Martes, 01 de septiembre de 2009
LA CONFIRMACIÓN

La confirmación es uno de los siete sacramentos que administra la Iglesia Católica (también celebrado en otras denominaciones cristianas). Está considerado entre los sacramentos de iniciación cristiana siendo recibido en segundo lugar (tras el bautismo) o en cuarto (tras la Penitencia y la Eucaristía)

La imposición de manos era un rito ya consagrado en el Antiguo Testamento e indicaba una bendición o confería funciones especiales. También el uso de unción con aceite con intención de santificar. De hecho la unción con crisma forma parte también de los sacramentos de la ordenación sacerdotal y la Unción de los enfermos. Por otro lado, Cristo significa el Ungido.

En la Iglesia Ortodoxa se denomina crismación, es decir unción con el crisma. En latín se denominó mucho tiempo consignatio.

Al inicio de la Iglesia católica, cuando se daban largos períodos de catecumenado, los tres sacramentos de la iniciación cristiana eran recibidos conjuntamente. Hay testimonios escritos desde Hipólito y su narración de la liturgia hacia el 215 (en su tratado sobre la tradición apostólica) para la distinción de dos unciones, una dependiente del bautismo y otra posterior tras la vestición y dentro de la Iglesia. Era conferida por el obispo.

El rito católico actual consiste en que el confirmando, junto con su padrino, se acercan al obispo o a la persona capacitada por éste para impartir dicho sacramento, quien haciendo la señal de la cruz en la frente del confirmando con crisma, pronuncia la siguiente frase: "[nombre], Recibe por esta señal el don del Espíritu Santo" el confirmando responde "Amen",y la paz esté contigo", a lo que el confirmando responde "y con tu espíritu"

En las Iglesias orientales, tanto católicas como ortodoxas, suele administrarse la confirmación inmediatamente después del bautismo, que viene a completar. En la Iglesia latina rige la misma práctica cuando el bautizando ha alcanzado ya el uso de razón en el momento de recibir el bautismo. En tiempo de los apóstoles, al parecer, era la imposición de manos acompañada por una oración. Pero la idea de la unción también se abrió paso en el Nuevo Testamento. Desde el siglo III tanto la imposición de manos como la unción son parte del rito.

A la hora de explicar la relación entre la imposición de manos y la unción con el crisma, existen variadas interpretaciones. Aunque Pablo VI fijó ambos ritos, se indica que el necesario para la validez del sacramento es sólo la unción.

El crisma se prepara con aceite de oliva mezclado con perfume. No se admite aceite animal o mineral. - La imposición de las manos como invocación del Don del Espíritu Santo. - La crismación unida a las palabras "Recibe por esta señal el Don del Espíritu Santo" que es el rito esencial de la confirmación. Es el gesto eficaz que el Don del Espíritu Santo, y es el signo de nuestra participación en la misión de Cristo, profeta, sacerdote y rey servidor. - La signación, unida a la crismación, expresa el carácter indeleble con que hemos sido marcados al recibir la unción del Espíritu, como fruto de la Cruz de Cristo.

En la Iglesia latina el ministro ordinario de la confirmación es el Obispo; pero también administra válidamente este sacramento el presbítero dotado de facultad por el derecho universal o por concesión peculiar de la autoridad competente. El canon 885 indica cuáles son los presbíteros que tienen esa facultad por el derecho universal.

En las Iglesias orientales, incluso las católicas, el ministro ordinario es el presbítero, que usa óleo santo consagrado por el obispo o por el patriarca (cánones 693-694 del Código de Cánones de las Iglesias Orientales).

En este sacramento, al confirmando, tras recibir una catequesis previa si tiene edad suficiente, se le pide que acepte de forma libre y consciente las promesas realizadas en el bautismo, normalmente por sus padres y durante su primera infancia.

Tiene por fin que el confirmando (el que es confirmado) se fortalezca con los dones del Espíritu Santo, completándose la obra del bautismo. Los siete dones del Espíritu Santo, que se logran gracias a la confirmación, son: sabiduría, entendimiento, consejo, fortaleza, ciencia, piedad y temor de Dios. El sacramento pretende lograr en el fiel un arraigo más profundo a la filiación divina, que se una más íntimamente con su Iglesia, fortaleciéndose para ser testigo de Jesucristo, de palabra y obra, ya que por él será capaz de defender su fe y de transmitirla, lo que por el sacramento se compromete a hacer activamente.

Fdo. Cristobal Aguilar.
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