Lunes, 24 de agosto de 2009
EL AURA Y LA SALUD, ¿EXISTE RELACIÓN?

Médicos y filósofos como Empédocles, Hipócrates, Galeno, Avicena, y mucho más tarde Paracelso, señalaron la existencia de esa misteriosa sustancia luminosa que impregna el universo y a cuya falta o desequilibrio atribuyeron el origen de numerosas enfermedades. Pero, a partir del siglo XVII, la visión mecanicista que convertía al hombre en una máquina producto de sus humores psíquicos y químicos dejó definitivamente a un lado tanto al aura como a la misteriosa fuerza vital. Desde entonces, aquellos que quisieron entregarse a la búsqueda de la misma fueron ridiculizados y desterrados de los círculos científicos. Entre ellos cabe citar a Mesmer (s. XVIII), quien propuso que del organismo humano emanaba un «fluido magnético», o al barón Karl von Reichenbach (1788-1869) que colaboró con cientos de médicos, físicos, químicos, y videntes hasta establecer que todas las formas proyectan una luminosidad, a la que llamó «fuerza ódica», en honor al dios germano Wodan. Más tarde, el estadounidense John Keely y el austríaco Wilhelm Reich, descubrieron que podían concentrar en acumuladores especiales esa misma energía electromagnética, a la que llamaron respectivamente «dinasférica» y «orgónica». Ambos fueron perseguidos por no querer compartir sus secretos. Algo similar a lo que le sucedió en los años 1930s a la quiropráctica estadounidense Ruth Drown, la cual también aseguró que existe un fluido universal que entra en el ser humano por la glándula pineal y baña todo el plasma sanguíneo y el sistema nervioso. El instrumento de radiónica que inventó, llamado Radio-Visión, supuestamente podía fotografiar los órganos a partir de una gota de sangre, pero fue destruido y ella encarcelada. Está claro que todos ellos fueron víctimas de un conflicto de intereses, pues el descubrimiento de una energía de este tipo constituiría sin duda una amenaza para los poderes fácticos.

El primer intento tecnológico por hacer visible el aura lo llevó a cabo, en 1869, el doctor Walter Kilner, en el hospital de St. Thomas de Londres. Mediante lentes impregnadas en un tinte a base de alquitrán de carbón, la dicianina, Kilner descubrió un espectro violáceo alrededor del cuerpo humano, en el que, según decía, era posible detectar los estados de enfermedad atendiendo a las modificaciones del color y brillo. Estos experimentos también le llevaron a aceptar la teoría del magnetismo animal propuesta por Mesmer, según la cual, las auras de personas que estan próximas pueden ¡nteractuar entre sí, de forma que una saludable sería capaz de influir beneficiosamente sobre otra debilitada. Pero, al poner en práctica esta teoría, fue acusado de curar con brujería.

Sin embargo, dos descubrimientos revolucionarios a los que no se podía acusar en absoluto de superchería iban a permitir pronto el estudio científico del aura. Se trata de la fotografía Schlieren, basada en una técnica alemana de principios de siglo ideada para ver las imperfecciones del vidrio, y que capta el halo térmico alrededor del cuerpo humano en bandas de colores muy semejantes a la descritas por los médiums y el hallazgo, en 1939, de la fotografía Kirlian que permite registrar un «efecto corona» luminiscente alrededor del objeto fotografiado.

Los numerosos experimentos realizados, tanto por científicos soviéticos como occidentales, con cámara Schlieren, Kirlian y otros instrumentos, han puesto de manifiesto que, tal y como aseguran los videntes y numerosas tradiciones, los organismos vivos irradian una luminiscencia ultradébil, un campo de energía electromagnética imperceptible a simple vista, que contiene información relacionada con el metabolismo, temperatura, emociones, ritmo respiratorio, humedad, condiciones atmosféricas y otros factores. Es más, según estos mismos experimentos, la luz que emana de nuestros cuerpos y los envuelve puede ser el vehículo gracias al cual se producirían fenómenos paranormales como la telequinesia, la telepatía o la curación a distancia.

Muchos científicos siguen argumentando que la luminosidad revelada por las fotografías Kirlian (FK), se debe simplemente al efecto de la ionización intermitente del aire alrededor del objeto fotografiado. Pero para alguien que, como Héctor Avilés, lleva años realizando fotografías Kirlian, no hay duda de que lo que en ellas se capta es «un campo energético que tiene que ver con la vida y la conciencia. Es cierto —nos explica— que es difícil aplicar la FK como método de diagnóstico, debido a los múltiples factores que interfieren en la técnica y a que nuestro campo energético oscila continuamente. Pero la FK ha revelado que la conciencia y el pensamiento —incluso los ajenos— influyen en los colores e intensidad del campo energético, lo mismo que la enfermedad. Y no deja de ser revelador que refleje en las manos los mismos puntos energéticos que señala la acupuntura». 

En opinión de Félix Manjón, quien tras trabajar como reportero gráfico durante siete años decidió dedicarse a la fotografía Kirlian, «una de las cosas que más desestabiliza la investigación con FK es la película. Por ello, debe utilizarse siempre del mismo tipo». En cuanto al interés de su utilización en el campo médico, Manjón comenta haber visto «una fotografía Kirlian tomada a un paciente 20 minutos antes de morir, en la que podía apreciarse una gran luminosidad blanca rodeando todo el cuerpo»

José Garrido, miembro del Centro de Estudios Parapsicológicos de la Escuela de Ciencias de Vanguardia, ha comprobado en miles de FK que éstas pueden reflejar la actividad psicoquinética de la mente: «En diferentes secuencias fotográficas podemos comprobar las asombrosas modificaciones que se producen en las estructuras energéticas mientras la persona realiza prácticas en el campo de la alteración de la conciencia. El aura de los dedos muestra un aumento sustancial de la corona tras estar meditando diez minutos y, después de veinte, la imagen muestra que el individuo ha alcanzado un estado de onda cerebral alfa».

Por otro lado, los avances de la bioenergética y electrofisiónica (técnica que, mediante generadores de alta frecuencia, pretende registrar la estructura, comportamiento y actividad de la energía biológica de los seres vivos), han permitido desarrollar numerosos métodos para observar el estado de irradiación energética, interpretarlo y modificarlo. Existen ya programas de ordenador que posibilitan —mediante un simple guante con sensores conectado a un ordenador— observar dichas radiaciones, traducirlas en bandas de colores, y evaluar su información.

Xavier Rosique, que ha estudiado el aura cromática de unas siete mil personas con una técnica informática denominada Visión-Aura, asegura que «en un 83% de los casos este sistema permite indagar en los componentes de la personalidad y del carácter. Además, mediante un entrenamiento adecuado, basado en ejercicios mentales, podemos cambiar voluntariamente el flujo energético para obtener una mejora en la calidad de vida y vencer la enfermedad». El sistema desarrollado por Rosique ha registrado en varias ocasiones psicoimágenes y espectros no identificables. Recuerda este experto una experiencia insólita. En una ocasión, un individuo le pidió que detuviese la cámara cuando él se lo indicase, pues, según le dijo, en ese momento aparecería la imagen del tercer ojo. «El resultado fue asombroso. En efecto, la imagen desveló un punto luminoso en la frente del sujeto».

GLÁNDULA PINEAL Y PERCEPCIÓN DEL AURA

Según el sanador Arim, que realiza exámenes del aura a través de ordenador y cura por medio de la proyección del color deficitario sobre el paciente y aplicación de gemas y vibraciones sonoras, «no hay que extrañarse de la existencia del aura, pues todos los cuerpos absorben y emiten luz. De hecho, necesitamos la luz para regular funciones fisiológicas. Cuando tenemos un trauma o una dificultad, nuestro campo energético bloquea de inmediato determinados colores y ello provoca la enfermedad». Según Arim, «el aura puede percibirse a través de la piel, mediante la glándula pineal, que tiene células fotosensibles de características similares a la retina. La luz que estimula la glándula pineal no tiene porque ser la luz visible. De hecho, la luz artificial inhibe la actividad de la glándula pineal. Cuando una persona tiene esta glándula muy sensible, se nota porque el color índigo reflejado en su aura es estable, y ello indica también que tiene capacidades psíquicas».

Así pues, independientemente de lo que produzca el aura, y de la forma en que sea percibida, a través de instrumentos tecnológicos, o por la visión directa del clarividente, nuestro campo energético parece contener informaciones que los sentidos convencionales no pueden captar, envía y recibe todo tipo de señales y su estudio puede ayudarnos a vivir más sanos y en mayor armonía con nuestro entorno.

Fdo. Cristobal Aguilar.


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By cristobalaguilar at 2011-02-03
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