Lunes, 31 de agosto de 2009
EL LATÍN DE LA IGLESIA

El latín eclesiástico es diferente del clásico, la mayoría de sus diferencias se basan en la introducción de nuevas palabras e idiomas. La sintaxis y el método literario no difieren mucho de la de los autores contemporáneos. Estas diferencias son atribuibles a las necesidades del latín eclesiástico. Originalmente los romanos hablaban la lengua arcaica "Latium", conocida también como prisca latinitas. En el siglo III a.C., Ennius y otros autores de la escuela griega se propusieron mejorar la lengua aportando elementos griegos; la clase aristocrática romana apoyó este intento y las obras de los poetas, historiadores y escritores litearios iban dirigidas a esta clase.

El latín clásico se desarrolló bajo la influencia de la aristocracia política e intelectual y en los escritos de César y Cicerón se conserva toda su pureza. La mayoría del pueblo romano no tomó contacto directo con esta influencia helénica y siguió hablando en la lengua antigua. En el s. III en Roma existían, por tanto, dos lenguas o mejor dicho dos idiomas: el que usaban los círculos ilustrados o helenísticos (sermo urbanus) y el de los analfabetos (sermo vulgaris), cuanto más se desarrollaba este último mayor era el abismo entre los dos.

Pero a pesar de los esfuerzos de los puristas, las exigencias de la vida diaria hicieron que los escritores tuvieran más contacto con las personas de poca educación y este hecho hizo que tuvieran que adaptarse a su vocabulario para ser entendidos. Por eso se veían obligados a utilizar palabras y expresiones de la lengua vulgar en sus escritos. Así se creó una tercera lengua, la sermo cotidiana, que era una mezcla entre las otras que fue variando a lo largo de los años.

Fdo. Cristobal Aguilar.


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By cristobalaguilar at 2011-02-03
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