Jueves, 03 de septiembre de 2009
EL ESPÍRITU

Para el hombre, originariamente polvo y barro, llegará un día en que ha de emprender la marcha hacia lo ignoto. Ya cadáver, será descendido a la paz sepulcral, para que, una vez allí, termine por fundirse y confundirse con aquella tierra a partir de la que fue creado, pues, pese a todo, no  conseguido, no lo conseguirá nunca, liberarse de la sentencia, su sentencia, que lo aboca a su estado material primitivo.

Afirmar que alguien está muerto irremisiblemente es asunto serio que en ocasiones no es cosa fácil. Cuentan que hubo tiempos pasados en los que al encontrar a un individuo con apariencia de muerto se pedía la comparecencia en el lugar de la autoridad competente. Sólo entonces era cuando esta, utilizando voz grave y potente conminaba al presunto difunto a que se levantase, quizá esperando en algún caso a que se repitiese el milagro de Lázaro, tal como se describe en los Santos Evangelios. Si ante tal exigencia, repetida tres veces, no se obtenía respuesta el yacente era declarado muerto.

Llegan noticias, con cierta frecuencia, como que los afligidos parientes de los declarados muertos muestran impaciencia por depositar al difunto lo antes posible en la morada que la ha de servir para su descanso eterno. Los que tanta prisa tienen, la mayoría de las veces para ir a ningún sitio,  hasta es posible que logren su propósito con  la colaboración de algún desaprensivo.

No obstante, una actitud responsable por parte del médico no siempre está exenta de conflicto. Ante la negativa  de certificar la muerte de quien desde hace poco tiempo no se aprecian signos vitales,  es posible que provoque disconformidad de sus allegados, incluso que expresen su malhumor,  diciendo: oiga,  ¿pero qué hacemos con el muerto”. Tampoco es raro  que en estas ocasiones los médicos de urgencia tengan que soportar presiones, impertinencias,  y malos modos del “gestor funerario”.  Y hasta que tenga que responder ante algún que otro requerimiento judicial.

Testimonios de muerte aparente y hasta de enterramientos en vida los hay, y al parecer múltiples, y fiables,  aunque no es aquí lugar para ofrecer un estudio casuístico. Además, alguno pensaría que la pretensión de estas líneas, huyendo de la seriedad que persiguen, es reproducir relatos espeluznantes que hubieran de servir  de entretenimiento a mentes enfermizas y ociosas que ansían  y codician gustos macabros.

No se piense sin embargo que tales “equivocaciones”  son  propias de países de bajo nivel de desarrollo, quizá todo lo contrario.  La  cultura del duelo,  permanece más viva en aquellos pueblos y regiones en los que el avance tecnológico e industrial no se ha mostrado en sus efectos negativos, tanto que parientes y amigos acusan de otra forma  el dolor por la desaparición de un ser querido, con otro sentimiento, con otro respeto hacia la muerte. Así, todavía en el año 2002 en Francia tuvo lugar un “dramático error médico ”, en un pequeño pueblo, distante 20 kilómetros de Bordeaux, del que dio testimonio L.B, empleado de una empresa funeraria. “El viernes por la noche LB estaba listo para preparar el cuerpo para la inhumación cuando detectó los signos de vida, al sacarlo del refrigerador donde el cuerpo había pasado cinco horas a temperatura glacial”; “cuando el viernes por la noche abrió la puerta del refrigerador para colocar a un sexagenario en su ataúd, escuchó respirar al muerto, agitarse su caja torácica y su vientre”.  El dado en un principio por muerto, procedía de un establecimiento sanitario: “la enfermera, que vio como su respiración se detenía, llamó al médico del establecimiento, quien constató su fallecimiento”.

 

DEFINICIONES

 

En el ordenamiento español, en el Reglamento de Policía Sanitaria Mortuoria, se establece:

 

·   cadáver : “el cuerpo humano durante los cinco años siguientes a la muerte real, que se contarán desde la fecha y hora que figure en  la inscripción de defunción del Registro Civil”.

 

·  clasificación de los cadáveres:

 

-          grupo I: cuando los causas de la defunción representa un riesgo sanitario, tanto para el personal funerario como para la población en general, tales como: carbunco, cólera,  rabia, peste, contaminación con productos radiactivos, .....  y aquellas otras en los que en su momento por razones de salud pública lo estime la autoridad competente.

 

-          grupo II: los de personas fallecidas por cualquier otra causa

       no comtemplada en el grupo I.

 

·   restos  cadavéricos: “lo que queda del cuerpo humano, una vez transcurridos los cinco años siguientes a la muerte real”.

 

·  restos  humanos: “los de entidad suficiente procedentes de abortos, mutilaciones e intervenciones quirúrgicas”.

 

· putrefacción: “proceso de descomposición de la materia orgánica debido a la acción sobre el cadáver y fauna complementaria”.

 

Fdo. Cristobal Aguilar.


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By cristobalaguilar at 2011-02-03
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