S?bado, 05 de septiembre de 2009
LA INQUISIÓN AZOTE DE LAS BRUJAS Y BRUJOS EN LA EDAD MEDIA

Fué una institución judicial creada por el pontificado en la edad media, con lamisión de localizar, procesar y sentenciar a las personas culpables deherejía. En la Iglesia primitiva la pena habitual por herejía era laexcomunión. Con el reconocimiento del cristianismo como religiónestatal en el siglo IV por los emperadores romanos, los herejesempezaron a ser considerados enemigos del Estado, sobre todo cuandohabían provocado violencia y alteraciones del orden público. SanAgustín aprobó con reservas la acción del Estado contra los herejes,aunque la Iglesia en general desaprobó la coacción y los castigosfísicos. 

En el siglo XII, en respuesta alresurgimiento de la herejía de forma organizada, se produjo en el surde Francia un cambio de opinión dirigida de forma destacada contra ladoctrina albigense. La doctrina y práctica albigense parecían nocivasrespecto al matrimonio y otras instituciones de la sociedad y, tras losmás débiles esfuerzos de sus predecesores, el papa Inocencio IIIorganizó una cruzada contra esta comunidad. Promulgó una legislaciónpunitiva contra sus componentes y envió predicadores a la zona. Sinembargo, los diversos intentos destinados a someter la herejía noestuvieron bien coordinados y fueron relativamente ineficaces.

La Inquisición en sí no se constituyó hasta 1231, con los estatutos Excommunicamusdel papa Gregorio IX. Con ellos el papa redujo la responsabilidad delos obispos en materia de ortodoxia, sometió a los inquisidores bajo lajurisdicción del pontificado, y estableció severos castigos. El cargode inquisidor fue confiado casi en exclusiva a los franciscanos y a losdominicos, a causa de su mejor preparación teológica y su supuestorechazo de las ambiciones mundanas. Al poner bajo dirección pontificiala persecución de los herejes, Gregorio IX actuaba en parte movido porel miedo a que Federico II, emperador del Sacro Imperio Romano, tomarala iniciativa y la utilizara con objetivos políticos. Restringida enprincipio a Alemania y Aragón, la nueva institución entró enseguida envigor en el conjunto de la Iglesia, aunque no funcionara por entero olo hiciera de forma muy limitada en muchas regiones de Europa.

Dos inquisidores con la misma autoridad --nombradosdirectamente por el Papa-- eran los responsables de cada tribunal, conla ayuda de asistentes, notarios, policía y asesores. Los inquisidoresfueron figuras que disponían de imponentes potestades, porque podíanexcomulgar incluso a príncipes. En estas circunstancias sorprende quelos inquisidores tuvieran fama de justos y misericordiosos entre suscontemporáneos. Sin embargo, algunos de ellos fueron acusados decrueldad y de otros abusos.

Los inquisidores se establecían por un periodo definido de semanas o meses en alguna plaza central, desde donde promulgaban órdenes solicitando que todo culpable de herejía se presentara por propia iniciativa. Los inquisidores podían entablar pleito contra cualquier persona sospechosa. A quienes se presentaban por propia voluntad y confesaban su herejía, se les imponía penas menores que a los que había que juzgar y condenar. Se concedía un periodo de gracia de un mes más o menos para realizar esta confesión espontánea; el verdadero proceso comenzaba después.

Si los inquisidores decidían procesar a una persona sospechosa de herejía, el prelado del sospechoso publicaba el requerimiento judicial. La policía inquisitorial buscaba a aquellos que se negaban a obedecer los requerimientos, y no se les concedía derecho de asilo. Los acusados recibían una declaración de cargos contra ellos. Durante algunos años se ocultó el nombre de los acusadores, pero el papa Bonifacio VIII abrogó esta práctica. Los acusados estaban obligados bajo juramento a responder de todos los cargos que existían contra ellos, convirtiéndose así en sus propios acusadores. El testimonio de dos testigos se consideraba por lo general prueba de culpabilidad.

Los inquisidores contaban con una especie de consejo, formado por clérigos y laicos, para que les ayudaran a dictar un veredicto. Les estaba permitido encarcelar testigos sobre los que recayera la sospecha de que estaban mintiendo. En 1252 el papa Inocencio IV, bajo la influencia del renacimiento del Derecho romano, autorizó la práctica de la tortura para extraer la verdad de los sospechosos. Hasta entonces este procedimiento había sido ajeno a la tradición canónica.

Los castigos y sentencias para los que confesaban o eran declarados culpables se pronunciaban al mismo tiempo en una ceremonia pública al final de todo el proceso. Era el sermo generalis o auto de fe. Los castigos podían consistir en una peregrinación, un suplicio público, una multa o cargar con una cruz. Las dos lengüetas de tela roja cosidas en el exterior de la ropa señalaban a los que habían hecho falsas acusaciones. En los casos más graves las penas eran la confiscación de propiedades o el encarcelamiento. La pena más severa que los inquisidores podían imponer era la de prisión perpetua. De esta forma la entrega por los inquisidores de un reo a las autoridades civiles, equivalía a solicitar la ejecución de esa persona.

Aunque en sus comienzos la Inquisición dedicó más atención a los albigenses y en menor grado a los valdenses, sus actividades se ampliaron a otros grupos heterodoxos, como la Hermandad, y más tarde a los llamados brujas y adivinos. Una vez que los albigenses estuvieron bajo control, la actividad de la Inquisición disminuyó, y a finales del siglo XIV y durante el siglo XV se supo poco de ella. Sin embargo, a finales de la edad media los príncipes seculares utilizaron modelos represivos que respondían a los de la Inquisición.

EL SANTO OFICIO

Alarmado por la difusión del protestantismo y por su penetración en Italia, en 1542 el papa Pablo III hizo caso a reformadores como el cardenal Juan Pedro Carafa y estableció en Roma la Congregación de la Inquisición, conocida también como la Inquisición romana y el Santo Oficio. Seis cardenales, incluido Carafa, constituyeron la comisión original, cuyos poderes se ampliaron a toda la Iglesia. En realidad, el Santo Oficio era una institución nueva vinculada a la Inquisición medieval sólo por vagos precedentes. Más libre del control episcopal que su predecesora, concibió también su función de forma diferente. Mientras la Inquisición medieval se había centrado en las herejías que ocasionaban desórdenes públicos, el Santo Oficio se preocupó de la ortodoxia de índole más académica y, sobre todo, la que aparecía en los escritos de teólogos y eclesiásticos destacados.

Durante los 12 primeros años, las actividades de la Inquisición romana fueron modestas hasta cierto punto, reducidas a Italia casi por completo. Cuando Carafa se convirtió en el papa Pablo IV en 1555 emprendió una persecución activa de sospechosos, incluidos obispos y cardenales (como el prelado inglés Reginald Pole). Encargó a la Congregación que elaborara una lista de libros que atentaban contra la fe o la moral, y aprobó y publicó el primer Índice de Libros Prohibidos en 1559. Aunque papas posteriores atemperaron el celo de la Inquisición romana, comenzaron a considerarla como el instrumento consuetudinario del Gobierno papal para regular el orden en la Iglesia y la ortodoxia doctrinal; por ejemplo, procesó y condenó a Galileo en 1633. En 1965 el papa Pablo VI, respondiendo a numerosas quejas, reorganizó el Santo Oficio y le puso el nuevo nombre de Congregación para la Doctrina de la Fe. En la actualidad existe plenamente en la Iglesia y se encarga entre otras cosas las de comprobar que los escritos que "pululan" por la cristiandad son conforme a la tradición cristiana.

Fdo. Cristobal Aguilar.


Image Hosted by ImageShack.us
By cristobalaguilar at 2011-02-03
Comentarios
 
¡Recomienda esta página a tus amigos!
Powered by miarroba.com Contador de visitas y estadísitcas
In nomine Patris et fillii et Spiritus Sancti