"A todos los Mártires debemos honrar con especial devoción, pero más singularmente a aquellos cuyas reliquias conservamos: porque nos asisten con sus oraciones cierto derecho de familiaridad, porque están con nosotros; han escogido nuestra tierra ordinaria habitación; en esta vida nos protegen, y después reciben nuestras almas cuando éstas desamparan el cuerpo. (S. Ambrosio, Serm. 77, sent. 150. Tric. ibid., ibid)"