Viernes, 28 de agosto de 2009
LA MUERTE - VIDA Y CAMBIO DE CONSCIENCIA

Se dice que hay muerte fisiologica (o sea del cuerpo) cuando el corazón deja de latir y sobre todo el cerebro esta muerto, son muy discutidos estos temas ya que moralmente puede considerarse a la persona viva o muerta. Pero últimamente la muerte médicamente irreversible del cerebro se considera muerte.

En el preciso momento de la muerte en el cuerpo se empiezan a notar los cambios: baja la temperatura, se coagula la sangre, etc. temas que la ciencia debe tratar. Pero, ¿dónde se va la chispa de la vida? ¿simplemente morimos y nada más? ¿qué pasa con los pensamientos, los recuerdos... quedan en el pasado?

Todas las religiones y la mayoría de las creencias están seguros que la vida no termina con la muerte física de la gente. Pero no sólo se cree en esto porque hay testimonios que lo comprueban, sino que está en el SER del humano sentir que todo lo que hace vale la pena, que la muerte no es el fin de todo, que algo más allá hará continuar otra vida.

En general las creencias se apegan a lo siguiente:
El Hombre está formado por cuerpo y alma (dualidad), y la muerte consiste en la separación definitiva (finalmente con retorno para los cristianos) del cuerpo con el alma. El alma en ese momento (la persona está consciente de su muerte generalmente) va hacia un determinado lugar. Lugar que variará dependiendo de la creencia o religión.


¿QUE SUCEDE CUANDO MORIMOS?


Es muy probable que lo primero que experimentemos cuando atravesamos una ECM sea una gran sensación de paz y bienestar. No sentimos ningún tipo de dolor, no tenemos sensaciones corporales de ningún tipo y somos conscientes de una especie de silencio puro y cristalino que difiere notablemente de cualquier cosa que hayamos experimentado anteriormente. Sin embargo, la persona tiene la consciencia directa de que, independientemente de lo que ocurra, se halla absolutamente a salvo y segura en esta atmósfera de paz
que todo lo impregna.

Luego quizás comencemos a tener algún tipo de consciencia visual del entorno. Lo primero que advertimos entonces es que nuestro yo – nuestro auténtico yo – parece estar observándolo todo desde arriba mientras nuestro cuerpo yace abajo, rodeado por un grupo de personas preocupadas. Pero, con toda probabilidad, no nos habremos sentido mejor en toda nuestra vida. Nuestra percepción es extraordinariamente nítida y vívida, nuestra mente parece funcionar de un modo hiper lúcido y nos sentimos más vivos que nunca.

Súbitamente, nuestra atención se ve atraída por una oscuridad plácidamente acogedora en la que irremisiblemente terminamos sumergiéndonos. A pesar de carecer de un cuerpo, tenemos la inconfundible sensación de que nos estamos moviendo y, cuando lo hacemos, nos damos cuenta de que la oscuridad parece adoptar la forma de un túnel.

A medida que nos acercamos al final del túnel comenzamos a percibir un punto de luz – de color blanquecino y con matices dorados – que va aumentando progresivamente de tamaño y de brillo pero que, sin embargo, no daña en modo alguno nuestra mirada. Jamás hemos experimentado una luz similar. Se trata de una luz que parece carecer de origen y que ocupa todo nuestro campo visual. Al aproximarnos a la luz comenzamos a sentirnos sobrecogidos por una poderosa oleada que sólo puede ser descrita como puro amor; una oleada de amor, en suma, que parece impregnar las fibras más profundas de nuestro ser. En ese momento sólo pensamos en fundirnos completamente con la luz. El tiempo se ha detenido por completo, nos hallamos en la eternidad, en la perfección, y sentimos, en definitiva, que la luz es nuestro verdadero hogar.

Sin embargo, en medio de esta perfección atemporal somos conscientes de una presencia definida que se halla, de un modo u otro, ligada a la luz. Aunque no se trata de una persona parece, sin embargo, algún tipo de ser; una forma que no podemos ver pero cuya consciencia se halla, de una manera u otra, íntimamente vinculada con nuestra propia mente. Esta presencia nos advierte que ha llegado el momento de decidir si seguimos adelante o si, por el contrario, debemos regresar. Al mismo tiempo, asistimos al despliegue simultáneo de una multitud de imágenes precisas y detalladas que parecen contener todo lo que nos ha sucedido en la vida. Esta experiencia retrospectiva, sin embargo, no parece conllevar ningún tipo de juicio sino que simplemente nos es dado contemplar la pauta que gobierna nuestra vida. De este modo, nos damos cuenta de que nuestra existencia tiene un propósito definido y entonces comprendemos con absoluta claridad que debemos regresar, que nuestra familia y, en especial, nuestros hijos, nos necesitan.

Éste es el último fragmento de consciencia trascendental del que nos damos cuenta. En el próximo momento de consciencia experimentamos un intenso dolor mientras yacemos en la cama de una unidad de cuidados intensivos, incapaces de hablar pero recordando cada detalle de lo que acaba de suceder.

Si algo resulta claro es que la experiencia que acabamos de atravesar no ha sido un sueño, una alucinación o una fantasía, sino algo absolutamente real y objetivo, más real incluso que la vida misma. Nos gustaría hablar con alguien de lo que ha ocurrido pero aunque lográramos encontrar las palabras adecuadas para describirlo, ¿quién podría comprendernos? Lo único que sabemos es que ésta ha sido la experiencia más profunda que jamás nos ha sucedido y que, a partir de ella, nuestra vida y nuestra comprensión de la vida han experimentado un cambio radical y definitivo.

Éstos suelen ser los elementos comunes que, de un modo general, caracterizan a cualquier ECM lo suficientemente profunda y sus consecuencias inmediatas. En todo caso, así es como describen la «muerte» la inmensa mayoría de las personas que han atravesado la experiencia. Pero, por supuesto, la mera descripción de los distintos elementos que componen una ECM no nos proporciona la menor respuesta concreta (excepto, claro está, para quienes han atravesado la experiencia), sino que, por el contrario, plantea una multitud de preguntas empíricas e interpretativas con respecto a lo que ocurre cuando morimos o lo que pasa – si es que pasa algo – después de la muerte biológica. Este tipo de experiencias ha sido objeto, desde hace poco tiempo, de diversas investigaciones.

Parámetros e interpretación de las ECM
¿Con cuánta frecuencia ocurre la experiencia? De cada cien personas, por ejemplo, que han estado clínicamente muertos, ¿cuántos de ellos suelen relatar posteriormente haber atravesado una ECM?

Las primeras investigaciones realizadas en este sentido sugerían que la cifra podría aproximarse al cuarenta por ciento (Ring, 1980; Sabom, 1982) y estas estimaciones se vieron confirmadas posteriormente por los resultados de una encuesta llevada a cabo por el Instituto Gallup (Gallup, 1982). Aunque la mayoría de las personas que han atravesado una experiencia cercana a la muerte no suelen recordar nada, lo cierto, sin embargo, es que los relatos de quienes sostienen haber permanecido conscientes de la experiencia son muy similares a la ECM prototípica que acabamos de describir. Existe también un número menor de personas que relatan experiencias muy particulares que parecen tener, por lo general, un carácter alucinatorio. Hay que señalar también, por último, a un pequeño porcentaje de individuos que afirman haber atravesado una experiencia negativa.

Otra cuestión que suele plantearse con cierta frecuencia consiste en determinar en qué medida la forma en la que se accede a la experiencia puede determinar su desarrollo. En términos generales, la respuesta es que, con independencia del modo en que la persona acceda a la ECM, una vez que ésta comienza a desarrollarse sigue invariablemente la pauta esencial que hemos descrito. Por otra parte, la investigación de los relatos sobre experiencias cercanas a la muerte referidas por suicidas también suelen acomodarse
al mismo prototipo.

Así pues, las variables situacionales no parecen influir significativamente en el curso de la experiencia , pero ¿acaso podemos decir lo mismo con respecto a las características personales?, o dicho de otro modo: ¿existen personas que se hallen más predispuestas a este tipo de experiencias debido al medio social en
el que han crecido, a su personalidad, a sus creencias o incluso a un conocimiento previo de las ECM? Una vez más, los datos proporcionados por la investigación son suficientemente explícitos al respecto, ya que nos permiten concluir, sin ningún género de dudas, que los factores sociales e individuales parecen tener muy poca incidencia sobre el desarrollo de la ECM. En este sentido, las variables demográficas, el sexo, la raza, la clase social y la educación, por ejemplo, no parecen estar relacionadas con la incidencia y con el desarrollo de la ECM. En el mismo sentido, podemos afirmar también que no parece existir un tipo particular de persona, es decir, que no existen cualidades psicológicas particulares que predispongan hacia la ECM. Así pues, los ateos y los agnósticos no son menos proclives a referir experiencias cercanas a la muerte
que las personas religiosas, aunque las interpretaciones que aporten ambos grupos sobre la experiencia difieran, obviamente, entre sí. Por último, tampoco podemos afirmar que el conocimiento previo de este tipo de experiencias aumente la probabilidad de su ocurrencia.

Con respecto a la cuestión crucial de la universalidad de la ECM, nos vemos obligados a admitir que, lamentablemente, todavía existen muchas lagunas en este sentido. No obstante, parece que, a pesar de mostrar un cierto grado de variabilidad intercultural, las ECM presentan ciertas constantes universales (como la experiencia extra corporal, el pasaje a través del reino de la oscuridad hacia una zona iluminada por una luz brillante y el encuentro con seres «celestiales»Gui?o.

Veamos, por último, el tema de la interpretación de la ECM. En este campo existe una verdadera plétora de teorías que muestran escasas coincidencias. Todas las interpretaciones, sin embargo, pueden agruparse
en tres grandes categorías – y algunas de ellas no están circunscritas a un solo grupo – a las que denominaremos la teoría biológica, la teoría psicológica y la teoría trascendental. La interpretación biológica tiende a ser reduccionista y contraria a la supervivencia después de la muerte mientras que las interpretaciones trascendentalistas, por su parte, suelen ser empíricamente no demostrables y se inclinan abiertamente en favor de la supervivencia post mortem. Obviamente, las interpretaciones psicológicas tienden, en muchos sentidos, a adoptar una posición intermedia entre las otras dos.

Tras una década de investigaciones en este campo, todavía no hemos podido formular una interpretación general que goce de una aceptación consensual. Por otra parte, tal como he tratado de demostrar recientemente (Ring, 1984), los problemas que suscita la interpretación son mucho más complejos de lo que la mayor parte de los teóricos parecen haber advertido.

El significado fundamental de la ECM no radica tanto en la fenomenología que se despliega durante la experiencia ni en las pautas que pueda adoptar como en sus efectos transformadores posteriores. Son precisamente estos efectos los que nos permiten vincular las ECM con ciertas tendencias evolutivas a
gran escala que parecen impeler a la humanidad hacia el siguiente estadio de su desarrollo colectivo. Pero para poder comprender adecuadamente la naturaleza de este vínculo convendrá explorar previamente el tipo de transformaciones que tienen lugar en la vida, la conducta y el carácter de quienes han atravesado una experiencia cercana a la muerte.

Fdo. Cristobal Aguilar.

considera la interrupción de la vida y es un fenómeno irreversible (*) para cualquier ser vivo. Fisiológicamente una persona se encuentra muerta cuando no se registra actividad cerebral y cardíaca. Existen casos de personas en donde el corazón late, pero el cerebro está muerto y es son muy discutidos estos temas ya que moralmente puede considerarse a la persona viva o muerta. Pero últimamente la muerte médicamente irreversible del cerebro se considera muerte.

En el preciso momento de la muerte en el cuerpo se empiezan a notar los cambios: baja la temperatura, se coagula la sangre, etc. temas que la ciencia debe tratar. Pero, ¿dónde se va la chispa de la vida? ¿simplemente morimos y nada más? ¿qué pasa con los pensamientos, los recuerdos... quedan en el pasado?

Todas las religiones y la mayoría de las creencias están seguros que la vida no termina con la muerte física de la gente. Pero no sólo se cree en esto porque hay testimonios que lo comprueban, sino que está en el SER del humano sentir que todo lo que hace vale la pena, que la muerte no es el fin de todo, que algo más allá hará continuar otra vida.

En general las creencias se apegan a lo siguiente:
El Hombre está formado por cuerpo y alma (dualidad), y la muerte consiste en la separación definitiva (finalmente con retorno para los cristianos) del cuerpo con el alma. El alma en ese momento (la persona está consciente de su muerte generalmente) va hacia un determinado lugar. Lugar que variará dependiendo de la creencia o religión.

¿Qué pasa después de la muerte? Es un tema muy discutido y está determinado por las creencias que las personas tenga. ¿Existe gente que han vuelto de la muerte de alguna manera inexplicable? Entérese en "Vida después de la Muerte".

Vida después de la muerte

¿Quién no ha oído hablar sobre esta cuestión? Personas que aseguran haber visto un gran túnel que los llevaba a un lugar hermoso. ¿Es este nuestro destino? ¿Es la muerte el comienzo de la vida eterna? ¿Existe un infierno?

Los ECM o Experiencias de Casi-Muerte no son muy frecuentes, se dan en ciertas situaciones límites y muy especiales, pero ¿son visiones de la muerte? o simplemente son alucinaciones de la mente en un estado crítico.

El tema no es actual, sino que ya se trataba en las civilizaciones milenarias como la egipcia. Veamos a continuación algunos casos interesantes.

A finales del siglo XIX, Heim, geólogo y alpinista suizo, comenzó a recopilar relatos de otras personas que, tras un accidente, habían experimentado un ECM. Los relatos obtenidos por este señor eran muy similares entre sí, como ocurre en la actualidad; la mayoría experimentaba sensación de amor y no sentían dolor alguno, otros observaban toda su vida en una "pantalla" y a veces las personas veían una luz enceguecedora que emergía de un túnel.

Tiempo después, James Hyslop descubrió a principios del siglo XX que los enfermos con una enfermedad terminal veían a parientes o amigos que ya habían fallecido, los cuáles se presentaban a éstos con el objetivo de ayudarlos en el viaje hacia la vida eterna.

"De repente vi mi cuerpo tirado en la calle, y muchas personas a mi alrededor diciendo que estaba muerto. Sentía una paz interior y estaba rodeado de amor. Vagaba por algunos lugares y desperté."

"Comencé a elevarme lentamente y vi un túnel muy negro, y al final una luz casi enceguecedora. Veía también otras personas desnudas que iban hacia la luz, además, estaban acompañadas por ángeles. Lo que me sorprende es que algunos de estos no tenían alas..."

"...en el camino hacia el túnel, vi a mis familiares y amigos más queridos que ya habían fallecido. Me decían que no estaba preparado para morir..."

Estos son algunos relatos de las personas que han visto la muerte. ¿Influenciados por algún medicamento?, según Karlis Osis, después de rigurosos estudios a sus pacientes, dijo que los medicamentos y los estados de fiebre, no provocan aumento de estas visiones, sino por el contrario, los disminuyen.

Algunas personas con enfermedades terminales, aseguran ver seres luminosos, que identifican como familiares, amigos o figuras religiosas, estos los acompañarán en el viaje hacia el más allá.

 

¿Qué sucede cuando morimos?

La creencia general es que cuando morimos el lazo que nos unía con nuestro cuerpo vivo se rompe y nuestra alma se desprende hacia un camino, supuestamente al cielo, al purgatorio o al infierno según la vida terrenal que
llevamos.

En el camino hacia el paraíso vemos nuestra vida de forma rápida, según los testigos, donde nos muestran lo malo y lo buenos de nuestra vida sin ningún reproche o castigo por estas.

Entonces, ¿las creencias religiosas y/o sociales influyen en estos casos?

    Karlis Osis dijo que el sexo, edad, creencia religiosa, la cultura y la economía no influyen sobre los ECM, esta fue la misma conclusión que llegaron muchos otros científicos en diferentes investigaciones.

 

Puntos y clasificaciones de los ECM

Un ECM consta de tres partes, según la psiquiatra Russell Noyes: La primera la llamó resistencia, en ese estado se siente miedo a morir, y se lucha por la vida, pero finalmente se acepta la situación que se vive.

La segunda parte la llamó revisión de la vida, se siente paz y se reviven los momentos más importantes de su vida. La última parte es la trascendencia, se experimentan estados de alta felicidad y gran claridad mental.

Moody, quien escribió el best seller "Vida después de la vida", tras analizar muchos testimonios de ECM, pudo separar tres tipos de casos: Las personas declaradas clínicamente muertas y luego reanimadas, los que perdieron la conciencia a raíz de un accidente grave y los agonizantes que son capaces de narrar lo que experimentan.

Las primeras pueden considerarse como los ECM más difíciles de explicar, ya que las personas han muerto, no se le puede atribuir muchas alteraciones psicológicas, ni el efecto de medicamentos.

En cambio, a los del segundo tipo se les puede dar una explicación: Tal vez por el estado en que se encuentran, la mente alucina o la persona puede tener un desdoblamiento inconsciente. Por ejemplo, una persona aseguró haber ascendido al cielo y poder ver el Universo desde una perspectiva astronáutica, como suele suceder en los viajes astrales. ¿Entonces estamos confundiendo una experiencia de muerte, con otro tema similar?

Los del tercer tipo también pueden tener alucinaciones por el estado crítico en que se encuentran.

Lo dicho anteriormente no debe tomarse como cierto, son solamente hipótesis.

Muchas personas han llegado ha ciertos puntos en su "viaje", normalmente no pasan completamente el túnel. Pero quienes "atraviesan el portal", dicen haber visto ciudades de belleza inenarrable, sentimiento de amor y paz permanente inigualable para un ser vivo y como si esto fuera poco, no sienten dolor alguno y tienen mucha claridad mental. Normalmente los que llegan a estas etapas no quieren regresar, pero alguien les dice que no ha llegado el momento de su muerte. También les dan a elegir entre quedarse o volver a la vida terrenal, tal vez muchas personas eligen lo primero pero nunca nos enteraremos.

El regreso es desagradable, pero cuando lo hacen, sienten que su forma de pensar ha cambiado notablemente, aprecian más la vida y no temen tanto a la muerte.

 

Conclusión

La gran mayoría de las personas le tienen miedo a la muerte, tal vez por ignorancia y falta de conocimientos sobre lo que nos puede pasar; o tal vez el miedo a la muerte nos llegue por un instinto natural, la naturaleza humana no la acepta.

Lo único que podemos hacer es vivir lo que mejor podemos y sabemos vivir, la VIDA, y esperemos lo inevitable lo mejor que podamos, tal vez la muerte no es tan fea como la pintan.


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By cristobalaguilar at 2011-02-03
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