Lunes, 24 de agosto de 2009

CLÉRIGOS REGULARES DE SAN PABLO (BARNABITAS)

La Congregación de Clérigos Regulares de San Pablo (latín Clerici Regulares Sancti Pauli) o Barnabitas es una de las más antiguas ordenes de clérigos regulares en la historia de la Iglesia: nació en la época del Concilio de Trento y los avatares de la Reforma. Su nombre deriva de su casa-madre, la Iglesia de San Bernabé de Milán. La curia general actualmente se ubica en Roma, después de ser transferida desde Milan en 1662. La orden, fue fundada por San Antonio Maria Zaccaria (1502 – 1539), consta de tres instituciones: sacerdotes (Clérigos Regulares de San Pablo), monjas (Angélicas de San Pablo) y un grupo laical, (Laicos de San Pablo). En Chile los padres Barnabitas administran los colegios Seminario Conciliar en La Serena y Salvador en San Vicente de Tagua Tagua.

Los Padres Barnabitas, cuyo nombre oficial es Clérigos Regulares de San Pablo, fueron fundados por San Antonio María Zaccaría en Milán, Italia, durante los tiempos de la Reforma Católica del siglo XVI. Su larga historia ha conocido momentos de gloria y persecusión, y ha ido dejando a la humanidad un legado de grandes hombres, santos, científicos e investigadores. Animados por la espiritualidad paulina y un carisma en permanente comunión con las necesidades de la Iglesia, los barnabitas se han dedicado a la formación de la juventud en colegios, parrroquias y seminarios.

En un principio, los Barnabitas asumieron el compromiso misionero en un ámbito geográfico muy restringido y no ciertamente en el sentido estricto de “misión”. Su labor se centró en recuperar la vivencia de la fe en el interior de la Iglesia. Por ello se dedicaron a la predicación y encuentros de revisión de vida a la luz del Evangelio, colaborando así en la Reforma católica del siglo XVI.

Su expansión fue lenta y demasiado “cautelosa”. Se exigía mucho a los postulantes que querían formar parte de la familia religiosa. Los mismísimos San Carlos Borromeo y San Pío V lo hicieron notar. El excesivo centralismo inicial impidió también la expansión geográfica. La casa fundacional de Milán dejaba poco espacio a las nuevas fundaciones. Todo esto restó miembros a la naciente congregación para ampliar horizontes. San Carlos Borromeo llamó a los Barnabitas para asumir “misiones”, saliendo del círculo restringido del norte de Italia. Fue, en concreto, en el Bearn francés y, posteriormente en la Saboya, predicando entre los hugonotes y calvinistas. Estamos sólo a principio del siglo XVII.

Debemos esperar a la segunda mitad de ese siglo para experimentar una mayor expansión. Algo que se logra gracias al traslado de la Curia General de Milán a Roma. Era el año 1662. Se abrirán entonces comunidades en Alemania. Sin embargo, será en el siglo XVIII cuando el horizonte de la Orden se hará efectivamente misionero y ello en lugar verdaderamente extremo: Birmania. Esta misión birmana ha marcado páginas de gran belleza y profundidad, tanto en el aspecto apostólico como cultural. La congregación quería ser fiel a su tradición: “el Evangelio y la cultura en un nivel suficientemente elevado”.

En un principio los Barnabitas querían establecerse en Pekín, incorporándose al séquito del legado pontificio Mons. Carlos Ambrosio Mezzabarba. Al no poderse realizar esta fundación, los Barnabitas asumieron un campo prácticamente “virgen”: los reinos de Ava y Pegú, al sur de Birmania. El primer religioso encargado de la misión fue el P. Segismundo Carchi (1685-1728). Llegó al país en 1722. Aprende bien el idioma y compone un primer diccionario para un inicial intercambio cultural y poder llegar así a la fe. Dificultades con otros misioneros hicieron peligrar la misión. Triunfó, sin embargo, el buen sentido y el deseo del anuncio de la fe cristiana, apoyados por el mismo rey de Ava. Así las cosas, fueron enviados otros misioneros. El viaje constituía por supuesto ya un acto de heroísmo. Algunas veces no llegaba ni siquiera a término. Y no hablemos del retorno. El salir de la patria era una verdadera “despedida”.

Más de cien años duró este compromiso barnabita en Birmania. Fue positivo el nuevo estilo misionero: hacer apostolado a partir de la inculturación, para que la fe fuera también un verdadero factor de progreso humano y social. Ese espíritu está siempre presente en la praxis misionera de los Barnabitas. Como bien recuerdan las nuevas constituciones sobre el apostolado misionero de la Orden, la referencia al proceder paulino es explícita: “El mandato del Señor, que envía a los suyos a evangelizar, lo recibe la congregación como acto de obediencia al Maestro divino; lo siente en el espíritu del Apóstol de los gentiles (San Pablo), como necesidad interior de proclamar la buena nueva, y lo vive como respuesta de nuestra familia religiosa a la invitación de la Iglesia, para promover el nacimiento y el desarrollo de nuevas comunidades cristianas”.

Con la caída de Napoleón (1815), los Barnabitas vuelven a constituirse en Italia, Austria y Francia. A raíz del ingreso en la Orden del convertido ruso conde G. Suválov, inician el movimiento por la conversión de Rusia, al cual el P. C. Tondini consagra 40 años de labor y viajes por toda Europa, en perspectiva más bien ecuménica. Del mismo periodo son las misiones de Suecia y Noruega por los padres Moro, Stub, Fumagalli, etc. La nueva expulsión de Francia (1901) abre el camino a las fundaciones de parroquias y colegios en Bélgica y Brasil; en 1928 se fundan las misiones en Guamá (Amazonas) y a mediados del siglo XX, en Argentina, Chile, EE UU y Canadá. Desde 1950, se han creado las de la República Democrática del Congo (Bukavu, Kinshasa) y Ruanda; y últimamente, desde hace poco, las misiones de Filipinas, Polonia, México e India, como puerta para Indonesia, teniendo siempre presente que esa misión les llevará “hasta el límite que ha puesto Cristo”, o sea, sin límite alguno. En la comprensión de lo que es el carisma y apostolado misionero del Barnabita, merece la pena hacer un apunte no menor, y es que desde 1932 los Barnabitas son los únicos sacerdotes autorizados a residir en Afganistán.

Actualmente la congregación desarrolla su actividad en diversos países del mundo y en varios sectores de la vida: pastoral parroquial, casas de ejercicios espirituales, santuarios, promoción de la salud, orfanatos, educación escolar y juvenil, promoción de la cultura, compromiso ecuménico e iniciativas sociales de varia índole según los desafíos de cada lugar y pueblo.

La actividad misionera de los Barnabitas se ha desarrollado en todos los ámbitos de la vida eclesial y humana, extendiéndose a campos insospechados. Los Barnabitas no se identifican exclusivamente con ninguna actividad apostólica, aunque por circunstancias bien precisas alguna labor haya destacado más que otra, según los lugares. Se han mostrado siempre "abiertos a las necesidades de la Iglesia y de la sociedad en la que les toca vivir, como expresión de su vocación en las tres dimensiones": humana, cristiana y religiosa. Como se recoge en las constituciones: "Según nuestro carisma de religiosos, servimos apostólicamente a nuestros hermanos en la fe; anunciamos a todos los hombres el reino de Dios; renovamos la presencia de Cristo en el mundo, contribuyendo así al verdadero progreso de la sociedad; nos ponemos en comunión de vida con los pobres y los que sufren, haciéndonos profetas de justicia y liberación evangélica, para construir un mundo nuevo transfigurado por el espíritu de las bienaventuranzas. La congregación extiende su campo de apostolado hasta donde Cristo 'ha puesto el límite', en sincera colaboración con los obispos y sacerdotes de las Iglesias particulares… aceptando y viviendo los valores de cada cultura para un recíproco enriquecimiento".

Fdo. Cristobal Aguilar.


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By cristobalaguilar at 2011-02-03
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