S?bado, 15 de agosto de 2009
EVANGELIOS APÓCRIFOS (I)

Vamos a adentrarnos un poco en los llamados "apócrifos" que ya hemos explicado en otros artículos y que con este y otros que le seguirán iremos dando "luz sobre la oscuridad" de estos escritos que pueden enriquecer "más que oscurecer" la vida del cristiano. Aunque no están aprobado como sabemos por la autoridad e la iglesia. Los evangelios canónicos son aquellos que fueron aceptados por las primeras comunidades cristianas como inspirados, y pasaron a formar parte del canon o lista de libros inspirados del Nuevo Testamento. Son los evangelios de Mateo, Marcos, Lucas y Juan.

Estos cuatro evangelios representan dos tradiciones. Los tres primeros (Mateo, Marcos y Lucas) tienen muchas cosas en común, porque dependen de una misma tradición, como veremos más adelante. Se les llama "sinópticos", porque pueden ser leídos en paralelo: "syn" = juntamente; "opsis" = visión. El evangelio de Juan es notablemente diferente a los tres sinópticos. Tanto el trazado como los contenidos y el estilo reflejan un clima y una tradición distintas. No obstante, a pesar de las diferencias, todos ellos narran los comienzos del ministerio de Jesús relacionado con Juan el Bautista, recogen sus enseñanzas y acciones, y terminan con el relato de su muerte y resurrección.

El único evangelista dio un nombre a su obra fue Lucas. Lo llamó "relato", y explicó que se había informado minuciosamente antes de escribirlo, y que había procurado hacer una exposición ordenada (véase Lc 1,1-4). La clasificación de estos relatos como "evangelios" es, como hemos visto, tardía, pero aporta un dato interesante: a los cristianos de la segunda mitad del siglo II d. C. les resultaba difícil clasificar los relatos que contenían los recuerdos sobre Jesús con los términos que solían utilizarse para obras similares, porque los evangelios no se ajustaban exactamente a su estilo y contenido; por eso decidieron darles un nombre nuevo, y los llamaron evangelios. 

Las semejanzas que existen entre los evangelios y las biografías helenísticas han llevado a algunos a clasificarlos como una forma particular de este tipo de biografías. Otros encuentran muchas semejanzas con las biografías de los profetas, en las que sus hechos y sus palabras están incluidos en un marco narrativo (véase p.e. la biografía de Eliseo en 2 Re 2-8), o con las biografías judías de la época intertestamentaria. Es evidente que los evangelios tienen una intencionalidad biográfica, pues el propósito de sus autores fue componer un relato sobre Jesús, contando fielmente lo sucedido (Lc 1,1-4). Pero el criterio que siguieron los evangelistas al componer sus obras fue claramente pastoral. Lucas confiesa que su propósito fue fortalecer la fe de sus lectores (Lc 1,4), y Juan escribió el suyo, "para que creáis que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios, y para que creyendo, y gracias a él, tengáis vida eterna"(Jn 20,31). Esta finalidad pastoral hace de los evangelios unos relatos muy particulares. En ellos se mezcla la fidelidad a la historia y a la tradición sobre Jesús con las necesidades de las comunidades cristianas, cuya fe intentan fortalecer.


Los evangelios no son pura invención de sus autores, sino que recogen una tradición anterior, transmitida por los discípulos de Jesús en el seno de las comunidades cristianas. Esta fidelidad a la tradición recibida revela un claro interés histórico, aunque su concepción de la historia es distinta a la que tenemos los occidentales del siglo XX.
Los evangelios no son sólo la narración de unos acontecimientos históricos, sino la proclamación del gran acontecimiento de la salvación. Quienes los escribieron querían fortalecer la fe de sus comunidades y comunicar a otros un testimonio de fe, basado en una experiencia que había cambiado radicalmente sus vidas.
Los evangelios apócrifos son, pues, escritos relacionados con la vida o enseñanzas de Jesús compuestos durante los primeros siglos del cristianismo, pero que no fueron admitidos dentro del canon.

El adjetivo "apócrifo" se aplica a escritos muy variados, tanto por su contenido y su forma, como por su procedencia y fecha de composición. Algunos son muy antiguos, otros son más tardíos; unos fueron escritos para comunidades judeocristianas, otros fueron reelaborados o compuestos por grupos gnósticos. De algunos sólo nos han llegado las citas recogidas por otros escritores cristianos; otros se han conservado en traducciones a otras lenguas antiguas. Un grupo importante de ellos, compuestos o reelaborados en el seno de grupos gnósticos, fueron hallados en 1945 en Nag Hammadi (Egipto) en los restos de un monasterio copto.

Una de las características que mejor distingue a los evangelios canónicos de los apócrifos es el trazado de ambos. Los evangelios canónicos siguen un trazado, que va desde los comienzos del ministerio de Jesús hasta su resurrección. Los evangelios apócrifos, sin embargo, suelen desarrollar una sola etapa o elemento (la infancia de Jesús, sus enseñanzas, etc), porque en muchos casos nacieron para rellenar vacíos en los recuerdos de Jesús y sobre Jesús. Atendiendo a su contenido pueden clasificarse en cuatro grupos:

- Evangelios de la infancia. Narran el milagroso nacimiento de Jesús, o los milagros realizados durante su infancia. Algunos de ellos fueron muy populares y se tradujeron a diversas lenguas. El más conocido es el "Protoevangelio de Santiago", que cuenta el nacimiento milagroso de la virgen; en él se dice también que sus padres se llamaban Joaquín y Ana. Ha sido muy importante en el desarrollo de la mariología.

 - Evangelios de dichos. Son colecciones de dichos y enseñanzas de Jesús sin un contexto narrativo. Este tipo de colecciones se conservaron y reelaboraron sobre todo en los círculos gnósticos, que buscaban las enseñanzas secretas de Jesús, pero el núcleo de algunas de estas colecciones es muy antiguo. Los dos evangelios de dichos más conocidos son el "Evangelio de Tomas" y el "Apócrifo de Santiago", que son muy interesantes para el estudio de la tradición de los dichos de Jesús.

 - Evangelios de la pasión y resurrección. Intentan completar los relatos de la muerte y resurrección de Jesús. El más conocido de todos el el "Evangelio de Pedro", en el que este apóstol cuenta los acontecimientos de la pasión en primera persona. Según algunos estudiosos, este evangelio contiene una forma muy antigua del kerigma de la pasión y muerte del Señor, que también fue incorporado por los evangelios canónicos.

 - Diálogos del resucitado. Es un género típicamente gnóstico. Recogen enseñanzas del resucitado a alguno de sus discípulos. Las enseñanzas conservadas en ellos son de tipo esotérico, y casi no tienen relación con las del Jesús terreno. El más conocido es el "Evangelio de María", que contiene las revelaciones de Jesús a María Magdalena cuando se le apareció. Es claramente un desarrollo de los relatos de los evangelios canónicos (Mt 28,8-10, y sobre todo Jn 20,11-18).

Los evangelios apócrifos son, en la mayoría de los casos, más tardíos que los evangelios canónicos, a los que intentan completar. Esto significa que son poco útiles para recuperar recuerdos históricos sobre Jesús. Sin embargo, algunos de ellos son interesantes para el estudio de los dichos de Jesús, y para conocer cómo pensaban y vivían algunos grupos cristianos de los primeros siglos.

 Para el estudio de los dichos de Jesús, el más interesante de todos es el Evangelio de Tomás. Contiene ciento catorce dichos, de los cuales setenta y nueve tienen paralelos en los sinópticos. Según algunos, esta colección de dichos es muy antigua, y es independiente de los evangelios sinópticos y de sus fuentes. En ella, por ejemplo, la mayor parte de las parábolas aparecen sin interpretación, lo cual confirma la hipótesis de que las interpretaciones que encontramos en los evangelios canónicos de las parábolas de Jesús son obra de la iglesia (véase introducción a Mt 13,1-52 y comentario a Mt 13,47-50). Parte del original griego se ha conservado en un papiro del siglo II d. C. El texto completo, con añadidos gnósticos, es accesible a través de una traducción al copto datada en el siglo IV d. C., que se encontró en Nag Hammadi.

 Los evangelios apócrifos son también interesantes para conocer la visión de Jesús y de la iglesia que tenían algunos grupos cristianos en los primeros siglos. Lo más interesantes en ellos, muchas veces, no es lo que dicen sobre Jesús, sino lo que dicen sobre las comunidades y grupos en los que fueron compuestos, que revelan el rostro de un cristianismo más plural. Son pues, de gran importancia para la reconstruir la historia de los orígenes del cristianismo.

Fdo. Cristobal Aguilar.


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By cristobalaguilar at 2011-02-03
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