Martes, 18 de agosto de 2009

EL PLANETA MERCURIO

Es el planeta más cercano al Sol y el segundo más pequeño del Sistema Solar. Mercurio es menor que la Tierra, pero más grande que la Luna. Si nos situásemos sobre Mercurio, el Sol nos parecería dos veces y media más grande. El cielo, sin embargo, lo veríamos siempre negro, porque no tiene atmósfera que pueda dispersar la luz. Los romanos le pusieron el nombre del mensajero de los dioses porque se movía más rápido que los demás planetas. Da la vuelta al Sol en menos de tres meses. En cambio, Mercurio gira lentamente sobre su eje, una vez cada 58 días y medio. Antes lo hacía más rápido, pero la influencia del Sol le ha ido frenando. 







Datos básicos 

 Mercurio 

 La Tierra 

Tamaño: radio ecuatorial 

 2.440 km. 

 6.378 km. 

Distancia media al Sol 

 57.910.000 km. 

 149.600.000 km. 

Dia: periodo de rotación sobre el eje 

 1.404 horas 

 23,93 horas 

Año: órbita alrededor del Sol 

 87,97 dias 

 365,256 dias 

Temperatura media superficial 

 179 º C 

 15 º C 

Gravedad superficial en el ecuador 

 2,78 m/s2 

 9,78 m/s2 


Cuando un lado de Mercurio está de cara al Sol, llega a temperaturas superiores a los 425 ºC. Las zonas en sombra bajan hasta los 170 bajo cero. Los polos se mantienen siempre muy fríos. Esto lleva a pensar que puede haber agua (congelada, claro).

La superficie de Mercurio es semejante a la de la Luna. El paisaje está lleno de cráteres y grietas, en medio de marcas ocasionadas por los impactos de los meteoritos. La presencia de campo magnético indica que Mercurio tiene un núcleo metálico, parcialmente líquido. Su alta densidad, la misma que la de la Tierra, indica que este núcleo ocupa casi la mitad del volumen del planeta.

Mercurio es el planeta más cercano al Sol y el octavo en tamaño entre los nueve existentes. Es menor que algunos de los satélites de otros planetas (Ganimedes o Titán), pero es más denso que ellos.

órbita: 57.910.000 km (0.38 UA).
diámetro: 4.880 km.
masa: 3.30e23 kg.
Mercurio sólo ha sido visitado por una sonda espacial, la Mariner 10, en tres ocasiones en 1973 y 1974.
La órbita de Mercurio es muy excéntrica: 46 millones de km en su punto más cercano al Sol y 70 millones en el más alejado.
Hasta 1962 se creía que su "día" era de la misma duración que su "año", presentando siempre la misma cara al Sol, de igual manera que hace la Luna con respecto a la Tierra. Pero en 1965 se comprobó que esta creencia era falsa, ya que en realidad Mercurio gira tres veces sobre sí mismo durante dos de sus años.

Las variaciones de temperatura en su superficie son las más extremas del sistema solar, oscilando entre -180 ºC y +420 ºC. La temperatura de Venus es algo mayor, pero en cambio es muy estable.
Mercurio es muy similar en mucho aspectos a la Luna: su superficie está llena de cráteres y es muy antigua.
Sin embargo, la densidad de Mercurio es mucho mayor que la de la Luna (5.43 gm/cm3 en vez de 3.34). Mercurio es el segundo más denso cuerpo del sistema solar, después de la Tierra. La alta densidad de la Tierra se debe en parte a la compresión gravitacional; si no fuera por este hecho, Mercurio sería aún más denso que la Tierra.
Esto indica que el denso núcleo de Mercurio es relativamente mayor que el de la Tierra, y que comprende la mayor parte del planeta (con un radio entre 1.800 y 1.900 km). Mercurio tiene sólo, por tanto, una delgada corteza exterior de silicatos.
La atmósfera de Mercurio es extremadamente tenue, consistente en algunos raros átomos, que se escapan rápidamente al espacio debido a la alta temperatura del planeta.
Se pueden observar en la superficie de Mercurio enormes sistemas montañosos, algunos de ellos de cientos de kilómetros de longitud y de hasta tres kilómetros de altura.
Uno de los fenómenos de mayor tamaño sobre la superficie de Mercurio es la Cuenca de Caloris. Tiene unos 1.300 km de diámetro y es muy similar a los llamados mares que hay sobre la Luna. Su origen más probable es el de un gigantesco impacto, en los comienzos de la historia del sistema solar.

Este impacto fue también probablemente el causante de la extraña formación del terreno,  justo en el lado opuesto del planeta.
Además de zonas repletas de cráteres, Mercurio tiene también llanuras relativamente planas. Algunas pueden ser el resultado de una antigua actividad volcánica, pero otras pueden serlo como resultado de la deposición de materiales causada por los impactos que crearon los cráteres.
Un detalle sorprendente, obtenido mediante observaciones de radar del polo norte (una región que no fue mapeada por el Mariner) muestra la existencia de agua en forma de hielo en las zonas de sombra de algunos cráteres.
Mercurio tiene un campo magético muy débil (aproximadamente el 1% del de la Tierra)y no tiene satélites conocidos.
Mercurio es visible utilizando prismáticos, o incluso a simple vista, pero el hecho de estar tan cerca del Sol dificulta mucho su visión.

Antiguamente se pensaba que Mercurio siempre presentaba la misma cara al Sol, situación similar al caso de la Luna con la Tierra; es decir, que su periodo de rotación era igual a su periodo de traslación, ambos de 88 días. Sin embargo, en 1965 se mandaron pulsos de radar hacia Mercurio, con lo cual quedó definitivamente demostrado que su periodo de rotación era de 58,7 días, lo cual es 2/3 de su periodo de traslación. Esto no es coincidencia, y es una situación denominada resonancia orbital.

Al ser un planeta cuya órbita es interior a la de la Tierra, Mercurio periódicamente pasa delante del Sol, fenómeno que se denomina tránsito (ver tránsito de Mercurio). Observaciones de su órbita a través de muchos años demostraron que el perihelio gira 43" de arco más por siglo de lo predicho por la mecánica clásica de Newton. Esta discrepancia llevó a un astrónomo Francés, Urbain Le Verrier, a pensar que existía un planeta aún más cerca del Sol, al cual llamaron Planeta Vulcano, que perturbaba la órbita de Mercurio. Ahora se sabe que Vulcano no existe; la explicación correcta del comportamiento del perihelio de Mercurio se encuentra en la Teoría General de la Relatividad.

Mercurio es uno de los cuatro planetas sólidos o rocosos; es decir, tiene un cuerpo rocoso como la Tierra. Este planeta es el más pequeño de los cuatro, con un diámetro de 4879 km en el ecuador. Mercurio está formado aproximadamente por un 70% de elementos metálicos y un 30% de silicatos. La densidad de este planeta es la segunda más grande de todo el sistema solar, siendo su valor de 5.430 kg/m3, solo un poco más pequeña que la densidad de la Tierra. La densidad de Mercurio se puede usar para deducir los detalles de su estructura interna. Mientras la alta densidad de la Tierra se explica considerablemente por la compresión gravitacional, particularmente en el núcleo, Mercurio es mucho más pequeño y sus regiones interiores no están tan comprimidas. Por tanto, para explicar esta alta densidad, el núcleo debe ocupar gran parte del planeta y además ser rico en hierro,4 material con una alta densidad.5 Los geólogos estiman que el núcleo de Mercurio ocupa un 42% de su volumen total (el núcleo de la Tierra apenas ocupa un 17%). Este núcleo estaría parcialmente fundido,6 7 lo que explicaría el campo magnético del planeta.

Rodeando el núcleo existe un manto de unos 600 km de grosor. La creencia generalizada entre los expertos es que en los principios de Mercurio, un cuerpo de varios kilómetros de diámetro (un planetesimal) impactó contra él deshaciendo la mayor parte del manto original, dando como resultado un manto relativamente delgado comparado con el gran núcleo. La corteza mercuriana mide en torno a los 100-200 km de espesor. Un hecho distintivo de la corteza de Mercurio son las visibles y numerosas líneas escarpadas o escarpes que se extienden varios miles de kilómetros a lo largo del planeta. Presumiblemente se formaron cuando el núcleo y el manto se enfriaron y contrajeron al tiempo que la corteza se estaba solidificando.

La superficie de Mercurio es semejante a la de la Luna. El paisaje está lleno de cráteres y grietas, en medio de marcas ocasionadas por los impactos de los meteoritos. La presencia de campo magnético indica que Mercurio tiene un núcleo metálico, parcialmente líquido. Su alta densidad, la misma que la de la Tierra, indica que este núcleo ocupa casi la mitad del volumen del planeta.

 La superficie de Mercurio, como la de la Luna, presenta numerosos impactos de meteoritos que oscilan entre unos metros hasta miles de kilómetros. Algunos de los cráteres son relativamente recientes, de algunos millones de años de edad, y se caracterizan por la presencia de un pico central. Parece ser que los cráteres más antiguos han tenido una erosión muy fuerte, posiblemente debida a los grandes cambios de temperatura que en un día normal oscilan entre 623 K (350 ºC) por el día y 103 K (–170 ºC) por la noche.

 Al igual que la Luna, Mercurio parece haber sufrido un período de intenso bombardeo de meteoritos de grandes dimensiones, hace unos 4000 millones de años. Durante este periodo de formación de cráteres, Mercurio recibió impactos en toda su superficie, facilitado por la práctica ausencia de atmósfera, que pudiera desintegrar o frenar multitud de estas rocas. Durante este tiempo Mercurio fue volcánicamente activo, formándose cuencas o depresiones con lava del interior del planeta, produciendo planicies lisas similares a los mares o marías de la Luna; una prueba de ello es el descubrimiento por parte de la sonda MESSENGER de posibles volcanes. Las planicies o llanuras de Mercurio tienen dos distintas edades; las jóvenes llanuras están menos craterizadas y probablemente se formaron cuando los flujos de lava enterraron el terreno anterior. Un rasgo característico de la superficie de este planeta son los numerosos pliegues de compresión que entrecruzan las llanuras. Se piensa que como el interior del planeta se enfrió, se contrajo y la superficie comenzó a deformarse. Estos pliegues se pueden apreciar por encima de cráteres y planicies, lo que hace indicar que son mucho más recientes.10 La superficie mercuriana está significativamente flexada a causa de la fuerza de marea ejercida por el Sol. Las fuerzas de marea en Mercurio son un 17% más fuertes que las ejercidas por la Luna en la Tierra.

Destacable en la geología de Mercurio es la Cuenca de Caloris, un cráter de impacto que constituye una de las mayores depresiones meteóricas de todo el sistema solar; ésta formación geológica tiene un diámetro aproximado de 1550 km (antes del sobrevuelo de la sonda MESSENGER se creía que su tamaño era de 1300 km). Contiene además una formación de origen desconocido no antes vista ni en el propio Mercurio ni en la Luna, y que consiste en aproximadamente un centenar de grietas estrechas y de suelo liso conocida como La Araña; en el centro de ésta se encuentra un cráter, desconociéndose si dicho cráter está relacionado con su formación o no. Interesantemente, también el albedo de la Cuenca de Caloris es superior al de los terrenos circundantes (al revés de lo que ocurre en la Luna). La razón de ello está siendo investigada. Justo en el lado opuesto de esta inmensa formación geológica se encuentran unas colinas o cordilleras conocidas como Terreno Extraño, o Weird Terrain. Una hipótesis sobre el origen de este complejo geomorfológico es que las ondas de choque generadas por el impacto que formó la Cuenca de Caloris atravesaron toda la esfera planetaria convergiendo en las antípodas de dicha formación (180ºGui?o, fracturando la superficie13 y formando esta cordillera.  

Al igual que otros astros de nuestro sistema solar, como el más semejante en aspecto, la Luna, la superficie de Mercurio probablemente ha incurrido en los efectos de procesos de desgaste espaciales, o erosión espacial. El viento solar e impactos de micrometeoritos pueden oscurecer la superficie cambiando las propiedades reflectantes de ésta y el albedo general de todo el planeta.  A pesar de las temperaturas extremadamente altas que hay generalmente en su superficie, observaciones más detalladas sugieren la existencia de hielo en Mercurio. El fondo de varios cráteres muy profundos y oscuros cercanos a los polos que nunca han quedado expuestos directamente a la luz solar tienen una temperatura muy inferior a la media global. El hielo (de agua) es extremadamente reflectante al radar, y recientes observaciones revelan imágenes muy reflectantes en el radar cerca de los polos;14 el hielo no es la única causa posible de dichas regiones altamente reflectantes, pero sí la más probable. Se especula que el hielo tiene sólo unos metros de profundidad de estos cráteres, conteniendo alrededor de una tonelada de esta sustancia. El origen del agua helada en Mercurio no es conocido a ciencia cierta, pero se especula que o bien se condensó de agua del interior del planeta o vino de cometas que impactaron contra el suelo. 

Fdo. Cristobal Aguilar.


Publicado por cristobalaguilar @ 20:56  | Astronom?a
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