martes, 15 de septiembre de 2009
TEOLOGÍA MÍSTICA EN LA IGLESIA

Esta palabra se deriva de una raíz griega, que quiere decir "cerrar la boca"; en sentido práctico, la mística es una etapa de la vida espiritual que supone un conocimiento y una percepción de Dios de una gran profundidad, acompañada a menudo de una fenomenología extraordinaria (éxtasis, estigmas, levitación...). Teóricamente la mística se propone como lugar científico que estudia esta fenomenología y esta espiritualidad (teología de la mística, psicología de la mística).
Esencialmente, la mística es la experiencia de Dios que, entre otros muchos grados a través de los cuales se puede llegar a Dios, llega incluso a la contemplación, como cumplimiento de la gracia y de las virtudes infusas.
Sus modalidades pueden ser activas y pasivas, según se acentúe el compromiso del hombre o la invasión directa de Dios. Las clasificaciones de la mística son varias y - proceden de diversas teorizaciones o experiencias; santa Teresa, por ejemplo, propone cuatro grados de la vida mística: 1} quietud, en que el espíritu descansa, aunque no está libre de toda distracción; 2} estado unitivo, en el que es vivo el sentimiento de la continua presencia de Dios y desaparecen los fenómenos de distracción; 3} el éxtasis, como cese de la actividad de los sentidos; 4} mística esponsal, en la que el alma empieza a saborear la presencia de Dios, implicando también al cuerpo, en un acto entre conocimiento y visión beatífica inmediata de Dios, que se expresa como irrupción amorosa. La fenomenología psíquica que acompaña a esta etapa, aunque a menudo se puede encontrar en ella, no es, sin embargo, necesaria.

MÍSTICA NUPCIAL


Uno de los aspectos más característicos de la mística cristiana es la unión con Dios propuesta y vivida como desposorio o como matrimonio espiritual con Dios. En la raíz de esta experiencia y doctrina encontramos la revelación del Antiguo Testamento, donde Dios se presenta como el esposo, traicionado a menudo por Israel, que sigue siendo la esposa amada del Señor, a pesar de sus infidelidades. El tema de la alianza se reviste en los profetas de la característica de una alianza nupcial de Dios con su pueblo especialmente en Oseas (2,21), en Isaías (pássinz) y en Jeremías (3,1-15). El Cantar de los Cantares, recibido como expresión teológica del amor de Dios a su pueblo en los comentarios rabínicos, fue interpretado en sentido espiritual por la tradición cristiana primitiva, siguiendo los textos del Nuevo Testamento que presentan a Cristo como Esposo de la Iglesia, para cantar la experiencia esponsal de la comunidad cristiana y de cada una de las personas con Dios. El texto fundamental de la mística nupcial es Ef 5, 25-33: "Cristo amó a la Iglesia y se entregó a sí mismo por ella para consagrarla a Dios, purificándola por medio del agua y la palabra. Se preparó así una Iglesia esplendorosa, sin mancha ni arruga ni cosa parecida: una Iglesia santa e inmaculada». También el libro del Apocalipsis presenta a la Iglesia como Esposa del Cordero, cuyas bodas se celebran en el cielo (Ap 21,1-10).
Son tres las líneas fundamentales que desarrolla la mística nupcial a lo largo de la historia de la Iglesia:

1. En primer lugar, los comentarios espirituales de los Padres de la Iglesia a los textos bíblicos, en especial al Cantar de los Cantares, a partir de Orígenes, Ambrosio, Gregorio de Nisa, hasta el amplio comentario de san Bernardo y las obras de autores medievales como J. de Ruysbroeck, en su tratado Las bodas espirituales.

2. El segundo filón lo constituye la coherente aplicación del tema del desposorio espiritual y de las bodas divinas al sacramento - del bautismo y a la comunión eucarística. Esta doctrina se encuentra abundantemente documentada en las obras de Orígenes, en Tertuliano, pero de manera muy especial en Ambrosio en su De Mysteriis 7 39-42 y en las Homilías bautismales de Juan Crisóstomo: en ellas, comentando el texto de Ef 5,25-26, afirma este santo Padre: "El Señor amoroso, obrando a imitación de la propia bondad, aceptó este hecho grande y paradójico por su solicitud con la Iglesia, a fin de hacerla santa mediante la propia sangre y, después de haberla purificado con el baño del bautismo. colocar a su lado a la Iglesia gloriosa» (Cat. V). El texto de Ef 5,27, que alude al don del Esposo de su propio cuerpo, es interpretado también por la tradición patrística como una comunión y alianza esponsal: "Cristo dio a los hijos de su cámara nupcial el gozo de su cuerpo y de su sangre», dice Cirilo de Jerusalén (PG 33, 1100); Teodoreto de Ancira afirma: nComiendo los miembros del Esposo y bebiendo su sangre, realizamos una unión esponsal» (PG 81, 128). Nicolás Cabásilas, en su tratado La vida en Cristo, a propósito del bautismo y de la eucaristía, escribe: "Las bodas no pueden unir al Esposo y a la Esposa hasta tal punto que los hagan vivir al uno en el otro, como ocurre con Cristo y la Iglesia... Se trata de esas bodas tan alabadas, en las que el Esposo santísimo une consigo como esposa a la Iglesia como una virgen novia. Aquí Cristo alimenta al coro que lo rodea y por esto sólo entre los demás misterios- somos carne de su carne y huesos de sus huesos» (lib. 1, c. 2: lib. 1V c. 3).

3. Una tercer línea de desarrollo de la mística nupcial es la de la experiencia mística y la posterior tematización de dicha experiencia en algunos místicos cristianos. Los Comentarios de san Bernardo al Cantar de los Cantares y - de manera especial las obras de Ricardo de san Víctor, su Comentario al Cantar y el Tratado de los cuatro grados de la violenta caridad, marcaron profundamente la espiritualidad medieval. Pero probablemente han sido los dos místicos españoles Teresa de Jesús y Juan de la Cruz los autores que han dejado una huella indeleble en la teología mística en este sentido.
Teresa de Jesús desarrolló la mística nupcial en su Castillo interior, Presenta bajo el simbolismo del matrimonio las tres últimas etapas de la vida espiritual (Moradas Y, 4, 3). Distingue los tres momentos sucesivos: la unión que equivale al "conocerse» de los novios (quintas moradas), el desposorio o noviazgo espiritual (sextas moradas) y el matrimonio espiritual (séptimas moradas). El desposorio espiritual se caracteriza por la intensa comunicación del Esposo Cristo a la esposa, mediante éxtasis, heridas de amor, revelaciones, visiones que tienen como objetivo la purificación total del alma y el enriquecimiento de su caridad, como preparación al don del matrimonio (sextas moradas). La gracia del matrimonio espiritual (cf. Moradas VII, cc. 2 y 3) supone la mutua entrega del Esposo Cristo al alma esposa, como personalización de la Iglesia, con el mandato de velar por las cosas propias del esposo.
La actualidad de la mística nupcial se deriva de la recuperación del simbolismo esponsal de la Iglesia y de la elaboración de una eclesiología nupcial.


Fdo. Cristobal Aguilar.
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By cristobalaguilar at 2011-02-03
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